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La distinción entre síntoma de conversión histérica y fenómeno psicosomático no plantea a priori ninguna dificultad.

La conversión histérica es la prueba viviente de que el cuerpo no se confunde con la anatomía y que su inmersión en el lenguaje lo mortifica y lo erotiza al mismo tiempo. El fenómeno psicosomático prueba a contrario que un cortocircuito de lo simbólico, una deformación de la estructura de lenguaje tiene consecuencias anatómicas, consecuencias para la realidad del cuerpo.

Esta oposición pide sin embargo ser matizada, si se considera que en ambos casos el sujeto está implicado, tanto en su deseo como en su ser de goce.

La conversión freudiana

Veamos primero cómo concibió Freud la conversión histérica. Al teorizar a partir de 1896 la conversión histérica como el efecto de un proceso de defensa frente a un excedente sexual incompatible, Freud la distinguió de la «conversión» lingüística del cuerpo que anima todo ser hablante. La conversión histérica no es el resultado de un efecto de lenguaje, de una

sugestión hipnótico, sino un modo de respuesta compleja del sujeto a un resto

no traducido de lo sexual, en conexión con una representación y un afecto. Mediante la represión, la defensa intenta transponer y fijar ese resto en el cuerpo bajo una forma figurada. Ese «salto del psiquismo a la inervación somática», tal como la designa Freud en su prefacio al Hombre de las Ratas escapa a su conceptualización hasta que no se aclare el papel de la pulsión. Desde esta perspectiva, el artículo de 1910, «La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis», se revelará decisivo. Freud demuestra en ese texto cómo la conversión histérica da testimonio de la interferencia de la significación de la pulsión (die Bedeutung der Triebe) en la vida de la

representación (Vorsteltungsteben).

La conversión es solo en apariencia una sustracción a la exigencia pulsional. Es efectivamente la puesta en acto de una satisfacción pulsional clandestina que se opera a pesar de los ideales del yo. Esto está ligado al fracaso de la represión que lejos de encauzar la actividad pulsional, no hace sino favorecerla al empujarla nuevamente al inconsciente, donde encuentra todas las condiciones para persistir y proliferar.

El fortalecimiento de la pulsión ligado al fracaso de la represión prefigura la paradoja del superyó. En este sentido, el caso de la conversión histérica de órganos es significativo. Todo órgano de los sentidos tiene una doble función, mantener la vida y desempeñar un papel erógeno; el órgano sirve a las pulsiones del yo y a las pulsiones sexuales. Pero, «no es fácil servir a dos amos a la vez», nos dice Freud. Cuanto más reprimido está el carácter erógeno del órgano, más se acrecienta en el inconsciente su actividad pulsional. Si un

voyeur histérico se queda ciego a fuerza de mirar, su ceguera testimonia un

goce escópico exacerbado.

Al final de su artículo, Freud se interroga sobre las consecuencias de este goce de órgano. Considera la posibilidad de una alteración orgánica debida a «la intensificación de la significación erógena» (dergesteigerten erogeneii

Bedeiztung). Tales síntomas -que él califica de «neuróticos»- son desconocidos

porque no son directamente accesibles para el psicoanálisis y porque los clínicos se equivocan al dejar de lado el punto de vista de la sexualidad.

Sobrepulsión Pág. 100

Freud enuncia la hipótesis según la cual deberían estar presentes de entrada condiciones particulares para que haya, nos dice, «una exageración del papel erógeno del órgano». La traducción francesa exagération du rôle érogène de

I'organe no da fielmente cuenta de lo que está en juego en el término freudiano Übertreibung, literalmente, «sobrepulsión», «sobreactividad pulsional». Esta Übertreibung del órgano es también lo que Freud llama somatisches Entgegenkommen de órgano, literalmente, «encuentro somático del órgano», lo

que se traduce habitualmente por «complacencia somática del órgano».

Plantear la Übertreibung como denominador común constituye ciertamente un progreso, pero no explica por qué un sujeto hará una conversión histérica más que una enfermedad orgánica.

Situando los fenómenos psicosomáticos en relación con la estructura de lenguaje, Lacan nos aporta un nuevo enfoque respecto de la clínica diferencial de estas dos manifestaciones somáticas diferentes. Presentando la significación del falo como la acción y la pasión del significante en el cuerpo así mortificado en el goce, Lacan nos permite situar la conversión histérica en el registro de un goce de tipo fálico fuera del cuerpo. Esto es sensible tanto en las manifestaciones deficitarias como en las pantomimas fantasmáticas que las conversiones histéricas ponen en evidencia.

El fenómeno psicosomático, en cambio, escapa a la regulación fálica, aunque se relaciona con la acción del significante. Es necesario para eso concebir una causalidad que participe del lenguaje pero sin que tenga su estructura. Lacan propone la hipótesis de una inducción significante, un SI o su equivalente bajo la forma de una soldadura del intervalo entre dos significantes en la holofrase. Ese fenómeno de lenguaje no permite el libre juego de la

afánisis del sujeto. Todo ocurre como si, igual que un sello, una suerte de

escritura ilegible se inscribiera sobre el cuerpo como una suerte de marco del nombre propio, en el lugar y la ubicación de lo que hubiera debido ser un síntoma.

¿Cómo concebir la Übertreibung en juego si no se rige por el operador fálico y no depende de un plus de goce que implica, por el contrario, la oposición de dos significantes? ¿El sujeto es responsable de este tipo de goce? ¿En qué nos apoyamos, si no para desplazar, al menos para cuestionar el goce en juego en esos fenómenos psicosomáticos, por el efecto de la palabra?

Todo depende de la estructura clínica. Un fenómeno psicosomático no tiene la misma función en la neurosis y en la psicosis. En la neurosis, puede indicar un déficit momentáneo de la defensa del sujeto durante el encuentro con un acontecimiento o incluso un recuerdo insoportable, un trauma o un secreto hasta ese momento intransmisible, por ejemplo. En la psicosis, el fenómeno psicosomático, en su función de marco del nombre propio, circunscribe en el lugar mismo del cuerpo un espacio delimitado y separado que permite a un sujeto hacerse un nombre sin pasar por el Nombre del Padre.

Cuando no se trata de psicosis sino de neurosis, se puede considerar la escritura psicosomática como el índice de un modo de goce ilícito que escapa a la castración y que se relaciona la mayoría de las veces con un rasgo de perversión que la desmiente. Solo la invención del inconsciente mediante la transferencia tiene la oportunidad de descompactar la soldadura significante y revelar al sujeto la fijación de goce que rehusaba ceder, exceso de goce,

Übertreibung cuya responsabilidad elude por medio de su estatuto de enfermo.

Corresponde al deseo del analista sacar al sujeto de ese querer gozar en el que su cuerpo lo tiene fascinado en una trampa sin nombre, aunque asuma el nombre de una enfermedad.

Fenómenos del cuerpo y estructuras Pág. 103

Antenas clínicas de Chauny-Prémontré y de Ruán63

Nuestro informe parte de la «neoconversión» anunciada como «los fenómenos del cuerpo no histéricos, no interpretarles a la manera freudiana».

Comencemos por algunas precisiones. Para fenómenos del cuerpo nos dirigiremos a la etimología. según el griego, «fenómeno» es lo que aparece. Puede señalarse el sentido amplio de «lo que sorprenden como lo que constituye un síntoma para el sujeto. Se trata, pues, de fenómenos que aparecen con el cuerpo como soporte, y que constituyen un síntoma para el sujeto sin que haya lesión. Esta última aclaración nos permite distinguirlos de los fenómenos llamados psicosomáticos.

1. CON FREUD

Los términos «neoconversión» y «no histérico» exigen otras

consideraciones. Si separamos las partículas prefijadas, tenemos «conversión» e «histérico», términos de la elaboración freudiana. Aquí podemos tomar los siguientes puntos de la contribución de Éric Blumel, quien recordaba esta frase de Freud:

«Tratamiento psíquico» quiere decir [...]: tratamiento desde el alma -ya sea de perturbaciones anímicas o corporales- con recursos que de manera primaria e inmediata influyen sobre lo anímico del hombre. Un recurso de esa índole es sobre todo la palabra, y las palabras son, en efecto, el instrumento esencial del tratamiento anímico64.

Tesis: las palabras tienen una acción sobre los trastornos psíquicos o corporales. Corolario: estos trastornos tienen una estructura que debe ser análoga a la de las palabras. Tesis y corolario fijan el marco en el que se ubica la apuesta del psicoanálisis: la articulación del trastorno y la palabra, del síntoma y el significante. Y el primer nombre que el psicoanálisis da a esta articulación es el de conversión.

Citando siempre a Freud: «la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la anatomía no existiera [...]. Toma los órganos en el sentido vulgar, popular, del nombre que llevan: la pierna es la pierna hasta la inserción de la cadera»65. El trastorno se produce cuando el nombre, la

representación de un órgano, está investida de un valor afectivo demasiado grande. Lo que confiere un valor afectivo demasiado grande a una representación es el acontecimiento traumático. Pero el trastorno no se reduce a ser solo la cicatriz de una herida, la huella de su causa. El trastorno tiene con su causa una relación simbólica, es decir, una relación que se apoya en el principio de la sustitución -arbitraria. Esta indicación es valiosa; allí descubrimos la entrada en escena de la función significante. Porque hay una primera sustitución que consiste en reemplazar el brazo anatómico real por el significante «brazo», luego son posibles otras sustituciones significantes.

Pero no solo tenemos esta vertiente «significante». Del mismo modo que la angustia resulta de una transformación de la tensión sexual no satisfecha, la histeria resulta de una suerte de conversión de una excitación psíquica que «entra por un camino falso, exclusivamente por lo somático»66. Así, Freud

propone el nombre conversión en la histeria para designar la «suma de

64 S. Freud, «Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)», en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu,

1994, t. I, p. 115.

65 Íd., «Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices organicas e

histéricas», ob. cit., p 206.

excitación»67 trasladada a lo corporal. Para producir un síntoma histérico es

necesario, pues, el concurso de una representación que sufre la represión y de un afecto separado de esta representación y transformado en manifestación corporal. Estos dos registros están reunidos en los «Estudios sobre la histeria» en la fórmula «conversión simbolizadora»68.

Sin embargo, ¿el síntoma solo es conversión en la histeria? ¿O se puede abordar la clínica con la fórmula si conversión, entonces histeria?

Es notable constatar que las referencias a la conversión, así como a la «complacencia somática», parecen haber desaparecido de los trabajos de Freud posteriores a 1910. La observación debe completarse con esta anotación que figura en una carta de 1917 dirigida a Groddeck: «El acto inconsciente ejerce sobre los procesos somáticos una acción plástica intensa, que no obtiene nunca el acto consciente»69. Parece que el mecanismo de conversión sigue siendo

válido, pero ya no es considerado como el rasgo distintivo de la histeria. La conversión ya no es el campo reservado puramente a la histeria, y se convierte en el campo del inconsciente. De aquí dos consecuencias: por una parte la necesidad de renunciar al alcance de diagnóstico diferencial de la conversión, que ya no es patognomónico de la histeria, y, por. otra parte, como la estructura de la conversión ya no es solo la del síntoma histérico, está pues en condiciones de dar cuenta de la estructura del síntoma en su generalidad.