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Face and Content Validity

5.2 Development of Constructs

5.2.5 Face and Content Validity

Entre los asambleístas fue muy común una crítica fuerte de los partidos polí- ticos. De acuerdo con Héctor:

No era casualidad que los partidos políticos funcionaran como castas por aquello tan conocido de que el poder corrompe pero el poder ab- soluto corrompe absolutamente. Los partidos políticos tienen el mo- nopolio de la representación electoral y eso es lo que lo termina des- naturalizando porque solamente somos ciudadanos democráticos el día de las elecciones. Al día siguiente se subieron a un pedestal casi inalcanzable. (Héctor, 2004)

Luís participó en la asamblea de la Plaza López. Tiene 58 años y fue mili- tante del peronismo de base antes del ’76, “un sector que mezclaba en Rosa- rio agrupaciones universitarias socialcristianas” referenciadas en la figura de

J. W. Cooke. Luís ve a los partidos como instituciones inoperantes y en- cuentra la fuerza en otro lado:

Ninguno de los partidos que se reparten el poder iban a cambiar algo, así que me tendría que haber sumado a un partido de izquierda, pero de todas maneras, yo ya venía asimilando que los partidos de izquier- da -y más con las cosas que fueron planteando cuando surgen las asambleas- no tenían propuestas, o sea, yo he visto que todo lo que salía un poco transformador se había hecho por afuera de los parti- dos, como los movimientos piqueteros... (Luís, 2004)

Desde otro lugar, la asamblea de República y Olavarría en el barrio Empal- me Graneros, Alberto recuerda que:

...me fui del MAS, porque no alentaba la participación de la gente. Además no me gustan los verticalismos. Yo en mi laburo he sido dele- gado pero nunca me gustó decir “esta es la línea”. No. La línea la formamos los de abajo que somos la base. Vos querés mandar de arriba? Decí todo lo que quieras pero sin base no hacés nada. Las asambleas barriales son las que tienen que mandar. (Alberto, 2004)

Algo se va repitiendo entre personas que no se conocen entre sí, que tienen historias distintas, viven en lugares distintos, manejan diferentes recursos. Para Matías “no representan a nadie, están manejados por cuatro o cinco lí- deres”. Gerardo piensa que “hay que renovarlos totalmente, tienen que ser más participativos los partidos... nunca me banqué demasiado los vertica- lismos”. Pablo recuerda que:

Cuando salgo de la cana en el '76 me encuentro sin un carril. No había un partido que yo sintiera realmente que cumpliera con mis ex- pectativas. Expectativas que eran de un partido que fuera de unidad, que representara la mayor cantidad de sectores o de argentinos posi- ble y en donde no hubiera mandones. Donde se hiciera un juego de- mocrático. No lo encontré. En algún momento lo intenté en el PI, pero

llegué cuando se estaba rompiendo. Y las asambleas fueron un poco lo que yo estaba esperando… (Pablo y Héctor, 2004)

Para Liliana, en la militancia partidaria:

La sensación era que uno estaba metido en un lugar dónde es otro el que decide y vos lo único que hacés es ejecutar lo que los otros deci- den, no tenés ningún nivel de decisión real en nada... (Liliana, 2004)

Sin embargo, para ella hay algo importante por rescatar:

...creo que los partidos tienen manejos chotos, pero tampoco me pare- ce... mi pensamiento era éste: “puta, esta gente es la gente que ha es- tado durante años, bien o mal, peleando durante años como pudieron para que algo cambie. Entonces tampoco seamos tan soberbios los que salimos por primera vez a la calle”. Aparte me parecía que esas organizaciones habían tenido algo que ver con esa salida de diciem- bre. Pensá en las marchas de los 24 de marzo, 100, 200 tipos organi- zando en soledad esas movidas, tuvieron que ver con lo que pasó. (Li- liana, 2004)

Con matices, muchos asambleístas se refieren a los partidos políticos como estructuras autoritarias en las que no hay lugar real para que el militante se exprese y decida, estructuras vacías de propuestas originales de cambio y sostenedoras de un sistema político representativo corrupto. Al mismo tiem- po, se nota que los partidos han sido para ellos instrumentos importantes –de hecho casi todos han militado-, por lo que nunca podría ubicárselos en una posición anti partidos. Algunos pocos asambleístas, como Juan R., se decla- ran abiertamente partidistas.

Entre los participantes del PP no hay una referencia crítica tan marcada a los partidos políticos, y cuando la hay es bien concreta. Por lo general, en nin- guna de las instancias alguien hace gala de su militancia partidaria aunque, sobre todo en el CPD, todos saben si alguien es militante y de qué partido.

Por fuera del CPD, informalmente, algunos participantes muestran que lo partidario sí importa.

Stella Maris tiene 45 años y es consejera del PP. Milita en el radicalismo y tiene una activa participación barrial. Gestiona un pequeño centro comunita- rio en el garaje de su casa, cosa que le resulta un poco más difícil por no ser del partido de gobierno:

...nadie nos ayudó para poder sostenerlo y era mas fácil decir “no” por parte de las autoridades[...] hay lugares que le han dado y otros que no. La política tiene que ver mucho con esto y no pertenezco al partido. [...] uno por ahí no lo menciona pero se da cuenta por las amistades y por la forma de relación que tienen entre sí, hay más so- cialistas [en el PP]. (Stella Maris, 2004)

Mabel también es consejera del PP. Desde su lugar de militante socialista y larga participación en el barrio Puente Gallego, coincide:

todo se engancha con todo, porque uno a través del partido, hemos conseguido muchísimas cosas para el colegio, que es lo que a mi me interesaba, me interesa y me sigue interesando, porque cuando vos tenés conexiones así, es cuando tenés prioridad para conseguir cosas. (Mabel, 2004)