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En La república de los Atenienses, podemos leer que los atenienses al haber escogido la democracia como forma de gobierno, “prefirieron que los inferiores estuvieran en mejor situación que los superiores”180y más adelante que aunque esto puede resultar extraño, el que se asignen cargos a los inferiores, a los pobres y al pueblo es precisamente “lo que conserva a la democracia”181.

“En todo el mundo, los mejores se oponen a la democracia; entre los mejores, en efecto, escasa es la indisciplina y la injusticia y máximo el rigor para lo importante, pero en el pueblo la ignorancia es máxima y también el desorden y la bajeza; pues la penuria les empuja a cosas viles y también la falta de educación e ignorancia en algunos hombres proviene de la escasez de medios. Puede que alguien diga que sería conveniente que no les permitieran hablar ni decidir a todos por igual, sino a los hombres más diestros y mejores”182.

En este texto puede verse la pervivencia de la oposición ricos-noble / pobres en la dicotomía buenos / malos y “mejores” / “peores”. 183

177 Es esta una cuestión controvertida, siguiendo a Musti, la historia del reparto del dinero público atraviesa la

peripecia de muchos personajes políticos de los siglos V y IV. PLUTARCO atribuye también a Pericles la implantación del theorikón. ARISTÓTELES no habla de theoriká en Pericles sino de misthophoría, sino que asocia a Cleofonte la instauración de un theorikón como diobelia. El discurso de Pericles en TUCÍDIDES II, 37 y ss, trata del modo de compensar el esfuerzo del trabajo con una serie de aspectos hedonistas que deben disfrutarse en el marco de la ciudad, dentro de la cultura ciudadana, “sin que ello comporte necesariamente la creación de un fondo para el ocio desvinculado del ejercicio de derechos cívicos”. Agirrio o Eubulo parecen tener esa paternidad embrional de una medida social que empezó como contribución teatral y después tuvo la naturaleza de subvención festiva. MUSTI, D., Demokratía. Orígenes de una idea, op. cit., pp- 234 y ss.

178 TUCÍDIDES, II, 41

179 JAEGER, W., Paideia, op. cit., p. 369

180 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 1.1 181 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 1, 4-5 182 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 1. 5-6.

183 Es cierto, que La República de los Atenienses representa el primer ejemplo de un panfleto político, por lo

Siguiendo con la premisa de que el número predomina sobre el mérito y los conocidas prejuicios sobre el pueblo en relación con su aptitud para el gobierno, el autor admite que el régimen es consecuente consigo mismo ya que busca el poder del pueblo: “Pero también en esto de permitir que hablen los inferiores toman la mejor decisión. En efecto, si los superiores hablaran y decidieran sería bueno para sus iguales, pero no para los del pueblo; ahora, sin embargo, al hablar cualquiera que se levante, un hombre inferior consigue lo bueno para él y sus iguales. Puede que alguien diga: ¿Qué bien para él o para su pueblo puede proponer tal hombre? Pero ellos saben que la ignorancia de este hombre, su inferioridad y benevolencia le son más útiles que la virtud, sabiduría y malevolencia del superior. En efecto, puede que una ciudad no sea la mejor con tales reglas, pero la democracia puede salvaguardarse mejor así.”184

A continuación hay una interesante observación sobre como la democracia habría significado una mejora en la situación de los extranjeros y de los esclavos a partir de la relajación en las formas de distinción y estratificación:

“La desconsideración de los esclavos y metecos es también en Atenas máxima y allí no se puede golpear, ni el esclavo se apartará de ti por deferencia. Yo voy a explicar por qué existe esa costumbre. Si fuera legal que el esclavo o el meteco o el liberto fuera golpeado por el libre, muchas veces golpearía a un Ateniense creyendo que es un esclavo; pues el pueblo allí no usa en absoluto vestidos mejores que los esclavos y metecos y su aspecto no es tampoco mejor”. 185

El texto continua describiendo la mejora en la situación de los esclavos y de los extranjeros, explicándola por la necesidad de que éstos desempeñen oficios de forma motivada. Por otra parte insistiendo en los términos superiores / inferiores, denuncia que el régimen está ideado de forma que los primeros deben renunciar a las riquezas para que los inferiores puedan “cantar, correr, danzar o ir en las naves”.186Lo que para Pericles es algo digno de ser admirado, algo que apoya su propuesta hedonista de la ciudad, para el autor es un abuso implícito en la idea de democracia: “Y en cuanto a gimnasios, baños y vestuarios, algunos ricos los tienen particularmente, pero el pueblo se ha construido por su parte para uso propio muchas palestras, vestuarios, baños; de esto también, disfruta más la multitud que los pocos”.187

Finalmente, el texto ejemplifica la posición oligárquica o aristocrática, que apoyándose en el mérito eugenésico o de la posesión de riqueza, subraya la mejor aptitud de un grupo frente al pueblo, e insiste que todo lo contrario es una democracia: el predominio del número sobre la virtud.

“Yo afirmo, en efecto, que el pueblo de los Atenienses conoce que ciudadanos son superiores y quiénes inferiores; y, al conocerlo, aprecian a los que son propiamente partidarios y seguidores suyos, aunque sean inferiores, y odien especialmente a los superiores pues, no creen que la virtud de éstos contribuya a su propio bien, sino a su mal.

más atrás que desde la lírica de los valores aristocráticos, estas ideas nunca se habían abandonado por completo.

184 “Pues el pueblo no quiere ser esclavo en una ciudad bien gobernada, sino ser libre y tener el poder, y poco

le preocupa el mal gobierno; pues con lo que se considera que no es un buen gobierno, con eso precisamente el pueblo prevalece y es libre. Pero, si se examina un buen gobierno, se verá, primero, que promulgan las leyes que más les favorezcan; además los superiores castigarán a los inferiores y los superiores decidirán sobre la ciudad y no permitirán que hombres impulsivos aconsejen ni hablen ni tengan asambleas. A cambio de estos bienes el pueblo, en efecto, caería rápidamente en la esclavitud”. PSEUDO- JENOFONTE, La República de

los Atenienses, , 9-10

185 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 1, 13 186 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 1, 13-14 187 PSEUDO- JENOFONTE, La República de los Atenienses, 2, 9-11

Y contrario a esto es, el que algunos, que son verdaderamente del pueblo, no lo son por naturaleza.”188

Como veremos se tratará de dos posturas que entraron en tensión: según la primera opuesta a la democracia en nombre del mérito, el gobierno por el número se opone al gobierno por el mérito, esto es, para los que defienden la “aristocracia de talento” como forma de “meritocracia”, los más gobiernan cuando debieran hacerlo los menos, ya que estos últimos son la minoría que ha destacado por sus méritos, por su capacidad, sabiduría o aptitud.

Según la segunda postura, la democracia, al menos en la apología que de ella hará Pericles, debe significar también que entre los más destaquen los menos pero de forma dinámica. Cualquiera puede por sus méritos personales, o por los méritos de sus acciones, destacar y hacerse acreedor del reconocimiento, cargo, o responsabilidad. Renuncian a la idea de una validez permanente de la valoración social (axía), esto es, del gobierno permanente de una minoría de sabios. Pero no desean per se, una “mediocracia”, un gobierno de la “masa”, volátil, cambiante, -que por otra parte parece el principal temor que Platón exhibe hacia la democracia- puesto que Pericles, como cualquier griego, celebra la

rivalidad, en este caso la rivalidad entre posturas, entre argumentos En cualquier caso

Pericles defenderá algo que es caro a la democracia, la igualdad en principio de las doxai, pero el triunfo de la mejor doxa, de la opinión que ha ofrecido mejores razones, y, esto es lo importante en democracia. De lo que se trata es del rechazo de las “diferencias” permanentes o de las “alteridades” jerarquizadas en cuanto a la valoración, de la existencia de un grupo depositario permanente del mérito, del cuestionamiento de todo poder que se derive de logros anteriores y de la obligación de todos de dar cuenta y razón (lógon didónai) de sus actos y palabras189.