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238 Richard J. 11-ernsteín

sus palabras. Hoy podríamos estar contentos de que nadie puede hablar de Oxford como de un «semillero, para el mundo británico; del idealismo inspirado en Kant y Hegel». Fue un capítulo breve y desgraciado —una aberración pasajera— en la vieja tradición del era- pirismo no británico. -

La descripción anterior está supersimplificada, pero la aceptarían los filósofos analíticos más adiestrados. Una de las partes de la des- cripción que no se ajusta del todo es el papel que desempeñó el filó: sofo vienés Wittgenstein en la filosofía británica de este siglo. Wit- tgenstein ejerció enorme influencia en dos generaciones de filósofos británicos. Pero su influjo no es debido a su figura atormentada y ascética en lucha constante con la fiebre que aqueja a la entraña in- quisitiva del filosofar y con la significación de «Das Mystische». Fue un Wittgenstein «domesticado» el que fue considerado influyente. Su Tractatus fue interpretado (hoy reconocemos que fue malinterpre-

tado) en el sentido de que sentaba las bases del atomismo y positi- vismo lógicos que tanta atracción ejercieron sobre los primeros filóso- fos analíticos. Y sus posteriores lecciones desarrolladas en Cambridge entre 1930 y 1940, junto con sus póstumas «Investigaciones filosófi- cas» constituyeron el trabajo de base para el nuevo «análisis del len- guaje, ordinario», Estudios recientes han puesto de -manifiesto hasta qué/punto-:Wittgenstein fue -tergiversado por-algunos de-sus «segui- dores», al mismo tiempo que han .sacado a relucir afinidades con el espíritu de la filosofía decimonónica, tspecialmente la de Kierkegaard y Schopenhauer 2.

Quedan otras calificaciones Iignificativás 'de la filosofía analítica en tanto que representa una ruptura total con la filosofía del siglo xix; Cuanto más atentamente se estudian los comienzos de Moore y Rus- sell,. tanto más se puede apreciar cómo su misma rebelión fue intentada desde y conformada por el idealismo contra el que estaban reaccionando. A peáar de que hay más continuidad con el pasado de la que frecuentemente se reconoce, esto no altera el hecho de que los primeros filósofos analíticos se creían los fautores de un rompimiento radical con el pasado. El papel central que el concepto de acción fue ganando hasta convertirse en el tema dominante de gran parte de la filosofía después de Wittgenstein, no surgió de un ansia de contestar a o «ir más allá» de Hegel. Para apreciar la importancia del concepto de acción, así como los aspectos del mismo que se han investigado, tendremos que reconstruir la dialéctica interna de la filosofía analí-

Ver Eddy Zemach, «Wittgenstein's Philosophy of the Mystical», The Re-

view of Metaphysics, 18 (septiembre 1964); y Stanley Caven «The Availability

of Wittgenstein's Later Philosophy», The Philosophical Review, 71 (1962).

praxis y acción 239

tica. Uso el término «dialéctica» deliberadamente, pues, como inten-

taré "poner de manifiesto, puede ser útil encarar el desarrollo de la

filosofía analitica como un gran diálogo filosófico que ilustra las eta-

pas de lo que el mismo Hegel consideraba un típico proceso dialéctico. En primer lugar quiero esbozar la perspectiva general propia de los primeros filósofos analíticos y tratar de averiguar por qué razón fue insignificante en su pensamiento el papel jugado por el concepto de

acción. Luego entraré en la discusión de la reacción contra este reduc- cionismo temprano, así como de la antítesis que surgió en respuesta

a la parcialidad y «falsedad» de esta orientación. Pero veremos hasta

qué punto la respuesta dada por los filósofos del lenguaje ordinario o del análisis conceptual se hizo culpable también de exageraciones y tergiversaciones. Finalmente intentaremos esbozar el despegue de una «síntesis» de estas posiciones antitéticas dentro de la filosofía anali- tica que inicia ahora su proceso de emergencia.

,,:Como he sugerido más atrás, soy de la opinión de que la filosofía analítica ha atravesado una serie de etapas estrechamente paralelas al movimiento dialéctico de las posiciones epistemológicas bosquejadas por Hegel en su Fenomenología'. Esta transición viene ilustrada por la forma en que Kant ha reemplazado a Hume como «héroe» de la filosofía analítica. Pero quiero ir más lejos todavía y sugerir que des- pués de los últimos desarrollos existe la posibilidad de acercamiento a Hegel. No es que yo esté abogando por un «retorno» a Hegel, ni siquiera insinuando que la filosofía analítica se beneficiaría de un en- cuentro serio con él (a pesar de lo , cual pienso , que sería altamente proveChoso), sino más bien que el tipo de problemas y perspectivas qué atrajeron preferentemente la atención de Hegel y los hegelianos ha llegado a adquirir relevancia para la dialéctica interna de la pro- pia filosofía analitica. Es arriesgado hacer predicciones sobre la di- rección que va' a seguir la filosofía —o un movimiento filosófico- íio-r"lo cual lo que voy a decir no es más que la expresión de mis pro-

pios deseos y expectativas. Pero creo que en el mundo anglo-sajón se deja sentir un interés creciente por Hegel y la tradición hegeliana. Entre otras razones de esto, una es que los filósofos —especialmente los más jóvenes— comienzan a sentirse incómodos ante el escolas- ticismo que amenaza a la filosofía analítica. Comienzan a reconocer que problemas y cuestiones calificados por ellos como espúreos, faltos de sentido, y no-filosóficos, se encuentran entre las cuestiones filosó- ficas más importantes.

La crítica que se hará a la filosofía analítica en este capítulo es a la vez «interna» y «externa». Es «interna» en la medida que inten-

3 Ver p. 38, n. 21.

PHI uili

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Richard J. Bemstel

taré seguir la intrincada andadura crítica de la filosofía analítica ed relación con el concepto de acción. Intentaré delimitar críticamente tendencia a reducir los complejos conceptuales e instancias empíric en base a una decisión a priori. Pero es «externa» en tanto que des

dejar bien claro que las limitaciones autoimpuestas por la filosofía analítica no están garantizadas y que han sido marginadas de su ám hito cuestiones vitales que no pueden ser ignoradas por más tiempo: La filosofía analítica no puede volver la espalda a la discusión con los otros movimientos filosóficos que hemos investigado.

Imaginemos la situación de un futuro historiador de la filosofía que quisiera contarnos la historia del desarrollo de la filosofía anaz lítica desde el período de 1920 (cuando empezaron a publicar algunos de los «clásicos» de este movimiento) hasta el presente. Para empezar su tarea, debería familiarizarse con la literatura filosófica más influ- yente en estos dos momentos-límite con el fin de poder apreciar cuáles fueron las preocupaciones fundamentales de los filósofos de una y otra época. Una ojeada rápida a las revistas filosóficas y libros publi cados en la década iniciada en 1960 revelaría que la naturaleza y sig- nificado de la acción, así como de los conceptos afines como intención; propósito, teleología, motivo, razones, etc., estaban en primer término en la discusión filosófica. Examinando la literatura fundacional has el desarrollo de la filosofía analítica; podría sorprenderse al descubi apenas alguna alusión directa a la naturaleza de la acción como pro- blema filosófico. ¿Por qué quedaba relegada a la periferia de la discd sión filosófica la investigación de la acción en los primeros tiempos de la filosofía analítica? ¿Qué dificultades, problemas, intuiciones y estrategias llevaron a su importancia creciente? Estas cuestiones pue: den ser planteadas de diferentes maneras. Podemos querer, conocer las influencias históricas especificas y la secuencia cronológica de estos cambios. O podemos querer centrarnos en la historia filosófica, en la dialéctica inviscerada en los problemas e implicaciones responsables del cambio de orientación. Sin pretender poseer la perspectiva de un futuro historiador de la filosofía, lo que quiero referir es esta historia filosófica. Mi objetivo último es el aprehender y comprender la con- tribución de la filosofía analitica al estudio de la acción humana.

Pero antes conviene que nos metamos de lleno en la cuestión para obtener una idea general de las tendencias que han estado en primer plano en las investigaciones recientes. En A Hundred Years of Philosophy, Passmore presenta un esbozo general de un argumento que ha sido repetido y desarrollado con variaciones en la literatura postwittgensteiniana en el campo de la psicología filosófica y en la filosofía de la mente.

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La situación es esta: hay una distinción entre movimientos corporales tal como el reflejo de la rodilla, y actividades de la persona o «conducta». La conducta

A;> DO puede ser, nunca definida en términos de movimientos corporales, -desde el

momento en que secuencias de movimientos muy,similares pueden citar presentes en tipos de conducta bien diferentes. Por ejemplo, al indicar uno que está inten- tando tomar la dirección de la izquierda: o al señalar un artículo en un escapara- te, se pueden ejecutar los mismos movimientos corporales cuando en realidad se trata de conductas bien diferentes. El fisiólogo puede explicar los movimientos de un cuerpo en términos causales, pero no puede explicar la conducta humana. Ciertamente la conducta no tiene causas. - -

Explicar una secuencia de conducta, para este punto de vista, es dar una ra- zón de ella, mencionar su fin o propósito, o prestar atención a las reglas que la dirigen. (Estos son, desde luego, procedimientos diferentes pero interrelaciona- dos.) Si la conducta es esencialmente normativa, arguye el nuevo teleólogo, es lógicamente imposible explicar cómo actúan los hombres si nos limitamos al len- guaje puramente descriptivo válido para la ciencia física. No hay modo alguno de deducir de un conocimiento de la fisiología, por más que sea exhaustivo, que hay una regla en nuestra sociedad para el efecto de que una extensión de la mano signifique «Voy a girar a la derecha». De este modo es imposible explicar en términos fisiológicos una secuencia particular de conducta que tiene lugar con la intención de conformarse a esta regla 4.

• Cada concepto importante, así como cada paso del texto anterior, requiere análisis, y. justificación ulteriores. Más tarde examinaré estas

afirmaciones con más detalle, Pero quiero hacer notar que,este argu- mento y otros estrechamente relacionados con él, han sido utilizados como base de afirmaciones como la siguiente: hay,una dicotomía in- salvable entre el mundo -físicorde los movimientos y el mundo huma- tio de las acciones y de la conducta; que el tipo de descripciones y ex- plicaciones requeridas en la consideración de la acción humana son categóricamente diferentes de las utilizadas en las ciencias físicas; y,

-que el ideal de la unificación 'de la ciencia tal como lo ven los fisica-

listas, loí Matérialistaá' (y otras variedades-de reduccionistas) —una unidad en base a la cual todos los conceptos y leyes psicológicas ne- cesarios para la consideración de la conducta humana pueden ser re- ducidos o traducidos al lenguaje de la ciencia física— es ilusorio. Este «ideal» se apoya en una concepción equivocada de lo específico de la naturaleza de la acción humana, así como del esquema concep- tual utilizado para describirla y explicarla. El error de los reduccio- nistas, se dice, no está simplemente en proponer hipótesis empíricas falsas, sino en recurrir a un ideal que es «lógicamente imposible». Entre algunos de los defensores más pugnaces de esta orientación