Al llegar a la presidencia, en 1910, Roque Sáenz Peña era consciente de la necesidad de una reforma electoral que garantizara la transparencia en el sufragio y el ejercicio libre del mismo; así, de acuerdo con los preceptos republicanos impresos en la normativa constitucional del
308 CÁRCANO, Miguel Ángel, Sáenz Peña, La revolución por los comicios, Eudeba, Buenos Aires,
1977. Páginas 105 y 106.
309 Botana, Natalio R., Bajo el signo de la discordia, artículo publicado en el Diario La Nación,
Buenos Aires, 23/5/2010. Disponible en http://www.lanacion.com.ar/1267675-bajo-el-signo-de-la- discordia
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país los reformadores se proponían alcanzar el imperio de la Constitución y de las leyes como, asimismo, lograr un escenario de paz social en país.
El fraude electoral había estado presente en las prácticas, de manera constante, desde la Independencia. Peor aún, había evolucionado desde las formas más violentas hasta llegar al crimen e, incluso, configurando prácticas astutas e ingeniosas derivadas de la conveniencia social; es así que existían numerosos y variados artilugios para ejercitar el fraude, dependiendo de la imaginación y de la capacidad de los caudillos el hecho que se realice de manera torpe o inteligente.310
El propósito de reformar el sistema electoral se fundaba en la necesidad de adecuar el sistema al nuevo orden social presente en el país –que se había poblado como consecuencia del aluvión inmigratorio– como, también, de descomprimir la presión que estaba ejerciendo la Unión Cívica Radical. De igual forma, se intentaba fortalecer el accionar de los partidos, pues para los reformadores el papel de los mismos sería fundamental para, por ejemplo, alentar la participación de la ciudadanía en la política.
Cuando Roque Sáenz Peña asumió la presidencia del país, las características de este último podían resumirse en las siguientes: un estado de prosperidad económica; la existencia de confianza en el porvenir; el núcleo gobernante compuesto por una minoría culta; la ausencia de comicios auténticos y de votantes; la decadencia de los partidos nacionales; la formación de una importante clase media y de una burguesía adinerada con aspiraciones políticas; el comienzo de las industrias fabriles y el aumento del número de obreros; el malestar de la clase trabajadora por el aumento del costo de vida y las deficiencias en la distribución de la riqueza y en el sistema de asistencia social. La presidencia de Sáenz Peña puede señalarse como el comienzo de un marco de transformación de la estructura social del país, pues las fuerzas sociales preparaban, a pesar de la resistencia de algunos grupos, una nueva evolución política y social en la Argentina.311
En esta instancia, considero oportuno aludir, en algunas líneas, a la trayectoria política de Roque Sáenz Peña desde los años de su juventud. Siendo aún un estudiante universitario había militado en el “alsinismo” y se había alistado después, durante la revolución del ´74, como capitán de infantería de las fuerzas del gobierno de Sarmiento y, luego, de Avellaneda, hasta que se graduó de teniente coronel al finalizar dicha campaña. A principios del año 1875,
310 CÁRCANO, Miguel Ángel, Sáenz Peña, La revolución por los comicios, Eudeba, Buenos Aires,
1977. Página 112.
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con Alem formó parte de la mesa del Club Electoral, que propició la candidatura de Alsina para Gobernador de la provincia de Buenos Aires. Mientras que, sostenido por el Partido Autonomista, fue elegido diputado en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, ejerciendo luego –desde 1877– la presidencia del cuerpo, durante dos años.312
Roque Sáenz Peña conocía y tenía respeto por Hipólito Yrigoyen, ambos –junto a Leandro Alem y a Aristóbulo del Valle– fundaron en 1877 el Partido Republicano, cuyos valores eran semejantes a los del Partido Autonomista, ideas defendidas en la teoría aunque no aplicadas en la práctica, tales como el respecto a los poderes legalmente constituidos, la búsqueda de la pureza y de la libertad del sufragio, la probidad en la administración de los dineros públicos, etcétera.313
En 1879 partió hacia Perú con motivo de la Guerra del Pacífico, donde tuvo una distinguida participación. En los años siguientes fue subsecretario de Relaciones Exteriores; fue Ministro plenipotenciario en Montevideo y, además, fue parte de diferentes misiones diplomáticas en el continente europeo. Hasta que, en 1909, su candidatura a la Presidencia del país fue sostenida mediante la organización del partido denominado Unión Nacional, motivo por el cual regresa de Italia. La fórmula Roque Sáenz Peña-Victorino de la Plaza fue electa el 12 de abril de 1910 y aprobada por la Asamblea del Congreso el 15 de junio: 264 electores contra 1. El Radicalismo, desde 1898 mantenía la abstención electoral. El 12 de octubre de 1910 juró el nuevo Presidente ante la Asamblea. Nombró los siguientes Ministros: interior, Indalecio Gómez; relaciones exteriores, Ernesto Bosch; justicia e instrucción pública, Juan M. Garro; hacienda, José María Rosa; agricultura, Eleodoro Lobos; obras públicas, Ezequiel Ramos Mexía; guerra, Gregorio Vélez; marina, Juan Pablo Sáenz Valiente. El flamante Presidente en su discurso programa como en el discurso a la asamblea del juramento expresó su anhelo por la reforma electoral.314
Sáenz Peña había aceptado su candidatura con el propósito de no contraer compromisos con ningún partido, sólo tendría un compromiso con el país. No quería que ni su autoridad ni su prescindencia sean discutidas; pretendía que su palabra sea creída; que sus ministerios
312 Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección
de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Página 7.
313 CÁRCANO, Miguel Ángel, Sáenz Peña, La revolución por los comicios, Eudeba, Buenos Aires,
1977. Página 73.
314 Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección
de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Páginas 8 y siguientes.
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estén integrados por personas que representen valores de capacidad y de conducta.315 Por
supuesto que, en consonancia con la temática principal de esta investigación, me permito citar que Indalecio Gómez fue un ejemplo de esto último: una persona cuya capacidad y conducta eran acordes a las pretensiones del Presidente.316
Sáenz Peña requería la colaboración de los partidos, incluso de la Unión Cívica Radical que persistía en la abstención y en la conspiración317, a pesar de que un grupo de dirigentes
anhelaba participar en los comicios. Y, concretamente, uno de los dirigentes de mayor importancia dentro del Radicalismo era Hipólito Yrigoyen, con quien Sáenz Peña deseaba reunirse. El diputado Manuel Paz –amigo de ambos– facilitó ese encuentro. Mucho se ha hablado sobre este acuerdo, que aconteció cuando Sáenz Peña regresó al país para asumir la Presidencia y, entre sus estrategias, solicitó la colaboración radical en el plan de reforma electoral.
Previamente, Yrigoyen al encontrarse con el presidente Figueroa Alcorta le había manifestado la necesidad de implantar un sistema electoral que asegurara el voto secreto y obligatorio, a los ciudadanos inscriptos en los registros militares. Luego, volvió a tratar este tema nuevamente con Sáenz Peña, su antiguo amigo, lo que culminó con la reforma sancionada en 1912.318
Al momento de entrevistarse Sáenz Peña ofreció Ministerios al Radicalismo, aunque Yrigoyen le reafirmó la negativa de participar en los gobiernos mientras no hubiera realidad
315 CÁRCANO, Miguel Ángel, Sáenz Peña, La revolución por los comicios, Eudeba, Buenos Aires,
1977. Página 141.
316 Entre tantos de los elogios que Dell´Oro Maini expone en su obra sobre la vocación política de
Indalecio Gómez él expresa: “(…) Primaba en sus dictados la voz del bien público. Frente a la legión de los que buscan el medro personal y toman la actividad política cual un oficio cualquiera, en el que rige por sobre todo, el bien de quien la ejerce, Gómez la consideraba como medio y ocasión de servir a la Patria. Reunía para ese fin el más rico conjunto de aptitudes naturales (…).”(DELL'ORO MAINI, Atilio, La vida ejemplar de Indalecio Gómez, Kraft, en Los Discursos de Indalecio Gómez, tomo I, Buenos Aires, 1953. Páginas 85 y 86).
317 Romero describe la actitud de la Unión Cívica Radical con estos términos: “(…) Y mientras esperó
el triunfo, posible solamente por medio de un instrumento legal que asegurara la libre expresión de la voluntad general, mantuvo la abstención electoral, para no contribuir con su presencia en los comicios a legitimar situaciones intrínsecamente ilegales. Revolución y abstención fueron los principios fundamentales de la acción política del radicalismo hasta la sanción de la ley de sufragio secreto y obligatorio en 1912, y sus hombres se enorgullecieron de mantenerse en tal posición.” (ROMERO, José Luis, Las ideas políticas en Argentina, Fondo de Cultura Económica, México, 1946. Página 213.)
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en los gobiernos representativos.319 De esa forma, los radicales pretendían dejar en claro que
no buscaban participación ministerial, sino la verdad en los comicios. Así, como explica Barovero, de las tres históricas entrevistas entre el Presidente y el jefe de la oposición, surgió el contenido de la nueva normativa electoral, que contenía las garantías del voto universal obligatorio y secreto, como garantía de paz en la Argentina.320
Sáenz Peña e Yrigoyen se comprometieron a trabajar por la reforma electoral y, ante las buenas expectativas frente a la realización de la reforma, acordaron la participación de la Unión Cívica Radical en las futuras elecciones que se rigieran por la nueva normativa. Es así que, para graficar las consecuencias de este logro político estimo que resultan oportunas las palabras de Cárcano:
“El propósito del Presidente se ha logrado con la promesa del caudillo opositor. La promesa es condicional, pero para Sáenz Peña esa condición sabe que va a cumplirla y por lo tanto es un hecho la concurrencia del partido abstencionista a los próximos comicios. El Presidente triunfa con su política de pacificar al país y concluir con las conspiraciones y amenazas de revolución; ha conseguido que el partido más reacio concurra a los comicios.”321
Es así que, desde el punto de vista institucional, los principales actores políticos del país habían confiado el destino del mismo a las urnas y, de este modo, un sostenido anhelo de la Unión Cívica Radical se hacía realidad: la verdad en el sufragio podría devolver la paz a la nación.
Y, más allá de eso, en 1916 la llegada del Radicalismo al poder inauguraría una nueva etapa en la política argentina. En principio quedaron descartados los grupos políticos
319 Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección
de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Página 10.
320 BAROVERO, Diego Alberto, Reforma Electoral: el Acuerdo Yrigoyen-Sáenz Peña. Disponible en
versión gratuita y texto completo en: http://institutoyrigoyen.tripod.com/refelectoral.htm. Este autor
reivindica la labor de Yrigoyen y de Gómez, respectivamente, en pos de alcanzar la reforma electoral propiciada por el Presidente Sáenz Peña: “Para llevar adelante la reforma electoral, contó con la valiosa colaboración de su ministro del Interior doctor Indalecio Gómez, y con el apoyo firme y expreso de Yrigoyen y la Unión Cívica Radical.”
321 CÁRCANO, Miguel Ángel, Sáenz Peña, La revolución por los comicios, Eudeba, Buenos Aires,
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oligárquicos tradicionales y, en ese escenario, ocuparon los cargos políticos hombres nuevos que, en general y salvo excepciones, eran ajenos a los intereses conservadores. Mientras que, en los diferentes órdenes de la vida nacional se vislumbró el ascenso de la clase media a situaciones respetables, como parte de un proceso que se había iniciado desde una época anterior.322
Sin embargo, como he expuesto previamente, el sistema político argentino que se forjó a partir de la reforma electoral de 1912, dejó al descubierto la inestabilidad del régimen institucional del país, pues en los años posteriores y a lo largo del siglo XX no pudo garantizarse ni la continuidad, ni la alternancia democrática, ya que como consecuencia de los diferentes golpes de Estado se vulneraron las previsiones representativas y republicanas dispuestas en la Constitución Nacional de 1853-1860, por lo menos, hasta la recuperación del rumbo democrático acaecido recién en el año 1983.
Recientemente, en octubre del 2016, con motivo de la conmemoración del centenario de la presidencia de Hipólito Yrigoyen ha vuelto a recordarse en los medios la labor de los reformadores de 1912, por ejemplo, en un artículo Botana menciona: “La victoria de Yrigoyen fue fruto de un proceso de deliberación y consenso que, a partir de 1910, inspiró el presidente Roque Sáenz Peña.”323 Este autor también alude al “concurso eficaz” del Ministro del Interior, Indalecio Gómez, para lograr la sanción de la reforma política. En corolario, considero loable que la tarea de ellos sea reconocida como parte inherente de este proceso, por cierto, de verdadera importancia para la vida institucional del país, como un “salto cualitativo en la participación política” –conforme a los términos de Botana–.324
322 ROMERO, José Luis, Las ideas políticas en Argentina, Fondo de Cultura Económica, México,
1946. Página 218.
323 BOTANA, Natalio R, En 1916, el despegue de la democracia, artículo publicado en el Diario
Clarín, 8/10/2016. Disponible en versión gratuita y texto completo:
http://www.clarin.com/opinion/despegue-democracia_0_1664833644.html
324 En el artículo citado Botana define la llegada de Yrigoyen a la presidencia como un “momento
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