Chapter 2. Literature Review
2.3 Listening Comprehension
2.3.6 Testing for Listening Comprehension
2.3.6.3 Listening test development and validation
En el cap. 3 del libro III de la Ética Nicomaquea, plantea Aristóteles finalmente la
deliberación como un interrogante. Pregunta así: ―¿Deliberamos sobre todas las cosas y todo es objeto de deliberación, o sobre algunas cosas no es posible la deliberación?‖.
A varias de las preguntas con que inicia la investigación ya les dimos una respuesta, en el primer capítulo de este trabajo, en los puntos que van del 1.1.6. al 1.1.8. Sin
embargo, volvamos a recordar que los hombres deliberamos ―sobre lo que está en nuestro poder y es realizable.‖112
Así, se delibera sobre lo que la mayoría de las veces es de una manera, pero bien puede ser que sea de otra, porque el desenlace no es claro. Así, tenemos que el resultado, o el fin de la acción, o del suceso, no está previamente determinado, y puede ser distinto a como lo haya sido anteriormente. A su vez, es correcto acudir en búsqueda de aquel que pueda ser experto en la materia a tratar, para informarnos y estar instruidos o aconsejados en el asunto a deliberar, o de amigos que nos ayuden, ya que éstos son como una extensión nuestra, pues lo que pueden hacer ellos de alguna manera podemos decir que también está en nuestras manos, en lo que depende de nosotros y que podemos hacer.113 Ahora bien, Aristóteles es bien claro al
decir que ―no deliberamos sobre los fines, sino sobre los medios que conducen a los
112
Esta es, quizás, la tesis principal con la que se delimita el campo de acción del proceso deliberativo.
113
fines‖114, lo cual es un poco vago. Si dice, por un lado, que ni el médico delibera sobre
si curará, ni el orador sobre si persuadirá… sino, puesto el fin, consideran cómo y por qué medios pueden alcanzarlo‖115
, nosotros también podemos decir que alguien puede deliberar sobre si quiere ser médico116, o arquitecto, o lo que sea. Ahora bien, tomando lo que dice Aristóteles, si esto permaneciera así, hasta lo dicho hasta el momento, tal vez sería el asunto muy sencillo. Pero continúa, y resulta que no basta sobre lo dicho para hacer una elección, porque resulta que también, habiendo sólo un fin, pueda haber varios medios para alcanzarlo, así que hay que examinar, por un lado, cuál es el más fácil, y por el otro, cuál sea el mejor; o, no habiendo más que uno, entonces cómo se
logrará mediante aquel, y después mediante cuál otro, y sucesivamente, ―hasta llegar a la causa primera que es la última en el descubrimiento.‖117
Dice después que toda deliberación es una investigación, pero que no toda investigación (las matemáticas, por ejemplo) son una deliberación, y que lo último en el análisis es lo primero en la génesis.
Como ya vimos anteriormente, y Aristóteles lo recuerda en E.N. 1112b33-1113a3, que
―el hombre es el principio de las acciones, y la deliberación versa sobre lo que él
mismo puede hacer, y las acciones se hacen a causa de otras cosas‖, entonces, es claro
114
David Wiggins argumenta que pensar que la deliberación sea solamente al respecto de los medios, con exclusión de los fines, es una manera muy ―estrecha‖ de comprender lo que Aristóteles dice cuando
dice esto. Ahora bien, cuando Aristóteles dice en 1111b6 que ―debemos tratar ahora de la elección, ya que parece ser más apropiado a la virtud y mejor juzgar los caracteres que las acciones.‖ Wiggins lo
explica diciendo ―que la única manera de ver esto es tomándolo como un hecho prominente o cardinal
sobre la elección que con precisión o en general distinga el bueno del mal carácter, y que tenga una cierta relación constitutiva con la virtud o el vicio, para suponer que la elección sea una justa noción
inclusiva en relación con las diferentes especificaciones del fin del hombre.‖ (Wiggins: op. cit., págs. 222-223).
115
E.N. 1112b12-20.
116
David Wiggins, op. cit., pg.226.
117
que, para Aristóteles, primero hay que averiguar cuáles son las cosas sobre las que se puede deliberar y luego sí proceder a dicha deliberación (veremos a continuación, en la siguiente cita, que, una vez establecido el fin, luego se buscan los medios para la obtención del fin y, por último, se emplea el razonamiento y los juicios para descubrir si, en efecto, esa es la mejor opción). Al respecto, dice Aristóteles (E.N. 1113a3-15), que:
“(este) objeto es el mismo que el de la elección, excepto si el de la elección está ya predeterminado, ya que se elige lo que se ha decidido después de la deliberación.” 118
Y acto seguido de decir esto, dice
“Pues todos cesamos de buscar cómo actuaremos cuando reconducimos el principio <del movimiento> a nosotros mismos y a la parte directiva de nosotros mismos, pues esta
es la que elige… Y como el objeto de la elección es algo que está en nuestro poder y es
deliberadamente deseado, la elección será también un deseo deliberado de cosas a nuestro alcance, porque cuando decidimos después de deliberar, deseamos de acuerdo
con la deliberación.”
Entonces, lo que hay que hacer, antes de proseguir, es ver lo que Aristóteles tiene que decir sobre la elección, y también sobre el objeto de la voluntad, lo cual ya implica que hay una intención para o por algo, para, después, finalmente, tratar sobre lo que es la
―parte directiva‖ del alma, esto es, lo que son y hacen las ―virtudes intelectuales‖
(dianoéticas), las cuales ya fueron mencionadas anteriormente, en donde dirá que razonar y deliberar son lo mismo, al igual que la buena deliberación es rectitud de la deliberación que alcanza un bien.119
118
Cfr. E.N. 1113a3-6
119