3.2 Sampling Window
3.2.2 Non-Linearly Separable Case With Class Overlap
En el año 2005 había 2.597.014 extranjeros, tanto comunitarios como no comunitarios, residiendo legalmente en España32. Sin embargo, según los datos del Padrón Municipal33, el total de extranjeros empadronados ese mismo año fue de 3.730.610. Estos datos se aproximan un poco más a la realidad, ya que hasta hace poco tiempo se ha fomentado la inscripción municipal de todas las personas extranjeras sean regulares o irregulares34 para acceder a los derechos de sanidad y educación. Esta disparidad de
31 Actualmente está en proceso de consulta y elaboración el nuevo Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración, 2006-2009, propuesto por el Ejecutivo (PSOE). Es difícil determinar, de momento, cuáles serán sus resultados.
32 Borrador Plan Estratégico de Ciudadanía e Integración 2006-2009:
http://www.mtas.es/migraciones/Integracion/PlanEstrategico/Indice.htm
33 http://www.ine.es/
34 Este incentivo ha tenido un revés con la sanción de la LO14/2003, de 20 de noviembre, de reforma de
la LO 4/2000 donde se regula que las autoridades competentes puedan acceder a los datos contenidos en el Padrón por parte del Ministerio del Interior produciendo desconfianza entre la población extranjera en situación irregular y bajas en los padrones municipales.
cifras perdura incluso pese al proceso de “Normalización de Trabajadores extranjeros”35 efectuado entre febrero y mayo de 2005, reflejando el importante número de personas que persisten en situación de irregularidad en nuestros días.
De las personas residentes legales, 473.048 son marroquíes -el 18% del total de los extranjeros-, conformando el grupo más numeroso y seguido de las personas de origen ecuatoriano. Los datos del Padrón Municipal, incluyen un mayor número de residentes irregulares procedentes de Latinoamérica.
Por lo tanto, por regiones, observamos que son las personas latinoamericanas las más numerosas, suponiendo el 40% de la población extranjera empadronada (regulares e irregulares), mientras las procedentes de África en su conjunto, solo suponen el 19% de la población extranjera empadronada.
Hay que aclarar que existe además, un importante número de personas que han obtenido la nacionalidad española en los últimos años, pero también aquí podemos apreciar la mayor preferencia por el grupo latinoamericano. En el período 1992 al 2004, se han nacionalizado un total de 191.865 extranjeros. De ellos, se han nacionalizado 31.309 marroquíes –es decir, casi el 16%-, siendo en su mayoría personas latinoamericanas las que han obtenido la nacionalidad española. Para algunos autores (Bravo López, 2005) esto responde a la dirección que ha tomado la política del ejecutivo español en el período que va desde 1995 a 2004, con la presidencia del Partido Popular, claramente orientada hacia el favorecimiento de la inmigración latina en detrimento de la procedente de África, sobre todo del Magreb.
En Madrid, región donde se circunscribe la presente tesis, la población extranjera suponía, en marzo de 2006, un total de 574.968 residentes legales, de los cuales, 58.73936 eran procedentes de Marruecos. De ser la primera colonia de inmigración desde el proceso de regularización del año 1991 y durante toda la década del 90, esta comunidad ha pasado a ser la cuarta en 2004 en Madrid. Según Lora-Tamayo D’Ocón (2004), además del mayor favorecimiento político de los flujos procedentes de
35 Pase al nombre, se trató de un proceso de regularización, aunque solamente circunscrito al mercado
laboral, dejando fuera la regularización de menores de edad y otras circunstancias ajenas al trabajo.
Latinoamérica, también ha influido el hecho de que la comunidad marroquí se inserta fundamentalmente en el sector de la agricultura que en la Comunidad de Madrid (CAM) tiene menos peso que el sector servicios. Por otra parte, el sector servicios ha atraído principalmente a mujeres inmigradas, siendo un importante factor de atracción de mujeres marroquíes, fundamentalmente para el servicio doméstico. Sin embargo, también en este sector, los hogares madrileños han ido optando más por mujeres latinoamericanas debido a los prejuicios y estereotipos construidos en torno a las nacionalidades, lo que produce una verdadera estratificación étnica imbricada en la división del trabajo (AAVV, 2005b), es decir, procesos de división étnica del trabajo en los que partes importantes del colectivo son relegados de modo sistemático a las peores situaciones del mercado de trabajo por el hecho de pertenecer a esos colectivos (Chacón, 2004).
No se puede dar una cifra exacta de las personas marroquíes en situación irregular en la CAM incluso comparando los datos estadísticos del Padrón Municipal y los datos de los residentes legales aportados por el Ministerio de Trabajo. La diferencia entre ambas cifras –que reflejaría la inmigración irregular-, muestra una variación importante incluso comparada mensualmente. Esto se debe, no solo a que existe un número de personas que ni siquiera se inscriben en el Padrón Municipal, sino principalmente por el hecho de que las personas marroquíes entran y salen de la regularidad con mucha frecuencia a causa de la precariedad contractual que presentan en el mercado laboral (Lora-Tamayo D’Ocón, 2004). A grandes rasgos podríamos decir que hay, en Madrid, entre 15.000 y 17.000 personas marroquíes en situación de irregularidad jurídica (Ibíd.).
El origen de la inmigración marroquí que llega a la CAM ha ido variando a lo largo de estos años en la CAM. En la década de los 90, procedía principalmente de la provincia de Alhucemas y el Rif Oriental, caracterizados por su origen bereber, rural, baja formación y con predominio de hombres. En una segunda fase se incrementó la presencia de personas procedentes de la región de Yebala (Larache, Tánger, Tetuán), es decir, más urbana, con mayor formación y con mayor presencia femenina procedente de reagrupaciones familiares. Esta inmigración se instaló sobre todo en la capital y en la corona metropolitana (Lora-Tamayo D’Ocón, 2004). En una tercera fase, se detecta la
mayor presencia de personas procedentes del Atlántico y las llanuras interiores, con Casablanca a la cabeza. Esta migración presenta mayor presencia femenina autónoma, no solo procedente de las reagrupaciones familiares (Ramírez, 1998). La evolución de la colonia marroquí en la CAM muestra actualmente una significativa presencia de inmigración procedente del medio urbano en detrimento del medio rural.
Las formas de entrada a España también han ido variando, sobre todo a partir de la exigencia de visado en el año 1991, instaurándose un período de inmigración irregular y continua a través de diversos medios: compra de visados en Marruecos, pateras, reagrupaciones familiares falsas, contratos falsos, matrimonios concertados, pago a pasadores y usureros… Cambian también las trayectorias migratorias y se diversifican los medios de transportes. Algunos de estos medios han supuesto y suponen actualmente un riesgo importante para la vida y la integridad de las personas.
En cuanto a la inserción laboral de las personas marroquíes en la CAM, encontramos que, con variaciones mensuales, aproximadamente el 60% es población activa (más del 70% de los hombres y más del 40% de las mujeres). Se observa un incremento de las personas dependientes, sobre todo de menores de edad (nacidos en España, reagrupados o menores no acompañados). Los hombres se insertan fundamentalmente en la construcción y los servicios, pero también hay que resaltar que hay un 6,8% de marroquíes profesionales, técnicos y directivos, así como un 3,7% de administrativos (Lora-Tamayo D’Ocón, 2004). Entre las mujeres el empleo mayoritario es el servicio doméstico y la limpieza, seguidas de las camareras y dependientas.
Desde los primeros momentos de asentamiento de la colonia marroquí, se viene observando la conformación de familias transnacionales, con miembros del grupo nuclear en Marruecos y miembros en Madrid. Gran parte de estas familias se han reconfigurado mediante procesos de reagrupación “de hecho”, es decir, por la reagrupación de niños al margen de procesos legales, sobre todo de hijos, aunque
también de sobrinos o primos37. Algunos de estos menores son reagrupados para que sean un apoyo para los mayores que ya residen en España, tanto en las tareas del hogar como en el trabajo productivo –muchas veces sumergido-. Y, en muchos casos, estos menores no están escolarizados (Lora-Tamayo D’Ocón, 2004).
Pese a ello, podemos decir que se trata de una colonia estable en la región, con gran incidencia de familias con niños escolarizados. De hecho, también este grupo ha experimentado un proceso de periferización al igual que las propias familias autóctonas (López García, 2004), es decir, una clara pérdida de peso de la capital como foco receptor de esta población y una mayor dispersión hacia la periferia, a barrios integrados principalmente por familias y mejor preparados en términos de servicios y transportes. La diferencia con la dispersión de la población autóctona hacia la periferia es que esta última se dirige fundamentalmente a urbanizaciones caracterizadas por una mejor calidad de la vivienda, mientras que la colonia marroquí –y, en general, la población inmigrada- se dirige a una periferia de barrios obreros (Lora-Tamayo D’Ocón, 2004). Sin embargo, pese a la estabilidad de la colonia marroquí en Madrid y la movilidad ascendente que muchas familias han podido experimentar teniendo en cuenta la escolarización de los hijos, la vivienda y los servicios públicos en relación a lo que pudieran haber tenido en Marruecos, hay que tener en cuenta que, en Madrid, los marroquíes ocupan en su mayoría, trabajos de baja cualificación y con peores condiciones de contratación, lo cual les dificulta los procesos de regularización que, en su caso, suelen durar muchos años, ya que no gozan de los beneficios de los nacionales procedentes de Latinoamérica en relación a la obtención de la nacionalidad española. En el caso de los marroquíes, la obtención de la nacionalidad es posible después de 10 años de residencia legal continua. Sumado a ello, los marroquíes se encuentran entre los colectivos de trabajadores que sufren más prácticas discriminatorias (Cachón, 2004). El marroquí representa el epítome de la extranjería social y cultural para el ciudadano español (Ramírez Goicoechea, 1996).
37 Las reagrupaciones “de hecho” son fruto de las enormes trabas impuestas por los procesos legales de
reagrupación familiar: tener un piso con determinadas dimensiones, tener un determinado sueldo y tipo de contratación laboral, haber predispuesto la educación del menor, etcétera, requisitos que la mayoría de las personas inmigradas no pueden cumplir sino después de muchos años viviendo en España y separadas de sus hijos.