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3.9 Experimental Evaluation

3.9.6 Experiments with online algorithms

Los intentos por articular las producciones cognitivas locales con los conocimientos universales (Escobar, 2003; Quijano, 1992; Mignolo, 1996), y de ese modo, trabajar con un nuevo tipo de saber indígena reposicionado en el concierto de las obras mayores de la tradición intelectual universal, ha seguido una línea histórica evolutiva que partió por la

104 década de los sesenta con el surgimiento de la llamada revolución verde. Dentro de la concepción dominante en esa época (y por lo tanto fue una imposición de un tipo de conocimiento sobre otro), sobresalió el paradigma de la modernización por vía de la transferencia de tecnologías hacia el tercer mundo, entre ellos a los pueblos indígenas, proceso asociado a propósitos de control político e ideológico dentro de una dinámica de dependencia económica. Por otro lado, como intento de respuesta geopolítica del entonces mundo socialista, en el marco de la confrontación este-oeste, en plena guerra fría, surgió el modelo marxista en algunos países asiáticos y latinoamericanos, que también, discursivamente, buscaba el desarrollo de los pueblos periféricos, pero más desde intenciones de sujeción político-ideológicas que de búsqueda de autogestión o revalorización de los saberes étnico-locales, pues ha sido común que desde el descubrimiento del “otro” por el europeo, las grandes narrativas modernistas, llámese cristianidad, liberalismo o marxismo, buscan localizar su propio cuestionamiento en los bordes del pensamiento no eurocéntricos (Escobar, 2003).

Ante el colapso del socialismo real y la emergencia de mayores márgenes de conciencia ecológica, décadas después, toma forma el paradigma liberal de mercado que pretende aplicar al universo indígena su propia dinámica en sustitución de la intervención estatal (en lo cultural, explotación de recursos renovables y no renovables, uso y explotación de los saberes etnoecológicos). A lo anterior, es necesario mencionar que la crisis ambiental puso en duda la fe ciega en la racionalidad objetiva y en los paradigmas teóricos que la han legitimado, sustentando de paso un crecimiento económico en divorcio y confrontación con la naturaleza. De ese modo, en los años sesenta surge el concepto de sustentabilidad ecológica que “aparece como un criterio normativo para la reconstrucción del orden económico, como una condición para la sobrevivencia humana y un soporte para lograr un desarrollo durable, problematizando las bases mismas de la producción” (Lef, 1998: 17). Esta situación en América Latina, llegó a cristalizarse en propuestas de desarrollo más democráticas e inclusivas, en contraposición con las líneas desarrollistas de imitación de los patrones tecnológicos transpuestos desde el bipolarismo ideológico este-oeste.

105 Fue así como surgió el concepto de etnodesarrolo formulado por Stavenhagen en 198125, no

como una continuidad de las políticas hasta entonces impuestas por los centros hegemónicos, sino desde una referencia más endógena en los momentos de planeación, ejecución y evaluación de los proyectos destinados a los pueblos y comunidades emergentes, ya que “con este concepto se preconiza una especie de ‘desarrollo alternativo’ en el cual se respeten los intereses de los pueblos o poblaciones étnicas en lo denominados ‘programas de desarrollo’”(Cardoso de Oliveira, 2001: 81). Cabe resaltar que estos últimos paradigmas toman en consideración los saberes autóctonos, a diferencia de los dos primeros que consideraban como indiscutibles la supremacía y eficacia del racionalismo científico (del mundo capitalista y socialista) para revertir el subdesarrollo de las poblaciones originarias. En ese sentido, estos dos modelos (el liberal de mercado y de sustentabilidad ecológica) que aún persisten con algunas variantes, ya toman en consideración los conocimientos indígenas (Sillitoe, 1998), aunque cada cual para sus propósitos, y en esa tónica se mueven algunas concepciones de desarrollo orientadas hacia las poblaciones originarias en la actualidad.

En este orden de ideas, se hace alusión al proyecto de mejora genética de ovejas locales en el pueblo Tzotzil por parte de la Universidad Autónoma de Chiapas, donde se toman en cuenta los conocimientos étnicos de las mujeres pastoras. Con este criterio, fue establecido un centro de mejora genética en la universidad, hasta donde viajan las señoras para “asesorar” a los veterinarios y zoogenetistas sobre los criterios de selección de las mejores especies. En los últimos diez años, ellas han estado colaborando con el programa en la universidad, de tal forma que

…sobre la base de su conocimiento y experiencia como pastoras y tejedoras, ellas han señalado criterios para tener buenos animales productores de lana. No solamente tomaban en cuenta el color y la limpieza del vellocino, sino el tamaño del animal, el largo de los mechones, el volumen de la lana

25 En la reunión de expertos en etnodesarrollo y etnocidio en América Latina cele brada en Costa Rica en 1981,

Rodolfo Stavenhagen (1985) presenta seis considerandos que él considera esenciales al momento de hacer llegar proyectos de progreso y modernización a los pueblos del tercer mundo desde una perspectiva alterna: 1) que las estrategias de desarrollo nacional vayan encaminados a la atención de las necesidades básicas de la población, en lugar de buscar imitar patrones de consumo industriales por la vía de un desarrollismo exclusivamente económico; 2) que los proyectos sean diseñado s desde una visión endógena, o sea, privilegiando las necesidades nacionales y no las internacionales; 3) aprovechar las tradiciones culturales, en vez de rechazarlas a priori; 4) respeto de los entornos ecológicos; 5) siempre que sea posible, buscar la autosuficiencia a través del respeto de los recursos locales, naturales, técnicos o humanos; 6) que el desarrollo sea democrático, no solamente tecnocrático, o sea que se abra a la participación de toda la población los procesos de planeación, ejecución y evaluación de los proyectos.

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recortada y su utilidad para el procesamiento textil. Las mujeres también incluyeron la importancia de respetar los sentimientos y el alma de las ovejas, que ellas consideran como cruciales para conservar la salud y la producción”. (Gómez, Castro y Perezgrovas, 2002: 518).

Otro proyecto similar, es el desarrollado en 1995 por el Centro de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (CIQUAEH) con algunas comunidades hñähñu del Valle del Mezquital, para la producción de artículos de tocador derivados de la lechuguilla, la sábila, la sangre de drago y el nopal. Sobre el particular, Díaz, Díaz y Filardo (2005: 15) sostienen:

… en este trabajo se involucró a los indígenas hña-hñu del Alto Mezquital en el aprovechamiento racional de los recursos naturales propios de su región mediante la aplicación de tecnología apropiada, manejada por ellos mismos y dentro de su entorno específico empleando las materias primas de origen natural para la elaboración de productos de tocador, con calidad suficiente para competir en mercados nacionales e internacionales […]. Sin duda un elemento de suma trascendencia para el éxito de dicho proyecto era el conocimiento tradicional sobre el uso y las propiedades de plantas originarias de la región, susceptible de ser traducido en conocimiento cien tífico y adelantos tecnológicos .

De lo que se trata, entonces, es buscar la complementariedad entre los conocimientos y no su confrontación, pues las dos perspectivas pueden producir una visión más completa de lo natural, y con ello se facilita “traducir las concepciones de la otra cultura al discurso científico sin que necesariamente busquemos probar su funcionalidad desde nuestros cánones reductivos de objetividad y positivismo _ pues ambos conceptos son relativos_, así como tampoco buscar acomodarlos desde otras visiones” (Reyna citado por Sillitoe, 1998: 236), o sea, desde otros referentes culturales que nada tuvieron que ver con su génesis. Aquí, el conocimiento indígena, entonces, puede hacer el papel de conocimiento interfaz (Blaikie et al, 1996).