PART II SETTING THE LANDSCAPE
6.3 Introducing DCAR
6.3.2 Essential Steps
Como ya se ha visto más arriba,5 hay diferentes tipos de cercanía a la muerte. La cercanía a la muerte por antonomasia es una cercanía vital, dinámica o estática, y objetiva. Pero, ¿qué ocurre con una cercanía amenazante y no vital a la muerte?, y ¿con una cercanía subjetiva y no objetiva a la muerte?
Parece que el tipo de una cercanía amenazante objetiva y no subjetiva a la muerte, es decir, una situación en el que un individuo esté objetivamente amenazado pero que él no lo sepa, este caso, no parece que pueda ser considerado como algo vinculable a la ECM; o sea, que no puede ser un detonante de una ECM, ya que no hay algo físico, un estado de salud objetivamente deteriorado, ni psicológica, el creer que se va a morir de manera inminente, que pudieran producir la experiencia.
1 Migliore (2009), p. 24. 2 Goza (2011), p. 3. 3 Greyson (1983); y Greyson (2001). 4 Goza (2011),p. 43. 5 Véase cap. 2.2.
156 Por lo tanto, solo quedan dos posibilidades de cercanía a la muerte. Una amenazante y subjetiva (independientemente de que objetivamente exista esa amenaza de muerte); es decir, una situación en la que el sujeto percibe, o es consciente de, una amenaza de muerte inminente. Y otra vital y subjetiva, pero no objetiva; el sujeto cree que su estado de salud o vital está tan deteriorado que cree estar al borde de la muerte, sin que esto sea así objetivamente, es decir, estaríamos hablando de un hipocondriaco extremo. El carácter común de estas dos posibilidades es que no hay un estado vital cercano a la muerte. Y en función a esto, a lo largo de la historia contemporánea sobre la investigación de las ECMs ha existido el debate sobre si una cercanía a la muerte, como estas dos mencionadas, en las que no hay un estado vital cercano a la muerte, pueden ser causas de ECM. La causa no sería fisiológica, no sería un deterioro del cuerpo físico, sino que sería algo psicológico, sería una creencia del sujeto en su cercanía a la muerte, ya fuera por amenaza o por salud, la que provocaría una pérdida de consciencia física y la consiguiente experiencia.
Un ejemplo de testimonio de ECM en el que el experimentador no estaba vital y objetivamente cerca de la muerte:1
“Un sargento de marina estaba instruyendo a una clase de jóvenes reclutas. Estab en frente de la clase sosteniendo una granada de mano a la vez que explicaba el mecanismo de tirar de la anilla para detonar el arma. Tras hablar sobre el peso considerable de la granada, pensó que sería útil para cada uno de los reclutas sentir sobre sus manos su peso. Mientras la granada iva pasando de uno a otro, uno de dieciocho años de edad nerviosamente dejó car la granada cuando se la iban a entregar. Para su horror, vio como la anilla se soltaba cuando la granada impactaba en el suelo. Sabía que tenía segundos para actuar, pero se quedó congelado, paralizado por el miedo. Lo próximo de lo que se dio cuenta, se encontró viajando hacia arriba através de la parte de arriba de su cabeza hacia el techo a medida que el suelo debajo de él se iva alejando y alejando. Pasó sin esfuerzo através del techo y se encontró entrando en un túnel con el sonido del viento silvando através de él. A medida que se aproximaba al fina de este largo túnel, encontró una luz que brillaba con una especial brillantez, como nunca antes había visto. Una figura le hizo señas desde la luz, y sintió un profundo sentimiento de amor emanando de la figura. Su vida pasó como un flash ante sus ojos en lo que pareció medio segundo. En medio de esta experiencia trascendente, se dio cuenta de repente que la granada no había explotado. Se sintió inmediatamente absorbido dentro de su cuerpo. Para su sorpresa, el sargento había cogido la granada y se la había arrojado así mismo para ver las reacciones de pánico de los reclutas. No se les había ocurrido a los jóvenes soldados que la granada era falsa usada para demostraciones.”2
Este tipo de ECMs, originadas subjetivamente, fueron denominadas por Stevenson, Cook y McClean-Rice, “experiencias de miedo a la muerte” (“fear-death experiences”).3 Aunque esta expresión me parece demasiado reduccionista, al considerar que solo el miedo a la muerte puede ser un detonante de una ECM, cuando tal vez pueda haber otras entidades subjetivas capaces de provocar una ECM.
1
Gabbard & Twemlow (1991), p. 42.
2 Alguien podría dudar que un testimonio tan estereotípico fuera verdadero, al igual que la falsa granada
del relato; los autores del artículo no aportan más datos que pudieran ayudar a confirmar la veracidad de este testimonio.
157 El debate sobre esta cuestión se ha articulado en función a si la persona debe estar vitalmente y objetivamente cerca de la muerte para tener una ECM o no es necesario, tan solo es necesaria una cercanía subjetiva, o incluso la ECM solo se produce por causas subjetivas.
Diversos investigadores se han posicionado de una manera u otra en lo referente a este debate.
En los estudios de Melvin Morse sobre ECMs en niños, los testimonios de estas experiencias solo se registraron en niños que estaban en estado crítico, y no en los grupos de control, compuestos por niños enfermos, de mayor o menor gravedad, pero no en estado crítico.1
Gabbard, Twemlow y Jones realizaron un estudio sobre si los fenómenos de la ECM se podían dar en situaciones en la que no se estuviera cerca de la muerte; específicamente, compararon las ECMs con las EECs producidas en una situación de no casi-muerte.2 Concluyeron que ninguna característica fenoménica de las ECMs era exclusiva de éstas, aunque algunos de estos fenómenos sí ocurrían con mayor frecuencia cuando la persona estaba cerca de la muerte.
Diez años más tarde, Gabbard y Twemlow publicaron un artículo en el que profundizaban en la cuestión de la subjetividad y la objetividad de la cercanía a la muerte.3 Sus conclusiones en este artículo fueron que una persona no necesita estar fisiológicamente al borde de la muerte para experimentar una ECM, sino que la experiencia se puede tener cuando hay un miedo consciente de muerte física o una aprehensión consciente o preconsciente a alguna forma de catástrofe.4
Stevenson, Cook y Mc Clean-Rice realizaron una de las investigaciones más importantes referidas a esta cuestión.5
De 107 personas que, restrospectivamente y sin circunscripción, testimoniaron ECM, se obtuvieron informes médicos de 40 de ellas; de las 67 personas restantes, 32 tuvieron su episodio fuera del hospital y no se consultó al personal médico sobre su percance, en 15 casos el hospital no fue capaz de aportar los informes médicos, en otros 15 casos los investigadores perdieron el contacto con los pacientes, y en los 5 casos restantes los pacientes no fueron capaces de dar la información necesaria para obtener los informes médicos. De los 40 pacientes con informes médicos, 29 (72.5%) casos fueron de enfermedad, cirugía, o parto, 9 casos (22.5%) de accidente, y 2 (5%) por intento de suicidio mediante sobredosis.
No se encontró ninguna diferencia destacada entre la fenomenología de los pacientes de los que se poseía informes médicos y aquellos que no, salvo en el elemento de la autoscopia, un 65% en los pacientes con informe, frente a un 43% del otro grupo.
1
Morse & Conner & Tyler (1985); Morse et al. (1986); Morse (1994)b, p. 142. Véase cap. 17.
2 Gabbard & Twemlow & Jones (1981). 3 Gabbard & Twemlow (1991).
4 Gabbard & Twemlow (1991), p. 46. Este artículo posee un carácter más teórico que empírico, no se
exponen los resultados de alguna investigación de campo, para su teoría se basan en investigaciones pasadas, la suyas publicadas en 1981, las de Stevenson & Cook & McClean-Rice (1989-90), y las de Morse. Los autores mencionan que han estado recibiendo muchas cartas con testimonios de ECMs ocurridas al margen de situaciones de cercanía vital objetiva a la muerte, p. 42, pero en el artículo no se encuentra ningún estudio detallado sobre estos testimonios.
158 Los 40 pacientes con informes médigos fueron clasificados en tres grupos: 1) No cercanos a la muerte, 2) Enfermos o heridos de gravedad pero sin peligro de muerte, 3) Graves, con amenaza vital y probable muerte si no hubieran recibido atención médica. En opinión de los propios pacientes, 33 (82.5%) de los 40 indicaron que habían estado casi muertos o clínicamente muertos, llegando a esta conclusión por indicaciones del personal médico, en 21 de los casos, o por sí mismos, en los 12 casos restantes. En contraposición a las opiniones personales de los experimentadores, de acuerdo a los informes médicos, los investigadores consideraron que 14 pacientes pertenecían al primer grupo antes mencionado, 8 al segundo, y 18 al tercero. Por lo que aunque el 82.5% de los pacientes se autoincluían en el tercer grupo, según el criterio de los investigadores solo era así en el 45% de los casos. Los investigadores conluyen que el estado fisiológico de cercanía a la muerte del paciente debe de tener poca importancia a la hora de producir estas experiencias.1
El médico Linz Audain realizó un estudio sobre las relaciones del género y el trauma con la frecuencia de las ECMs. Si las ECMs se originan subjetivamente, por el miedo ante una muerte inminente, es decir, si son experiencias de miedo a la muerte, entonces estas tendrían que ser más frecuentes cuando se da una situación de trauma; la razón, según Audain, es que ante un traumatismo inesperado es cuando más miedo se produce.2 Y además, presuponiendo que los hombres padecen más traumatismos porque llevan una vida más violenta, tendría que haber más ECMs, por la razón anterior, entre hombres que entre mujeres.3 Audain intenta corroborar estas suposiciones basándose en los estudios de ECMs sobre género y condición médica hechos en el pasado; de su recuento de estudios, haya un total de 259 hombres frente a 269 mujeres, y 148 casos de traumatismos frente a 105 casos no traumáticos; con lo que se sugiere, aunque no se prueba, que la frecuencia de ECMs en hombres y mujeres es la misma, y la frecuencia de traumatismos es superior a la de no traumatismos, aunque no se pueda desarrollar una estadística fiable a este respecto.4
En el estudio holandés dirigido por van Lommel, se preguntó, pasados dos años, a 74 pacientes de paro cardiaco si habían tenido miedo antes de la resucitación cardiopulmonar; de estos 74 pacientes, 35 eran experimentadores, y 39 no lo eran, 4 (13%) experimentadores testimoniaron haber tenido miedo antes de la resucitación, frente a 2 (6%) de los no experimentadores.5
1 Stevenson & Cook & Mc Clean-Rice (1989-90), p. 52.
2 Audain (1999), p. 46. Pero esto es una suposición como otra cualquiera; también se podría argumentar
que una persona que tiene una enfermedad mortal y que le queda muy poco de vida, puede ir gestando más miedo a la muerte, porque tiene más tiempo para ello, que si a alguien le coge de improviso algún trauma repentino, en el cual puede haber incluso un paso inmediato a la inconsciencia (de vigilia física) sin que el sujeto se haya podido percatar de cuál era su situación. Pero esto no son más que conjeturas que necesitan justificarse adecuadamente, y hasta entonces su valor científico o epistémico es muy bajo.
3 Pero esto es otra suposición que no tiene más apoyo que el meramente conjetural. Si las ECMs se
causaran por el miedo a la muerte, quien dice que las mujeres, como conjunto no sean más miedosas que los hombres, o al revés, y que puedan generar este miedo en cualquier situación amenazante, no solamente la producida por traumatismos.
4
Audain (1999), pp. 45-46.
159 Aun así, van Lommel es de la opinión de que las ECMs pueden producirse aunque no haya indicaciones médicas al respecto, es decir, al margen de un estado de salud al borde de la muerte; aunque indica que lo más frecuente es que las ECMs se produzcan cuando hay un grave deterioro de las funciones cerebrales.1
CAPÍTULO 15: SÍNTESIS Y CONCLUSIÓN
Los datos recogidos indican que se dan testimonios de ECMs vinculados a una gran variedad de situaciones de casi-muerte.
Específicamente, puede haber una gran variedad de situaciones que coloquen a la persona en un estado o proceso de casi-muerte en función al cual se vincula un testimonio de ECM. De tipo vital (salud) y objetivo: como accidentes y traumatismos, enfermedades, complicaciones quirúrgicas, complicaciones en el parto, intoxicasiones, intentos de suicidio, etc., e incluso intentos de asesinato.2 Y parece ser que también la situación que lleve a la casi-muerte no tiene porque ser de tipo vital y objetiva, sino que también puede ser de tipo amenazante y subjetiva, como en los casos de miedo extremo a una muerte inminente.
Los testimonios también se dan vinculados a otra gran variedad de factores circunatanciales: localizaciones de las personas (hospitales, casas, espacios públicos, etc.), duración del periodo de inconsciencia, técnicas de reanimación, ingestión de drogas el día de la ECM, etc.
Por consiguiente, se puede decir que los testimonios de ECM pueden estar vinculados a casi cualquier, o muy posiblemente a toda, situación de casi-muerte; y de aquí, se puede suponer que las ECMs reales tras los testimonios, también. A partir de esto, se puede conjeturar que cualquier situación de casi-muerte puede ser potencialmente una causa de ECM. Pero hoy en día no se sabe si todo caso de casi-muerte con pérdida de la consciencia física lleva necesarimanete vinculada una experiencia de conciencia no física, es decir, si toda casi-muerte con inconsciencia física implica una ECM, independientemente de que después el sujeto recuerde la experiencia o no; o si solo algunas personas en situación de casi-muerte experimentan ECM. Lo que sí se puede afirmar es que los testimonios se refieren a cualquier tipo de casi-muerte, por lo que el tipo de casi-muerte, por sí solo, no puede ser el factor que determina la producción de un testimonio, y por tanto, supuestamente, de la experiencia tras el testimonio. Si las ECMs no se produjeran necesariamente a raíz de una casi-muerte en todas las personas, entonces habría que buscar otros factores diferentes del tipo de casi-muerte tomado en general, que explicasen porque unas personas tienen ECMs y otras no.3
Otra cuestión diferente es la de la vinculación de la casi-muerte, no ya con el hecho de que se produzcan o no ECMs en general, sino con los contenidos fenoménicos más específicos de la ECM. Hay pocos estudios con datos consistentes a este respecto; aquí
1 Van Lommel (2007), pp. 65, 112, 2
Véase, por ejemplo, Rommer (2000), pp. 188-193.
160 se expondrá aquello en lo que se ha encontrado mayor unanimidad entre las investigaciones.
Algunos investigadores estudiaron si la cercanía esperada o inesperada a la muerte estaba en relación con algún contenido fenoménico. Hay cierta consistencia entre unos pocos estudios en los que los elementos de tipo cognitivo de la Escala Greyson serían menos frecuentes en las situaciones de casi-muerte anticipadas.1 Esto tendría cierta consistencia con otros estudios en los que se constató que el elemento de la revisión vital (un componente cognitivo en la Escla Greyson) era más frecuente en los casos de accidente (suponiendo que son casi-muertes inesperadas).2
Ha solido estar en circulación el tópico, influenciado por cierta escatología tradicional, de que los suicidas solo tienen ECMs desagradables. Pero lo cierto es que algunos suicidas testimonian ECMs agradables y otros desagradables, pero no son pocos los testimonios recogidos de suicidas que hablan de experiencias muy gratificantes;3 por lo que resulta claramente erróneo creer que una ECM vinculada a un acto suicida tiene que ser necesariamente desagradable. Por lo tanto, si hay alguna relación causal entre suicidio y ECM desagradable, esta relación tendrá que tener un carácter mucho más complejo comparada con la simple relación de: suicidio entonces necesariamente infierno, o algo por el estilo.4
1 Greyson (85); Greyson (93); Zhi-ying & Jian-xun (1992). 2
Ring (1980).
3 Por ejemplo en Sutherland (1993), cap. 2, se dan tres extensos testimonios de ECM agradables tenidas a
raíz de un intento de suicidio. En Ring & Frankling (1981-82) ningún testimonio fue desagradable.
4
Al contrario se han encontrado correlaciones entre las ECMs y el desarrollo de actitudes antisuicidas por los que las experimentan; Greyson (1992-3).
161