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Chapter 2. Literature Review

2.4 Computer-mediated Communication

2.4.7 Facilitating Listening Comprehension Development using CMC

1.2.2

De la misma manera que lo presupuso la Perspectiva, el espacio que concibió la modernidad no tiene escondite. Cada particularidad que lo compone es reducida y pensada sólo en términos de aquí o allá, o como simples referencias espaciales, de posición. Es decir, la especificidad de cada elemento viene otorgada por las relaciones espaciales que mantiene con los otros, por las coordenadas que determinan su lugar. Relaciones éstas funcionales y no substanciales, lo que de entrada les priva de contenido cualitativo.

Para Merleau-Ponty la Perspectiva hace del espacio una realidad idealizada, clara, manejable, homogénea; un ser positivo más allá de toda profundidad y latencia, que el pensamiento sobrevuela sin punto de vista8. Todas, nociones consecuentes con la tentativa de cuantificar y hacer de la suma de elementos que componen el todo, un experimento de laboratorio.

Para la filosofía merleaupontiniana de ningún modo es posible concebir el espacio en sí, como una noción objetiva que se sostiene con independencia de nuestra presencia y participación en él. Pues es precisamente por el estrecho entrelazamiento que existe entre nuestra percepción y el espacio, que es posible establecer cualquier referencia u orientación en él, siendo éstos, fenómenos derivados que van de la mano de una vivencia propia del espacio.

Contrario a lo que propone la Perspectiva, para Merleau-Ponty la profundidad no es una tercera dimensión, ni siquiera se le puede considerar como una dimensión, aunque de serlo tendría que ser la primera. Esta dimensión primera que sería la profundidad, y que contendría a las otras dos, no puede ser propiamente considerada como tal, si entendemos por dimensión una relación conforme a la cual se mide de manera objetiva. Pues no hay formas o planos definidos, si no se estipula a qué distancia se encuentran de mí. Es decir, si se prescinde de este punto cero o referencia inicial que es la manera particular como se presenta el mundo a la mirada, de quien inmerso en él, interioriza las cosas u observa.

La profundidad así comprendida es más bien la experiencia de la reversibilidad de las dimensiones, de una “localidad” global en la que todo es a la vez, donde altura, ancho y distancia son abstractos, de una voluminosidad que se expresa con una palabra diciendo que una cosa está ahí9.

En aras de la homogeneidad y transparencia del espacio, la Perspectiva promulga que las cosas no se ocultan unas tras las otras, lo cual estaría manifiesto en sus construcciones pictóricas. Para la Perspectiva, podría decirse que todos los objetos están develados, desembarazándose así de escondite posible. Al respecto contraviene Merleau- Ponty, pues por el contrario, de manera empírica constatamos que a la mirada los objetos se eclipsan o esconden entre sí. No porque el estar delante o atrás haga parte de su definición, o sea algo inmutable, sino porque al ocultarse se manifiesta una incomprensible solidaridad mía con una o unas de ellas. De manera que, el hecho de que ante nuestra mirada se oculten o no ciertas cosas, depende de cómo participamos en el mundo, de un punto de vista que al fijarse en ciertas cosas, hace invisible otras tantas, y no de que el estar delante o atrás sea una característica de la definición misma de las cosas.

De ahí la diferencia radical entre la mirada panóptica de Dios, que penetraría sin escondite en la totalidad del ser del espacio, y nuestra mirada, que siempre tiene un punto de vista, es particular, nace en ocasión. Incluso que tiene ciertas determinaciones, lo que inevitablemente ocasiona que algunos objetos permanezcan ocultos ante ella. Dice Merleau-Ponty que, como todas las ontologías clásicas, la Perspectiva del Renacimiento convierte ciertas propiedades de los seres en partes constitutivas de la estructura del ser.

Creemos ver la profundidad, aunque como tal no sea visible, pues es precisamente lo que está entre nuestro cuerpo y las cosas, dice Merleau-Ponty. La profundidad será entonces la manera como se presenta el mundo ante mi mirada, como lo recepciono de manera particular, la inspección propia que hago de él, es nuestra participación en el ser. Por lo tanto, no puede reducirse a ser el resultado generalizado de una técnica. Como si siguiendo ciertas leyes siempre llegáramos a obtener la misma profundidad, por la relación arreglada que hay entre ésta, el alto, el ancho y el lienzo o el papel.

La profundidad es la experiencia originaria que tenemos del mundo que habitamos, y que por tanto le pertenece a cada uno, aunque sea el mismo mundo. Por ello, ni la relación del cuerpo con el mundo, ni la profundidad, ni el mundo mismo, pueden ser cerrados o siempre el mismo para todos. En la medida en que cada singularidad hace visible lo que para otras se mantiene escondido, o es invisible, se manifiestan una multiplicidad de puntos de vista que permiten decir que el mismo mundo está lleno de mundos posibles, lo que lo hace abierto y dinámico.

No es posible hablar de la profundidad con independencia del observador, como si fuera una noción objetiva. Como tampoco se puede decir del espacio que tiene tres dimensiones, como decimos que un animal tiene cuatro patas. Esto sería sesgarlo y reducirlo. Lo que hay es una dimensionalidad de un ser polimorfo, donde alto y ancho

son deducidos en esta dimensionalidad polimórfica del ser, que las justifica a todas, sin ser expresado completamente por ninguna10.

Pensando nuestro filósofo de la mano con Cézanne, observa que éste último ha buscado la profundidad toda su vida. Por eso es que tanto tiempo después de las

„soluciones‟ del Renacimiento y de Descartes, Merleau-Ponty cree que la profundidad es

siempre nueva y exige que se la busque no una vez sino toda una vida. “Cuando

Cézanne busca la profundidad, busca esta deflagración del Ser que se halla en todos los

modos del espacio”11.

No se trata de buscar a como dé lugar la construcción de una ilusión, cuya perfección sería parecerse tanto como fuera posible a la visión empírica, y en ese sentido ajustar lo más eficientemente una dimensión a las otras dos dimensiones del cuadro. El arte no es más mímesis. No se trata más de buscar la forma-espectáculo, pues los colores ya no son el simulacro de los colores de la naturaleza, se trata más bien de hallar una dimensionalidad del color que crea desde sí mismo las identidades, diferencias, texturas, materialidades etc. No hay más color-envoltura, ni espacio-envoltura. Parafraseando a Mauro Carbone en su escrito Il Cézanne dei filosofi francesi, se puede agregar que a través de Cézanne, Merleau-Ponty hace una crítica al arte como mímesis, para proponer el arte como el despliegue visible de lo que, de otra manera, permanecería encerrado en la individualidad de cada uno12.

Es importante resaltar que con lo dicho nuestro interés no es subvalorar una técnica, a los pintores o pensadores que conformaron una época, y que desde otra óptica podríamos considerar grandiosos. Las técnicas Perspectivas del Renacimiento son también una manera de producir experiencias de profundidad, ésta es también una de las presentaciones del ser. Sin embargo, consideramos con Merleau-Ponty que su falsedad

10 Cfr. Ibid., p. 37. 11 Ibid., p.50.

12Cfr. CARBONE, Mauro. Il Cézanne dei filosofi francesi, en Il Cézanne degli scrittori dei poeti e dei

radicó en que pretendió cerrar la investigación y la historia de la pintura, para fundar una pintura exacta e infalible. Tal como dice Panofsky, la Perspectiva es una forma simbólica entre otras tantas. Por lo tanto, no es posible partir de que haya una única representación del mundo, que además se considere a si misma infalible y que pueda dar cuenta de la totalidad. En la misma sintonía, no es posible para Merleau-Ponty canonizar leyes o técnicas como las fundamentales en pintura. En sus palabras, “La perspectiva lineal es tan escasamente un punto de llegada como para abrir por el contrario a la pintura muchos caminos”13.