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Subsequent Developments

Una mirada desde el marco de los reformadores de 1912

Para comenzar este apartado es oportuno mencionar que el elector, para poder ejercer el sufragio, debe tener oportunidad de elegir y gozar de libertad de elección. Es así que, sólo quien tiene la oportunidad de elegir entre, al menos, dos alternativas, puede ejercer verdaderamente el sufragio. En las democracias occidentales las elecciones competitivas se formalizan siguiendo determinados principios, que brindan legitimidad a las mismas: 1) la propuesta electoral; 2) la competencia entre candidatos; 3) la igualdad de oportunidades en el ámbito de la candidatura; 4) la libertad de elección que se asegura por la emisión secreta del voto; 5) el sistema electoral no debe generar resultados peligrosos para la democracia o que obstaculicen la dinámica política; 6) la decisión electoral limitada en el tiempo sólo a un período electoral. Estos principios contienen los rasgos normativos de una concepción liberal pluralista de la democracia.373

Tal como he mencionado en distintos capítulos de la presente investigación, uno de los mayores objetivos del Gobierno de Roque Sáenz Peña fue garantizar la transparencia del sistema electoral, tal como explica Halperín Donghi, cuyas palabras resultan oportunas para sintetizar dicha cuestión:

“La reforma buscaba satisfacer dos objetivos centrales. Se proponía ante todo asegurar la verdad electoral, comenzando por la del padrón de electores; y en este punto la solución adoptada era de inspiración vernácula: el uso para propósitos electorales del padrón de enrolamiento, que ofrecía la más sólida de las garantías (…). El secreto del voto (que estaba todavía lejos de ser universalmente reconocido como necesario para asegurar la libertad de decisión del sufragante) era en cambio en el proyecto de Gómez un criterio compartido con la reforma de Maura. Ésta ofreció también el modelo

373 NOHLEN, Dieter, Sistemas electorales y partidos políticos, Fondo de Cultura Económica, México,

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para la introducción de la lista incompleta en las elecciones de diputados y de electores de presidente y vice, que –al asegurar hasta un tercio de las posiciones en disputa a la primera minoría– iba a ser la innovación más discutida (…).”374

Como expone el mismo autor, más allá de que los adversarios le achacaban una dudosa constitucionalidad, los defensores de la reforma exhibían que uno de sus méritos principales era hacer compatible la representación de las minorías con la norma constitucional. De este modo, la reforma buscaba favorecer una transformación estructural en las fuerzas políticas del país.375

En tal sentido, Indalecio Gómez proclamó en diversas instancias cuáles eran sus anhelos, partiendo del principio de la “soberanía del pueblo” y de sus derechos conforme a la facultad que posee, exclusivamente, para elegir a los gobernantes:

“Hay un interés que persigue tenazmente el Poder Ejecutivo, y es el interés de la libertad electoral y hay un triunfo que le sonríe, y es el triunfo del pueblo y de sus derechos de soberano.”376

En el mismo discurso Gómez profundizó en la temática, aludiendo a la imparcialidad que debía mantener el Poder Ejecutivo respecto a los partidos políticos.377 Es decir, este Poder

debía mantenerse al margen, fuera de los partidos, lo que le garantizaría a cada uno de ellos la libertad y la esperanza de triunfo, como expresaba Gómez, esto constituía un “designio

374 HALPERÍN DONGHI, Tulio, Vida y muerte de la República verdadera (1910-1930), Buenos

Aires, Ariel, 1999. Página 33.

375 Obra y página citadas.

376 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 24/1/1913. El debate versaba sobre un

proyecto de intervención a Salta. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo I, Kraft, Buenos Aires, 1953. Páginas 400 y 401.

377 El presidente Sáenz Peña en las vísperas de las primeras elecciones donde se aplicaría la nueva ley

electoral, el 28/2/1912, había manifestado que no pretendía destruir ni vencer a ningún partido determinado, pues ello atentaría contra la libertad electoral que él pretendía afianzar. Y, en otros términos, también afirmaba: “El defecto no radica en que los partidos apoyen a los gobiernos, sino en que los gobiernos derroten a los partidos con los vastos elementos de la administración.” Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Páginas 96 y 97.

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inquebrantable”. A continuación transcribiré los fragmentos de su disertación a los que he aludido:

“(…) Hubo un tiempo en que alguno o algunos partidos clamaban por la libertad electoral. Pero desde el año pasado (1912), en que todos los partidos representados en esta Cámara concurrieron a que el pueblo conquistara esa libertad y disfrutara de ella tranquila y legalmente, desde ese día todos son iguales, ninguno es portaestandarte de la libertad electoral: ésta es un bien común, es un derecho que todos practican igualmente y ante ello, ¿cómo puede tener preferencias, a favor de unos o a favor de otros, el Poder Ejecutivo?

El poder de que tengo el honor de formar parte, no es jefe de ninguno, ni tampoco es adversario de ningún partido político. Considera que es un deber estar fuera de los partidos, porque sólo así podrá garantizar por igual a los unos y a los otros.”378

Este propósito estuvo presente en la voluntad de los reformadores, a partir de 1912.

Como detallaré en el capítulo de esta tesis denominado VALORACIÓN Y CONSECUENCIAS

DE LA REFORMA ELECTORAL, el presidente Sáenz Peña impuso en los miembros del

Gobierno que presidía la misión de no expresar públicamente sus preferencias respecto a ningún partido, ni candidato. El objetivo de este cometido era que, en ese proceso de transición clave para la vida institucional del país, la ciudadanía pudiera vislumbrar la transparencia en el sufragio, para que comprenda que en la Argentina se terminarían las elecciones dirigidas por el oficialismo y, en definitiva, se alcanzaría la anhelada libertad electoral.

Particularmente, estimo que dicha misión fue acertada y bien intencionada, conforme a los preceptos de la nueva normativa. Por ello, cabe plantearse el siguiente interrogante: ¿este propósito pudo materializarse en alguna otra oportunidad en la realidad del país? Y, volviendo hacia el pasado, esto puede ejemplificarse con lo acontecido cuando Mitre fue presidente del país, ya que él no impuso a su sucesor y, precisamente, esta prescindencia con respecto a las

378 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 24/1/1913. El debate versaba sobre un

proyecto de intervención a Salta. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo I, Kraft, Buenos Aires, 1953. Página 400.

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candidaturas para la presidencia que lo sucedería, favoreció la lucha de las facciones políticas. Más allá de ello, me pregunto: ¿existieron gobernantes que obraron con imparcialidad en el aspecto electoral y por fuera de los partidos políticos? Este interrogante quedará abierto, al punto en que estimo podría ser el punto de partida de una nueva investigación doctoral.

Y, entonces, volviendo a la idea expuesta por Indalecio Gómez, él se preocupaba –en su rol de Ministro del Interior– por transparentar en el recinto legislativo cuál había sido la conducta del Presidente de la Nación en cuestiones electorales, esclareciendo que su actitud había sido imparcial, reiterando que el Poder Ejecutivo no debía inmiscuirse en las elecciones y debía guardar absoluta imparcialidad entre los partidos, mientras agregaba:

“Esa regla ha sido proclamada por el señor presidente; y debo declarar a la honorable cámara que esa norma ha sido inquebrantablemente observada en todos los actos electorales que se han realizado en la República, tanto en lo nacional como en lo provincial, y que la imparcialidad del Poder Ejecutivo ha sido completa.”379

“(…) es menester que el país no dude de su conductor en este momento de su perfeccionamiento político.”380

En dicha instancia, el Ministro reconocía que dicha duda había surgido en ocasión de las elecciones llevadas a cabo en Santa Fe, donde se había acusado al Presidente de favorecer al Partido Radical. Por lo tanto, él aclaró que lo realizado por el Presidente había sido diferente, sólo le había brindado al Partido en cuestión las concesiones legítimas para volver a los comicios, pero no más que ello.381 Para ser más preciso, en aquella ocasión Gómez explicó

que en Santa Fe, en la oportunidad cuestionada, se había solicitado la formación del padrón electoral sobre la base del enrolamiento del año 1902, ya que el padrón electoral con el que contaban no le inspiraba confianza al Partido Radical, que temía que se hubiera cometido fraude en la formación de dicho padrón, bajo el pretexto de que los encargados de formarlo eran enemigos del Partido. El Gobierno Nacional aceptó esa solicitud, pero ello no significó la

379 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 28/2/1913. El debate versaba sobre las

garantías de la libertad electoral.Obra y tomo citados. Página 428.

380 Obra, tomo, debate y página citados. 381 Obra, tomo, debate y página citados.

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dispensa de un favor especial de carácter electoral a una agrupación, en perjuicio de otra. Aunque finalmente, debido a que el padrón de 1902 no se correspondía con la verdadera población, a último momento se decidió tomar en cuenta el recién terminado padrón nacional de 1912. En consecuencia, el Ministro se preguntaba: ¿cómo podían acusarlos de favorecer al Partido Radical con aquel proceder? E, incansablemente, repetía que serían imparciales ante las diferentes agrupaciones políticas, destacando el objetivo primordial del Gobierno, que puede resumirse en estos términos:

“El interés del Gobierno Nacional es que haya buenas y sanas elecciones; su interés es que los círculos gobernantes no opriman a los opositores; pero también tiene igual interés en que las oposiciones no hagan fraude.”382

Por supuesto que, el propósito precitado es el mismo que había defendido enérgicamente en el recinto legislativo, en el marco de los debates parlamentarios que precedieron a la reforma electoral de 1912.

Asimismo, estimo oportuno reproducir los acontecimientos que Gómez narraba, con el objetivo de dejar en claro que él no poseía intereses propios en patrocinar candidaturas que sirvan a su ambición, tal como expresaba. Cuando el doctor Sáenz Peña resultó electo como presidente se había comunicado con él, que estaba en la ciudad de Lucerna, para solicitarle que lo acompañara en su gobierno como Ministro del Interior. Ambos conversaron durante largos días sobre el proyecto político, sus medios y sus fines, sus dudas, sus peligros y sus suspicacias, entre otros aspectos. Y, finalmente, el salteño aceptó el cargo, dejando en claro que no dejaría el camino preparado a ningún gobierno futuro en particular, tal como enunciaba en su relato:

“Esa conversación es un pacto solemne entre esos dos caballeros, y desde ese día las entrañas de este Gobierno han quedado esterilizadas, absolutamente esterilizadas para concebir una candidatura oficial.”383

382 Obra, tomo y debate citados. Página 438. 383 Obra, tomo y debate citados. Página 445.

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De esta forma, él elevaba la significancia del valor de la palabra empeñada, en consonancia con los principios que, según considero, siempre defendió en sus diferentes labores como funcionario público, tal como se refleja en las palabras de los autores que he citado en la presente investigación.

Y, ahora, volviendo al objetivo de la política presidencial de Sáenz Peña, Gómez advertía que la libertad electoral debía ser gozada por todos los ciudadanos, sea que militen en los partidos del Gobierno o, bien, en la oposición. Asimismo, él mencionaba que era preciso que cambien las costumbres electorales de los hombres. ¿Y de qué forma podrían cambiarse? En principio, ello dependía exclusivamente de los hombres, quienes debían mejorar sus costumbres electorales. Y, para demostrar que esto no era una simple quimera, él explicaba que así se habían producido las más grandes e importantes reformas de costumbres administrativas y políticas en la Historia. A modo de ejemplo, citaba el caso de Inglaterra en el siglo XVIII, cuando Chatham había modificado tales costumbres en aquel país, abriendo de esa forma una época gloriosa para su historia, al haberse producido una modificación en la conducta de los ciudadanos, quienes a pesar de haber sido practicantes de las conductas reprobadas, las cambiaron completamente.384

En corolario, el Ministro del Interior poseía grandes expectativas respecto a un cambio venidero en las costumbres de la ciudadanía y, de este modo, coronaba su argumentación:

“(…) ¡no se necesita cambiar hombres; es necesario que los hombres cambien de costumbres!”385

En tanto que, el salteño estimaba que en la Argentina dichas costumbres ya habían comenzado a cambiar, aludiendo a la vuelta a la legalidad y al respeto de la libertad. Precisamente, el cambio en tales prácticas estaba siendo desarrollado por los antiguos círculos dominantes, que habían transformado sus costumbres, situación que él ejemplificada con las

384 Obra, tomo y debate citados. Página 447. En dicha ocasión Gómez agregaba: “Los mismos whigs y tories, que habían practicado esas costumbres reprobadas, fueron los que, con Chatham, las cambiaron completamente y abrieron esa época gloriosa de la historia de Inglaterra que parte de la segunda mitad del siglo XVIII y continúa hasta el presente.” Resulta oportuno recordar que el caso de Inglaterra era elogiado por Montesquieu, a quien puede vislumbrarse como un exponente de la tradición republicana.

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elecciones provinciales que entonces se llevaron a cabo en Salta, en Córdoba y en Tucumán.386

Por último, para concluir este apartado, voy a exponer un fragmento del discurso que resume el ideal de Gómez expuesto en los párrafos anteriores, tal como manifiestan sus palabras:

“(…) el Presidente de la República es absolutamente imparcial; a él no le importa que triunfe un partido o que triunfe otro; no le arredra el triunfo de ningún partido; no le intimidan las imputaciones infundadas; no busca el aplauso, tampoco teme el ataque. Firme en sus convicciones, fuerte en su voluntad, ha de mantener inquebrantable su política y ha de ser imparcial hasta el último momento, porque es su indeclinable propósito que al terminar su presidencia quede este país en la plena posesión de lo que es su aspiración más vehemente: la administración separada de la política y la política instaurada sobre sus verdaderas bases constitucionales.”387 (El subrayado me

pertenece)

Sin lugar a dudas, el propósito del Poder Ejecutivo había sentado sus bases en los principios de la doctrina republicana cuando, en definitiva, el accionar político estaría enraizado firmemente en los preceptos constitucionales, intención que se defendería con firmeza, imparcialidad y voluntad. Esta promesa se hacía durante el curso de un gobierno que, a la luz de los acontecimientos posteriores, puede vislumbrarse que modificó el rumbo político del país.388

En aquella época –a comienzos de 1913– Indalecio Gómez también sugería que en el país se estaba gestando un “espíritu nuevo”, que se materializaba en la ausencia de injerencias e intromisiones por parte del Poder Ejecutivo nacional en las elecciones. En consecuencia, él señalaba que un buen número de gobernadores habían sido elegidos con independencia

386 Obra, tomo y debate citados. Página 448. 387 Obra, tomo, debate y página citados.

388 Esta temática será analizada en el capítulo VALORACIÓN Y CONSECUENCIAS DE LA REFORMA ELECTORAL.

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absoluta del poder central.389 En definitiva, Gómez incansablemente intentaba inculcar en el

espíritu público que dicho Gobierno, al momento de resolver cuestiones políticas, no poseía preferencias de partidos, destacando su interés por el respeto de los derechos, el acatamiento de las instituciones, el amor a la paz pública, a la libertad y a la justicia.390

De esta forma, el camino hacia la libertad electoral había comenzado a transitarse, ¿era posible nutrir y sostener esa libertad sólo con las normas que conformaban la legislación del país? Entiendo que, para este interrogante, la respuesta de Gómez no sería afirmativa. Pues, más allá de la buena legislación con la que podía contar la Argentina, era necesario que el pueblo acompañe con un componente ético que implique un progreso moral del mismo, materializándose en una acción colectiva basada en el respeto mutuo entre los ciudadanos, en el respeto hacia la ley y hacia la autoridad. Nada mejor que concluir esta idea con las propias palabras del protagonista de esta investigación:

“Tenemos una Constitución que con razón llamamos perfecta. Tenemos leyes que tienden al desarrollo de una democracia progresista. Sin embargo, no avanzamos mucho y la razón es que no basta eso para el progreso moral de los pueblos. Ese progreso se realiza si tiene un elemento ético por centro de gravedad del movimiento (…).

¿En qué consiste esa capacidad? En la disposición para la acción colectiva, en el espíritu colectivo. Y ese espíritu colectivo tiene por base el mutuo respeto, que, en Inglaterra, ha creado el sentimiento de la tolerancia mutua, y en Alemania la disciplina, base política del Estado; no la disciplina militar, sino la social, que no es más que la práctica en la vida del respeto; respeto a la ley y a la autoridad, respeto mutuo de los ciudadanos entre sí.

(…) la base sólida de la grandeza de toda república, es ese mismo sentimiento, porque sobre él se afirma la legalidad.

389 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 28/2/1913. El debate versaba sobre las

garantías de la libertad electoral. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo I, Kraft, Buenos Aires, 1953. Página 453.

390 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 27/8/1913. El debate versaba sobre el

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No hay libertad si no hay respeto entre los hombres entre ellos. Eso es lo que a nosotros nos falta (…).”391

Como puede advertirse estas apreciaciones también fundamentan la hipótesis que he planteado al inicio de la presente investigación y, en particular, sobre la correspondencia entre las propuestas de Indalecio Gómez y uno de los principales intereses de la tradición republicana, es decir, la promoción del compromiso y de la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos del país. Mientras que, a comienzos del siglo XX uno de los remedios pensados para superar la apatía cívica –materializada en la falta de concurrencia a los comicios– fue, precisamente, prescribir la obligatoriedad del sufragio, tema que será profundizado en el próximo capítulo.

391 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 28/2/1913. El debate versaba sobre las

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