Comenzamos diciendo que la noción de mérito aparecía relacionada con la idea de lo justo y con la nota competitiva o agonal de la sociedad donde se valora.
Respecto a la sociedad donde se desarrolla el mérito, los testimonios del periodo clásico, tanto discursos como piezas teatrales, obras literarias o documentos epigráficos herederos de periodos anteriores, dejan pocas dudas acerca del interés y la importancia del deseo de sobresalir o ser el primero, y de ese modo adquirir y mantener el honor, timé, y hacerse acreedor de la recompensa social, en una sociedad altamente competitiva y que considerará como de primordial importancia el reconocimiento del mérito.
La idea de mérito remite tanto a la oportunidad (kairós) 16 como a la de competencia.
14 Sobre la culpa y como recuerda Walzer en su reflexión sobre el castigo como resultado de un veredicto es un
ataque al honor público o individual. En Atenas se hizo -a través de grandes luchas- la distinción entre ostracismo y castigo, entre la opinión del pueblo (ostracismo) y la sanción o veredicto de un jurado, o entre el desaire político y el castigo penal: El ostracismo equivale al exilio común o el sacar a un miembro de la comunidad a la que pertenece como forma de sanción sin afectarle otros bienes, derechos o intereses; a diferencia del castigo que puede conllevar pérdida de las libertades, los bienes o de la vida misma. "Si el descrédito social ha de ser distribuido justamente, tiene que seguirse de un veredicto, tiene que ser indicativo de merecimiento". WALZER, M., Las esferas de la justicia, op. cit., p. 281. En otro sentido la “leyenda de los privilegiados acerca de la suerte merecida”, WEBER, M., Economía y sociedad, op. cit. pp. 704 y ss
15 PIULATS, O., Antígona y Platón en el joven Hegel, Barcelona, Integral, 1985. Sobre la individualización de
la culpa, la relación entre mito y monoteísmo en el origen de la igualdad, vid. , REYES MATE, M., “Sobre el origen de la igualdad y la responsabilidad que de ello se deriva”, en Pensar la igualdad y la diferencia. Una
reflexión filosófica, Manuel-Reyes Mate (ed), 1995, p. 77-91
16 Con la importante diferencia que habrá de verse en relación con la concepción del tiempo griego, harto
diferente a la moderna: el primero cíclico y el segundo como una flecha apuntando a la Edad de Oro, sto es, incorporando la idea de progreso lineal.
Como recordábamos, uno de los rasgos que caracterizan a la antigüedad griega desde el principio es su carácter agonal. La moral agonística “convierte la rivalidad en un impulso poderoso configurador del comportamiento”17. El ideal heroico en la aurora del tiempo de la conciliación entre mérito e igualdad con el que comenzamos este trabajo refleja los valores de una sociedad en la que la habilidad física, el coraje y el liderazgo fueron los atributos más preciados en un ambiente de competición por el prestigio, dentro de un contexto rígido y proscrito de obligaciones.
El término areté no connota sólo excelencia sino también capacidad para sobresalir. Mediante su influjo el agathós (bueno) se convierte en aristós (el mejor). Pero el kalos
kagathós griego revela desde el origen la intrincada unión entre el modelo de hombre y la
forma en que tanto éste como sus capacidades son valoradas. Se trata de “la imagen del hombre tal como debe ser”.
Los preceptos transmitidos desde la educación (paideia), la falta de distinción entre moral y Derecho, el hecho fundamental de la historia de la cultura por el cual, según Werner Jaeger, “toda alta cultura surge de la diferenciación de las clases sociales, la cual se origina, a su vez, en la diferencia de valor espiritual y corporal de los individuos”,18 ponen de relieve el alcance que en el origen de nuestra cultura filosófica cobra la distinción del sujeto desde la educación.19
La práctica general del concurso presupone una noción de mérito individual. Tal como subrayan, entre otros, voces tan dispares como Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la
Ilustración y Rodolfo Mondolfo en La comprensión del sujeto humano en la cultura antigua,20 la proeza individual de la épica articula la prehistoria del sujeto moderno, mostrando al yo enfrentado y compitiendo permanentemente con los demás.
Por otra parte, los dioses griegos no favorecen a los "hombres insignificantes" sino a quien consideran que está por encima de la vulgaridad. El hecho de que Aquiles deba su fuerza a alguna divinidad no disminuye en lo más mínimo su grandeza.
El dios ayuda a quien ya ha sido favorecido por alguna excelencia.
Si atrás anticipábamos que la noción de mérito es contingente y relativa a lo que en cada momento la sociedad considera valioso o digno de premio, los estudiosos de este periodo coinciden en señalar la conexión entre la areté y los valores culturales del periodo. Esto es, conectado con el trasfondo agonal o competitivo en que se recompensa el mérito hallamos el contenido que éste comienza adoptando. Siguiendo con Werner Jaeger, en el desarrollo histórico del concepto de areté ésta es eminentemente agonal y aristocrática. “Señorío y areté se hallaban indisolublemente unidos”. 21
La raíz de la palabra areté remite al superlativo de distinguido y selecto, el cual en plural era constantemente usado para designar a la nobleza. Asimismo, parece lícito vincular el ideal de la areté con la valoración social de las aptitudes, o si se quiere del ideal meritocrático en su germen y en sentido amplio.
“Era natural para el griego, que valoraba al hombre por sus aptitudes, considerar al mundo en general desde el mismo punto de vista. En ello se funda el empleo de la palabra en el reino de las cosas no humanas, así como el enriquecimiento y la ampliación del sentido del concepto en el curso del desarrollo posterior”.22 El nacimiento bueno o noble (eugeneia) es considerado sinónimo de aptitud.
17 ESCOBAR, H., Historia social del libro. Grecia I.- De Cnossos a Atenas, Madrid 1975, p. 130 18 JAEGER, W., Paideía, op. cit., p. 19-20
19 Sobre el papel de la necesidad de distinción en diversos ámbitos, vid. BOURDIEU, P. La distinción, op. cit. 20 Cfr. MONDOLFO, R., La comprensión del sujeto humano en la cultura antigua, op. cit.
21 JAEGER, W., Paideía, op. cit., p. 21. 22 JAEGER, W., Paideía, op. cit., p. 24.
Desde Homero los griegos siempre consideraron la destreza y la fuerza sobresalientes como el supuesto evidente de toda posición dominante.
El poeta exalta la verdadera areté sobre cualesquiera otros bienes que pudieran otorgar un valor y una consideración al hombre:23 “No quisiera mantener la memoria de un hombre ni hablar de él por la virtud de sus pies ni por la destreza en la lucha, aun cuando tuviera la grandeza y la fuerza de los cíclopes y venciera en velocidad al tracio Boreas”.
Para Jaeger, “estos son ejemplos eminentes de la areté agonal, que los caballeros desde los tiempos de Homero, estimaban por encima de todo y que, en la última centuria, a consecuencia de los juegos olímpicos, habían sido considerados, aun para los luchadores ajenos a la nobleza, como la más alta medida de la realización humana”.24
Profundizando en el origen agonal de nuestra cultura, en La condición humana Hannah Arendt recuerda que la polis asumió la idea de combate como modalidad no solo legítima sino necesaria para su propia organización.
En consonancia con el análisis de Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración la autora afirma que el carácter individual de la acción heroica “pasó a ser el prototipo de acción en la antigüedad griega e influyó, bajo la forma del llamado espíritu agonal, en el apasionado impulso de mostrar al propio yo midiéndolo en pugna con otro, perspectiva que sustenta el concepto de política prevaleciente en las ciudades-Estado”.25
En Qué es la política, Arendt agrega que en el concepto de aristeúein se ve la aspiración del ciudadano a mostrar lo mejor en cada ocasión: “Esta competencia todavía tenía su modelo en la lucha –escribe-, que es completamente independiente de la victoria o la derrota y que dio a Héctor y a Aquiles la oportunidad de mostrarse tal como eran, de manifestarse realmente, o sea, de ser plenamente reales”.26
En “Imaginario político griego y moderno” Castoriadis responde a la pregunta sobre la conciliación entre agón e igualdad. La conciliación griega del gusto por la lucha, el combate, la competición, el agón, donde sólo gana el mejor, con el principio de igualdad sobre el que reposa la democracia- dice este autor- descansa en la idea griega de que el derecho sólo existe entre iguales, y en la posibilidad de que en el contexto de los iguales (los varones libres) el papel de los “más fuertes” pueda ocupar un lugar en todos los ámbitos, incluso en la política, en tanto que institución27.
El estado auroral de los méritos se produce, pues, en una cultura en la que el elemento agonal ocupa un lugar central pero donde el agón toma la forma abierta de concursos de tragedias, de competición entre poetas, de discursos sobre la justicia abiertos a todos los reconocidos como iguales.
Adam Ferguson subrayará este fenómeno cuando escriba en Un ensayo sobre la historia
de la sociedad civil:
“Los atenienses dieron un sentido de refinamiento a cada objeto de reflexión o de pasión mediante recompensas que consistían en beneficios u honores con los que premiaban todo esfuerzo de ingenio empleado en conseguir el placer, el adorno o las comodidades de la vida; mediante la variedad de situaciones en que se encontraban los ciudadanos, mediante las diferencias de fortuna y por sus diversas empresas en la guerra, en la política, en el comercio y las artes lucrativas, los griegos despertaron cuanto hay de bueno y de malo en
23 JAEGER, W., Paideía, op. cit., p. 95- 96. 24 JAEGER, W., Paideía, op. cit., p. 96.
25 ARENDT, H., La condición humana, op. cit. p. 282.
26 ARENDT, H., ¿Qué es la política?, Barcelona, Paidós, 1997, p. 110. ADORNO, HORKHEIMER,
Dialéctica de la Ilustración, como apuntamos Adorno y Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración recuerdan
que la proeza de la épica articula la prehistoria del sujeto moderno mostrando al yo compitiendo con los demás para desigualarse , p. 198Sobre el modelo de lucha y su relación con la práctica educativa según principios meritocráticos y en particular con el examen, vid., KREIMER, R., Historia del mérito, op. cit.
las aptitudes naturales de los hombres. Se abrió camino hacia la perfección, la elocuencia, la fortaleza y el arte militar, la envidia, la calumnia, la parcialidad y la traición, incluso la misma poesía fue cultivada para procurar dar importancia a un pueblo activo, ingenioso y turbulento”.28
Como habrá de verse la propuesta hedonista de Pericles de acuerdo con el ideal original de Demokratía, ofrecerá un modelo peculiar de conciliación entre igualdad y mérito en un trasfondo agonal.
Por último, el principio agonal remite a la idea de competición deportiva, pero no sólo en el sentido estricto, atlético y olímpico que nos lega Píndaro sino en un sentido que alcanza a encumbrar la procedencia, y a atribuir el éxito a la procedencia familiar y geográfica , extendiendo así el mérito de la victoria, a la buena sangre heredada del bien nacido (eugeneia) y a la raza.
En definitiva, la importancia del reconocimiento, y de lo que, en su “uso psicológico”, entendemos por mérito es clara. El reconocimiento, y el ser acreedor de la recompensa, forman parte de la cultura y conforman el agón.
Los resultados de la competición agonal ofrecen un cuadro, no sólo de diferencias en las recompensas materiales sino también en las diferencias en el prestigio social29. En relación con el segundo momento que habremos de abordar, cabe retener que la concepción dinámica del mérito, entendida hoy como cualificación adquirida a través de la educación formal plantea tantas diferencias como analogías, las diferencias más notorias pertenecen a la concepción del tiempo y también a la forma en que el ámbito de lo público tradujo la existencia de diferentes méritos y aptitudes, y que cabrá adelantar en esta aproximación al concepto de mérito en la antigüedad.
Se ha visto la forma pero debemos anticipar la otra cara del mérito: sus contenidos.
II LOS “MÉRITOS”: LA HAZAÑA, LA DESTREZA, EL ESFUERZO, LA SANGRE, LA SABIDURÍA, LA RAZA Y LA VIRTUD DEL TÉRMINO MEDIO.
Arriba hemos señalado como constantes formales la idea de lo justo y el trasfondo agonal donde se recompensa el mérito, en lo que hemos tomado tanto como nuestro focus histórico y cultural, como el primer momento auto constituyente.
Interesan ahora los contenidos, la definición y la redefinición, la concreción, el “relleno”, el fondo de lo que se considera meritorio; qué lugar ocupa en la reflexión sobre la justicia y el Derecho, y cómo se concilia con el resto de los valores –sobre todo con la igualdad- en ese movimiento de la colectividad que es la instauración de los valores y de los fines políticos y jurídicos, entre los que se encuentra bajo la más amplia consideración de dar a cada cual lo que se merece, la posibilidad de recompensar las acciones y los sujetos.
La democracia debió suponer, al decir de los comentaristas de la época clásica, un cambio en la mentalidad y un cambio en la jerarquía de los valores.
Antes de abordar la forma de conciliación entre la defensa del mérito y el valor igualdad, nos concierne la respuesta a la cuestión ¿cuáles son los “méritos” que hereda la instauración de la Demokratía?
¿Cuál es el contenido que el mérito ha adoptado con anterioridad a la demokratía como régimen de la igualdad y que ésta ha recibido heterónomamente?
¿Cómo la redefine?
28 FERGUSON, A., Un ensayo sobre la historia de la sociedad civil, Madrid, Instituto de Estudios Políticos,
1974.
29 Otra vez, la importancia del reconocimiento del mérito es defendida de forma explícita, en estos mismo
Retomando la tipología y la justificación hechas atrás y adaptándola a este momento proponemos la siguiente clasificación:
1. El mérito de la acción heroica, la destreza, el ingenio en la areté homérica como excelencia.
2. El mérito del esfuerzo pónos en el trabajo los Erga desde Hesíodo.
3. El mérito “orgánico”, estático o heredado de la mejor aptitud aristocrática frente al pobre y frente al súbitamente enriquecido (básicamente por el comercio), basada en la sangre y la eugeneia por la cual el bien nacido es titular de un mérito: El imaginario aristocrático.
4. El mérito de la posesión de riqueza frente al pobre impelido por la necesidad que hace al primero más apto para el kratos.30
5. Otros méritos estáticos: la procedencia geográfica, la raza, la fuerza natural y el género: frente al extranjero (meteco), el débil y la mujer.
6. El mérito del sujeto frente al esclavo (al que Zeus ha despojado de parte de su
areté) 31
Esta es una clasificación sintética, pero dada la hospitalidad de los términos también exhaustiva y que creemos nos permite indagar en la presencia del mérito como factor de exclusión. La valoración histórica de lo meritorio no puede entenderse como una sucesión de compartimentos estancos que se sustituyen de forma radical conforme se suceden también las formas políticas o jurídicas.
No resulta posible establecer un mérito dominante, por ejemplo, en cada una de las once
métabolai, o cambios de régimen de los que hablara Aristóteles, tampoco es ese el objeto de
esta primera parte. Existe siempre una sedimentación, una herencia, una modificación
30 No se trata de un poder económico o una situación económica que pueda en esta época ser valorado por sí
mismo. Se trata más bien, del momento en que la situación económica ha llevado a cierto “honor” social mediante acciones a favor de la autoridad constituida (en un principio como aportaciones a las campañas del
basileus), bien a favor de la comunidad, que son recompensadas y que más tarde se esgrime como solvencia y
posibilidad de dedicarse a los asuntos públicos sin el impedimento de la necesidad. Por otra parte, creemos que como viera Weber, todo ordenamiento jurídico influye directamente, en virtud de su estructura, “sobre la distribución de poder dentro de la comunidad respectiva (...) como es natural, el poder “condicionado económicamente” no se identifica con “poder” en general. Más bien ocurre lo inverso: el origen del poder económico puede ser la consecuencia de un poder ya existente por otros motivos. Por su parte, el poder no es ambicionado sólo para fines de enriquecimiento económico. Pues el poder, inclusive el económico, puede ser valorado por sí mismo, y con gran frecuencia la aspiración a causa de él es motivada también por el honor
social que produce, (...) a la inversa: el honor social (prestigio) puede constituir, y ha constituido con gran
frecuencia, la base hasta del mismo poder económico”. WEBER, M., Economía y sociedad, op. cit., p. 682- 683
31 Aunque consideremos que la esclavitud, sub specie aeternitatis, constituye unos de los hechos más funestos
y constantes de la historia, y aunque no pueda decirse que haya desaparecido aún hoy en día donde coexiste de diferentes modos (desde la prostitución de carretera al entramado comercial internacional, hasta la vida que de facto llevan muchas mujeres en el propio hogar) lo cierto es que existe una amplia condena formal, esto, más que el hecho de que prácticamente no se le puso la menor objeción en cuanto institución por parte de las principales fuentes ideológicas durante toda la antigüedad es lo que obliga de alguna forma a separarla en gran medida del tema de este trabajo, esto es, de la exclusión mediante la apelación al mérito. Sintéticamente podría decirse que lo más relevante para nuestra tesis de ese esclavismo antiguo es que tras la aceptación de manera más o menos incuestionable, por todos, de la esclavitud como parte del orden natural había también una justificación que apelaba a la justicia y que será retomada en diversas ocasiones a lo largo de la historia, básicamente en la conquista, y en la colonización europeas. Sobre la conexión entre esclavitud antigua e ideología moderna, vid., FINLEY, M., Esclavitud antigua e ideología moderna, Barcelona, Crítica, 1982, trad. Antonio-Prometeo Moya. Sobre el “demérito del esclavo” recordamos la cita de Gschnitzer: “...porque Zeus toma la mitad de la areté cuando le sobreviene al esclavo el día de la sujeción... Ante la ausencia formal de esta libertad existe algún ingrediente que empuja hacia abajo a un hombre -en sí mismo capaz- de forma que ya sólo conserva la mitad de todo sus méritos. Ante esta idea no hace falta un gran salto para pasar a la opinión posteriormente reinante, que ve a los esclavos a individuos que, sin más, desmerecen”. GSCHNITZER, F., ,
paulatina en el concepto contingente e histórico de mérito, así como en el sentido de lo justo que llega hasta la modernidad. La creación de la Demokratía no es una excepción. Incluso en el momento de mayor esplendor, en lo que W. K. C. Guthrie llama la “Ilustración” del siglo V, cuando se sostiene la posibilidad de cada ciudadano de desarrollar su areté y ocupar una posición sin que sea un condicionamiento la situación económica o el origen (aristócrata o no) se halla presente la herencia de la primera enseñanza en los valores, tal como la propusiera el primer educador de Grecia, esto es, Homero, así como una enorme herencia mitológica, y una cierta jerarquía según valores aristocráticos.32