Chapter 2. Collective Action in Shared Resources: The Analytical Framework
2.2 Case Selection
2.3.2 Network Analysis
Recuerdo con agrado la primera vez que salí a la calle con mi cabello rojo, mis botas punteras y mis medias de malla, mi mamá, un poco ya acostumbrada a que yo tuviera este tipo de manifestaciones no dijo mucho al respecto. Pero cuando mi abuela octogenaria me vio, solo se cogió la cabeza a dos manos y me preguntó ¿Usted va a salir así? Yo, respondí con un beso en su frente, una sonrisa y continué mi camino, con ella no hay argumento que valga para justificar lo que estaba haciendo. Quizá en ese momento de mi historia, no era totalmente consciente de las repercusiones que ese tipo de actitudes iban a traer a mi vida, sin embargo, hoy a mis 30 años Politóloga de la Universidad Nacional, sé que, si no fuera por el Punk, el Metal y mi tierra, no sería el ser humano que soy hoy en día.
Durante mi existencia, he pasado por varias fases y me he cuestionado de muchas formas, pero si reflexiono en mi historia, la pregunta que siempre permanece es la siguiente: ¿Qué quiero hacer de mi vida? A esta pregunta, he tenido diferentes respuestas, pero de nuevo, hay algo que siempre permanece: “Mi ciudad de la luna, el metal y punk para toda la vida” Recuerdo también que mi mamá decía “eso son etapas”, “cuando crezca eso se le pasa”, hoy nos sentamos a tomar un tinto y remembramos aquellas épocas y con un tono un poco sarcástico me pregunta ¿Ya se le pasó? ¿No le da miedo que le pase algo?
Sé que no soy la única que ha pasado por estas experiencias, sé que somos muchos quienes nos sentimos estigmatizados de una u otra manera por tener tatuajes o simplemente por vestir de negro, pero si algo he aprendido, es que hay muchos argumentos para afirmar que desde
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esas tonalidades oscuras, esas guitarras estridentes, esas baterías crudas y a gran velocidad, se puede construir tejido social, se pueden construir lugares para las personas que sienten que no tienen lugar, para aquellos que, quizá como yo, no encontraban un lugar en esta sociedad. Igualmente, las personas indagan sobre el hecho de que, si soy algo, no puedo ser lo otro. En mi construcción como mujer, como hija, como campesina, como habitante de la ciudad de la Luna, he estado atravesada por muchas realidades, pero siempre he mantenido una visión crítica frente a las situaciones que se han presentado a lo largo de mi existencia. Quienes me conocen, saben que desde mi infancia he estado presente en las reuniones de las Juntas de Acción Comunal, escuchaba atentamente las historias de mi abuelo sobre el “Doctor Gaitán”
y luego cuando fui creciendo, siempre me mantuve con la convicción de hacer algo cuando era preciso hacerlo. Dentro de mi historia confluye no solo el hecho de haber nacido en un u municipio, sino haber sido parte de organizaciones sociales que desde el Metal y el Punk generaron proyectos con búsqueda a la transformación social y territorial.
Uno de los hitos que marcaron mi historia fue el ingreso a la Universidad Nacional de Colombia. Las dinámicas que se viven allí, son muy diferentes a las que se viven en el entorno en el que yo me movía, un Municipio que para ese entonces, no pasaba de los 100.000 habitantes, con una historia ancestral por la presencia del Resguardo Indígena, de tradición campesina y donde la cultura estaba permeada por la solidaridad y cercanía con el vecino. Fue en la academia donde empecé a entender las lógicas del poder y la sociedad moderna. Dentro de las características que encontramos cuando hablamos de la sociedad moderna en un análisis histórico, encontramos que un eje transversal es la lucha que se da por detentar el poder. Pero con poder no me refiero únicamente a la adquisición del poder estatal, sino a
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todas las relaciones sociales en constante conflicto y contraposición de afirmaciones, que son las que sustentan el entramado social y político de la construcción de redes en la sociedad. Dentro de esta constante pugna por el poder se inscriben la lucha de clases y las reivindicaciones de grandes grupos sociales, contra aquellos que detentan el poder, convirtiéndose en las gestoras de cambios dentro del statu quo de las sociedades. Este punto tiene dos características: la construcción de identidades comunes bajo el desarrollo de la cultura de masas, lo cual genera un arraigo hacia objetivos comunes que se convierten en estandarte para la lucha entre los sectores sociales; y un segundo punto es el involucramiento de estos sectores en el marco del poder hegemónico y de qué manera lo transforma.
Estas relaciones sociales son las que contribuyen a la existencia de múltiples contingencias en el ámbito social, lo que genera relaciones conflictivas (y con esto no me refiero a una noción maniqueísta de bien y mal) entre los sujetos dentro de una sociedad.
Allí fue donde encontré mi lugar de resistencia, las llamadas “Culturas Urbanas” que están conformadas en su mayoría por jóvenes, y que de una u otra manera son considerados como los miembros de la sociedad que están “en contra de todo” y que son quienes generan más conflictos ya que tienen una mirada del mundo diferente. Sin embrago, es importante resaltar, que esa mirada puede ser aprovechada para generar transformación social y que sus acciones pueden generar impacto en la sociedad.
Uno de los análisis que se hacen sobre el surgimiento de las culturas urbanas, es que los jóvenes no se sienten identificados con las características y formas de vivir pre establecidos por la sociedad de consumo y por lo tanto van generando nuevos espacios y medios de participación y reconocimiento entre aquellos que se sienten iguales con manifestaciones
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culturales comunes. Este enfoque es con el que más me siento representada, ya que encontré nuevas maneras de relacionarme con el mundo a partir de la cultura y de la música que escucho. Allí el Metal y Punk, juegan un papel fundamental ya que, quienes hemos estado involucrados en estos escenarios, nos reunimos a partir de la música, el arte y los posicionamientos políticos desde la contracultura como modos de transformación desde la ruptura y diferencia que se plantean en las letras, ritmos y manifestaciones de quienes hacemos parte de dicho movimiento, y en particular de la sociedad colombiana que está marcada por dinámicas de violencia y exclusión.
Mientras estudiaba, también empecé a involucrarme con movimientos sociales por la reivindicación de los derechos humanos de los más vulnerables, y en mi pueblo, empecé a trabajar más fuerte con la Junta de Acción Comunal de Bochica, pues para mí, en ese momento, era la organización que me permitiría aportar algo a la comunidad. Mis vecinos también estaban acostumbrados a que la Pelirroja, como aún me llaman, tenía “pintas” raras, pero también tenían claro que la “Compañera, compañera”, como me llaman otros, estaba presta a colaborar en lo que pudiera, desde sus saberes como politóloga, o desde la música, pues para ellos yo era una artista.
En este punto podemos analizar que la música, las líricas y en general, las fibras que mueve la música permiten construir una subjetividad política y una identidad que permea al sujeto. La música trasciende al tema del entretenimiento, la música permite la consolidación de subjetividad humana.
Reconozco un punto de quiebre cuando escuché por primera vez una de banda de Punk de Medellín llamada Los Suziox, para mí fue un antes y un después de esa banda. El coro de la canción que escuché ese día citaba lo siguiente:
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“Ven a formar parte De la revolución
La fortuna es un crimen Si hay hambre a su alrededor Ven y forma parte
De la revolución
Sé su cómplice, tú eliges
Por obra o por omisión”
La canción se titula Revolución, hermosa letra para un joven de ya 20 años. Para mí esa letra representó una reafirmación de lo que yo pensaba, no bastaba con quejarse del sistema, con “echar piedra” en la Nacho, con escuchar discursos Marxistas en la plaza Ché. ¡No!, no era suficiente para mi revolución. Era necesario actuar, llegar a la comunidad, tomar acciones y dejar la indiferencia.
Cuando me gradué tenía ya bastante experiencia laboral, por haber participado de movimientos sociales y proyectos enfocados en la defensa de los Derechos Humanos, pero con una peculiaridad, todo enfocado al Punk y al Metal. Iniciamos con organizar “tokes” donde podíamos cantar a grito herido todo aquello que queríamos denunciar, pero de los “tokes” pasamos a organizar conciertos en plazas públicas donde la entrada era un kilo de comida no perecedera para las familias vulnerables del sector donde realizábamos el evento. De a allí pasamos a la investigación social, no podía dejar de lado la Ciencia Política. Comenzamos a hacer cartografías sociales, a identificar las problemáticas de los jóvenes y entrar en la discusión de que esta música posibilita la construcción de proyectos de vida, de aprovechamiento del tiempo libre y de mantener al margen el consumo de SPA, o que, si lo
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hacían, fueran conscientes de lo que puede suceder en el cuerpo. Para mí siempre ha sido necesario que con quienes me relaciono, entiendan lo que pasó y sigue pasando por mi cabeza cuando toco batería, pero, sobre todo por qué escucho Metal y punk.
Pero más que nada quisiera hacer ver que la música, el arte cambia la existencia de las personas, modifica comportamientos y da la posibilidad de generar cambios en la sociedad. Es así como afirmo totalmente que desde ese que hacer musical y artístico, se reafirma el Tejido Social en Chía, son estrategias mediante el arte, lo que permite la empatía hacia los demás, solidaridad, sentido crítico, sentido de pertenencia, pero cuando hablo de Metal y Punk, también hablo de que estos géneros, cambian muchas dinámicas en la vida de las personas, quizá más que en cualquier otro género.
Para concluir quisiera mencionar, que la vida me llevó a lugares inimaginables, para el año 2014 estaba trabajando en la Secretaría de Desarrollo Social en el área de Juventud. Tuve la oportunidad de ser coordinadora del Festival de Juventudes. Como músico y baterista, era la oportunidad de brindar a las bandas la mejor calidad en implementos de sonido, stage, camerinos y demás, para que sus presentaciones fueran las mejores, pero como Metalera y Punkera, sentía que tenía una deuda con los de mi movimiento social. Yo tenía la posibilidad de proponer qué bandas podíamos invitar. Es así como el 2 de Noviembre de 2014 a las 6:30 pm, aproximadamente, se montaron en tarima Los Suziox, y más de mil jóvenes cantaban esa canción que recuerdo tanto, cantábamos al unísono “Ven a formar parte de LA REVOLUCIÓN”
Mi camino continuó con la reivindicación del territorio en el que crecí, reconstruyendo historias de las veredas, recorriendo caminos desconocidos para mí y encontrándome personas de la comunidad que me permitieron ver el municipio desde otra perspectiva.
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Es allí donde inicia el recorrido de este trabajo investigativo. El reconocimiento de las problemáticas desde lo veredal y la manera como los habitantes de la Ciudad de la Luna se piensan su territorio, pues en mi construcción como sujeto es fundamental traer las historias del lugar donde crecí y las relaciones que se tejen con los miembros de la comunidad de la que hago parte. Igualmente, en el trasegar de esta investigación, tuve la oportunidad de establecer un diálogo con el profesor Villa, quien me ayudó a encontrar ese lugar de donde partir, para que esta experiencia de Maestría, devolviera algo a quienes al igual que yo, han venido resistiendo a los imaginarios que nos quieren imponer desde actores externos que no entienden las lógicas de relacionamiento que se encuentran en las Veredas de la Ciudad de la Luna. De este punto parto para continuar con el relato de lo que viví en este proceso investigativo.