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El nivel de seguridad de la vía depende de numerosos parámetros, en el que las condiciones de circulación desempañan un papel clave. Entre los parámetros con más influencia, además de los de diseño de la vía, se pueden destacar los siguientes.

3.1.

INTENSIDAD DEL TRÁFICO.

La intensidad del tráfico está relacionada con la seguridad; al aumentar la Intensidad Media Diaria de vehículos, aumenta la exposición al riesgo de que se produzca un accidente, pero esta relación no crece de manera conjunta indefinidamente, sino que para un nivel determinado de Intensidad Media Diaria de vehículos, la circulación comienza a perder fluidez, lo cual puede dar lugar a menos accidentes en algunos casos, más en otros, y a una menor gravedad de los que se producen en casi todos los casos; el tipo de vía es también un factor determinante. Algunos estudios han concluido que la variable intensidad de tráfico no puede explicar la mayor o menor presencia de accidentes (Azparren, 2003).

El siguiente gráfico muestra los resultados de algunas investigaciones realizadas (Kraemer, 2003):

Figura 36: Variación del Índice de Peligrosidad con la Intensidad Media Diaria en carreteras de dos carriles. (Fuente: Pardillo y Llamas, 2001)

116 Un concepto que es interesante destacar, por su importancia en cuanto a prestaciones de la vía en cada momento, es el nivel de servicio de la misma. El término “nivel de servicio” fue se define como una medida de la calidad que la vía ofrece al usuario, en términos de velocidad, tiempo de viaje, libertad para conducir, interrupciones en el tráfico y comodidad (Transportation Research Board, 2010).

En España, la Norma 3.1. I.C. “Trazado” define nivel de servicio como “Medida cualitativa, descriptiva de las condiciones de circulación de una corriente de tráfico; generalmente se describe en función de ciertos factores como la velocidad, el tiempo de recorrido, la libertad de maniobra, las interrupciones de tráfico, la comodidad y conveniencia, y la seguridad”. Según el elemento de la carretera que se considere varía la forma de combinar estos factores variando la definición de nivel de servicio. (Ministerio de Fomento, 2001)

Según los niveles de servicio, las carreteras se pueden clasificar en seis niveles:

 NIVEL DE SERVICIO A: Circulación libre y fluida. La velocidad de los vehículos es la que elegiría libremente cada conductor si no tuviese que modificarla por la presencia de otros vehículos. Cuando un vehículo alcanza a otro más lento, puede adelantarlo sin sufrir demora.

 NIVEL DE SERVICIO B: Circulación estable a alta velocidad. La velocidad de los vehículos más rápidos se ve influenciada por el resto de vehículos pudiendo sufrir demoras puntuales en ciertos tramos, aunque sin llegar a formarse colas pues hay oportunidades de adelantamiento.

 NIVEL DE SERVICIO C: Circulación estable. La mayoría de los conductores deben ajustar su velocidad a la de los vehículos que le preceden. Las posibilidades de adelantamiento son escasas por lo que se forman colas poco consistentes y grupos de vehículos que circulan a la misma velocidad.

 NIVEL DE SERVICIO D: Circulación en condiciones inestables. Todos los conductores deben ajustar su velocidad a la de los vehículos precedentes. Realizar adelantamientos es difícil y se forman colas.

 NIVEL DE SERVICIO E: Condiciones de circulación en las que la intensidad de tráfico llega a alcanzar la capacidad de la carretera. La velocidad de todos los vehículos es similar. Los adelantamientos y cambios de carril son imposibles y por ello se forman largas colas con pequeñas separaciones entre los vehículos.

 NIVEL DE SERVICO F: Congestión. Se forman colar largas y densas, los vehículos avanzan muy lentamente con frecuentes parones.

La densidad del tráfico en vehículos por kilómetro, que se calcula a partir de la intensidad horaria y la velocidad media de circulación, es otro de los parámetros habituales para describir las condiciones del tráfico.

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3.2.

PROPORCIÓN DE TRÁFICO DE VEHÍCULOS PESADOS.

Los vehículos pesados presentan masas muy superiores a las de otros vehículos motorizados que utilizan la vía y su diferencia de velocidades es muy significativa; esta coexistencia de tráficos muy heterogéneos, que se acentúa cuando hay presencia de usuarios vulnerables, afecta negativamente a la seguridad de la circulación.

Si bien es cierto que los vehículos pesados se ven implicados en accidentes con menor frecuencia que los ligeros, las consecuencias de los accidentes en los que se involucran suelen ser más graves.

3.3.

VELOCIDAD DE CIRCULACIÓN.

La velocidad se considera un factor muy importante de la circulación, debido a su influencia en la calidad de servicio y en la seguridad de la circulación. Con la velocidad aumenta la distancia recorrida por un vehículo mientras su conductor reacciona ante cualquier información relacionada con la tarea de conducir; la dispersión de velocidades de circulación entre los vehículos es un elemento de riesgo; con el aumento de la velocidad las posibilidades de recuperar el control de un vehículo que se sale de la plataforma se reducen; cuanto mayor sea la posibilidad de aproximación a una curva, mayor es la inseguridad potencial en ésta; en una intersección, las posibilidades de maniobras evasivas de urgencia son mayores cuanto menor es la velocidad; la gravedad de un accidente aumenta con la velocidad de impacto del vehículo. (Rocci, S., 2000)

Entre los factores que afectan a la velocidad, cabe destacar el comportamiento del conductor, que es el responsable de la toma de decisiones en cuanto a la velocidad de conducción, las características de la vía, las características del vehículo, las condiciones meteorológicas, el tráfico, etc.

En el diseño de carreteras, cabe distinguir entre la velocidad específica, que se refiere a un elemento concreto del trazado de la carretera, y la velocidad de proyecto, que se refiere a un tramo de carretera, entendido como un conjunto de elementos de su trazado. En cuanto a la limitación de velocidad, se hace distinción entre los límites genéricos, que abarcan un entorno (por ejemplo, el urbano) o una clase de vía (por ejemplo, las autopistas) y los específicos, cuyo ámbito es más concreto (por ejemplo, una curva).

Para conseguir adecuar la velocidad, que suele centrarse en limitar la velocidad máxima de circulación, más allá de la señalización, se pueden utilizar medidas como resaltar con claridad las dificultades que justifican una velocidad más reducida de lo habitual (por ejemplo, con elementos de balizamiento), corregir el diseño peligroso que da lugar a la necesidad de reducir la velocidad, estrechamientos de plataforma en casos muy concretos (por ejemplo, en travesías), pintar marcas viales transversales a intervalos decrecientes, etc.

118 Por otro lado, la dispersión de velocidades de los vehículos que circulan por un mismo tramo de vía parece ser un factor de riesgo, según se muestra en el siguiente gráfico:

Figura 37: Relación entre la desviación en la velocidad media y riesgo de accidente según diferentes estudios. (Fuente: Federal Highway Administration, 2004)

En el caso de la presencia de usuarios vulnerables, como en zonas urbanas, periurbanas o en travesías, la necesidad de generar un entorno seguro para peatones y ciclistas hace necesaria una reducción de la velocidad de la circulación; el gráfico siguiente pone de manifiesto que a más de 50 km/h, el choque de un vehículo contra un peatón provoca su fallecimiento casi en la totalidad de los casos.