• No results found

Class Definition

La creación del Consejo Estatal del Negro fue el resultado del esfuerzo de la sociedad, de la articula- ción de entidades y de la integración y movilización de diferentes sectores y grupos que tenían como bandera común la democratización de las relaciones en la sociedad.

La propuesta en sí reavivó varias polémicas, como la duda sobre su creación, pues con ello el gobierno estaría creando un órgano para tutelar a los negros y cooperar con sus líderes, como premio de consuelo para los negros, pues no habían conseguido elegir ningún candidato. Peyorativamente, el Consejo fue bautizado como “FUNAI de los negros”.

La idea de la creación del Consejo del Negro se inspiró totalmente en la experiencia exitosa del Consejo Estadual de la Condición Femenina. Nunca fue una exigencia explícita del movimiento negro que había apoyado la campaña de Montoro. Entonces, ¿cómo surgió la idea?

Fui designado por el movimiento para ser uno de los asesores que trabajara en la secretaría de Asuntos Políticos, en el Palacio de los Bandeirantes, sede del gobernador del Estado de São Paulo, que era una de las posiciones estratégicas para observar lo que sucedía en el gabinete del Gobernador. Una posición privilegiada de aprendiz en el ejercicio de lo cotidiano, acerca de lo que es hacer política en el Estado de São Paulo.

La agenda del gobierno era muy dinámica, debido a la intensidad y cantidad de problemas que surgían diariamente y a actividades como:

l Asignación de audiencias con el gobernador;

l cómo hacer y quién decidía;

l cómo se publicaba en el Diario Oficial y la importancia y repercusiones de esa publicación; l cómo trabajar con los medios y agencias de publicidad;

l quién más decidía, además del gobernador, cuáles políticas serían implementadas y cuáles tenían prestigio;

l cuáles eran las preocupaciones del gobernador en relación al programa de gobierno; l quién tomaba las fotografías del gobernador y cómo conseguir copias del archivo; l preparar los detalles de las ceremonias y la lista de invitados;

l escoger el tenor de los discursos, quién escribía, la frecuencia de los temas tratados; l seguir las encuestas de opinión sobre el gobierno y el PMDB;

l representar al gobernador en ceremonias externas; l seguir la discusión acerca de la coyuntura nacional; l supervisar la asistencia parlamentaria;

l integrar el órgano de apoyo y discusión programáticos – Instituto Brasileño de Estudios Comu- nitarios y su papel en el gobierno;

l verificar la receptividad del Consejo de la Mujer en el gabinete; y l cómo conducir y superar los momentos de crisis política.

La lista de informaciones y situaciones con las que conviví me enseñaron a decidir lo que sería viable realizar, cómo hacerlo, con quién contar y articular, pues los detalles de lo que sucedía y lo que no sucedía fueron debidamente registrados. Diariamente había reuniones de blancos, en las cuales, con frecuencia, sus participantes se topaban con sorpresas. El imaginarse quién decidía y cómo decidía pasaba a ser algo muy concreto y determinaría lo que pudiera hacerse.

Para la comprensión acerca de lo que vino a ser el Consejo, se hace necesaria la observación de los límites, tensiones y conflictos que lo integraban y que se manifestaban por medio de acciones y reacciones a los procesos de cambios, integración e innovación.

No hubo discusión acerca de si la forma del Consejo era la ideal, o si una estructura administrativa más flexible propiciaría la articulación entre las secretarías de Estado, pues no hubo tiempo para eso entre el anuncio de la creación y su creación de hecho. Luego, una de las primeras dificultades que se presentó fue la inexistencia de un presupuesto que el Consejo pudiera gestionar autónomamente, pues era totalmente dependiente de la Casa Civil.

El Consejo se fundó teniendo como piedra angular el sistema de Garantía de Derechos, basado en tres grandes ejes o líneas: promoción, control y defensa.

El eje promoción tenía como objetivo principal la formulación de políticas públicas, un espacio que estructurara una nueva organización social que buscaba incluir en las políticas sociales la temática de las relaciones raciales.

El eje control era el espacio de la sociedad civil organizada, cuyo objetivo se refería a la vigilancia del cumplimiento de los preceptos definidos en el plenario del Consejo. Los instrumentos de ese eje deberían ofrecer potencial de presión, movilización y producción de conocimientos en torno a la problemática de la población negra.

El eje defensa tenía como objetivo específico actuar en la asistencia a víctimas de la discriminación racial.

La realidad presentada en la actuación del Consejo posibilitaba una variedad de reflexiones. Una de ellas era la concepción e interacción de espacios, instrumentos de actores nuevos al interior de cada uno de los ejes, actuando como una unidad interdependiente, pero formando un tejido de relaciones entrelazadas que, de modo desordenado, procuraba contribuir al mismo fin de ampliar la ciudadanía de la población negra y colocarla en la agenda de las políticas públicas del Gobierno.

Después de casi dos años de convivencia en la Administración Montoro, se fueron consolidando algunas alianzas al interior de su gobierno. Las personas que tomaron la iniciativa de proponer la creación del Consejo comenzaron a articularse y a actuar como grupo. ¿Quiénes eran esas personas?

El conjunto de personas involucradas fue creciendo a partir de ese núcleo, que se reunía sistemática- mente y discutía estrategias acerca de cómo instalar el Consejo.

El Consejo se implantó por medio de una comisión provisoria de tres personas, que tuvo como actividades iniciales preparar la lista de los consejeros, conseguir una sede para su funcionamiento y organizar la ceremonia de toma de posesión del primer Consejo4.

La experiencia vivida al inicio del gobierno, en el gabinete del gobernador de São Paulo, en el Palacio de los Bandeirantes, fue fundamental para la creación del Consejo de la Comunidad Negra. Todo era novedad: desde el espacio físico y la disposición de las salas hasta la burocracia, los procedimientos administrativos, los servidores que allí trabajaban y, también, cómo comportarse estando en el poder, después de casi veinte años siendo oposición. Cada día era un descubrimiento; las ideas surgían de la experiencia cotidiana, de la tentativa de abstracción constantemente reexaminada, criticada, sumergién- dose siempre en la experiencia de cómo construir una política de combate a la discriminación racial.

4 Discurso de toma de posesión del Grupo de Trabajo: “Exmo. Sr. Gobernador del Estado de São Paulo, Dr. André Franco Montoro, Exmos. Srs. Secretarios, Exmos. Srs. Diputadoss, amigos y compañeros presentes. La creación del Consejo de Participación y Desarrollo de la Comunidad Negra se reviste de una importancia histórica, pues marca una nueva fase en la lucha del negro del Brasil. La creación del Consejo por el gobierno democrático de São Paulo es resultado de trabajos iniciados a mediados de 1980, cuando, en compañía de otros compañeros, estuve en la casa del entonces senador Franco Montoro, habiendo sido llevados por nuestro aliado desde la primera hora, Carlos Figueiredo. Recuerdo que, ya en aquella oportunidad, Su Exce- lencia se colocó a nuestro lado en las más diversas reivindicaciones. Con ocasión de la campaña electoral, marco importante para nuestra comunidad, fue el encuentro del 21 de marzo de 1982, cuando, reunidos en la Calle Madre Teodora, 210 personas representativas de nuestra comunidad empuñáramos el programa de participación propuesto por V.E. La creación del Consejo es una respuesta a una de las reivindicaciones hechas hace exactamente un año atrás, cuando aquí estuvimos. Solamente un gobierno democrático como el de V.E. podría crear un instrumento de participación que contemplase a la población negra que a pesar de representar, según el IBGE, cerca de 44 por ciento de los brasileros, continua siendo objeto de falta de respeto a sus derechos fundamentales de ciudadanía: 1-El derecho al trabajo: diversas empresas sistemáticamente vetan al negro el derecho de sustentarse a través de su trabajo, imponiéndole la condición de subempleado; 2-El derecho de ir y venir: la represión policial continúa siendo un factor de constreñimiento para la población negra y, además, nos amenazan con prisión cautelatoria; 3-El derecho a disponer de los medios fundamentales para la vida civilizada: habitación, transporte, educación, saneamiento básico y ocio; 4-El derecho a no tener nuestra imagen desfigurada por los medios de comunicación que sistemáticamente, directa o subliminalmente,

Los funcionarios negros del Palacio decían que nunca se había visto tanta circulación de negros en aquel ambiente, se formó una red de amistades con los servidores públicos más humildes que ejercían funciones auxiliares, como el personal de limpieza, de cocina, telefonistas, choferes y encargados de la distribución de correspondencia, entre tantas actividades. Éramos negros y todos teníamos en común historias personales de discriminación racial para relatar.

En la asesoría del gobernador, pasamos a convivir con colegas blancos, profesores de la Universidad de São Paulo (USP), de la Pontificia Universidad Católica (PUC-SP), con larga experiencia de magisterio, pero no de gobierno. Lo que nos aproximaba era el sueño de participar en el proceso de re-democra- tización del país. Había también representantes de una elite tradicional paulista y muchos antiguos funcionarios de la administración pública, que nunca habían oído hablar sobre discriminación racial y que miraban toda esa movilización en silencio y con incomodidad que no podían disfrazar.

La idea del Consejo de la Comunidad Negra representaba una ruptura en la manera de pensar las rela- ciones raciales en el país. Representaba el reconocimiento oficial de la existencia de la discriminación, contradecía mitos, como el de la democracia racial, y la idea de una nación en que las razas vivían en plena armonía. Chocaba a negros y blancos que hacían discursos sobre relaciones raciales sin la debida convicción, también incomodaba por la novedad. Para muchos, negros y blancos, la existencia del Consejo sería una creación del racismo negro que no podría resultar.

denigran la figura del negro. Sr. Gobernador, deberán hacerse representar, en el Consejo, ahora creado, los más diversos sectores: operarios, profesionales liberales, intelectuales, funcionarios públicos, políticos, en fin, todos aquellos que puedan contribuir para que nuestro Consejo sea la caja de resonancia de las reivindicacio- nes y políticas a ser adoptadas para la población negra de manera autónoma y eficaz. El Consejo no deberá ser la panacea para todos los males que afligen a la comunidad negra, porque muchos de ellos afectan a la sociedad como un todo: 1- Las elecciones directas para Presidente de la República; 2- El establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente; 3- El derecho a la huelga y a la libre organización sindical; 4- La libre organización partidaria; 5- El tratamiento soberano de la deuda externa brasilera; 6- El derecho a la tierra. Puede estar seguro V.E., que este Consejo será un instrumento eficaz y moderno para el surgimiento de nuevos liderazgos negros, capaces de hacer realidad la participación, que es una necesidad humana y, por tanto, constituye un derecho de las personas. El grupo de trabajo, encargado de ejercer provisionalmente la dirección del Consejo, tiene claro que el instrumento ahora creado es una conquista de la Comunidad Negra y que por eso dirigirá el Consejo de forma de no permitir cualquier tipo de manipulación que cree obstáculos a su pleno desarrollo. El problema del negro nunca fue debidamente comprendido, así como tampoco asimilado, por algunos sectores de la sociedad; siendo así, es de esperarse que no haya unanimidad de aplausos a esta conquista. Mientras tanto, es la práctica de este Consejo la que demostrará el acierto de la decisión tomada por el gobierno democrático de São Paulo. Todos tenemos un compromiso con el futuro, somos protagonistas —negros y blancos— de una nueva e importante fase de la lucha de aquellos que, luego de ayudar a construir este país, continúan relegados e impedidos de una participación justa y legítima. Queremos dejar claro que la exigencia de la Comunidad Negra no se agota con la creación de este Consejo. La participación ahora implementada permitirá un desarrollo aún mayor de la conciencia crítica, lo que inevitablemente acarreará una mayor adquisición de poder. Concluyendo, no podríamos dejar de mencionar entre los diversos ausentes a nuestro político mayor: Dr. Esmeraldo Soares Campos Tarquínio Filho, que seguramente estaría con nosotros en esta empresa. Agradecemos la presencia de todos, sobre todo de los diversos compañeros del interior que salieron de sus ciudades para estar aquí. Muchas Gracias" Grupo de Trabajo: Antônio Carlos Arruda da Silva,

La evaluación de la creación del Consejo de la Comunidad Negra fue entendida por buena parte del movimiento negro como una división en su interior, un proceso que trabajaría para desmovilizar a la comunidad negra.

“Con su fuerte poder de fascinación y penetración, resintiéndose de un cuestionamiento más comprensivo de los problemas estructurales y coyunturales de la sociedad brasileña y, finalmente, con dificultades para transitar en los dominios de la multi-racialidad, la cons- trucción de la Negritud termina realizándose por ella misma. Su absorción por el poder del Estado o por los órganos que, en principio, se sienten responsables de la manutención de las formas culturales afro-brasileñas o de la preservación de los derechos civiles de los ciudadanos se hace sin la participación directa de los interesados.

"La creación del Consejo de Participación y Desarrollo de la Comunidad Negra en el Estado de São Paulo, por ejemplo, termina reflejando más que una fractura al interior del Movimiento Negro. Con ausencia de programas y palabras de orden refrendadas por los diferentes sectores de la comunidad, el ciudadano negro, el negro marginalizado, el negro trabajador pasa a ser representado e idealizado como un ser capaz de, en sí mismo, realizarse como ciudadano y como negro” 5.

La confusión de ideas y la discordancia de los grupos, apoyadas por el silencio y la postura omisa, no dividía al movimiento negro, al contrario, hacía visibles las contradicciones y ambigüedades de ese universo complejo.

Invitar a las personas a participar de la creación e implantación del Consejo implicaba, por otro lado, la predisposición a colaborar y convivir con el aprendizaje y la ejecución de nuevas formas de pensar y de relacionarse con el movimiento negro, con otros movimientos y, principalmente, con la máquina administrativa.

Era necesario seguir una trayectoria repleta de mecanismos pedagógicos con el objetivo “didáctico” de viabilizar lo aprendido sobre nuevas formas de relacionarse con la temática de las relaciones raciales. Era fundamental aprender a ver esa actividad como un nuevo tipo de servicio público que enfrentase a la discriminación racial.

En esos términos, la experiencia política acababa siendo transformadora, pues era capaz de generar un saber y gestar una acción sin referentes externos a ella misma. No había experiencias anteriores para ser comparadas. Se inauguraría una manera diferente de hacer política respecto a las relaciones raciales. Uno de los avances más importantes en la constitución del Consejo fue el hecho de estar formado, en principio, por igual número de miembros del gobierno y de representantes de la sociedad, de los diversos grupos y entidades del movimiento negro. Para cada representante del Ejecutivo, la sociedad civil tendría un semejante, para garantizar la paridad. Así, para cada representante de las secretarías de

Salud, Educación, Justicia, Seguridad Social, también habría un representante de la sociedad civil. Entretanto, la práctica de ocupación del espacio en el Consejo acabó siendo permeada por la defensa de intereses personales. No siempre hubo igual compromiso de los órganos públicos en relación a las posiciones asumidas por sus miembros, los del Consejo, en la medida en que muchas de las delibera- ciones extrapolaban la autonomía conferida a los representantes. La participación de los miembros de la sociedad civil, de forma heterogénea y con desconocimiento de las prerrogativas y limitaciones de la administración pública, generó, al inicio, una desorganización administrativa.

El Consejo fue creado con la idea de una cogestión de la cosa pública por dos actores institucionales: un representante del Ejecutivo y otro de la sociedad civil, colocados en la arena de la negociación, que es el espacio institucional del Estado. Una relación compleja, pues rompía con antiguos papeles y asumía una nueva posición, articulando espacios nuevos e instrumentos, obedeciendo a la racionalidad del poder público y al espíritu de democratización.

Al hablarse de nuevos actores, espacios e instrumentos y, debido a las especificidades de cada uno, se imponía también una nueva actitud: la articulación y la integración. Se volvía esencial redefinir papeles, alianzas y comportamientos, a partir de un reordenamiento permanente. Surgían nuevos horizontes y hacerlo todo ya no era viable.

Las reuniones del plenario del Consejo serían mensuales. Para dar continuidad al trabajo del Consejo en el intervalo entre reuniones se constituyeron una Comisión Ejecutiva y algunas comisiones temáticas. El papel de la Comisión Ejecutiva era ser secretario del pleno y ejecutar sus decisiones. Las comisiones temáticas debían gerenciar los procedimientos administrativos, representar al Consejo y desempeñar el papel político de articulación externa.

El Consejo estaba en condiciones de proponer a los programas de gobierno la inclusión de la cuestión de las relaciones raciales, aunque era un proceso difícil de articulación política y de convencimiento a los órganos del poder Ejecutivo, era un trabajo de des-construcción permanente de la imagen de que no había discriminación, de enfrentamientos y de conflictos. Por eso, los cambios parecían muy lentos. El espacio político del Consejo no sustituía los órganos legítimos de representación de la sociedad dentro del estado democrático de derecho, como los partidos políticos, los parlamentarios y miembros del Ejecutivo. Le cabía a los representantes de la sociedad civil entender que, al integrar un órgano paritario, no podrían ser confundidos con representantes de la población negra y sus intereses. Esta importante definición no quedó siempre clara, pues las personas era vistas y algunas se veían a sí mismas de manera equivocada, como representantes de la sociedad y el Consejo como un espacio de democracia representativa.

La conciencia de tal representación debería ser parte del reordenamiento institucional del gobierno y de la sociedad civil, así como la conciencia de no estar defendiendo los intereses corporativos de los

segmentos o de las organizaciones de las que formaban parte, so pena de colocar en segundo plano la misión de encaminar los intereses de la comunidad negra. La prioridad era defender los intereses difusos y colectivos de la comunidad negra, insertándola en las políticas públicas.

La creación del Consejo, surgido en un período de transición política, quitó el velo que encubría el racismo institucional. Recupero la cita de Andrews (1985), hecha anteriormente “la discriminación se asienta bajo formas silenciosas y, a veces, inconscientes, volviendo difícil identificarla y transformarla en acción política”.

El primer impacto, jamás superado, fue afirmar la existencia de una comunidad negra que, indepen- dientemente de que las personas tuvieran o no pre-conceptos, era víctima de discriminación racial que el Estado contribuía a perpetuar, por medio de sus agencias.

En cada actividad del Consejo se iba al encuentro de la discriminación racial de forma abierta y se establecía el conflicto, pues las políticas públicas nunca habían tomado en cuenta la participación de