Antes de seguir, me gustaría compartir una historia que ilustra lo pode- roso y eficaz que es estar en contacto con la inteligencia superior para cambiar una parte esencial de tu vida.
Mis hijos, que ahora ya son jóvenes adultos, han usado una medi- tación parecida al proceso que describo en la tercera parte del libro. La práctica de estas técnicas les ha hecho vivir aventuras asombrosas. Desde que eran pequeños acordamos que se esforzarían en crear cosas materiales o situaciones que desearan vivir. Pero la regla era que yo no interferiría ni les ayudaría a producir el resultado. Tendrían que crear las realidades deseadas valiéndose de la mente e interactuando con el campo cuántico.
Mi hija veinteañera estudia bellas artes en la universidad. Una pri- mavera le pregunté qué quería manifestar para las siguientes vacacio- nes de verano. ¡Tenía una larga lista! En lugar de buscar un trabajo para el verano cerca de donde vive, como los estudiantes suelen hacer, quería trabajar en Italia, aprender y vivir nuevas experiencias, visitar al menos seis ciudades italianas, y pasar una semana en Florencia, donde vivían algunas de sus amigas. Quería trabajar las seis primeras semanas del verano, ganar un buen sueldo y pasar el resto de las vacaciones en casa.
Le aconsejé que visualizara con claridad lo que quería y le recordé que la inteligencia universal organizaría el modo en que se hiciese rea- lidad su sueño estival. Ella se ocuparía del «qué» y la conciencia supe- rior se encargaría del «cómo».
Como mi hija tiene ya práctica en el arte de imaginar y sentir la ex- periencia deseada antes de que ocurra, me limité a recordarle que, ade- más de establecer cada día la intención de cómo quería que fuera aquel verano —las personas que vería, los acontecimientos que sucederían, los lugares que visitaría—, sintiera esas experiencias. Le pedí que crea- ra la visión en su mente hasta que fuera tan clara y real que sus pensa- mientos se volvieran la propia experiencia y las sinapsis de su cerebro hicieran las conexiones para registrar aquella información como si fue- ra una realidad.
Si seguía «siendo» la chica que soñaba en el dormitorio de la univer- sidad con ir a Italia, seguiría siendo la misma de siempre viviendo la misma realidad. Por eso aunque fuera aún marzo, debía empezar a «ser» aquella joven que había estado en Italia la mitad del verano.
«¡no hay ningún problema!», exclamó mi hija. En el pasado había creado otras experiencias deseadas, como salir en un videoclip musical y comprarse todo lo que le apeteciera sin tener que preocuparse por el dinero. Ambas cosas se habían materializado en su vida a la perfección.
A continuación le recordé: «Después de crear mentalmente la expe- riencia, no te levantes siendo la misma de siempre. Levántate como si acabaras de vivir el verano más fabuloso de toda tu vida».
«Lo he pillado», me respondió. Comprendió que le estaba recordan- do que cambiara a diario a un nuevo estado del ser. Y después de cada creación mental, debía vivir ese día sintiéndose profundamente agra- decida por haber tenido aquella experiencia.
Mi hija me llamó al cabo de varias semanas. «Papá, la universidad da un curso de verano de historia del arte en Italia. El curso y los gas- tos cuestan siete mil dólares, pero me lo dejan por cuatro mil. ¿Podrías ayudarme a pagarlo?»
Yo siempre ayudo a mi hija, pero esta situación no era lo que ella se había fijado en un principio como objetivo. Estaba intentando controlar el resultado de ese posible destino en vez de dejar que el campo cuánti- co organizara los acontecimientos. Le aconsejé que se olvidara del viaje a Italia y que pensara, sintiera, hablara y soñara «en italiano» hasta vivir plenamente la experiencia.
Varias semanas más tarde me volvió a llamar entusiasmada. Mien- tras estaba en la biblioteca charlando con su profesora de historia del arte, se habían puesto a conversar en italiano, las dos lo hablan con fluidez. Su profesora le dijo de pronto: «Por cierto, un colega al que co- nozco necesita alguien para enseñar italiano básico a varios estudiantes americanos que estudiarán este verano en Italia».
Por supuesto, la contrataron para el trabajo. Y lo mejor de todo es que además de pagarle por las clases de italiano (con todos los gastos cubiertos), pudo estar en seis ciudades de Italia durante seis semanas,
se pasó la última semana en Florencia y volvió a casa la segunda mitad del verano. Había hecho realidad el trabajo de sus sueños y cada aspec- to de su visión original.
no fue el caso típico de una joven buscando esta oportunidad con determinación, empeñada en encontrar un plan: navegando por Inter- net, persiguiendo a los profesores y todo lo demás. En lugar de seguir la causa y el efecto, mi hija cambió su estado del ser hasta el punto de
causar el efecto. Estaba viviendo según la ley cuántica.
A medida que se conectaba electromagnéticamente con el destino deseado que existía en el cuanto, su cuerpo fue atraído hacia la situación futura. La experiencia la encontró a ella. El resultado fue imprevisible, llegó de la forma más inesperada, fue una sincronización, y sin duda procedía de los esfuerzos interiores de mi hija.
Piensa en ello un momento. ¿Qué oportunidades están esperan- do encontrarte? ¿Quién estás siendo en este momento... y en cualquier otro? ¿Tu estado del ser actual atraerá todo lo que deseas?
¿Puedes cambiar tu estado del ser? Y en cuanto habites una nueva mente, ¿puedes contemplar un nuevo destino? Encontrarás las respues- tas en el resto del libro.