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G. Hempel, Philosophy of Science. Una sistematización y defensa muy sofisticada de este punto de vista ha sido desarrollada por E. Nagel, The Structure of

Science.

77 P. K. Feyerabend, «Reply to Criticism», Boston Studies in the Philosophy of Science, vol. 2, pp. 223-224. Thomas Kuhn ha desarrollado una teoría similar

de la naturaleza de las revoluciones científicas en The Structure of Scientific

Revolutions. A pesar de la antipatía de muchos filósofos e historiadores de la

ciencia contemporáneos hacia Hegel, el tema central de que la ciencia se desarro- lla por el choque y el conflicto de teorías incompatibles conlleva gran semejanza con el propio análisis de Hegel del desarrollo dialéctico de las teorías. Feyerabend reconoce y explora esta semejanza en su obra «Against Method», Minnesota Stu-

dies in the Philosophy of Science, vol. IV, ed. por Michael Radner y ,Stephen

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290 Richard J. Bemstein

ese dominio o que cuando menos son consistentes con aquéllas en loa limites del dominio en cuestión»; (2) la condición de la invarianciá del significado: «Los significados habrán de ser invariantes respe¿.« to del progreso científico; esto es, toda teoría futura habrá de articulai`i se de manera que su uso en explicaciones no afecte para nada lo esta': blecido por las teorías, ni las relaciones factuales a explicar» ".

Ambos principios están íntimamente relacionados según Feyerá: bend, y los dos son erróneos. Si examinamos cuidadosamente la nato= raleza del cambio dentífco, descubrimos que las teorías científicas básicas tales como las de Newton o Einstein son, de hecho, inconsis- tentes. Más aún, esto no es un defecto: podemos desplazar la mecí:. nica de Newton porque la teoría de la relatividad de Einstein es in- consistente con ella. La teoría de Einstein no es mejor para explicar, el mismo conjunto de observaciones. También ha cambiado lo que pasa por ser una observación, descripción, o hecho. No es que Feyera- bend esté afirmando que la inconsistencia es condición suficiente para desplazar una teoría por otra y en consecuencia «hace avanzar» lod criterios científicos. Pero sostiene que es una condición necesaria característica de los mayores avances en la explicación científica. En, cuanto al argumento en contra de la condición de la invariancia del significado lo resume corno sigue:

Nuestro argumento contra la invariancia del significado es simple y claro. Procede del hecho de que usualmente algunos de los principios implicados en la determinación del significado de teorías o puntos de vista más viejos son in- * consistentes con teorías nuevas o mejores. Esto nos sugiere que es natural re- solver esta contradicción eliminando los incómodos e insatisfactorios principios anteriores y reemplazándolos por principios o teoremas de una teoría más nueva y mejor. Esto acaba por hacernos ver que este procedimiento nos hará desem- bocar también en la eliminación de los viejos significados y, en consecuencia,

en la violación del principio de invariancia del significado ".

Hasta descripciones tan inocuas como «este líquido tiene una tem- peratura de 50° C», tendrán un significado diferente hechas por un teórico de la mecánica clásica y por otro de la mecánica estadística. Más aún, estos dos significados son, estrictamente hablando, incompa- tibles porque las consideraciones teóricas que entran en la definición del significado de temperatura en estas dos teorías son incompatibles. Un enunciado como «este liquido tiene una temperatura de 50° C»

no es un enunciado de observación neutral independiente de las dos teorías.

78

«Problems of Empiricism», Beyond Edge of Certainty, p. 164.

79 «Explanation, Reduction and Empiricism», Minnesota Studies in the Phi- losophy of Science, vol. 3, p. 82.

praxis y acción

Existe y debe existir conflicto perenne entre teorías inconsistentes e incompatibles 80. Adoptaremos una teoría como la mejor por razones complejas y variadas, pero la razón clásica, a saber, que la teoría más aceptable es la que explica mejor el mismo conjunto de observaciones explicadas ya por una teoría anterior, no es en absoluto una buena razón porque no podemos asociar sentido alguno a la expresión «el mismo conjunto de observaciones».

Pero se puede preguntar qué relación tienen estas afirmaciones

y disputas surgidas entre los filósofos de la ciencia con el concepto

de acción. «Inconsistencia», «incompatibilidad» y «conflicto» no son

términos peyorativos, sino térMinos que señalan avance genuino en la investigación. Cuando confrontamos una teoría o modalidad de pensar y de hablar bien establecida, nuestra tarea es inventar nuevas teorías y nuevos lenguajes que sean factualmente adecuados e incom- - patibles con los modos existentes. Feyerabend aplica directamente

estas consideraciones al análisis del lenguaje ordinario o lenguaje con- ceptual. Profundizar la cuestión, como Feyerabend cree que lo han hecho los analistas conceptuales, de que nuestro lenguaje habitual es incompatible con el discurso científico hará ver la irreductibilidad del lenguaje ordinario, pero ello no nos hará desembocar en su verdad o corrección. La reductibilidad o irreductibilidad no es la cuestión esen- cial (nadie postula la reductibilidad de la teoría calórica o la cinética); de lo que se trata es más bien de si podemos reemplazar nuestro len- guaje ordinario por módulos más acabados de describir y explicar.

Las disputas entre reduccionistas y no-reduccionistas se han centra-

da en la posibilidad y aceptabilidad de diversas formas de traducción de expresiones de los términos de un sistema a los de otro. Pero, a jui- cio de Feyerabend, ésta ha sido una tarea infructuosa y malsana apoya- da en puntos de vista metodológicos y epistemológicos falsos. No hay ninguna razón de peso para pensar que es imposible conseguir una alternativa radical de nuestro lenguaje ordinario, que nos proporcione una modalidad más adecuada de entendernos y explicarnos a nosotros mismos, nuestras «acciones», «intenciones» y «razones». Y podemos estar seguros de que si estas palabras se conservan en la nueva teoría habrán de tener un significado enteramente diferente. En pocas pala- bras, para Feyerabend nuestro lenguaje ordinario no es más que una teoría mala a la que él juzga empíricamente inadecuada. Defiende la posibilidad y la necesidad de desarrollar teorías alternativas de nues- 80 Feyerabend piensa que esta condición prevalece no sólo en la investigación científica, sino en todos los aspectos de la vida. Ver su discusión del papel del teatro moderno, «The Theatre as an Instrument of the Criticism of Ideologies»,

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Richard J. Bernstein

tro lenguaje convencional acerca de nosotros mismos y del mundo. Refiriéndose a nuestra «habla común» dice que:

tal lenguaje está adaptado no a los hechos, sino a las creencias. Si estas

*

creencias son ampliamente aceptadas; si están íntimamente relacionadas los temores y esperanzas de la comunidad en que brotan; si están al amparo de instituciones poderosas que las defienden y las refuerzan; si la vida entera ": de uno se desarrolla por los cuatro costados de acuerdo —con Alas-- entoncei el lenguaje que las representa debe ser mirado como muy afortunado. Al mismo# tiempo está meridianamente claro que la cuestión de la verdad de dichas creen- cias no ha sido tocada para nada 81.

Expresando sus puntos de vista sobre el status de los argumentos lingüísticos, Feyerabend dice:

Pues si mi convicción es correcta, y es en verdad posible desarrollar una teoría «materialista» de los seres humanos, en ese caso nos veremos forzados a abandonar las connotaciones «mentales» de los términos mentales y debe-remos

reemplazarlas por connotaciones físicas. De acuerdo con el punto de vista

que vengo defendiendo en el presente estudio, la única manera legítima de cri-

ticar tal procedimiento sería criticar primero esta nueva teoría materialista me- diante la demostración de que no concuerda con los datos experimentales y, a la vez, señalar alguna estructura formal poco aceptable (por ejemplo, haciendo ver que es ad boc). Espero haber demostrado que los argumentos lingüísticos opuestos son del todo irrelevantes 82.

La importancia de la 'hipótesis del desplazamiento para el análisis

conceptual de la acción debería estar clara ahora. Si Feyerabend está en lo cierto, entonces aun si las afirmaciones más pretenciosas de los analistas conceptuales encuentran aceptación, estos analistas, no obs- tante, están básicamente equivocados. Puede ser verdad que el con- cepto de acción y demás conceptos afines sean esenciales para nuestra manera habitual de pensar acerca de nosotros mismos y de los demás. Puede ser verdad que hayan sido tan fundamentales para nuestras concepciones comunes que no hayan cambiado sustancialmente duran= te toda la historia conocida del género humano. Puede ser verdad que la «lógica» de nuestro lenguaje sobre la acción sea inconsistente con el discurso científico existente o imaginario. Puede ser verdad que los analistas conceptuales estén en lo cierto cuando afirman la imposi- bilidad de reducir o traducir conceptos de acción a un lenguaje limi- tado a las regularidades mecánicas de los movimientos. Pero aun sien- do verdad todo esto, aun si aceptamos las afirmaciones más ambiciosas

81

«Materialism and the Mind-Body Problem», The Review of Metaphysics, 17 (1963), 51-52.