Señalamos al principio de este trabajo cómo la difícil sistematización del pensamiento platónico nos aconsejaba no buscar una respuesta o una posición determinada en Platón que confirmara o rechazara nuestra hipótesis acerca de la visión del mérito en el inicio de la filosofía política.
Aludimos al acabado aporético de gran parte de su obra y sobre todo a la preponderancia de la actitud platónica como predominio del cómo, antes que de las mismas tesis o ideas, sobre las que, como es sabido, Platón habría de volver a lo largo de su vida.
Si recordamos que la idea de sistematización es más bien propia del siglo XIX no deberíamos buscar una coherencia estricta de su pensamiento en el amplio legado platónico para culpabilizar, refutar o avalar nuestra propia experiencia histórica, nuestras propias teorías u opiniones, sino más bien, agradecer esa coherencia en la forma que adopta, como es la forma en que se abordan los problemas básicos, esto es, en la dialéctica como la ciencia que permite progresar en el diálogo hacia el conocimiento y la verdad.
La riqueza del legado de Platón permite, no obstante, ilustrar algunas de las relaciones antes entre mérito e igualdad expuestas.
Céfalo sostendrá en la República que la riqueza puede ayudar al hombre sensato a ser justo (I, 328c), Trasímaco identificará justicia con lo que conviene al más fuerte (I, 338c y 348c), en el libro III de la Rebública ese encuentra el mito de las diferentes clases y su relación con los metales, pero también que todos los ciudadanos han sido educados y criados por la tierra que es su madre, quedando por tanto, hermanado, y más adelante, el Libro IV cómo no debe haber gente rica ni pobre, ya que si es rica no se ocupará de su trabajo, y si es pobre, no podrá realizarlo bien. 128
En Las Leyes, Platón, enumera las reglas axiomáticas que indican el mandato por naturaleza129:
1. los padres deben gobernar a los hijos 2. los nobles a los innobles
3. los viejos a los jóvenes 4. los señores a los esclavos 5. los mejores a los peores
6. los hombres cultos a los incultos
7. el elegido por suerte a aquel en quien no ha recaído la elección
128 Por otra parte, la mayoría de las aproximaciones al concepto de mérito y de meritocracia, no dejan de aludir
al gobierno del rey filósofo y la propuesta política y educativaa platónica, en este sentido, POJMAN, L, Justice
as Desert, op. cit., p. 1 – 3.
Y más adelante:
“ (Zeus)... a quién más méritos posee le concede mayores distinciones y honores, y lo mismo en lo que corresponde por virtud y educación. Y yo creo que para nosotros la política es precisamente esto, la justicia en sí misma”130.
En lo que sigue abordaremos la presencia de la noción de mérito, en Platón, con todas las cautelas que supone la difícil sistematización de la riqueza de este filósofo.
II. 5. 1. Meritocracia de los más sabios
Convencido de vivir en una época de decadencia, pensador que anticipa una denuncia a la idea de “progreso” semejante a la que Nietzsche tuviera como la suya propia, Platón manifiesta a los 24 años, una temprana simpatía por el partido aristocrático y por el mérito del linaje esgrimido por éste y esas reminiscencias de corte aristocrático estarán presentes en toda su obra131.
El corte aristocrático es bien visible en la enumeración de los regímenes políticos en la forma descrita en la República- estos se suceden en una evolución continua.
La Timocracia, gobierno de unos hombres fuertes, ambiciosos, hábiles y de talento práctico, pero teóricamente, poco reflexivos, prácticamente débiles, más inclinados a la acción que a la reflexión y más atentos a su interés que al de la comunidad, estando dominados por la parte irascible del alma; habiéndose enriquecido la clase de los trabajadores y teniendo que ser reprimida su ambición por la fuerza militar, los guerreros se aprovechan, repartiéndose las riquezas y oprimiendo a quienes primitivamente debían proteger. En este régimen el amor creciente por las riquezas tropieza con restos de sana filosofía, mezclándose el bien y el mal.
El principal móvil del hombre timocrático es la búsqueda de honores y la ambición. La Timocracia degenera en la oligarquía cuando el rico gobierna y el pobre no participa en el gobierno. Gobiernan unos pocos adinerados, postergando a los más pobres. Les domina el alma concupiscible y la codicia y el afán de dinero son los móviles de su administración. Al convertirse la riqueza en el único título, el desorden se introduce en todas las clases y los oligarcas se convierten en hombres divididos entre sí.
Cuando la presión de los descontentos se hace demasiado fuerte se instala la Democracia que sustituye a los ricos. Gobierno de la masa que, según Platón, no tiene los ojos del alma claros para contemplar la verdad. Es aparentemente un estado ideal, en el que todos son iguales, pero realmente en él se da una consideración de los vicios como virtudes, el libertinaje se considera libertad y la insolencia grandeza de alma. Régimen deplorable a decir de Platón, ya que la inclinación desenfrenada por la libertad conduce a eliminar del poder, como peligrosos a los especialistas, a autorizar todo género de existencias (por eso la
130 PLATÓN, Leyes, 757 a y ss.
131 La muerte de Sócrates pasó a la historia como un estigma indeleble para la democracia ateniense. Para
Platón, su discípulo, este hecho lamentable fue signo inequívoco de la decadencia de Atenas y confirmación de que la educación democrática invariablemente desemboca en la demagogia. Aunque tendremos ocasión para señalarlo más adelante, es necesario advertir, la ambivalencia de la democracia en este momento. Para la mayoría de los actuales defensores de la democracia fortalecida tras los totalitarismos del siglo XX, ésta connotaría libertad personal y todo un conjunto de garantías a su alrededor en una medida que no podía concebir, por ejemplo Platón. Platón tendría en mente un gobierno voluble, proclive a la irreflexión y al
vértigo que lleva consigo. Posiblemente el mismo mérito del linaje, se habría visto favorecido en su obra por
sus intrínsecas condiciones de perdurabilidad en el tiempo frente a la riqueza que fundamentalmente cambiante. Volveremos sobre esto con el fin de no caer en el mismo reduccionismo que traza una equivalencia de tipo moral entre justicia, solidaridad y democracia.
democracia como una feria de constituciones) y a despreciar por último las leyes escritas y no escritas; de manera que se produce una reacción radical en forma de Tiranía.
La tiranía es la extrema degeneración de las formas de gobierno. Es, para Platón la consecuencia de la democracia, puesto que en un estado de libertinaje el pueblo necesita un caudillo para dirimir sus disensiones y encumbra a uno al que hace omnipotente. “De la extrema libertad sale la mayor y más ruda esclavitud”132 .
A su vez el tirano, como nada se levanta en su camino para detenerle, se convierte en esclavo de la locura, dirigiéndose su reino hacia la catástrofe. La génesis de la tiranía se produce cuando el que tiene la fuerza y la confianza del pueblo lo endereza todo hacia su propio interés, se vuelve odioso a los ciudadanos y, por tanto, se hunde cada vez más en la tiranía.
Todos los males de los hombres acabarán cuando llegue al poder la raza de los puros y auténticos filósofos o los gobernantes, lleguen a ser filósofos.
Para Platón el gobierno debería constituir, pues, la prerrogativa de quienes poseen determinadas condiciones (una phisis extraordinaria), unas condiciones intelectuales apropiadas (autodominio, prudencia, sensatez o armonía como sinfonía con uno mismo), habiendo recibido, además, una educación filosófica adecuada, el modo de vida más noble y excelente133.
Junto a esto habría que recordar la antropología de la diferencia que se halla presente en el pensamiento de Platón, según esta visión antropológica de la que también nos habla el
Fedro, cada individuo debería ser instruido para aquello para lo que está más dotado.134
Las referencias a la educación forman parte de su propuesta política. Fue, quizás, en sentido estricto, el primer filósofo que formuló una teoría sobre la organización del cuerpo político – el estado - y concibió una educación compatible con esa organización. Sus ideas reunidas en República, son políticas y pedagógicas. La República describe un proyecto de organización política sustentado en la teoría platónica de las ideas. Según esta teoría, el mundo sensible (es decir, el mundo que percibimos por los sentidos), no es sino una ilusión y el verdadero mundo - el mundo de las ideas - se halla en una esfera superior, trascendente. Los entes sensibles sólo pueden reflejar parcialmente, de manera imperfecta, a las ideas. Por lo mismo, la reflexión de Platón sobre la comunidad cristaliza en una república ideal que coincide poco con la democracia de Atenas y evoca el orden político autoritario de Esparta. Señala, por ejemplo, el problema que representa para la convivencia colectiva la existencia de lo que hoy llamaríamos caracteres desviados o patológicos135.
En otras palabras, le preocupa la administración y el control de las conductas y esa preocupación lo lleva a proponer un modelo de organización política cuyo acento es el orden y el control social. En ella existen tres grupos sociales: los gobernantes, los
132 PLATÓN, República, 564.
133 Sobre el carácter dado por la práctica filosófica PLATÓN, Carta VII, 326c. Sobre otras implicaciones en
relación con la enseñanza en la Carta VII, vid., BARES, Juan de Dios, “Sabiduría y enseñanza en la Carta VII de Platón”, ∆αιµων 4, 1992, pp. 19 – 40.
134 Esto llevará a Ste. Croix a defender una visión clasista y propietaria del pensamiento de Platón que no
compartiremos. Pero como ya señalamos debemos limitarnos a las referencias, siempre laterales de la posesión de riqueza como posible mérito legitimador de la exclusión del pobre en un pensamiento ajeno a la noción de sistema. Veremos sintéticamente la opinión de Ste. Croix en este punto aunque adelantamos que nos parece difícilmente sostenible. Creemos, que aquí Ste. Croix, al igual que Popper, si bien desde otro tipo de planteamiento ideológico, daría más importancia a este hecho, del que parece desprenderse de las propias consideraciones de Platón.
135 Sobre esta caracterización, vid., GUEVARA NIEBLA, G., Democracia y Educación, op.cit. p. 7. Cfr.
.REALE, G. (a cura di), Verso una nuova immagine di Platone, Milà, Vita e Pensiero, 1994. ROSS, W. D.:
Teoría de las ideas de Platón, Madrid, Cátedra, 1993. SZLEZÁK, T. A.: Leer a Platón, Madrid, Alianza,
guardianes y los ciudadanos. Se trata de un orden jerárquico en donde los guardianes mandan y los ciudadanos obedecen. No hay en ella propiedad privada. Las mujeres y los hijos son comunes, es decir, pertenecen a todos los hombres. En esa comunidad utópica, la virtud capital, la justicia, consiste en que cada sujeto cumpla con la misión que tiene asignada dentro de su estamento social.
Hay un paralelismo en su división del alma humana y de la sociedad: los magistrados son el elemento racional de la ciudad, y por ello son los encargados de dirigir la actividad social. Su virtud es, igual que en el caso del individuo, la prudencia. Los guerreros son el elemento emocional. Su virtud, el valor, ha de ser puesta al servicio del bien común, cuya interpretación corresponde a los magistrados gobernantes. Los productores constituyen el elemento apetitivo del estado, y su misión es la de producir los bienes materiales.
La virtud que ha de caracterizarlos, es la moderación, que consiste en someterse a los dictados de la clase gobernante, que representa la razón. Platón establece, pues, una virtud específica para cada grupo social: la virtud de los gobernantes es la sabiduría; la de los guardianes, la fortaleza; la de los ciudadanos, la templanza. La sabiduría o filosofía es atributo exclusivo de los gobernantes: debe seleccionarse a los jefes en función de cualidades como la prudencia, la energía y, sobre todo, su fidelidad al bien público. 136
¿Qué es la templanza? Es orden personal, freno a las pasiones, continencia, predisposición a la sumisión y a la obediencia, rasgos todos ellos que deben ser atributos del pueblo. A este orden social le corresponde todo un programa educativo, que Platón expone con detalle137:
Para Platón la función educadora implica selección y formación con un profundo sentido ético-político. No prescribe ninguna educación especial para la clase inferior, pero sí prescribe minuciosamente la que se debe dar a los encargados de las funciones defensivas y rectoras (recordemos que a él le interesa sobre todo evitar las causas de la desunión de la clase gobernante, que es el factor fundamental en la degeneración de los regímenes políticos). Los guardianes deben quedar exentos de cualquier oficio manual, para poder dedicarse plenamente a su preparación en las funciones de defensa y gobierno. El objetivo último de la educación no es simplemente el conocimiento, sino también la práctica de esos conocimientos. El sistema educativo, tal como lo proyecta Platón, constaría de tres ciclos, durante el desarrollo de los cuales se va seleccionando a los individuos hasta llegar a la formación de una élite. Dichos ciclos son:
1. (Del nacimiento a los 20 años). Es común a todos los niños, exceptuando a los que han nacido deformes, que son eliminados. Es un régimen de estudio combinado, es decir, físico e intelectual, educándose a los niños como si jugaran. Educación física para el cuerpo e intelectual para el alma.
136 También es posible ver en algunos pasajes de Platón la defensa si no del mérito geográfico, la superioridad
moral y cultural de la aptitud y la capacidad en virtud del origen geográfico, sí la crítica a los derechos de los extranjeros frente al rechazo perícleo de la xenalasía (expulsiones de extranjeros). Por ejemplo en PLATÓN,
República, II, 39, 1, donde se rechaza que en democracia se considere al meteco, es decir, al extranjero
residente, igual al ciudadano.
137 La educación en La República no es universal, se circunscribe a los guerreros y los gobernantes, pero sí es
pública, es decir, debe estar en manos del Estado. El niño, al nacer, debe pasar una prueba de selección eugenésica: sólo serán dignos de vivir los que posean una constitución física sin defectos. La base curricular de la educación platónica la representan la gimnasia y la música. El objeto de la gimnasia no es sólo la perfección del cuerpo, también contribuye a la perfección moral del hombre. Los jóvenes destinados a ser gobernantes estudiarían, además, los números, geometría, astronomía, física y filosofía. En la educación de los futuros gobernantes, el Estado debe procurar evitar que los niños se expongan a malos ejemplos y censurar las obras que les muestran acciones de pusilanimidad o cobardía.
2. (De los 20 a los 30 años). Los que no han pasado la selección quedan como guerreros o auxiliares. Los mejor dotados física e intelectualmente prosiguen su formación otros diez años, estudiando de modo más profundo y sistemático Aritmética, Lógica, Geometría plana, Astronomía y Música. Los más aptos pasarán al ciclo superior.
3. (De los 30 a los 50 años). Los que han superado el ciclo medio dedicarán otros cinco años al estudio de la Dialéctica, al tiempo que se ejercitan en cargos administrativos secundarios. Pero todavía tendrán que esperar a los cincuenta años antes de llegar a la categoría de "arcontes perfectos". Estos gobernarán la ciudad por turnos.
Aquí se ve la gran importancia que Platón atribuía a la función de gobernar, considerándola como la más excelsa y aristocrática. Sólo conocen el acceso a ella una minoría selecta.
Siguiendo el análisis de Ste. Croix, a pesar de que Platón poseía la convicción de que la tensa atmósfera política y la lucha civil aguda que había en su época eran consecuencia directa de lo crecientes contrastes entre riqueza y pobreza, Platón habría confiado todos los poderes públicos a los hombres que, en su opinión, se hallaban intelectualmente cualificados para gobernar y hubieran recibido una educación filosófica completa. Esta sería, pues, la esencia de la prescripción de Platón, consecuente con su teoría de la naturaleza humana.138
Los diferentes individuos que por si solos no son autosuficientes. Tienen diferentes aptitudes e intereses, siendo cada uno apto por naturaleza, educación o experiencia para especializarse en un tipo de tareas. “Si existe una cosa tal como la verdad puede ser conocida por aquellos que tienen capacidad y voluntad para aprender, entonces aquellos que posean este conocimiento son las únicas personas que están propiamente cualificadas para dirigir el curso de la sociedad humana”.139
La meritocracia de Platón sería pues, el gobierno de los mejores, siendo los mejores aquellos hombres que administran a los gobernados por su inteligencia y por su pericia. Bobbio ve en la afirmación de Platón, un precedente del problema de la relación entre el gobierno “de los hombres” y el gobierno “de las leyes”.
El filósofo griego habría resuelto esta elección a favor del primero que gobierna por esa aptitud, talento o capacidad sin acogerse a textos escritos, a las leyes, en un concepto (predominio de los principios de inteligencia la sabiduría sobre la ley) con el que polemizaría Aristóteles en La política arguyendo que las leyes son menos desapasionadas que los hombres y que los principios generales y la capacidad de esos hombres no son suficientes para gobernar con justicia.140
Sobre la desigualdad y según Ste Croix, “esos hombres habrían tenido que pertenecer necesariamente a la clase de los propietarios”. 141 Para Platón, cualquier tipo de trabajo que interfiriera en el tiempo libre imprescindible para la práctica del arte de gobernar constituía una descalificación para la pertenencia a la clase gobernante. Ello valdría tanto para el estado ideal de la República como para el “segundo mejor” estado que presenta en las Leyes, así como para la discusión más teórica del arte de gobernar que aparece en el Político. Platón desarrolla esa concepción expuesta en el Económico de Jenofonte según la cual el trabajo manual degrada activamente la mente, describiendo las “terribles consecuencias”
138 De la forma en que la resume Leslei Stevenson en STEVENSON, L., Siete teorías sobre la naturaleza
humana, Madrid, Cátedra, 2001, pp. 41. 57.
139 STEVENSON, L., Siete teorías sobre la naturaleza humana, op. cit., 48- 49. Cfr. GRUBE, G.M.A., El
pensamiento de Platón, Madrid, Gredos, 1973. MELLING, D., Introducción a Platón, Madrid, Alianza, 1991.
140 BOBBIO, N., El futuro de la democracia, México, FCE, 1986.
que se derivarían del hecho de que “esos intrusos sin valía”, eso es, sin mérito, se inmiscuyeran en unos asuntos tan importantes como la filosofía, y, por ende, el gobierno. 142
II. 5. 2. Platón y el mérito de la posesión de riqueza frente al pobre
Acerca de las virtudes dice Cornelius Castoriadis que en la teoría Platón intentó reconciliar el principio político y el principio ético pero lo hizo no jerarquizándolos de una u otra forma, “sino confundiendo ontológicamente ambos dominios” 143.
Para Platón existe un “alma sustancial” pero sus virtudes son las mismas que las virtudes del buen régimen de la ciudad. En uno y otro caso, la virtud, el buen orden es la relación correcta entre las partes del alma o las partes de la ciudad –esta es la definición que Platón ofrece de la justicia-, relación situada siempre bajo la hegemonía de la parte superior y más digna- la parte pensante del alma y los filósofos en el caso de la ciudad.
Para ver el contenido de las virtudes del político que Platón expone en diferentes lugares