5.2 Development of Constructs
5.2.1 Field Interviews
El tiempo participativo no solamente se compone de la duración de cada reunión y de la frecuencia en que se repiten.
En las plenarias de las asambleas autoorganizadas los tiempos son más laxos (en el sentido de que se respetan menos los acuerdos temporales) que en el PP, donde son más rígidos. Dentro del PP, los tiempos más rígidos son los de la asamblea de primera ronda, los más laxos los del CPD (pero menos cuanto más se acerca el momento de cerrar los proyectos antes de la asam- blea de segunda ronda).
En las asambleas autoorganizadas, algunos participantes se quejaban de que las reuniones eran largas, nunca cortas, pero el tiempo asignado a cada uno era considerado muchas veces poco (no ocurre lo mismo en las comisiones internas de las asambleas, en las que hay menos gente y temas más específi- cos), porque las asambleas también son un lugar de figuración personal. De- ntro del PP, en la primera ronda de asambleas la queja es, por el contrario, que es muy corta. Eso no ocurre con el CPD ni con la asamblea de segunda ronda.
Tiempos largos y laxos en las plenarias de las asambleas autoorganizadas dieron lugar a expresiones catárticas pero llevaron en muchos casos al abu- rrimiento de quienes no tenían experiencia participativa, lo que combinado con la falta de resultados inmediatos hizo que muchos dejaran rápidamente de ir. Tiempos rígidos y cortos en el PP –sobre todo en la primera ronda- generan insatisfacción en quienes quieren expresarse más allá de lo estipu- lado pero al mismo tiempo garantizan a la gestión el cumplimiento de sus metas. Por cierto, la consistencia y extensión del tiempo varían para las per- sonas de acuerdo con cuestiones íntimas.
El cierre de los encuentros también es distinto. En las asambleas autoorgani- zadas, en los primeros meses la conclusión son una mezcla de desgrana- miento inercial y común acuerdo; con el paso del tiempo es cada vez más común acuerdo. En el PP, las asambleas de primera y segunda ronda son ce- rradas por los coordinadores municipales, mientras que los CPD se van dan- do un funcionamiento que mezcla eso con el común acuerdo.
Por último, parece haber cierta relación entre tiempos y contenidos en las experiencias participativas. En las plenarias de las asambleas autoorganiza- das (no en las comisiones internas), que se caracterizan sobre todo al princi- pio por ser largas y laxas, los temas y las discusiones son dispersos y las de- cisiones son generales. En el PP, con tiempos más cortos y rígidos, los tiempos y discusiones son más concentrados y las decisiones más precisas.
En la precisión de las decisiones opera una exigencia, que en el caso del PP es más efectiva porque el municipio tiene un poder más incontestado que los liderazgos de las asambleas autoorganizadas, tanto como un aprendizaje “desde abajo”.
Recapitulación
Las experiencias de participación directa que analizo se desarrollan en en- tornos cercanos, que se conocen personalmente y a los que por lo general se puede llegar a pie. Esta cercanía física viene de la mano con una pretensión de llevar la democracia al “interior del interior” que establece una política cercana.
En cuanto a las sedes, las asambleas siguen una línea que va desde las calles a interiores privados. El PP, en cambio, se desarrolla siempre en interiores públicos. Las paredes y puertas son más virtuales en las asambleas y más reales en el PP. Pero, dado que el respeto formal del carácter democrático de estos espacios es generalizado, la principal habilitación para “entrar” a par- ticipar viene de adentro de las personas. Los interiores son menos organiza- dos en las asambleas que en el PP. También, hay más infraestructura en este último. La disposición de las sillas y mesas condiciona pero no determina el carácter más o menos igualitario de los encuentros.
En cuanto a los procesos, son tan importantes la duración de las reuniones como su continuidad. Las reuniones no pueden durar tan poco que se resien- ta la cantidad de voces, ni tanto que se despueblen y queden solamente los más motivados. Por otra parte, su repetición en el tiempo tiene mucho que ver con la profundización de lazos de confianza que son centrales para la de- liberación democrática. La vivencia subjetiva del tiempo también impacta en los participantes: tiempos excesivamente largos y laxos –como sucede en
algunas asambleas- o cortos y rígidos –como en algunas instancias del PP- conspiran de diferente manera contra la calidad democrática.
Capítulo 4. La movilización por el Monte Bertolotto
En el mismo momento en que en el CPD Sudoeste se está desarrollando una disputa crispada entre la coordinación provisoria designada por la Municipa- lidad y los consejeros, la inseguridad está al tope de las preocupaciones de la opinión pública. En Rosario, las comisarías están atestadas de detenidos sin sentencia. Cantidades de policías están ocupados en controlarlos, tarea que no es la suya, mientras en las calles se demanda su presencia. La gente pide que se haga algo con la inseguridad, con los presos, con la policía.
Un día de mayo de 2004 –poco después de la masiva primera marcha contra la inseguridad organizada por el padre de Axel Blumberg, muchacho asesi- nado durante un secuestro en Buenos Aires-, los diarios publican que el go- bierno provincial construirá una Alcaidía nueva en el sudoeste de Rosario, con lo que los detenidos serán alojados en mejores condiciones y los policí- as serán desafectados de tareas de carceleros para salir a las calles. La medi- da parece adecuada para enfrentar los reclamos por mayor seguridad.
Sin embargo, los mismos diarios señalan que un grupo de vecinos del lugar en el que se construirá la Alcaidía se oponen a la medida. Se reúnen, hacen llamadas telefónicas, visitan a funcionarios municipales y concejales, salen por radio y televisión. Sostienen algo un poco extraño, dados los tiempos: que en ese lugar hay que hacer un parque público y un polideportivo y que para la Alcaidía hay que buscar otro lado. Dan sus razones, forman alianzas,
se movilizan. El gobierno provincial aparece en principio desconcertado, mientras otros vecinos acusan en las radios de egoísta a la queja –“no quie- ren tener al lado a los presos”-. En pocos días, hay funcionarios municipales y concejales que le dan la razón a los movilizados. Poco después, cuando inclusive ya se han abierto los sobres de la licitación para la construcción de la Alcaidía, el gobierno provincial anuncia que buscará un lugar mejor para su radicación. Luego se desdecirá.
¿Qué ocurrió para que algo aparentemente “condenado al éxito” como la construcción de la Alcaidía fuera cuestionado y quedara abierta la posibili- dad de que en su lugar se haga un parque y un polideportivo? ¿Qué argu- mentos desplegaron los actores de esta historia? ¿qué relaciones establecie- ron? ¿qué recursos movilizaron en este juego desigual? El interés de este re- lato radica en que algunos consejeros del PP son actores principales de esta movilización, actuando por fuera de –en realidad, generando- la agenda del gobierno provincial y municipal.