Las doctrinas que Santo Tomás de Aquino había dejado sentadas sobre la metafísica y Derecho Natural, encontraron detractores a poco tiempo de promulgadas52.
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Todo lo que digamos sobre el Aquinate quedará corto ante la magistral apología realizada por San Pio X dentro de su documento Doctoris Angelicis, donde el Pontífice recoge las palabras de algunos Papas que confirman la doctrina tomista como fundamental e insustituible, incluso, voluntad divina. El Papa Juan XXII llegó a decir durante un consistorio en 1318 que ―(Santo Tomás) dio más luz a la Iglesia que todos los demás Doctores: con sus libros un hombre aprovecha más en un año, que con la doctrina de otros en toda su vida‖. De Igual manera, Benedicto XIV lo reconoce en estas palabras: ―Muchos Romanos Pontífices, predecesores Nuestros, honraron su doctrina (la de Santo Tomás), como hemos hecho Nos mismo en los diferentes libros que hemos escrito, después de estudiar y asimilar con ahínco la doctrina del Doctor Angélico, y siempre Nos hemos adherido gustosamente a ella, confesando con toda sencillez que si hay algo bueno en esos libros, no se debe de ningún modo a Nos, sino que se ha de atribuir al Maestro‖. S.S. SAN PIO X, Doctoris Angelicis,
http://es.catholic.net/conocetufe/633/1512/articulo.php?id=12208, acceso: 08 de febrero de 2013. 51
Ibídem. 52
Recordemos que el Aquinate fue perseguido por su producción intelectual mientras vivía y a poco tiempo después de su muerte, debido principalmente a las rencillas personales que existieron entre algunos profesores franciscanos y el Santo; por esto, incluso se llegó a censurar el contenido de la Summa Teológica en el año de 1277, sanción que se mantuvo hasta 1325, dos años después de su canonización. Después de esto, la doctrina de Santo Tomás tomo un sitial de fundamental importancia, al punto que en el Concilio de Trento, en el altar, junto a la Santa Biblia, se colocó un ejemplar de la Summa, como una señal de que sus enseñanzas ya eran doctrina que la Iglesia tenía que respetar para su magisterio.
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Las principales críticas vinieron de los mismos profesores franciscanos de la Universidad de la Sorbona, donde el Doctor Angélico haría la mayor parte de su carrera académica e intelectual. Las nuevas tendencias comenzaron a proclamar a la voluntad de Dios como origen único del derecho, haciendo a un lado a la razón y el intelecto divino.
Un sector de pensadores, desempolvando algunos textos que había escrito el romano Severino Boecio53 para criticar las categorías de Aristóteles, comenzaron a atacar los principios que había desarrollado el Aquinate, mayormente en asuntos de metafísica e Iusnaturalismo, tratando de negar la existencia de una lex eterna, principio básico hasta ese entonces como base de la ley natural.
Estos pensadores comenzaron a negar la existencia per se de las ideas universales, empezando a priorizar a las ideas individuales como fuente de todo conocimiento. Para graficarlo, por ejemplo, rebatían la existencia de la idea verdor por sí misma, como un universal trascendente a la realidad que se materializa en las cosas de color verde; en su lugar, afirmaban solo la existencia de individuales verdes, en donde existe la característica de verdor, y a partir de los cuales podemos inferir esta idea. En otras palabras, los universales ya no existían independientemente del mundo real, sino solamente atados a él.
Boecio y sus seguidores medievales, como Rocelino, maestro de Abelardo, y uno de los más destacados, el franciscano Juan Duns Scoto, sostenían que los universales, en vez de constituir realidades independientes eran meros nombres (nómina) o ideas abstractas de objetos particulares. De ahí el nombre de Nominalismo, con que se denominó a esta escuela de pensamiento.
Esta divergencia —que en principio puede verse como un gris debate filosófico— tuvo fuertes repercusiones en la filosófica del derecho y sobre todo en la manera en que se comenzaría a concebir el Iusnaturalismo.
Negando la existencia de los universales, el Nominalismo tuvo también que negar la existencia de un ideal de justicia y una Lex Eterna, pues ambas suponían la existencia de un absoluto trascendente e independiente a la realidad. La idea escolástica de la Ley Eterna, rectora de la moral, que habitaba en la mente de Dios, tuvo que ser negada para evitar la idea de universales absolutos. Así, se relegó el Intelecto Divino a un plano secundario, subordinado a la voluntad de Dios.
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Filósofo romano del entre el 480 y el 524 d. C., en cuyos comentarios a las obras de Aristóteles, sostuvo que su sistema de categorías no representaban una realidad ascendente a la realidad.
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De esta manera, el Nominalismo, que comenzaría como una tendencia filosófica, se tradujo en el campo de la moral y del derecho como Voluntarismo, que más tarde marcaría fuertemente el pensamiento jurídico.
El pensador en el cual ambas corrientes se fusionaron más fuertemente fue Guillermo de Ockham, otro franciscano que se opuso a las doctrinas platónicas y aristotélicas que habían sido pulidas durante el escolasticismo. La idea que desarrollo Ockham, usando su mismo método de economía del lenguaje, se sintetiza en que los principios que Dios estableció como buenos, como el respeto a la vida, la prohibición del robo o del adulterio, no los estableció porque eran buenos en sí mismos, sino simplemente porque así quiso establecerlos, teniendo la posibilidad de cambiar tales condiciones cuando guste, ad libitum del Creador. En otras palabras, cabría la posibilidad de que Dios, si así lo quisiera, hiciese un mundo donde sea lícito robar, matar o engañar. Esta doctrina redujo la Ley Natural —y consecuentemente la dignidad del humano— de algo absoluto, existente incluso en la Mente Divina, a solamente un deseo de Dios, que podía variar en cualquier momento. Así, lo justo queda reducido únicamente a un deseo de Dios: quod Deus, hoc est iustum54.
La preponderancia que le dio Ockham a la voluntad sobre la inteligencia, sería en sus últimas consecuencias el fundamento del absolutismo político del Estado sobre las personas, pues la ecuación que formó el pensador, donde la voluntad de Dios prima sobre todo, la usaron de forma laica los Iuspositivistas para justificar al Estado con un poder irrestricto ante la sociedad civil55. De tal forma aparecieron después los déspotas ilustrados para regular hasta el más mínimo detalle de la sociedad, y descartar todo lo que pudiera escapar del alcance del intelecto humano56.
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Lo que quiera Dios, será lo justo. Esta máxima usada dentro del voluntarismo hacía denotar la Voluntad Divina como única fuente de la justicia.
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ROMMEN, Enrique, Derecho Natural Historia y Doctrina, Op. Cit. Pág. 106. Estas doctrinas, aplicadas en sus extremos más crudos, protagonizaron episodios de atropellos a libertades fundamentales, como en los regímenes nazis y comunistas, cuyos programas se basaban, en su fondo jurídico, en un Estado de poder irrestricto. Sobre estos excesos, hay que rescatar las censuras que realizó la Iglesia Católica al fondo doctrinario y jurídico que amparaba los regímenes liberal, nazi y comunista, donde papas como Pío IX, León XIII y Pío XI, condenaron algunas expresiones de los regímenes de turno como "El Derecho consiste en el hecho material; todos los deberes del hombre son palabras vacías y sin sentido; todos los hechos humanos poseen fuerza de derecho" (condenadas por Pío IX en su alocución Maxima quidem del 9 de junio del 1862), o "El estado, como origen y fuente de todos los derechos, posee un derecho ilimitado" (condenada dentro de la Tesis 39 de Syllabus del mismo Pontífice).
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Esto se hizo mucho más claro cuando se aplican estas descripciones a la historia que Europa vivía a esa época, ya que fueron los conocidos "déspotas ilustrados" (como Carlos III de España o Federico II de Prusia) los que más se favorecieron de este nuevo régimen de pensamiento, que les permitió legitimar sus medidas absolutistas, ya no solo basados en su voluntad, sino en la racionalización o grado técnico de su gobierno. Se había perdido de vista el bienestar común y la responsabilidad del gobernante por su pueblo, que había sido realzado en la escolástica, para legitimar toda voluntad del monarca que muestre respeto hacia las ciencias.
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Incluso Ockham, en íntima relación con el resto de su doctrina, negó la naturaleza buena del humano, afirmando que se inclina a la pendencia y la confrontación. Esta triste innovación sería el inicio de la visión pesimista con que Maquiavelo, Hobbes y las doctrinas de los contractualistas de la ilustración miraron al ser humano. Como bien sentencia el maestro Verdross: "Con Ockham principió a oscurecer la imagen del hombre"57.
De esta manera, el Voluntarismo, hijo de Nominalismo, fue el primer puntal para la construcción de los sistemas jurídicos relativistas que poblaría el Iluminismo, y más adelante, con un tinte laico, el Iuspositivismo que de por sí negaría la existencia de todo Derecho Natural. En tal sentido comenta el profesor Rommen en su obra:
con Duns Scoto y su principio del primado de la voluntad sobre la inteligencia, aparecen, en el seno de la filosofía moral, un conjunto de tesis que se encontrarán, bajo una forma laicizada, en los siglos posteriores, en el dominio de la filosofía del derecho. El principio según el cual 'la voluntad hace la ley' y la doctrina escotista del papel que desempeña la voluntad en el derecho, serán recogidos por el positivismo jurídico para ser puestos al servicio del legislador secular.58
Vale aclarar finalmente que la mejor refutación al Voluntarismo fue la que anticipadamente hizo Santo Tomás de Aquino, quien adelantándose a los hechos concluyó: "Sería una blasfemia admitir que la voluntad de Dios pudiera actuar de forma distinta a los designios de su sabiduría"59.