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5.2 Development of Constructs

5.2.10 Common Method Variance

En un tiempo en que todo estaba patas para arriba, las instituciones fueron criticadas de diferente manera por los asambleístas. Héctor, propone una ti- pología:

...había diferentes posturas. Evidentemente aquellos que tenían una postura autonomista que parten de la base de que el poder es corrup- to, obviamente descalificaban a las instituciones en su conjunto. La gente que tenía una propuesta insurreccional, ídem. La gente partidis-

ta, no para nada. Había que depurar a algunos y volver a poner a sus preferidos. Acá ubicás a la gente que se alejó yendo al ARI. Y después el sector mío, el sector participativista... ((Héctor, 2004)

¿Sirve esta tipología? Carlos se ubica a sí mismo entre los autonomistas:

En las asambleas confluían dos visiones distintas: una era la del cambio político y otra era la del cambio social. La primera pensaba “esta es una coyuntura que en algún momento superaremos y volve- remos a la normalidad”. De hecho eso ocurrió, porque hubo llamado a elecciones, los ciudadanos fueron, votaron y delegaron poder nue- vamente. El Estado se reapropió de la voluntad colectiva. Y después, la gente que tenemos la visión de un cambio social, queremos profun- dizar no sólo lo que tenemos de participación, ni siquiera entrar en la discusión acerca de los mecanismos institucionales, sino plantear otra institucionalidad. Ahora, esto implica una conciencia que todavía no llegamos a tener. (Carlos, 2004)

Podríamos incluir a Alberto entre los insurreccionales:

Yo decía, bueno, aquí no esperemos el cambio a través del voto. El cambio pasa por nosotros. Si logramos mantener una comisión de en- lace entre las asambleas barriales que enlace todos los mismos pro- blemas... porque las instituciones están y no están. Están para repre- sentar a los que los eligen que son el Centro. O sea, en las elecciones entra todo el pueblo pero ellos después se identifican con el Centro. Yo les decía que las instituciones representan a la minoría, al poder económico. El cambio por ahí no va a venir porque la burguesía, la gente de plata, está en otra cosa. (Alberto, 2004)

Juan R., que se reconoce militante socialista, podría formar parte de los par- tidistas:

Yo creo que el problema son las personas que están en el poder. La organización en un poder ejecutivo, legislativo o judicial está bien pe- ro las personas corrompen esa organización.

Que opinás sobre la representatividad de los políticos?

Yo creo que los partidos son imprescindibles. Se puede modificar la ley electoral, pero los partidos son necesarios como canal de comuni- cación ciudadana. (Juan R., 2004)

Héctor se ubica a sí mismo entre los participativistas:

...el sector mío, el sector participativista, para nada estamos en des- acuerdo con las instituciones pero creemos que estamos haciendo la- buro con estas instituciones, tenemos que cambiarlas vía evolución, aunque a veces habría que ayudarla a la evolución con un coscorrón, bajando de una democracia indirecta a una semidirecta. (Héctor, 2004)

La tipología propuesta por Héctor resulta útil porque es sensible a las dife- rentes posiciones y las nomina con las mismas palabras que usan los asam- bleístas. Obviamente no es una tipología exacta. No podría serlo, por cuanto –como lo señaló Weber al hablar de sus tipos ideales- una tipología siempre es una construcción que agrupa objetos en base a características considera- das significativas por el investigador, y nunca es un espejo de la realidad. Así, vemos que Carlos tiene mucho de autonomista y algo de insurreccional; Alberto tanto de insurreccional como de autonomista y algo de participati- vista (si lo terminé ubicando entre los insurreccionales fue nada más que por aproximación, por el hecho de que militó en el MAS y porque sostiene ideas organizativas más centralistas que un autonomista como Carlos); Héctor mucho de participativista y algo de insurreccional. La realidad se resiste al parcelamiento. Además, la tipología tal vez no esté completa ¿dónde entran los asambleístas que no perduraron, que fueron unos pocos meses, tal vez motivados por el enojo? ¿entre los insurreccionales? ¿y los que fueron du- rante mucho tiempo pero no tenían ningún proyecto en relación con el Esta-

do sino solamente una satisfacción de encontrarse, conocerse, iniciar cosas en común? ¿serían autonomistas de hecho? ¿y aquellos seineldinistas que sostenían un fuerte discurso antirrepresentativo y nacionalista? ¿serían insu- rreccionales o partidistas? En realidad no se si es tan importante. El conjun- to muestra que las posiciones asamblearias frente a las instituciones fueron más complejas que lo que para algunos parece agotarse en el “que se vayan todos”.

Es notable que, aun con todas las diferencias señaladas, en general en las asambleas terminó primando una postura de aceptación de las instituciones democráticas. Esto tiene una significación especial entre algunos viejos mi- litantes de izquierda que en otras épocas, antes de la dictadura, sostuvieron la idea de que las instituciones democráticas representativas dan lugar a una democracia formal que no es realmente democracia y que, por lo tanto, la democracia real no necesita, y seguramente se construye contra, las institu- ciones de la democracia representativa. Pablo lo resume así:

las asambleas no descreyeron nunca, todo lo contrario, como postura política, fue muy importante la defensa de las instituciones democrá- ticas, y sí la crítica centrada -con muchos matices- en los seudo re- presentantes. [...] había asambleas que rechazaban lo institucional también, pero en ese sentido sucumbieron frente al número. No pudie- ron nunca imponer una postura de rechazo a las instituciones porque la mayoría los superó y los obligó a ponerse a tono con el común. (Pablo y Héctor, 2004)