PART V CLOSURE
11.1 Limitations of the Study
Nº total 52 26 24 102
Número y porcentaje de experimentadores y no experimentadores en función a su denominación religiosa:5 Experimentadores nucleares No experimentadores Nº % Nº % Católico 17 35% 20 38% Protestante 13 27% 21 40% Ninguna 15 31% 6 11% Otra 2 4% 1 2% Agnóstico-ateo 2 4% 5 9%
Según Ring, no se perciben grandes diferencias religiosas entre ambos grupos.1
1 Ring (1980), p. 131.
2 Ring (1980), pp. 131-132. Aunque esto no parece del todo adecuado, ya que sí hay cierta diferencia en
la clase social de nivel 4.
3 t = 2.09 p<0.05; Ring (1980), p. 132. Un dato que también se ha encontrado en otros estudios como se
puede ver en la síntesis de esta sección, cap. 19.
4
Ring (1980), p. 105.
164 En relación a la religiosidad personal, este estudio tampoco encontró que este aspecto del sujeto afectara de alguna manera a la ECM como tal (salvo en la interpretación). Para ello se estableció una correlación entre un índice de la religiosidad, desarrollado para tal efecto, y el índice de Ring de ponderación de la experiencia nuclear, comprobando que la mayor ponderación en el índice de religiosidad no influía en una ECM más profunda.2
Número de experimentadores y no experimentadores en función al conocimiento previo al incidente sobre ECMs:3
Experimentadores nucleares No experimentadores Nº Nº Total Algún conocimiento previo 9 19 28 Solo conocimiento posterior 18 7 7
Ningún conocimiento 20 25 45 Total 47 51 98 X2 = 9.04 (p<0.02).
En este estudio se preguntó a los pacientes por sus conocimientos previos sobre ECMs. Un 28,6% de los entrevistados (experimentadores y no experimentadores), tenían algún conocimiento previo sobre ECMs; pero de éstos, solo un puñado conocía la obra de Moody, la mayoría había adquirido sus datos a partir de material popular.4 Un 25,5% aprendió cosas sobre las ECMs tras su episodio de casi-muerte.5 Después se investigó la correlación entre la experiencia nuclear y el conocimiento sobre ECMs. Con lo que se obtuvo unos datos curiosos. Entre los experimentadores, un 19% tenían conocimiento previo a su ECM, mientras que entre los no experimentadores, era de un 37%; justo al contrario de lo que cualquiera esperaría.6 Tras el episodio de casi-muerte, un 38% de los experimentadores se habían informado sobre el asunto, frente a un 14% de los no experimentadores.7 Ring concluye que no hay razón para creer que los conocimientos previos influyan sobre la experiencia.8
1 Resulta interesante estudiar el dato de los agnósticos-ateos, del total de 7 agnósticos-ateos participantes
en el estudio, 2 fueron experimentadores nucleares, un 30% frente a un 70%.; es una muestra muy pequeña, pero se puede tener en cuenta para futuras investigaciones.
2 Ring (1980), pp. 132-135. El problema es que en el libro no aparecen los datos de las ponderaciones en
religiosidad realizadas por los participantes del estudio; por lo que no queda más remedio que “fiarse” de la palabra del investigador.
3
Ring (1980), p. 136.
4 Hay que recordar que el Estudio de Conética se realizó en los primeros años de la investigación (en
amplitud) sobre ECMs, además intentando corroborar los hallazgos de Moody; por ello, era tan importante establecer el conocimiento previo que sobre este autor tenían los entrevistados.
5
Ring (1980), p. 135.
6
Ring sugiere que la posibilidad de que el conocimiento previo sobre ECMs pueda decrecer las posibilidades de tener una.
7 Ring (1980), p. 136.
8
Pero, según mi criterio, a partir de estos simples datos, tampoco se puede decir que no influyan; como siempre, nos encontramos ante el problema de la fiabilidad de los entrevistados, ¿cómo se sabe que no confesaron conocimientos previos sobre las NDEs por miedo a que se considerase a sus experiencias como meras fabulaciones (conscientes o inconscientes)?
165 Estudio sobre la personalidad propensa hacia la ECM
Kenneth Ring y Christopher Rosing realizaron un estudio para comprobar si había algún tipo de personalidad que hiciera a las personas más propensas a tener una ECM o a recordarla.1 Se formaron dos grupos de personas compuestos por 72 experimentadores y 54 no experimentadores interesados en las ECMs. Los participantes rellenaron siete cuestionarios y dos informes sobre trasfondo personal.
Uno de los cuestionarios se denominaba “inventario de experiencia infantil”. Aquí se estudiaba si tres factores psicológicos de la infancia podrían predisponer a la persona a tener una ECM; estos tres factores eran: “propensión a la fantasía” (imaginación muy vívida, muchos ensoñamientos despierto, un mundo fantástico mu rico); “realidades alternativas” (consciente de seres no físicos, capaz de ver otras realidades invisibles para otros); y experiencias psíquicas infantiles.
En la siguiente tabla se pueden ver las puntuaciones medias de los dos grupos de participantes:2
Exper. No exp. p3 Propensión fantasía 5.79 5.71 n.s. Realidades alternativas 1.66 0.67 0.004 Sensibilidad psíquica 2.01 0.91 <0.001
En función a estos datos, según los testimonios de los participantes, no hay diferencias entre el grupo de experimentadores y el de no experimentadores en relación a la propensión hacia la fantasía durante la infancia,4 pero sí hay diferencias estadísticamente significativas en los otros dos factores.
Otro de los cuestionarios se denominaba “inventario sobre el entorno del hogar”. Con este cuestionario se investigó si los experimentadores habían padecido una infancia de abuso y trauma.
1 Ring & Rosing (1990).
2 Ring & Rosing (1990), p. 218. 3 t test.
4
Lo que los investigadores no aclaran aquí es si en ambos grupos el factor de la propensión hacia la fantasía durante la infancia podría ser mayor que el de la población total. Se podría conjeturar que alguien que tiene interés por las ECMs, sin haber tenido una, tal vez pueda tener una mayor propensión hacia la fantasía, por lo menos en el sentido de buscar romper con la realidad cotidiana. Por esta razón, la comparación entre estos dos grupos no parece arrojar mucha luz sobre la cuestión de si los experimentadores eran más fantasiosos de lo normal durante su infancia.
También hay que tener en cuenta, como indican los investigadores, que estos resultados sobre la propensión hacia la fantasía no coincidirían con otros obtenidos en un estudio preliminar, realizado por Bruce Greyson y James Council, en el que sí habría una mayor propensión hacia la fantasía entre los experimentadores; Ring & Rosing (1990), pp. 212 y 217-218.
166 En la siguiente tabla se pueden observar las puntuaciones medias de los dos grupos en cada grupo de preguntas:1
Expe. No exp. p Maltrato físico 8.48 6.24 <0.02 Abuso psicológico 11.11 8.15 <0.01 Abuso sexual 4.82 2.77 <0.05 Descuido 6.22 4.26 0.005 Atmosfera del hogar negativa 17.02 11.63 0.002
Como se puede observar en la tabla, se dieron diferencias estadísticamente significativas en los cinco grupos de elementos sobre maltrato infantil. A esto hay que añadir que los experimentadores también testimoniaron haber tenido una peor salud durante su infancia que el grupo de los no experimentadores. Todo ello, lleva a los investigadores que un factor de predisposición puede ser el haber padecido una infancia de abusos, traumas, y estrés.2
También se utilizó un test sobre disociación. Los experimentadores puntuaron de media 106.89, y los no experimentadores puntuaron 95.82, arrojando una diferencia estadísticamente significativa de p=0.022 (según el t test).
Según los investigadores, las personas que han padecido abusos durante su infancia son más proclives a puntuar más alto en los tests sobre disociación; algo que se puede observar en los resultados de Ring y Rosing. Por lo que estos investigadores consideran que la disociación también puede ser un factor psicológico afín, de alguna manera, a la ECM.3
ESTUDIOS DE BRUCE GREYSON