8.3 Representation
8.3.1 Features for Block Classification
Capítulo 5
Napoleón (Abel Gance, 1927)
Ficha técnico-artística
Título original: Napoléon. Francia, 1927. 240 min., B/N. Dirección: Abel Gance. Guión: Abel Gance. Fotografía: Léonce-Henri Burel, Jules Kruger, Joseph-Louis Mundwiller, Nikolai Toporkoff. Montaje: Abel Gance (Kevin Bronwlow, 1981). Música: Arthur Honegger, (Carmine Coppola, 1981). Intérpretes: Albert Dieudonnée, Vladimir Roudenko, Edmond Van Daële, Alexandre Koubitzky, Antonin Artaud, Abel Gance, Gina Manès.
Sinopsis
La película empieza con un joven Napoleón como pupilo de la Escuela Militar de Brienne. Bajo la atenta mirada de Pichegru, los alumnos se baten en una gran batalla de bolas de nieve. Napoleón y sus compañeros están defendiendo un fuerte de nieve contra unos ataques constantes del bando liderado por Phélippeaux y Peccaduc. A cada segundo que pasa la batalla se vuelve más frenética, pero Napoleón conserva la calma, hasta que, en el momento de la victoria, una sonrisa aparece en su rostro. Pichegru, impresionado por la habilidad de Napoleón, afirma que llegara lejos, pero nadie puede saber hasta donde. Como una premonición de sus últimos días, en una clase de geografía el profesor les da una lección sobre Santa Elena.
Napoleón vive infeliz en el colegio, es acosado por sus compañeros y su única consolación, un águila que tiene por mascota, es liberada deliberadamente. Enfurecido, Napoleón regresa al dormitorio donde ataca a sus compañeros, hasta que los monjes, enfadados, le obligan a dormir en la calle. Mientras llora desconsoladamente encima de un cañón, consolado únicamente por el cocinero Tristan Fleuri, su águila regresa revelándonos las cosas que están por venir.
París, 1789: la Revolución Francesa ha empezado a cambiar la faz de Europa. En el Club des Cordeliers, Danton, Robespierre y Marat discuten, cuando llega un joven oficial del Ejército del Rin, Rouget de Lisle, que trae consigo una canción, La Marsellesa. Después de leerla, Danton la presenta a la multitud, mientras, con gran pasión, De Lisle la canta, haciendo que el público quede cautivado por este entusiasta himno. Entre el público hay un joven teniente, Napoleón Bonaparte, que sin dudarlo le agradece a De Lisle la canción en nombre de Francia, ya que esta hará más por la libertad que todos los ejércitos revolucionarios.
Napoleón, junto a su hermana Elisa, regresa a Córcega con su familia. Pero la Revolución ya ha tenido sus efectos. Paoli, líder de los nacionalistas corsos, está
trabajando en un trato con los ingleses. A pesar de su regreso a casa, Napoleón siente que debe ganarse su isla natal para la Revolución, pero falla en el intento y se pone precio a su cabeza y a la de su familia. Parando solo a recuperar la tricolor del consulado de Ajaccio, huye hacia la costa perseguido por tropas a caballo. Subido en una pequeña chalupa sin vela, utiliza la bandera francesa como aparejo para cruzar el mediterráneo atravesando una terrible tormenta. Al mismo tiempo, en la Convención de París se esta produciendo otro tipo de tempestad. Bajo una Tricolor ondulante por el viento, Napoleón se dirige hacia las más altas cumbres de su destino.
Cuando la tormenta amaina, Napoleón es rescatado por sus hermanos a bordo de Le
Hasard. Mientras navegan para rescatar al resto de la familia, el águila de Napoleón se
posa en el mástil, como un signo de la providencia. Napoleón le dice a su familia que, a partir de ese momento, ellos solo tendrán un hogar: Francia.
Sitio de Toulon, 1793: el puerto es controlado por los invasores ingleses bajo las órdenes del Almirante Hood. El General Carteaux establece su cuartel en un pequeño hostal regentado por Tristan Fleuri. Bonaparte, enviado para formar parte de la artillería, ha trabajado en el ataque a Toulon, pero a su llegada al cuartel, el joven capitán ve como sus ideas son ridiculizadas por su incompetente General.
Carteaux es remplazado por el General Dugommier, que toma en serio las ideas de Napoleón. La batería de Napoleón esta enfrentada a la de la Pequeña Gibraltar, el Fuerte de l’Éguillette. Los ingleses empiezan a disparar sin descanso, y a pesar de que se ordena la retirada, Napoleón rechaza la orden y crea la Batterie Des Hommes San Peur. Su coraje es recompensado con el mando de la artillería, pero el asalto falla en menguar la confianza del Almirante Hood.
Dugommier busca consejo en Napoleón, pero éste solo le responde «O comando o
permaneceré callado», consiguiendo así el mando de la batalla. Bajo una lluvia torrencial,
Napoleón empieza el ataque. Dugommier está furioso con él por atacar de noche, pero Bonaparte gana la discusión y la batalla continua. Rememorando su primera victoria en Brienne, Hood ordena la retirada. Finalmente, un Napoleón victorioso duerme apoyando su cabeza en un tambor, mientras es observado por su águila del destino. Al regresar de Toulon, Napoleón se encuentra con un París sumido en el Terror. Marat es asesinado en el baño por Charlotte Corday. El Comité de Salud Pública, dirigido por Robespierre, Saint-Just y Couthon, se ha establecido como único líder de la Revolución. Salicetti, un compatriota corso, acusa a Napoleón, y para probar su lealtad, Robespierre le ofrece el mando del Ejército de París, que Bonaparte rechaza siendo encarcelado por ello. El Terror arrasa con todo, Danton es llevado a la guillotina, mientras que Josefina es acusada. Ella y Napoleón son llamados por la burocracia de la muerte. En prisión, mientras Josefina es consolada por un joven Hoche, se menciona su nombre, pero su marido, el Visconde de Beauharnais, se ofrece en su lugar para subir al patíbulo.
Pero el orden político está cambiando. Durante Termidor, julio de 1794, Robespierre es derrocado por la Convención liderada por Barras. Robespierre y sus seguidores están condenados. El Terror se ha acabado, pero el momento de Napoleón aún no ha llegado. Rechaza luchar contra los realistas, cuando tropas de extranjeros están atacando Francia. Como castigo es enviado a la Oficina de Topografía donde se dedica a hacer mapas para la invasión de Italia, pero sus superiores no están impresionados, no entienden los mapas. Francia está en el punto más bajo de un fuerte invierno, que
obliga a Napoleón a tapar los agujeros de sus ventanas con los mapas que han sido rechazados.
Pero al final, su momento llega. Las tropas realistas amenazan al propio gobierno, y Barras no duda en llamar a Napoleón. En Vendimiario, octubre de 1794, toma el mando, arma al pueblo y derrota a los reaccionarios en las calles de París. La Revolución se ha salvado, Napoleón es el héroe del momento amado por el pueblo. Mientras que Josefina parece interesarse por él.
Las celebraciones inundan París, la más espectacular de todas ellas es el Bal des Victimes. A pesar de su desaprobación, Napoleón acaba asistiendo, donde se muestra impasible a los encantos de Madame Tallien y Madame Recamier. Mientras que Josefina le produce una considerable impresión, pero Hoche también está en el baile, y Napoleón lo reta a una partida de ajedrez. Hoche reconoce la derrota, mientras que Napoleón está cada vez más fascinado por Josefina. Ella lo hipnotiza mientras la fiesta se vuelve más y más desenfrenada.
Napoleón es el nuevo comandante del Ejército del Interior, y da la orden de que todas las armas deben ser entregadas, y un chico le pide conservar la espada de su padre, algo a lo que Napoleón accede. Al día siguiente, la madre del chico, Josefina, va a agradecerle al General su acto. Napoleón despide a sus oficiales y la invita a su oficina, donde habla con ella con torpeza debido a los nervios. El héroe de Francia se ha enamorado.
Josefina hace un trato con su protector, Barras. Si él promociona a Napoleón como Comandante del Ejército de los Alpes, ella se casará con Bonaparte. Complacido por la oportunidad de apartarse de ella, el jefe del Directorio no duda en aceptar. Cuando la noticia de su nombramiento llega, Napoleón parece impasible, pero en su cabeza bulle una idea: al fin la oportunidad para la gloria ha llegado. Pero primero debe casarse con Josefina. La boda se programa para la tarde del 9 de marzo de 1796, pero absorbido por los planes de la invasión de Italia, Napoleón se olvida de la cita. Horas después, aparece y hace que la ceremonia vaya deprisa.
Tras una cariñosa despedida de Josefina, Napoleón se pone en marcha para unirse a su ejército. Antes de dejar París, visita una Convención vacía. Los fantasmas de la Revolución se le aparecen y le preguntan por sus planes. Con una mística pasión, no duda en proclamar la República Universal y el final de la guerra.
Acampado en las estribaciones de los Alpes, su ejército está en su momento más bajo. Los soldados están hambrientos, mal equipados, sin pagar, etcétera. Los oficiales no se toman en serio al general advenedizo de París. Pero Napoleón toma sus medidas, con su fuerte personalidad deslumbra a los oficiales y su reputación despierta a los soldados. Al día siguiente revisa su ejército, y lo inflama con sus sueños de gloria. Ellos están hambrientos y andrajosos, les dice, pero él los llevará hacia las llanuras más ricas del mundo. La marcha hacia Italia empieza, emocionados Les Mendiants de la Gloire siguen a Napoleón hacia la historia, mientras el águila del destino de Napoleón los observa desde el cielo.
Análisis
Es de suponer que, como en todo film histórico de ficción, existan ciertos instantes o escenas cuya veracidad histórica sea dudosa, pero al mismo tiempo contrastable con la realidad. En el caso de Napoleón, este tipo de escenas superan a la realidad hasta tal extremo que son imposibles de verificar. Desde la batalla en la nieve de Brienne, a la marcha del Ejército de Italia bajo la atenta mirada de Napoleón y su águila, toda la película está repleta de escenas alegóricas al mito napoleónico. Cualquier elemento es poco para mostrar la grandeza del corso. Aunque podríamos ir fotograma a fotograma intentando detectar estos momentos más legendarios que históricos, impregnados por la imagen romántica de Napoleón, a mi parecer hay dos escenas que ejemplifican a la perfección esta metáfora continua que nos muestra Abel Gance: la doble tempestad y los fantasmas de la Revolución.
Después de una trepidante persecución a caballo, durante la que solo ha podido detenerse a coger la bandera francesa del consulado de Ajaccio, Napoleón llega a la costa donde se monta en un pequeño bote sin remos al que instala la bandera francesa como vela. De repente, este improvisado navegante se verá envuelto en una poderosísima tempestad a la que deberá hacer frente solo con su valor y la tricolor. Mientras un Napoleón huido y sin patria lucha contra el tenebroso destino que se cierne sobre él, justo en ese mismo instante en la Convención se produce otro tipo de tormenta. Robespierre acusa a los girondinos, provocando una revuelta en la asamblea. Tras diversas escenas que muestran el caos y el peligro de esta doble tempestad, unas letras sobreimpresionadas nos anuncian el futuro:
Así, todos los gigantes de la revolución fueron arrastrados, uno tras otro, hacia el furioso remolino del Reino del Terror. Y un hombre, desafiando al océano, con su vela tricolor ondeando al viento de la revolución, era llevado, triunfante, hacia las alturas de la Historia.36
En esta escena, Gance sacrifica la autenticidad de la historia a favor del efectismo cinematográfico y la exaltación de su héroe.37 A pesar de que es cierto que algunos líderes de la Revolución se cavaron sus propias tumbas acusándose entre las diversas facciones, no lo hicieron en el mismo instante en que Napoleón cruzaba el mar, la tumba se la habían estado cavando desde hacía meses. Al mismo tiempo, aunque es cierto que Napoleón huyó de Córcega perseguido por las autoridades insulares, lideradas por Paoli y Pozzo di Borgo, no lo hizo solo ni en mitad de una tormenta a la que sobrevivió por la gracia del destino y una bandera. Huyó con su familia completamente deshonrada, cuyos miembros fueron condenados por sus compatriotas, que no dudaron en quemar la casa y todas las cosas que la familia Bonaparte dejó tras de sí.
A pesar de este tropiezo histórico, la habilidad del director es innegable. Gance crea dos escenas que, supuestamente, ocurren simultáneamente y, en lugar de combinarlas con secuencias correlativas, demuestra todo su talento y buen ojo en el plató y en la sala de edición a través de unas magníficas superposiciones, un rapidísimo montaje y unos espectaculares movimientos de cámara. Todo ello le permite pasar, de forma magistral, de la tempestad contra la que lucha Napoleón al tumulto que hay en la Convención de !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
36 Napoleón (Abel Gance, 1927), min. 71.
37 Jerónimo José Martín, Antonio Rubio: Cine y Revolución Francesa. Madrid, Ediciones Rialp,
París. Dando lugar a uno de los momentos álgidos de la cinta, en el que nos muestra como los destinos de Napoleón y Francia están unidos.
Napoleón no quería abandonar París sin, una vez más, adquirir nuevas fuerzas dentro de la Convención, desierta a esa hora, pero aún reverberante con los ecos de la Revolución. Y misteriosamente detuvo su carruaje enfrente de esa forja de la Revolución, para meditar dentro de ella sobre el futuro.38
Con este extraño y enigmático planteamiento, empieza la que es la escena más mística y poco veraz de toda la película, ya que ante los ojos de Napoleón, que emprende el viaje hacia la que será su primera gran campaña, aparecen los espectros y fantasmas de la Revolución. El joven Bonaparte ve como Danton, Robespierre, Marat, Couthon y Saint-Just le hablan directamente a él. Abiertamente, los líderes de la Revolución le preguntan si él es el hombre que llevará las riendas de la Revolución y de Francia, y que la extenderá más allá de sus fronteras. A lo que un eufórico Napoleón, completamente fuera de sí, responde con un contundente «Oui» y relata sus planes más personales:
La liberación de los oprimidos, la fusión de los intereses europeos, la supresión de las fronteras y la República Universal. Europa será un solo pueblo y cualquiera, vaya donde vaya, se encontrará siempre en una patria común. Para conseguir este objetivo sagrado, se necesitarán muchas guerras, pero anunció aquí, para la posteridad, que un día llegarán las victorias sin cañones y sin bayonetas.39
Tras aceptar orgullosa y eufóricamente el testigo de Francia que le entregan los antiguos líderes de la Revolución, se nos muestra a Napoleón con un halo divino mientras habla sobre el futuro de Europa y de la República Universal, tildando de sagrado dicho objetivo. Y el remate de la escena es la imagen de La Marsellesa, inspirada en la escultura de Rude.
En esta parte de la película, la admiración de Gance por Napoleón llega al extremo. E incluso en el último momento absuelve de sus culpas a todos los líderes revolucionarios, considerándolos eslabones necesarios del proceso revolucionario francés, cuya cima es el propio Napoleón. Representado en un estado medio divino, medio heroico, Napoleón parte hacia Italia sabiendo que, como afirmó en su triunfo en la Convención, él es la Revolución40. Aquí la ficción transfigura la realidad histórica a la dimensión de una visión eufórica y totalmente parcial.
Con estas dos escenas, y diversas más, Abel Gance quiso hacer un inmenso fresco epopéyico de la vida de Napoleón. Es evidente que no es una película biográfica — como hemos visto, los errores históricos son abundantísimos—, sino más bien exaltante, «una celebración épica en forma de poema marcial»41.42
Además de la doble tempestad y de los fantasmas de la Revolución, entre estas escenas de dudosa veracidad histórica, también podríamos contar con la escena final del famoso !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
38 Napoleón (Abel Gance, 1927), min. 189. 39 Napoleón (Abel Gance, 1927), min. 194.
40 Marc Ferro: Historia contemporánea y cine. Barcelona, Ariel, 2000. Pág. 149.
41 José Luis Guarner: “Napoleón”, Cien películas míticas. Barcelona, Biblioteca de La Vanguardia,
1986. Pág. 128. Est. cit. en Jerónimo José Martín, Antonio Rubio, Op. cit., pág. 103.
tríptico de la Polyvision —del que hablaremos más adelante—, en la que las imágenes de Napoleón, el águila de su destino, Josefina y el Mundo se sobreponen para simbolizar el remolino de sensaciones y pensamientos que invaden la mente del joven Bonaparte. Pero si bien, también nos dan la impresión de que son escenas místicas y románticas, en este caso el mensaje no es tan irreal o poco histórico, ya que el Napoleón que partió hacia Italia no dejaba de pensar en su esposa y en su grandioso futuro. En este caso, esta escena, montada como la presentó Gance, la debemos dejar en un apartado más técnico, en la que el cineasta galo demuestra su talento en la sala de montaje.
Otro de los elementos históricos erróneos de la película es la presencia de personajes históricos en lugares o momentos equivocados. En la película hay un tratamiento erróneo de ciertos personajes en pos del argumento, y no tan solo en cuanto a su ubicación en el espacio y el tiempo, sino también en la relación que tenían con Bonaparte. El ejemplo más destacable es el del político Salicetti, durante la película se nos presenta como un enemigo de Napoleón, que incluso llega a perjudicarlo con su encarcelamiento, pero en realidad este personaje fue un aliado de Napoleón. En Toulon, abogó para que lo nombraran comandante de la Artillería, y más tarde pasó a ser el comisario del Ejército de Italia, y junto a Napoleón reorganizó el territorio conquistado, siendo, a partir de entonces, un político al servicio de Napoleón, como consejero, ministro o embajador.
Aparte de Salicetti, los primeros en aparecer fuera de tiempo son Phélippeaux y Peccaduc, auténticos enemigos de Napoleón como miembros de las fuerzas realistas, que coincidieron con este en la Escuela Militar de París, pero en esta película aparecen como condiscípulos del pequeño corso en Brienne. Otro que aparece, de forma bastante fugaz, es el futuro Almirante Nelson, que si bien es más que probable que patrullara por el Mediterráneo cuando Napoleón huyó de Córcega, es casi imposible que lo viera cruzar el mar en una pequeña balsa con la bandera francesa como vela.
Asimismo, uno de los personajes que es desplazado en tiempo y espacio para que encaje en el argumento de la película es el futuro General Hoche, que si bien fuera encarcelado en una prisión parisina, no fue en la Prisión de Les Carmes, en la que si fueron encarceladas Josefina y Madame Tallien, por lo que fue imposible que un joven Hoche consolara a Josefina. Finalmente, en la escena de la presentación de La Marsellesa, en la que su autor, Rouget de Lisle, enseña junto a Danton la letra a los revolucionarios, Napoleón aparece en un rincón, siendo él, en este caso, el personaje que está fuera de lugar.
Como hemos podido ver, el desplazamiento cronológico de algunos personajes puede deberse al deseo, como licencia artística por parte del realizador, de simbolizar ciertos hechos futuros, como la aparición de un joven Horatio Nelson en mitad del Mediterráneo; o la presencia de Hoche junto a Josefina en la prisión. Por otro lado,