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5 Safety functions and safety performance indicators

5.3 Safety functions for SFR

5.3.4 Engineered barriers – chemical function

entraron en estas ceremonias modalidades y remembranzas indígenas, en los centros mineros del Nordeste de Antioquia, se les mezcló el Africa con todos los caracteres de su barbarie. Es fama que en Zaragoza y en Remedios, por la fuerza y mayoría del número, eran esas ceremonias seudorreligiosas otras tantas meriendas de negros: unos carnavales, más del Congo y de Angola que del lugarón más atrasado de la Madre Patria. Esta influencia africana, como se sabe y se desprende de estos cronicones ordinarios, desfiguró no poco el escaso sentido teológico que por estos rincones tuvieron unos cuantos. En Yolombó, acaso por sus caciques medio alcurniados, no dominó el africanismo en estas manifestaciones sacramentales.

Los españoles debieron traer a estos montes, al par que las tales danzas, todo un parnaso verbal sobre el Santísimo Sacramento; y, tal vez, los sacerdotes lo emplearon como medio de propaganda. Claro que no nos referimos a las oraciones rituales. Las gentes de esos lados, así fuesen descendientes de esclavos, relataban o cantaban, especialmente en los velorios y en los alumbramientos de la Santa Cruz muchos himnos y alabanzas al Misterio Supremo, alma y vida de nuestra religión.

De ese acervo flotante alcanzamos a oír un tanto, allá en nuestros primeros años, y de ese tanto hemos guardado en la memoria las coplas que en este paso hemos sacado.

Y perdonen este paréntesis tan sabio, porque el que se mete con vejeces

tiene que ser hasta pedante y erudito1.

Pues bueno: a los negritos se los llevan al refresco, donde les sirven sus amos y les dan sendas pesetas de a cuatro reales.

La Alcaldesa, para aprovechar la música, abre sus salones, desde las dos, y no sólo para tocar las castañuelas sino para bailar, al par que sus hijas, porque aquellos sus sesenta años, tan descansados, con tanto dinero y despreocupa­ ción tanta, son más para jolgorios que para rezos.

Las viejas bailadoras y arreboladas no eran casos raros, en esa época ni mucho menos en ese Yolombó, tan regocijado. Todavía no se conocían los bailes de “abracijo y agarrado”, como se llamaron después a otros varios, un poco menos íntimos y comprimidos que los actuales. Todo era “baile apartado”: contradanzas, toros, molejones, fandangos, pantomimas y coplas, para una pareja separada o una sola persona; algo así como el cupletismo de ahora. Ya por ese entonces se iban mezclando a los africanos los aires y bailes españoles y ya alboreaban las vueltas, el gallinazo y la guabina“, tan

1 La cáustica alusión trae a la mente la pregunta: “¿De dónde y cuándo saqué yo tanta cosa y tantas vejeces?” y el motivo por el cual no dedicó la novela a su abuelo Naranjo “por creer eso muy académico o de escritores muy encumbrados y sublimes” (carta fechada en Medellín, mayo 7 de 1939, 0. C., II, pág. 812).

2 Ver el ensayo titulado Resurrección (0. C ., I, págs. 704-705), homenaje a Alberto Castilla y a la guabina antioqueña: “Tú, por tantos lustros cantada y bailada por la gleba en minas y en

socorridos después. Así es que los galanes no sufrían abrazando viejas ni ellas se sentían en ridículo, al dirigir las figuras y pasos de alguna danza de varias parejas.

¡Oh, el puesto! Con tal frase se significaba la actitud y el plantaje coreográficos de cada cual: era cosa de lugar al par que de postura.

Doña Bárbara, en el puesto, es el número uno y la gran profesora. Saca tal donosura y tales gentilezas que hasta la misma cara se la compone. Verdad que su cuerpo, tan armónico, la elegancia y la soltura de sus movimientos, su oído y educación musicales, su mismo carácter bizarro y fantástico, son para los tiquis m iquis1 de Terpsícore2. De ahí su locura por el baile y el ser tan disputada por todos los galanes.

Desde antes de la fiesta se andan en los aprestos del magno viaje. Han conseguido toda la indiería carguera bajo la consigna de aseo y relevo de ropas; han hecho preparar ocho arrobas de tasajo y ocho almudes de bizcocho de arriero; y esto y lo otro y lo de más allá.

Llega el momento en que la minera ha de conquistar a Doña Luz; y la señora prende la casa con el berrenchín. Que gordura no era achaque; que todo eran embelecos de ese tal por cual de Vicente, para mandarla lejos y quedarse él negreando3 con toda comodidad, si no para salir de ella y casarse con muchacha bonita, como había hecho su taita. Que en ese camino, tan largo, iban a comérsela el sol y el sereno, la fatiga y la plaga, si no la picaba alguna serpiente; que ella no podía salir de su casa, porque tenía que comer siempre con arepa caliente, usar sus mismos trastos y tener a su negra Melchora, para que la ayudase en todo. Que de sólo pensar que pudiera acostarse en cama extraña, se le revolvía el estómago; que ella no podía entenderse con gente forastera ni quería conocer ningún pueblo ni menos la tal Antioquia. Todo se lo allana Barbarita.

— Sí. Lo que quieren es ponermen de burlesco, así que allá me vean cargada en mi litera.

— ¿De dónde sacas eso, hermana? Si en litera sacan allá a las señoras más principales, aunque sean unos espartilios. ¿No ves que eso es cosa de gente rica y noble? Yo también consigo allá una litera de calle, para que nos saquen a pasear y a conocer.

haciendas; tú, siempre rasgada en vihuelas bravas y en tiples alazanes, en el patio del cuartel de la empresa o al amor de la fogata en la cocina ingente”, seguido por una descripción de las más vivamente captadas: “La guabina se arma. Mira una pareja...”. (En otro ensayo, Pro Patria, Carrasquilla rinde tributo a Emilio Murillo por ser el “Shakespeare de nuestro bambuco”; ver nota 1 del cap. XIV).

1 En Varias palabras, en Grandeza, Carrasquilla junta las palabras, o sea “tiquismiquis”.