Respecto a la justicia de la desigualdad, como “lo justo desigual”, este remite a los criterios de justicia. Como advertimos en el capítulo introductorio, relativo a los “usos” y siguiendo a Norberto Bobbio, no hay teoría de justicia que no analice y discuta alguno de los más comunes criterios de la justicia, que por lo común se presentan como especificaciones de la máxima general y vacía: “A cada uno lo suyo”,4 que a su vez remiten
de forma circular al sentido de lo justo.
La idea del mérito debe entonces formar parte de la dikaiosyne, esto es, no de la justicia como norma, sino del “sentido de lo justo”, como algo previo a su realización. En este primer momento, puede decirse que las convenciones legales descansan tanto sobre la díke, esto es, justicia como norma, como sobre ese sentido de lo justo.
Las acciones que realiza el sujeto son celebradas (o castigadas) bajo ese sentido de lo justo que luego se traduce en norma. Las acciones son observadas desde este doble punto de vista. La acción que H. Arendt estudiara como lo “genuinamente humano”5, como instrumento de intelección y de transformación de la realidad, mantiene una estrecha relación con el discurso que, siguiendo a esta autora, constituye una forma de acción. A su vez, si el mérito tiene que ver con las acciones que se realizan, éstas tienen que remitir a un
3 Estas dos ideas remiten a su vez a la de desigualdad legítima y al principio de igualdad de oportunidades
concepto vinculado a la meritocracia pero aquí claramente extemporáneo en relación con la también moderna idea de competición expresada en la “metáfora del campo de carreras”. Como habrá de verse, tanto el concepto de mérito como el de meritocracia atraviesan sucesivas etapas, en las que más que de diferencias sustanciales debe hablarse de desplazamientos del centro de gravedad del elemento definitorio del mérito y de su alcance político, social, o jurídico, en la premodernidad el concepto de mérito es asociado fundamentalmente a la esfera ética y en la modernidad al universo del trabajo y de la profesionalidad, pero la tensión entre acción y conocimiento ya está presente en la antigüedad clásica. Si bien el ideal de la areté estará conformado por un conjunto de cualidades morales, intelectuales, físicas y prácticas-, la tensión entre la esfera intelectual y la esfera práctica no es ajena a los escritos filosóficos. La exaltación de los valores intelectuales en desmedro de las capacidades asociadas al trabajo manual dejará profundas huellas en la restricción que hace la modernidad del concepto de mérito al universo del conocimiento en estricta correspondencia con la esfera del trabajo. Por otra parte, y como poníamos de relieve con Roxana Kreimer, a raíz de la genealogía meritocrática del examen, los mecanismos modernos de selección meritocrática -exámenes y concursos basados en la destreza individual- encuentran su prehistoria en el carácter individual de la acción heroica, que pasó en buena medida a ser el prototipo de acción tutelar de la antigüedad clásica. La práctica del certamen de méritos individuales – deportivos, retóricos o artísticos-, el espíritu agonal de mostrar al propio yo en una pugna permanente por revelarse superior a los demás, un modelo evidentemente heredado del contexto guerrero, fue habitual en una cultura que posibilitó la recontextualización moderna de este mecanismo en la esfera del trabajo y de la profesionalidad, donde el reconocimiento del mérito aspirará a ser la condición de posibilidad del acceso a los puestos de trabajo.
4 BOBBIO, N., Igualdad y libertad, op. cit., p. 63.
sujeto que lleva a cabo las acciones en un doble ámbito: el público y el privado. En este sentido, resulta de capital importancia atender a la forma en que se relacionan ambos ámbitos en su origen, donde correspondería a la esfera privada tanto la atención a las necesidades como la ocasión de apropiarse el sujeto de lo que es suyo.6 Este “apropiarse el sujeto de lo que es suyo” permitirá un acercamiento en la investigación del papel de la idea y de la acción de mérito, y de merecer como título justificativo de la adquisición desigual.
Jean Paul Vernant recuerda que el nacimiento del concepto de mérito es inescindible del nacimiento del concepto de sujeto7.
Vernant se refiere aquí al moderno concepto de mérito y por eso dice que su “condición de posibilidad es el reconocimiento de virtudes individuales que si bien pueden ser suscitadas por un dios, no dependen del linaje ni –al menos en forma declarada- de la riqueza económica”. Pero el contenido y el alcance del mérito en la antigüedad no es el mismo que en la modernidad. En realidad, como el mismo autor ha explicado antes, solo puede, y acaso debe decirse, que junto al sujeto nace el ideal de la excelencia8 (areté), que presenta, como ya se ha indicado, una acepción según el cual cada persona deberá ser capaz de alcanzar el dominio de sí misma sobre la base de sus propias destrezas y capacidades.
La aproximación a la acción (o al estado) digno de recompensa debe ser general y muy amplia. Asimismo, se ha indicado atrás el papel fundamental de las expresiones axíasis y
axía, que mantienen una relación más estrecha con el concepto de mérito9. La legitimidad
del “apropiarse el sujeto (S) de lo que es suyo (P, como propiedad o posesión)” puede o no responder a la fórmula “S merece P”, la cual como se ha indicado, puede o no ser es equivalente a la expresión moderna “A s según sus méritos”, como la expresión “a cada cual según lo que se merece”, puede o no ser equivalente a la de “a cada cual según su méritos”, dependiendo todo esto del grado en que es aceptado y singularizado el más general principio “a cada cual según lo que se merece” y su mayor o menor proximidad con la expresión “a cada cual según sus méritos” como criterio de justicia.
Pero ni lo político, como gran ámbito, ni tampoco lo jurídico son indiferentes en la antigüedad griega a la validez de estas afirmaciones. Al contrario, extendiendo la afirmación de Vernant, puede decirse que la filosofía política y jurídica en este primer momento que abordamos, recurrió al sentido de lo justo para incorporar ambas nociones, la del mérito y la de merecimiento, en la norma.
Singularizando el estudio de Vernant al precedente griego de la actual noción de mérito en tanto que axíasis, podemos rastrear el modelo de recompensa del mérito y el criterio de justicia, “ a cada cual según su mérito” porque, como señala este autor, la relación entre
6 Sobre la historia de la constitución de la dicotomía público – privado, así como de su crítica y descripción, en
relación también con la antigüedad griega vid. AGUIRRE DE LA HOZ, J.J., La Dicotomía Público – Privado:
Descripción y Crítica. Ideología e Historia de su Constitución, Tesis Doctoral, Universidad de Valencia, 1993.
7 VERNANT, J. P. “El individuo en la ciudad”, en VVAA, Sobre el individuo, otros, Barcelona, Paidós, 1990,
trad. Irene Agoff, p.36. Sobre las transformaciones en una forma de vida social, la del hombre griego y sus actitudes psicológicas, vid. VERNANT, J. P., Los orígenes del pensamiento griego, Barcelona, Paidós, 1992, trad. Marino Ayerra.
8 Desde luego no parece aún posible hablar de virtud. Para una mayor explicación remitimos a la introducción
a la segunda parte de este trabajo dedicada al tránsito del mérito desde la perspectiva católica a la ilustrada. “El mérito pre-moderno”, o a la didáctica explicación de N. ABAGGNANO, antes reseñada.
9 En este sentido recordamos el error de algunas interpretaciones contemporáneas para las cuales el
correspondiente de la palabra mérito es el término griego axia, así “Merit is a broader notion, corresponding to the greek word axia and referring to any quality or value that is the basis for differential behavior, such as praise, rewards, and income”. POJMAN, L. P. / OWEN McLEOD, “Historical Interpretations of Desert”, en
What Do We Deserve? op. cit., p. 6 y ss. En realidad, como demuestra Domenico Musti, axia denota un valor o
mérito meramente estático, los autores ingleses que parten de la correspondencia fuerte entre merit y desert, deberían hablar de axíasis que implica un sentido dinámico del mérito como acción digna de recompensa, justamente lo que para Pojman es axia.. Vid. MUSTI, D., Demokratia Orígenes de una idea, op. cit.,
individuo y mérito forma parte de la contrapartida moral que acompaña los avances del Derecho10 en el seno de las instituciones públicas. La historia jurídica griega a la vez que revela el surgimiento del individuo, introduce las nociones de “responsabilidad, culpabilidad personal y mérito”. 11 La pertenencia de un haber a cada ser resulta decisiva en relación con la relevancia del mérito.
Pero como advertíamos en el capítulo anterior, es cierto que hay un vastísimo periodo de tiempo anterior a las primeras polis democráticas en el cual los sujetos no se entendían a sí mismos como hómoioi, semejantes, iguales. Esto es, un tiempo antes del término ísoi, y de aquella ruptura, en relación con lo Castoriadis llama las significaciones imaginarias que las instituciones encarnan e impulsan. Hay un tiempo en el cual todavía no puede decirse que Ulises sea el hómoios de Tersites12.
Tal y como habrá de verse en relación con la hazaña, como concreción del mérito heroico, cuando Tersites se presenta como la voz disonante y cuestiona el reparto de bienes en la expedición que nos transmite Homero, cuestiona también ese sentido de lo justo, y la burla general puede estar reflejando una forma cultural e histórica de entender lo que el héroe merece, lo que un Agamenón, un principiante de la acción, como lo estudiara H: Arendt, merece. 13
Precisamente las transformaciones culturales habidas desde el contexto de los personajes homéricos hasta la polis de siglo V y los filósofos de IV a. C., significan también una transformación de los modelos de referencia de la expresión “a cada cual según lo que se merece” en tanto que génesis de la noción de mérito, por ejemplo, tal y como la expresará Pericles en su famosa Oración Fúnebre– “a nadie se le prefiere por su pobreza o riqueza sino según sus méritos”.
En relación con esa acepción más estricta del mérito centrada en la acción, a partir del sentido de lo justo el avance del Derecho crea el entorno sobre el que repercute el mérito y la recompensa asociada. Pero la disponibilidad de aquello alcanzado por el esfuerzo o el desarrollo de los talentos, capacidades y aptitudes como fruto de tal avance requiere la valoración de la acción por la que han sido obtenidos. Es la legitimidad de aquello que es
10 En la medida de lo posible iremos matizando la viabilidad de esta expresión. En Homero no existen aún
leyes donde todo esté regulado, y mucho menos un derecho codificado. Existe una vieja polémica, de la que nosotros sólo vamos a recordar un pequeño eco, sobre las diferencias entre diké y themis, fundamentalmente en cuanto a significado. Para Glotz y otros autores la themis va íntimamente ligada al genos, en cambio, cuando empiezan a aparecer las divisiones en fratrias y tribus, es cuando cree que aparece la diké. Por ejemplo Frisch, que es partidario de la corriente contraria, cree que estas diferencias entre diké y themis no tienen nada que ver con la familia, sino que la diferencia consiste en que themis es lo recto y legal, mientras que diké es lo recto y lo apropiado, separándose ambas porque la primera tendría más rasgos de veneración religiosa y la segunda se aproximaría más a la propia idea jurídica. GLOTZ, G., Histoire Grecque, I, 1925, p. 118 citado por FRISH, H.,
Might and Right in Antiquity, from Homer to the Persian Wars, Kobenhaun 1949, p. 38.
11 Cursiva nuestra. La pertenencia de un haber a cada ser, resulta decisiva en relación con la relevancia del
mérito. Según J. P. Vernant, el testamento es otra prueba de la promoción social del individuo a través del derecho. La práctica del testamento a partir del siglo III significa la relevancia de una circunstancia estrictamente individual que posibilita la libre transmisión de los bienes con arreglo a la voluntad de un sujeto particular dueño de su decisión en lo referente a sus posesiones. Entre el individuo y su riqueza, cualquiera que sea la forma de ésta, bienes propios o gananciales, muebles o inmuebles, el lazo es en lo sucesivo directo y exclusivo: a cada ser pertenece un haber. VERNANT, J. P. “El individuo en la ciudad”, en Sobre el individuo, op. cit., p 46 y ss.
12 CASTORIADIS, C., El ascenso de la insignificancia, op. cit., p. 121.
13 Respecto a las nociones de justicia y Derecho en Homero hay que matizar que éste no utiliza nunca ni
thesmos ni nomos para decir «ley» (y que por supuesto, ésta no estaba escrita, sino que es el peso de la
costumbre la que la ha elevado al carácter de ley) también se puede ver perfectamente la estrecha relación que existe entre el derecho como "lo justo" y Zeus; lo cual es además muy interesante porque pone de manifiesto la convicción de los hombres de este tiempo de atribuir fuerza vital a los objetos (y no sólo en la norma del derecho criminal), lo cual se aprecia en ciertas fiestas y ritos, concretamente en las posteriores Bufonías atenienses donde tras buscar al culpable del sacrifio del toro, atribuían la culpa al hacha y la arrojaban al mar.
alcanzado, y de la recompensa social obtenida como consecuencia de la acción en el ámbito de la promoción social del individuo a través del Derecho.
Siguiendo con la idea de lo justo, el mérito como desarrollo de una acción puede verse como la otra cara del demérito de la inacción, de no haber aprovechado el kairós, la oportunidad, o el haberse excedido en ella, como la individualización del mérito es la otra cara de la individualización de la culpa.14
El héroe de las tragedias griegas sufre el destino como una castigo, y aunque este destino escapa totalmente a su voluntad, acaba entendiendo el castigo como “merecido” pues gracias a sus acciones ha alterado el orden natural del cosmos.15 Desde entonces la acción y el efecto de merecer parecen traspasar el terreno de lo religioso y lo político.
Pronto el desarrollo del comercio y el empuje de instituciones económicas vinculadas con la esfera privada del individuo, bancos, empresas, o negocios privados muestran como la acción emprendida como búsqueda del éxito económico defendida por Pericles, cuenta con una estructura social, económica y jurídica que proporcionará la base para desarrollar la capacidad de aprovechar esa oportunidad que el tiempo ofrece. Y la ofrece, no sólo ni principalmente en el terreno del ídion, sino en una estrecha vinculación del proyecto de una
polis donde se pudieran conciliar autonomías individuales y colectivas.
Una polis donde la igualdad (para los considerados previamente como iguales) aparecerá relacionada tanto con el desarrollo de las capacidades como con la posibilidad de que el gobierno y la administración de lo público resida en un democrático gobierno de los
mejores pero donde también se incorporen, precisamente en el ámbito de lo que se considera
justo, el azar, y el sujeto meritocráticamente fungible, esto es, un sujeto igualmente capaz de gobernar y de ser gobernado.