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Richard J. Bernstein mos ejercer cierto control sobre nuestro medio natural y social. Una característica fundamental de la experiencia humana es la intenciona- lidad. Somos una especie de criaturas que puede construir imaginati- vamente nuevas posibilidades y reconstruir su experiencia de tal ma- nera que le capacite para lograr los bienes a que más profundamente aspira y hacerlos estables.

El hombre como artesano

En el meollo de la teoría de las situaciones experienciales de De- wey y de su naturalismo integrador hay una visión del hombre como un agente-paciente orgánico. Como las de todos los seres naturales, las respuestas del hombre a su medio son selectivas. Dichas respues- tas, al ser selectivas, caracterizan su individualidad. Al actuar siempre estamos eligiendo. Nuestras elecciones pueden ser ciegas, motivadas por impulso, convención o por hábitos rígidos, pero nuestras eleccio- nes y acciones también pueden ser inteligentes. «Una elección que ex- presa la individualidad inteligentemente amplía el alcance de la acción y esta ampliación, a su vez, confiere a nuestros proyectos una mayor capacidad de previsión y nuestras elecciones se hacen más inteligen- tes» 52

.. Sea el que sea el campo o problema que Dewey examine es esta perspectiva la que forma el contexto de su investigación.

Por ejemplo, cuando considera los problemas de la vida moral, la perspectiva dominante es siempre la del hombre como agente moral, no la del eípectaddr, la del crítico o la del juez. Se ha producido un gran malentendido por no haber sabido apreciar que Dewey dama por un cambio de énfasis respecto al tratamiento que los filósofos mo: rales postkantianos más modernos han hecho de los problemas éticos. Este cambio evoca la aproximación aristotélica a los problemas de la vida política y moral. El paradigma de una situación moral es aquel en que hay conflictos y nuestra tarea consiste en decidir lo que hay que hacer. En tales situaciones estamos abocados a emitir un juicio práctico, «un juicio acerca de qué debe ser hecho: un juicio respecto al cumplimiento futuro de una situación tan incompleta como in- determinada» 2. Dewey estaría plenamente de acuerdo con la acusa-

ción de Stuart Hampshire a la filosofía moral moderna (postkantiana), cuando afirma:

John Dewey, «Philosophies of Freedom», Philosophy and Civilization, pá- gina 286.

n John Dewey, «The Logíc of Judgments of Practise», Journal of Philosophy,

12 (1915), p. 514.

Praxis y acción 221

Supongamos... que uno se encuentra ante una situación difícil y no trivial en ja que uno está en dudas acerca de lo que debe hacer, y entonces, después de una

consideración detallada de todas las circunstancias implicadas, llega a una con- clusión. La propia conclusión, conseguida después de deliberar, expresada en el enunciado "es lo mejor que se puede hacer en estas circunstancias", es un juicio moral puro o primario (la solución de un problema práctico). Es un error absur- do describir este enunciado, en tanto que usado en tal contexto, como significati- vo únicamente en el sentido que lo es una exclamación, o como no teniendo sig- nificado literal alguno, o como si desempeñara una función meramente expresiva o evocativa de sentimientos. Es erróneo, también, describirlo como un enunciado acerca de los sentimientos o la actitud del agente, pues tal descripción sugiere que el juicio, si fuera atacado, habría de ser defendido recurriendo antes que nada a la introspección. Seguramente es equivocado describir el procedimiento de esta- blecer la corrección de un juicio o una decisión mediante una comparación de los grados de emoción moral con cursos de acción alternativas. Estoy suponiendo (lo que es normal en estos casos) que el agente ha razonado y argumentado acerca de las alternativas, y lo que trato de afirmar es que el agente justificaría su con- clusión, en caso de ser atacado, por referencia a dichos argumentos... 59.

Un juicio moral ilustrado requiere crítica, pero el contexto pri- mario de esta crítica son las situaciones indeterminadas que exigen de nuestra parte que decidamos y actuemos.

Los juicios morales pertenecen a un tipo de juicios prácticos que pueden ser expresados de muchas formas: «M. N. actuaría así y así; es mejor, más prudente, oportuno, correcto, avisado, ventajoso, etc., obrar así» 60. Dewey enumera algunas sgracterísticas de los _juicio%

rá • . En primer lugar los juicios practicos seWe–n en el contexto e una situación incompleta que requiere cumplimiento —hay que hacer algo. La lógica de juicios como éstos no se puede entender si los abstraemos de los contextos típicos donde se producen. En segundo lugar, el juicio mismo es un factor de cumplimiento de la situación, es «un factor determinante del desenlace de la situación» 61. En tercer lugar, el asunto de tales juicios «implica que es relevante cómo se determine lo dado» 62. Un juicio práctico «afecta al asunto para me-

jor o peor» 6'. En cuarto lugar, el juicio práctico implica una referen-

cia tanto a los medios como a los fines. Localiza los obstáculos con Stuart Hampshire, «Fallacies in Moral Philosophy», Mind., 58 (1949). Hampshire insiste también en la importancia de tratar la filosofía moral desde la perspectiva del agente moral, y también presta atención a la analogía entre el agente moral y el artesano o artista.

60 «The Logic of Judgments of Practise», Journal of Philosophy, 12 (1915), 505.

61 «The Logic of Judgments of Practise», p. 506. 62 «The Logic of Judgments of Practise», p. 507. 63 «The Logic of Judgments of Practise», p. 507. 220

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que hay que enfrentarse en una situación específica, arbitra los medios necesarios para superar dichos obstáculos y fija los fines que hay que lograr para completar la situación en cuestión. El asunto de un juicio práctico no se agota en lo que es «dado» en una situación específica, pero el juicio práctico tampoco puede apartarse de lo que es «dado». «Lo dado es indudablemente lo que es; está determinado en todo. Pero es lo dado de algo que hay que hacer. El examen e inventario de las condiciones presentes (hechos) no es algo completo en sí mismo; existen en vistas a una determinación inteligente de lo que debe ser realizado, lo que se requiere para completar lo dado» 64. En quinto lugar, los juicios prácticos son hipotéticos; afirman que «los hechos que integran el enunciado de lo dado son relevantes para el propósito adoptado —la determinación de una posibilidad a realizar en la ac- ción» 65. Finalmente, los juicios prácticos pueden ser validados o inva-

lidados por las consecuencias que desencadenan. «La determinación de los fines-medios que constituye el contenido de una proposición práctica es hipotética hasta que el curso de la acción indica que está probado» 66

. Pienso que Dewey entiende mal este punto cuando dice

que «La verdad o falsedad del juicio está en que la acción en cuestión se produzca o acontezca» 67

. Pero podemos marginar la importancia de

lo que Dewey está haciendo. Los juicios prácticos son tentativos e hipotéticos. Se producen sobre la base de la valoración de una situa- ción, lo que nosotros creemos que son las condiciones relevantes que influyen en la situación y las posibilidades pertinentes para comple- tarla. No importa el cuidado y esmero que hayamos puesto en la eva- luación de la situación, no hay nada que pueda garantizar absoluta- mente la corrección de nuestros juicios prácticos. Podemos, y lo hace- mos con frecuencia, descubrir cuando actuamos que nos habíamos equivocado, que habíamos interpretado mal lo que había que hacer. Esto puede ocurrir por una pluralidad de razones; podemos haber apreciado mal los hechos relevantes, o haber pasado por alto hechos que después se tornan importantes, o también podemos haber juzgado mal el mejor curso de acción a seguir, etc. Claramente, lo que sucede es relevante para la evaluación del juicio práctico originario. En este respecto las consecuencias reales que se siguen de nuestros juicios prácticos pueden validar o invalidar estos juicios.

Debería estar claro que la esfera de los juicios prácticos tiene un alcance mucho mayor que lo que normalmente se considera el domi- nio de la vida moral y política, pues juicios prácticos los hacemos tan-

" «The Logic of Judgments of Practise», p. 508.

65 «The Logic of Judgments of Practise», p. 510. 66 «The Logic of Judgments of Practise», p. 510. 67 «The Logic of Judgments of Practise», p. 510.

Praxis y acción 223

to en las más variadas situaciones de la vida cotidiana, cuanto en nues- tras investigaciones más avanzadas y sofisticadas. Lo que bien puede no_ estar' tan claro es el grado en que Dewey 'pretende generalizar desde estos análisis: <

Tradicionalmente, la teoría se- hacía. contrastar con la práctica y

se distinguía desenfadadamente los juicios teóricos de los prácticos. En la medida que estos dos tipos de juicios han sido asimilados, los filósofos han escrito como si los juicios prácticos fueran una forma degenerada de juicíos teóricos. Dewey se mueve en la dirección opues- ta. Su posición es que los juicios teóricos han sido malentendidos pre- cisamente a causa del fallo en la apreciación de que comparten las ca- racterísticas de los juicios prácticos enumeradas antes. Esta es una de las tesis de Dewey más significativas y más malentendidas. No trata .de decir que los juicios teóricos están justificados únicamente en la medida en que sirven a determinados fines «prácticos», ni que deba- mos tener nuestra vista puesta en los usos «prácticos» del conoci- miento. Por el contrario, la investigación teorética obtiene su fuerza sistemática explicativa en la medida en que abstrae de las exigencias de las situaciones existenciales inmediatas. A menos que estemos im- plicados desinteresadamente en el desarrollo de la investigación teó- rica por sí misma, echamos a perder el valor explicativo sistemático de nuestras teorías. Refiriéndose a las teorías tal como son usadas en la inv'estigación científica, Dewey dice-que son «asuntos de'abstrac-

ción sistemática. Como las ideas, han de desprenderse de lo que puede ser llamado hechos inmediatamente dados, para que puedan ser apli- cadas a categorías más amplias de hechos relevantes. Una teoría cien- tífica difiere de las ideas que, como suele decirse, "anidan en nuestras cabezas", únicamente en su vasto y sistemático poder de aplicación. La peculiaridad de la abstracción científica está en su grado de liber- tad en relación con sus adhesiones existenciales particulares» 's.

. Al mismo tiempo que reconoce las diferencias genuinas entre las variedades de juicios e investigaciones teóricas y prácticas, Dewey está interesado ante todo en centrar la cuestión en sus continuidades y semejanzas. Todos los caracteres de los juicios prácticos son aplica- bles a los teóricos. Estos juicios también se producen en el contexto de situaciones indeterminadas; son factores en la resolución y deter- minación del desenlace de dichas situaciones; son esencialmente hi- potéticos y prescriben cursos de acción que hay que seguir para confirmar y justificar estos juicios; y pueden ser confirmados o des- confirmados por las consecuencias que se siguen de los mismos.

68 «In defense of Theory of Inquiry», John Dewey: On Experience, Nature and Freedom, p. 140.

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Richard J. Bernstein

Hemos hecho notar que en el análisis de nuestra vida política y moral, Dewey aboga por centrar la atención sobre el agente' moral como el que se enfrenta a la situación conflictiva cuyas condiciones exi- gen que se haga

algo. Dewey aboga por un cambio de perspectiva simi- lar en la consideración de cualquier tipo de investigación, incluida la teórica. La medida del alcance del ataque de Dewey a la teoría del es- pectador-cognoscente

puede ser vista aquí. La misma acusación de que la filosofía política y moral se había descarriado al centrarse en el resul- tado final de nuestras deliberaciones menospreciand

o el proceso de de-

liberación mismo, hace Dewey contra la epistemologí

a tradicional. Ha-

bría estado excesivamente preocupada por la lógica de la prueba y por los resultados, en vez de atender al proceso mediante el que descubri- mos, probamos y modificamo

s nuestras hipótesis. Se les habría esfuma-

do la atención que debían haber prestado a la función que los enuncia.. dos cognoscitivos

cumplen dentro del proceso mismo de investigación. Como Peirce, Dewey sostiene que la lección que hay que aprender de las ciencias experimentales es que lo que distingue el conocimiento genuino de las especulacione

s y patrañas es justamente el conjunto de

procedimientos

de investigación, mediante los que descubrimos, con- trastamos y garantizamos nuestras afirmaciones cognoscitivas. Cuando nos centramos en el descubrimient

o y en la investigación, llegamos

a conclusiones

muy diferentes acerca del conocimiento mismo. Nos hacemos conscientes de la naturaleza esencialmente hipotética de toda fórmula cognoscitiva; atendemos a las consecuencias más que a los «orígenes» del conocimiento; reconocemo

s que los patrones de inves-

tigación

no _ emanan de fuentes «exteriores» a ella misma, sino más bien se "descubren, se afinan y se modifican en el curso del proceso del investigar. «Conocimiento, tomado como un término abstracto, es un nombre para el producto de investigaciones competentes... La "determinación" de una situación dada por medio de una investiga- ción particular no constituye garantía alguna de que la conclusión establecida vaya a permanecer siempre establecida. La consecución de creencias fundadas es asunto progresivo

; no hay creencia tan bien

fundada que no esté expuesta a investigaciones ulteriores. Lo que define al conocimiento

en su significación general es el efecto conver- gente y acumulativo de la investigación continuada... Cuando el cono- cimiento se toma como término general abstracto referido a la inves- tigación en abstracto significa "asertibilidad garantizada"» 69

.

El proyecto primario de Dewey, su meta final, era armonizar los problemas y procedimiento

s de nuestra vida moral y social, con los

dramáticos avances logrados en la investigación científica experimen-

69 John Dewey,

Logic: Theory of Inquiry, pp. 8-9.

Praxis y acción 225

tal. Estaba convencido de que cuando centramos nuestra atención en

la doble condición del hombre en tanto que agente-paciente tenemos

una perspectiva adecuada desde la que detectar las similaridades y

continuidades relevantes entre estas• variadas dimensiones de la expe- riencia humana. Argumentaba que un análisis de, la investigación cien- tífica como proceso no es axiológicamente neutral. Hay importantes lecciones morales que aprender de las actitudes, disposiciones y há- bitos requeridos en una investigación experimental abierta. Y creía firmemente que estas lecciones las podíamos aplicar a toda nuestra vida moral, política y social.

Los filósofos son frecuentemente renuentes a admitir lo que debe

su pensamiento a analogías y metáforas básicas. Dewey no lo fue, y

si sabemos apreciar la analogía básica que impregna su pensamiento, podremos entender el fundamental cambio de orientación que trató de imprimir a la filosofía. Como Peirce, sostuvo que la filosofía del pasado, en particular la filosofía postcartesiana, había estado domina- da por la metáfora del «ojo mental» fijo. Sentir, percibir y conocer han sido analizados en términos del modelo de la visión mental. Sur- gieron disputas en torno a qué ve, qué es visto y cuál es la relación entre lo que vemos y la «realidad externa». Pero la analogía que Dewey cree que es más apropiada para entender la vida humana, incluidos nuestros procesos cognoscitivos, es la analogía estética del artesano o artista empellado en hacer u obrar. Se trata de una analogía tomada muy en serio por la filosofía griega, en especial por Aristóteles. Según Dewey la filosofía griega restringió la aplicación de esta analo- gía,a la vida moral y política, a la praxis en contraste con la teoría. Con el desarrollo de la investigación experimental moderna, piensa Dewey que esta analogía podía extenderse ahora a lo que tradicional- mente se clasificaba como teoría. El conocimiento experimental es esencialmente un arte que implica, como todo arte, una manipulación consciente y directa de objetos y situaciones. En el proceso de la investigación experimental, tiene lugar una reconstrucción que acarrea una interacción continuada entre el artífice y la materia sujeta a trans- formación. El artífice perfecciona su arte no comparando el producto con algún modelo «ideal», sino con resultados acumulados de la ex- periencia, una experiencia que se beneficia de los intentos y proce- dimientos de prueba, pero comporta siempre novedad y riesgo. Hay diferencias sustanciales entre el arte de investigar y otros tipos de arte, y Dewey es sensible a ellas. La intención de la analogía es su- geridora y heurística, no un marco estrecho y literal. El uso de esta analogía sugiere cómo Dewey intentó establecer un puente entre nuestras actividades y juicios prácticos y nuestras actividades y juicios cognoscitivos.

226 Richard J. Bernsteia La educación en la comunidad democrática

Hay una continuidad temática que se extiende a lo largo de las investigaciones de Dewey. Nos,

dice Dewey que un juicio prácticd.

es una propuesta concerniente 'a lo que hay que hacer en una situacióri

indeterminada específica. El mismo juicio establece una diferencia en el modo de resolver la situación. Dewey amplia sus análisis de los juicios prácticos a los teoréticos y su teoría de la investigación y de la confirmación es, en este aspecto, esencialmente práctica. La inten- ción de su teoría es ilustrarnos acerca de cómo debemos investigar y deliberar. Esta propuesta para el desarrollo de la inteligencia crea- tiva está fundamentada en lo que Dewey considera que ha sido el procedimiento más inteligente y efectivo de corroborar y garantiza; el conocimiento y' de resolver situaciones en las que se produce un conflicto de valores. La teoría de la investigación y del valor se ha desarrollado sobre el fondo de la interpretación de Dewey de nuestra situación cultural, pues creía que los conflictos más profundos de nuestro tiempo surgen del divorcio de la ciencia con la vida práctica, o de la teoría y la práctica.

El mismo tema queda evidenciado en el modo como Dewey en- tiende la tarea de la filosofía. Dewey habría estado de acuerdo con Marx en que los filósofos del pasado ante todo han estado interesados • en la _interpretación del mundo. También habría estado de acuerdo en que la cuestión es cambiarlo.,

Sin embargo, para Dewey esto no significa el abandono o la superación de la filosofía, sino su recons- trucción.

Existen dificultades humanas urgentes y profundamente arraigadas, que pue- den ser clarificadas por una reflexión disciplinada, y cuya solución debe ser acti- vada por el desarrollo cuidadoso de hipótesis. Una vez que se ha comprendido que el pensamiento filosófico ha cogido el ritmo de los acontecimientos contemporá- neos, y que su función es conducirlos a desenlaces ventajosos, los problemas se presentan ellos mismos en abundancia. La filosofía no resolverá estos proble- mas; la filosofía es visión, imaginación, reflexión —y estas funciones desvincula- das de la acción no modifican nada, de ahí que tampoco resuelvan nada. Sin em- bargo, en un mundo complicado y subvertido, toda acción que no esté informada por la visión, la imaginación y la reflexión lo más probable es que contribuya a incrementar la confusión y los conflictos en lugar de ponerlos en buen camino... La filosofía se recupera a sí misma cuando deja de ser un artificio para perder el tiempo con problemas de filósofos y se convierte en un método, cultivado por los filósofos, para encararse con los problemas de los hombres 70.