8.6 Concluding remarks on chapter 8
9.1.1 Selecting and preparing interview material and candidates
El primer período, entre finales del siglo XV y media- dos del XVII, se inicia no en 1492, sino a raíz de 1391,
Calle Rabí Yehudá Haleví [Jerusalén].
año en que tras las alteraciones y desmanes contra judíos que se pro- dujeron en los reinos hispanos, fueron no pocos los que abandona- ron el solar de sus mayores, a mo- do de avanzadilla de los que esco- gerían el difícil camino del exilio a finales del siglo XV. Pero tampoco finaliza el éxodo en 1492: de entre los judíos que tras proclamarse el edicto de expulsión optaron por la conversión, no pocos, al cabo de un tiempo más o menos dilatado, decidieron exiliarse para unirse a las comunidades fundadas en la que podemos llamar la diáspora se- fardí, abrazando de nuevo pública- mente el judaísmo. Tal flujo huma- no de conversos procedentes de la Península ibérica -recuérdese que entre 1581 (Felipe II) y 1668 (Car- los II) España y Portugal constitu- yeron un único reino-, que dura hasta bien entrado el siglo XVII, representa una vía de comunica- ción abierta -de ahí la denomina- ción del período- entre el mundo sefardí y el país de origen.
En 1492 los judíos son ex- pulsados de Castilla, Aragón (y también de Sicilia). Las vías de sa- lida fueron a grandes rasgos, por el norte, Navarra, de donde des- aparecen en 1498; por el oeste, Portugal, donde en 1497 se verían sometidos a la conversión forzada, huyendo muchos de ellos poste- riormente a los Países Bajos y al sur de Francia; y mayoritariamen- te, por el sur, hacia al norte de África, y por levante, hacia Italia, que es tanto punto de destino co- mo etapa hacia los Balcanes y el oriente mediterráneo.
Con el paso del primero al se- gundo de los períodos antes mencio- nados, la diáspora sefardí va quedan- do conformada en las siguientes tres grandes áreas geográficas.
Una de ellas en el norte de África, que, tras la ocupación en 1704 de Gibraltar por los ingleses, podemos ampliar a la zona del Es- trecho, con núcleos predominantes, primero en Fez y luego en Tetuán.
Otra área más extensa dentro de las fronteras del Imperio otoma- no, donde las ciudades de Constan- tinopla y Salónica en todo tiempo, Adrianópolis en los primeros y Es- mirna en más tardíos se constituyen a su vez en focos irradiadores hacia otras ciudades menores que acaban por cubrir en tupida red la siguiente amplia extensión territorial, que de- tallo yendo de oeste a este y de nor- te a sur: casi toda la península balcá- nica, las islas del Egeo, las costas de Anatolia, Siria (sobre todo Alepo), Israel (sobre todo Jerusalén y Safed) y Egipto (sobre todo El Cairo y Ale- jandría); o por decirlo en términos contemporáneos y en lo que a Euro- pa se refiere, en lo que hoy son los estados de Turquía, Grecia, Alba- nia, Bosnia, Serbia-Montenegro, Croacia (pocos), Macedonia, Bulga- ria y el sur de Rumanía. A ello hay que sumar las ciudades de Budapest y Viena, ciudad esta última donde a partir de 1718 se estableció una muy importante comunidad sefardí, fun- dada por judíos procedentes del Im- perio otomano.
Y la tercera área es la de los sefardíes llamados occidentales, es-
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I INTRODUCCIÓN AL MUNDO SEFARDÍ Historia y creación literaria de los sefardíes: una visión de conjunto.
Meguilat Rut lehag haSabu'ot ['para
la fiesta de Sabu'ot] iunto Es raz,ón de
alabar, ordenado en buena regla por
el embez,amiento ['aprendizaje'] de la chiquez (Salónica 5687 / 1927).
Séfer Rut targum (ladino) y Sibhé hatanaím (Salónica = 1924).
tablecidos en Italia, especialmente en Ferrara, Pisa, Ve- necia y Liorna; y en los Países Bajos, donde Ámsterdam acaba engendrando la de Hamburgo, al este, la de Lon- dres, al oeste y las antiguas del Caribe y más tarde de Es- tados Unidos al otro lado del Atlántico.
Así conformada la diáspora sefardí, el segundo período adjetivado de cerrado, que dura desde media- dos del siglo XVII a mediados del XIX, se caracteriza porque la gran masa sefardí, que es la integrada en el Imperio otomano, ve interrumpido casi todo contacto con el país de origen. La diáspora sefardí oriental se des- liga de España, constituyendo en los Balcanes una más de las naciones o mil·let integradas en la estructura, casi más administrativa que política, del permisivo Imperio. Algo similar sucedía, por ejemplo, en dicho ámbito geo- gráfico con las comunidades búlgara, griega, etc., éstas con su propio territorio, o con la armenia, sin un espa- cio territorial.
Dentro del Imperio, que sólo se ocupaba de sus minorías y pueblos a la hora de cobrar los tributos o de reprimir tumultos y rebeliones, la colectividad sefardí, articulada en comunidades urbanas y cerrada en sí mis- ma, ha gozado a lo largo de los siglos de una suficiente autonomía, con sus propios dirigentes, tribunales rabíni- cos, administradores y, lo que es decisivo, con su propio sistema de enseñanza.
A grandes rasgos y con la excepción de las plazas africanas que durante el siglo XVI pasaron a ser propie- dad de la corona española, una situación similar a la descrita para el Imperio otomano, en lo que se refiere a interrupción de contacto con la Península y a organiza- ción autónoma interna, la encontramos para los sefar- díes que, acogidos por los respectivos jerifes, se habían establecido en el norte de África. Bajo el estatus de «gen- tes del libro», se organizan en el ambiente musulmán con la obligación de tributar y el permiso de organiza- ción interna autónoma. La diferencia sensible radica en que estos sefardíes volvieron a tener contacto directo con España a partir de la finalización en 1860 de la gue- rra de África contra el sultán de Marruecos y el estable- cimiento del protectorado español en la zona.
Por los motivos que luego diré, vamos a dejar, sin embargo, de ocuparnos desde ahora de los sefardíes esta- blecidos en los Países Bajos, Italia y sur de Francia, donde con el paso del tiempo se pierde la que hemos considera- do como rasgo cultural primordial: la lengua española.
Volvamos, pues, a examinar con mayor detalle el devenir histórico de los sefardíes establecidos en el Im- perio otomano.