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4.2 Geometry Analysis

4.2.2 Parameterization

303 ROMERO, JOSÉ LUIS, Las ideas políticas en Argentina, Fondo de Cultura Económica, México,

1946. Páginas 146 y siguientes.

304 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 5/6/1911. El debate versaba sobre el

enrolamiento. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo II, Kraft, Buenos Aires, 1953. Página 287.

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A fines del siglo XIX la Argentina intentaba instaurar en la práctica los mandatos institucionales previstos por la Norma Fundamental, mientras que diversas problemáticas sociales, económicas y políticas requerían la atención de los gobernantes. Sumado a ello, un intenso aluvión inmigratorio llegaba al país desde Europa, que diversificaba la magnitud de los problemas antedichos. Entonces, la Argentina se encontraba entre los países más admirados del mundo, con una economía en crecimiento y con una inserción internacional que, en el continente americano, sólo poseía Estados Unidos. Los inmigrantes llegaban atraídos por la normativa constitucional local, que les garantizaba el derecho de igualdad plena con los nacionales, la libertad de religión, la educación laica e igualitaria para todos y, además, el derecho a construir su economía personal, en un escenario de prosperidad. Por su parte, los partidos políticos fueron reflejando las diferentes contingencias de la evolución socioeconómica argentina.

Como explicaba Joaquín V. González el pueblo argentino era en América, particularmente, uno de los que mayores dificultades había tenido que vencer para fundar un estado social de libertad y, además, un hogar común para todos los hombres. El riojano también expresaba un pensamiento relativo a la institucionalidad del país que, en este punto, estimo oportuno reproducir:

“(…) una ley moral humana enseña que son más apreciados y duraderos aquellos bienes que más sacrificios y esfuerzos costaron, y que las instituciones más sólidas son siempre aquellas que se fundaron después de las pruebas máximas del hierro, del fuego y de la sangre de las generaciones anteriores.”305

Si bien la Argentina había pasado por arduas pruebas, por luchas externas e internas, propias de la época y del proceso de independencia y de organización nacional, el citado pensamiento de González aún no podía vislumbrarse en la práctica de entonces, pues el país lejos estaba de poseer instituciones sólidas desde el punto de vista pragmático y real; claro que, los primeros cuerpos normativos que se sancionaron a nivel nacional habían sido obra de prestigiosos y dedicados juristas –Juan Bautista Alberdi, Dalmacio Vélez Sarsfield, Carlos

305 GONZÁLEZ, Joaquín V., El Juicio del Siglo, Edición Comentada, Alberto R. Dalla Vía, Jorge R.

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Tejedor, etcétera–. Sin embargo, la existencia formal de las instituciones previstas en la Norma Fundamental se contradecía con la realidad fáctica, que no acompañaba el desenvolvimiento de las primeras, en un contexto socio-político que describiré en las próximas líneas.

En los años cercanos al comienzo del siglo XX el rumbo político del país había tenido como figura predominante al Presidente Roca, quien gobernó durante dos períodos de 6 años. Particularmente, durante los años 1880 y 1916 el poder político estuvo en manos del Partido Autonomista Nacional –PAN–, que había sido creado en 1874 por la fusión de los partidos Autonomista –de Adolfo Alsina– y Nacional –de Nicolás Avellaneda–. Entonces, los procesos electorales habían estado viciados por la violencia y por el fraude, situación que aseguró la continuidad oficialista.306 La elite gobernante durante esa época se denominó la

“Generación del 80”, mientras que el modelo económico que se consolidó fue el agroexportador, que convirtió al país en una potencia hasta, por lo menos, la culminación de la Primera Guerra Mundial. Resulta relevante para la presente investigación, el hecho de que entonces arribó al país una vasta corriente inmigratoria, proveniente de Europa, gracias al fomento de la inmigración de dicho continente. En tanto que, no puede obviarse la influencia que tuvo la cuestión social, ya que junto con los inmigrantes arribaron a la Argentina nuevas ideas políticas –socialistas, anarquistas e, incluso, de índole sindical–.

Ahora me pregunto, ¿cómo repercutía en la población esta situación que se presentaba en la praxis como la ausencia de elecciones libres? Pues, bien, se fue impulsando una demanda cada vez mayor de democratización y de veracidad en el voto. Asimismo, en el año 1889 se creó la Unión Cívica que, entre otras peticiones, exigía al gobierno la libertad del sufragio, mientras que utilizaría en distintas oportunidades la lucha armada para responder a la falta de elecciones libres. En el futuro la Unión Cívica Radical efectuaría dos insurrecciones armadas –conocidas como Revolución de 1893 y Revolución de 1905– y otros levantamientos menores o locales.307

306 El voto era “cantado” y el elector debía soportar la presión de policías y “matones”; por tales

motivos, si era opositor seguramente le convenía no concurrir a votar. En cambio, los oficialistas podían hacerlo varias veces, ya que no existían padrones electorales. Además, el sistema de la lista completa, excluía a las minorías de toda representación. (SANGUINETTI, Horacio, Curso de derecho político, Astrea, Buenos Aires, 1986. Página 270.)

307 Historia Electoral Argentina (1912-2007), Ministerio del Interior, Presidencia de la Nación,

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Luego de haber contribuido a la gobernación del país durante más de treinta años el Partido Autonomista Nacional llegó a su fin. Como lo resume Cárcano, Mitre había organizado su gobierno y durante la Guerra del Paraguay había impedido la sublevación de determinados grupos; Sarmiento difundió la enseñanza, imponiendo en las provincias la autoridad nacional; Avellaneda resolvió el antiguo problema de la Capital de la República; Roca y Juárez Celman iniciaron el programa político del Partido Autonomista Nacional, consolidando la organización institucional y económica, promoviendo la inmigración y la inversión de capitales, garantizando los derechos individuales y trazando definitivamente los límites del país. Sin embargo, los partidos y las facciones que pretendieron suplantarlo no contaron nunca con el apoyo de la mayoría del Ejército, ni de la opinión pública, de esta forma los movimientos subversivos fueron siempre dominados por las fuerzas del Gobierno. La revolución fue el último recurso al que aspiró el Partido Autonomista Nacional, sus figuras más destacadas –como Carlos Pellegrini o Roque Sáenz Peña– nunca fueron revolucionarios y condenaron los derrocamientos.308

Conforme a las apreciaciones de Joaquín V. González, en su ensayo el Juicio del Siglo – de 1910–, durante el primer centenario del país se habían transformado la sociedad y la economía, mientras que la política permanecía aferrada a un conjunto de problemas recurrentes. Como explica el mismo autor, González creía que el rol pacificador de la Constitución Nacional podía encauzar los combates hacia "armonías cada vez más estrechas e íntimas." Nada de esto ocurrió entre 1930 y 1983. En el momento en que él escribía este ensayo, la Argentina parecía encaminarse por el itinerario de la reforma política que condujo al radicalismo a la presidencia en 1916, pero veinte años más tarde, en 1930, un golpe de Estado hizo trizas ese proyecto y abrió curso, hasta 1983, a una larga crisis de legitimidad. 309