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CHAPTER 2. T HEORETICAL F RAMEWORK

2.1. The problem of integration 55 

Dado que el tema de las preferencias y las disposiciones sexuales está en estrecha

relación a la formación del sujeto y que esto es objeto de conflictos en tanto que envuelve

problemáticas de interés público, es preciso reivindicar la formación de subjetividades

como una potencia que construye nuevos cánones y posibilita la resignificación del

individuo.

El sujeto como actor de su propia realidad: “El sujeto es la voluntad de un

individuo de actuar y ser reconocido como actor” (Touraine, A. 1993, pág. 267), cobra

importancia en la construcción de la realidad: “Esto no supone que la realidad se

subordine a lo subjetivo de forma absoluta, pero si supone que la subjetividad es una

actividad que introduce una diferencia fundamental en la construcción de la realidad”

(Fernández, L. y Ruiz, E. 1997, pág. 96). El sujeto significa una potencialidad para

superar perspectivas de futuro diferentes a las hegemónicas desde prácticas encaminadas

que generen alternativas de sentidos de lo social. (Zemelman, H. 1998).

Sin embargo:

…a diferencia de otras visiones, el problema no es acabar con lo ya producido por el pensamiento social, ni con las grandes teorías y paradigmas que dominaron durante largo tiempo. Se trataría más bien de quitarles su lugar central para que,

en conjunto con otros insumos, alimenten desde sus intersticios e inflexiones un marco de interpretación posible para esos universos que conforman los sujetos sociales de nuestro mundo (León, E. 1997, 42).

La racionalidad de la ciencia con su lenguaje analítico y abstracto, es insuficiente

para atrapar la riqueza de las diferentes lógicas que constituyen la subjetividad. Como

fenómeno sociocultural complejo y dinámico, la subjetividad también posee su propia

historicidad; se reconstruye y se reconstruye; puede ser transitoria o continuar con el

tiempo; por ello, la subjetividad no está limitada a un espacio y un tiempo, sino que en

ella se reúnen diferentes realidades como por ejemplo, organizaciones o grupos que la

conforman; y como categoría sociocultural la subjetividad es siempre intersubjetiva, pues

es en lo individual que se expresan otras subjetividades. La subjetividad es memoria,

como actualización del pasado; es experiencia, como apropiación del presente y es futuro

como construcción de posibilidades (Torres. A, 2006).

En ese sentido, ya que existe una amplia posibilidad de lecturas, es importante

entender cómo los sujetos materializan en la práctica cotidiana acciones protagónicas

para generar nuevas identidades y mundos que a su vez desplieguen nuevas

subjetividades.

El “espacio íntimo”, término incorporado por el autor Medardo Tapia (1997),

constituye un mundo delimitado que se posiciona frente a otros espacios, es decir del

análisis en que conforma la comunidad y el sentido de identidad frente a otros.

El cambio de posición significa cambio de sentido, el propio o el ajeno. En cualquier caso significa cambio espacial. El espacio, sin embargo, también es la materialización del tiempo. En consecuencia, los acontecimientos que marcan un “antes” y un “después”, también implican cambios en la articulación espacial. En síntesis, el movimiento puede ser constitutivo de orden o desorden, pero eminentemente una articulación espacio-temporal, de posiciones y sucesiones que eventualmente conforman procesos, períodos y ciclos. Categorías que todas son

válidas tanto para el espacio como para el tiempo… el espacio íntimo, es pues, el espacio de la subjetividad, pues es el espacio de la apertura, de la crítica y la apreciación (Tapia, M. 1997, pág. 159-161).

Desde esta óptica y asumiendo lo que puede ser el espacio de la subjetividad, las diversas narrativas pueden abrir, más allá del caso individual y la “pequeña historia”, caminos de autocreación separadas de los colectivos tradicionales. Nuevas narraciones, identificaciones étnicas, religiosas, sexuales, etc., nuevos paradigmas de vida posibles, cuya afirmación a la luz pública implica tensión y conflicto, así como una revalorización de la idea misma de “minoría”, no en el sentido de lo “menor” en número, sino de lo diferente a la norma que es de ese modo desafiada (Arfuch, L. 2007).

Entonces, así como el sujeto se crea en la conversación (Arfuch, 2007), se

resignifica construyendo su propio sistema de pensamiento a partir del despliegue de su

sexualidad y en el caminar religioso; ser capaz de pensarse a sí mismo(a) y la estructura

que le envuelve, pues la tensión dicotómica sexualidad-religión tras una búsqueda por

cómo vivir la fe y la sexualidad diversa de manera que coexistan, el(a) creyente participa

de su realidad como agente social gracias a sus variadas experiencias. Así, desde este

punto de partida es posible comprender cómo la persona religiosa se individualiza desde

el espacio personal a la vez que se reposiciona en su espacio colectivo.

Para efectos de la presente investigación, se tiene en cuenta el cristianismo no sólo

como una religión con un conjunto de creencias, normas de comportamiento y ritos que

cobija a un grupo social en relación y afiliación a los preceptos bíblicos y las enseñanzas

de Jesucristo, sino también como una praxis espiritual, social e individual, desde la cual

el ser humano se ubica como punto de partida para decidir con libertad el desarrollo de su

ser, aun cuando los hechos sociales desmientan la relación religión-autonomía.

Se consideran las orientaciones sexuales diversas como una experiencia personal

sexual, social y espiritual; la discriminación como un acto de violencia simbólica que va

en detrimento del progreso de la persona y de sus derechos fundamentales.

La subjetividad como el lugar desde donde la persona está en permanente

construcción en un proceso inacabado y que lleva el desencuentro de las miradas de

exclusión y discriminación, pero también se reconoce al sujeto como sujetado a las

dinámicas de su entorno, sus creencias y su cultura y la autobiografía como un espacio

colectivo de autocreación.

Habiendo señalado esta realidad, subjetiva, religiosa y plural (con la que de

alguna manera todos(as) convivimos, se dedicará esta investigación a documentar los

diferentes conflictos que emergen como consecuencia de la violencia simbólica ejercida

sobre el sujeto con sexualidad diversa, tras el intento del creyente por construirse como

sujeto, en una búsqueda continua por poner en diálogo su fe y su sexualidad y de lograr

un lugar en una sociedad discriminatoria y en una iglesia simbólicamente violenta.

Cabe aclarar que la presente investigación constituye una aceptación de la

legitimidad de las diferentes expresiones sexuales, pues hacen parte de la existencia

humana, por lo tanto, aquí no es relevante hacer un juicio de valor sobre dichas

manifestaciones sexuales como buenas o malas en términos morales, o naturales o

antinaturales en términos biológicos. Ni se pretende dictar una sentencia sobre posturas

que van en contra de la diversidad sexual condenándolas de homofóbicas5, siempre que

5El término fobia indica un miedo intenso, exagerado, a situaciones, objetos o acciones que el sujeto sufre

a pesar que con frecuencia no comprende la razón. El fóbico puesto con el contacto con el estímulo especifico que teme, presenta generalmente crisis de ansiedad reales más o menos intensos y paralizantes. Ejemplos de fobia son por ejemplo la claustrofobia…o la aracnofobia…los mismos manuales de diagnóstico no enumeran entre las fobias a la presunta “homofobia”, y estudios recientes (Olatunji y otros, 2004) excluyen que pueda ser definida como tal. (Van den Aardweg, G, 2011, pág. 33).

las consideraciones personales no atenten contra la dignidad y los derechos de la persona

con sexualidad diversa. Esto en el plano del derecho a la libre expresión tanto de las

personas que aceptan y legitiman las distintas orientaciones sexuales como las que no la

comparten