4.3 Segmentation on multiple properties
4.3.3 Forming and using rules for related object properties
Se le aconsejó a un hombre de alrededor de cincuenta años consultar a un psicoanalista por un síntoma persistente que llevaba cerca de veinte años. Se trata de una rigidez de los músculos de las mandíbulas y un entumecimiento del brazo izquierdo. El síntoma apareció durante el despertar difícil de una anestesia general por razones quirúrgicas. Durante esos años, el paciente se sometió, sin gran alivio, a varios exámenes médicos y tratamientos por la farmacopea.
Algunas entrevistas analíticas permitieron despliegues significantes: «Donde había un goce autista el análisis hizo surgir los efectos del significado», como señala Jacques-Alain Miller en el prefacio de Joyce avec Lacan. En este sujeto el síntoma se conectaba con un enjambre de significantes referidos a la muerte y al cadáver. El síntoma desaparecía. ¿Esos significantes vehiculizaban un goce -φ que se disoció del goce petrificado en el cuerpo? ¿Puede considerarse por eso que este fenómeno corporal es interpretable a la manera freudiana?
Queda por descifrar lo que condujo a la conversión a alojarse en esos lugares del cuerpo, dado que el síntoma retorna y varía en función de los acontecimientos de la vida del sujeto y de los avatares de la transferencia. El paciente evoca los restos de líquido anestésico que todavía estarían actuando - «esa porquerías, de la que sugiere que a lo mejor le pusieron una cantidad excesiva. En sus palabras aparecen varias figuras de un Otro ávido de goce72, sin olvidar la transferencia.
71 J. Lacan, «La place de la psychanalyse dans la médecine», mesa redonda en Le bloc-notes de la psychanalyse Nº 75 1987, p. 22.
A partir de los elementos presentados, la alternativa entre análisis del síntoma hasta lo real de la pulsión o tratamiento por el síntoma, que resumió Jean-Louis Gault en las últimas jornadas de la ECF-ACF, parece difícil de dilucidar. De este modo reunimos una vasta problemática, la de los casos en que la frontera neurosis- psicosis no es fácil de establecer, tanto como el dispositivo analítico parece enturbiar a veces esta gran división de aguas.
Fenómenos corporales en pacientes masculinos (PÁG. 111) Antena Clínica de Nantes y Sección Clínica de Rennes73
La Sección Clínica de Rennes y la Antena de Nantes eligieron dar cuenta de cuatro casos de hombres, en los que el esfuerzo de los sujetos por defenderse de lo real los había llevado a elegir una parte de su cuerpo como dolorosa y a intentar elevar este dolor al estatuto de un síntoma dirigido a un analista. Aunque se trate de fenómenos puramente ligados al efecto del significante en el cuerpo en tanto viviente, estas «neoconversiones» no pertenecen en nuestra opinión al registro de la estructura histérica. Presentaremos sucesivamente estos casos y luego compararemos estas viñetas clínicas como otras tantas tentativas por construir, gracias a la ética del decir, modos de anudamientos psicóticos apoyándonos en fenómenos localizados en el cuerpo.
1. El HOMBRE DE LOS CIEN MIL CABELLOS74
El año pasado, en «La conversación de Arcachon», fue la pestaña, este año se tratará del cabello. El lugar de los fáneros en nuestra clínica se justifica con la interpretación del falo que dio Lacan. Él colocó este elemento caduco en la serie de los fáneros, como había subrayado Jacques-Alain Miller. El falo es un fánero, y el fánero (la pestaña, el cabello), recíprocamente, es capaz de asumir la significación del falo.
Un hombre se queja de calvicie. Consultó al analista en un momento de gran desconcierto subjetivo. En los últimos diez años su estado había ido empeorando. Los obstáculos surgieron desde el comienzo de su vida profesional como ingeniero. Se aburría, y descubrió que fundamentalmente él no estaba hecho para ese trabajo. Se le imponía una exigencia subjetiva que
creía tener que satisfacer; era músico y debía responder a ese llamado.
Abandonó entonces la carrera ya trazada de técnico por la existencia más precaria del artista.
En el momento en que consulta, a los treinta y cinco años, vive miserablemente. Persigue magras retribuciones, cada vez más esporádicas, y
73 Expositores: Roger Cassin, Jean-Louis Gault, Pierre-Gilles Guéguen, Bernard Porcheret y François
Sauvagnat.
está reducido a vivir con un subsidio otorgado por el Estado. Sin embargo, lo que motiva el gran desorden del sujeto es de otra naturaleza. Amó a una mujer con la que tuvo una relación durante dos años. Al principio, ella estaba unida a otro hombre, y esta situación se había mantenido durante todo un tiempo, mientras él mismo se convertía en amante de esa mujer. Nuestros tres protagonistas integraban la misma formación orquestal, donde la mujer ocupaba el puesto de cantante. Mientras hubo lugar para el segundo hombre en la vida de esta mujer, nuestro paciente pudo disfrutarlo sin problemas. Un día, tal como lo había deseado, se convirtió en el único elegido. Cuando eligió vivir con ella legítimamente aparecieron los primeros trastornos. Primero una ansiedad difusa, luego un progresivo abatimiento y, de repente, empezó a perder el pelo por manojos. Como persistía este estado y se agravaba, llegó a la conclusión de que la causa era esta mujer. Hacía esta interpretación. esta mujer a la que amaba y deseaba, con quien le gustaba vivir, y que le correspondía, representaba un peligro para su persona. Decidió dejarla y consultar a un médico. Pudo constatar enseguida una mejoría en su estado, y la detención de la caída del cabello; sin embargo, seguía marcado por la experiencia y deseaba ver a un analista.
Al principio no había hablado de la calvicie. La mencionó con motivo de un episodio de caída del cabello ocurrido durante el análisis. Llevaba la existencia aleatoria de un artista errático y había reunido una pequeña orquesta. Fue en ese momento cuando le tocó vivir un doloroso conflicto interior. Uno de los músicos lo había aterrorizado queriendo hacerlo beben Y aunque debió abandonar esas malas compañías, eligió quedarse en el seno del grupo por amor a la música.
Esta decisión que iba en contra de su deseo profundo lo mortificaba. Constató el efecto nefasto en su cuerpo. Empezó nuevamente a perder el cabello, centenares por día.
En ese momento comenzó a revelar su teoría de la calvicie. Desde hacía algún tiempo estudiaba el fenómeno y se había propuesto encontrar una explicación. Dirigía esta reflexión con método y consignaba regularmente en un cuaderno el fruto de sus pensamientos o el resultado de sus investigaciones. Tiene una concepción unívoca del trastorno: pierde el cabello cuando deja de ser él mismo, es decir, cuando hace algo no conforme a su verdadero deseo. Para utilizar una de sus fórmulas, se le cae el cabello cuando no está «entero».
Recuerda que ni él mismo se había dado cuenta de eso, que fueron sus amigos quienes lo notaron. Habían visto muchos pelos en la bañera de la ducha cada vez que la usaba. Entonces había comparado unas fotos y había notado una calvicie naciente. Consultó a un especialista en acupuntura, quien le explicó el mecanismo: el cabello muere pero se cae recién tres o cuatro meses después. El había notado que en su caso las cosas eran diferentes, puesto que perdía el cabello de manera instantánea. Cuando no hacía lo que correspondía a
sus deseos, cuando obedecía al deseo de los demás, o a convenciones, sentía el efecto en el cabello.
Conoce, por supuesto, la expresión «tirarse de los pelos», pero no se trata de eso. Lo que le ocurre se ubica a nivel del pelo mismo. Consultó diversas enciclopedias, y descubrió algo interesante en la anatomía del sistema piloso. Notó que en la base de cada cabello hay un músculo erector, cuya contracción hace enderezar el pelo. En su cuaderno reprodujo el esquema que muestra cómo el cabello se endereza cuando el músculo se contrae. Agrega que un adulto joven posee entre cien y ciento cincuenta mil cabellos y, por lo tanto, la misma cantidad de músculos erectores en el cráneo. (PÁG. 113)
Cuando todos esos músculos se contraen, los pelos se yerguen en la cabeza. Es lo que él sentía. Un gran escalofrío le recorría la superficie del cráneo de adelante hacia atrás y perdía el cabello. Explica: «Es lo que ocurría cuando yo no hacía lo que correspondía a lo que era verdaderamente yo, y a lo que era el camino de mi vida».
Leyó que existía la expresión «ponerse los pelos de punta». Es lo que provoca el pavor y exactamente lo que él sentía. También encontró otra expresión: à tous crins75. Por ejemplo, un hombre à tous crins es un hombre
entero. Cuando él no quería apartarse de su camino de vida, era para permanecer entero. A la inversa, cuando perdía el cabello, era porque no era entero, porque hacía algo que verdaderamente no quería.
Es cierto, cuando el cabello se endereza, sale levemente de donde está alojado, pero no se cae. Para que caiga, debe repetirse la acción. Aquí, recordó sus conocimientos de mecánica. No se llega a sacar una tuerca muy apretada de una sola vez. Para lograr el cometido, es preferible proceder con pequeños movimientos de fuerza sucesivos con una llave. Es lo que pasa con el pelo. La repetición de las contracciones termina por hacerlo caer. El desprendimiento de los cabellos se produce cuando los músculos erectores se excitan de manera prolongada.
Verificó esta hipótesis. Sintió que los cabellos se le enderezaban en la cabeza de una manera intensa pero puntual. A partir de esta situación que solo duró un instante, no perdió más cabello. En cambio, en circunstancias en que se había dejado arrastrar contra su voluntad -como la de la orquesta-, había sentido los cabellos erizados en la cabeza durante varias semanas. Esta gran tensión era dolorosa, a la noche le ardía el cuero cabelludo, y percibía que los músculos erectores se paralizaban. Entonces el pelo se le caía a puñados. En cuanto decidió abandonar a los músicos con los que tocaba de mala gana, dejó de perder pelo. Ya no tenía esa sensación de erizamiento en lo alto del cráneo. De nuevo se sentía entero.
Este sujeto sintomatiza lo real a su manera. Responde al terror que experimenta frente al enigma del deseo del Otro y a su voluntad de goce dando cuerpo a esta angustia. Se apareja con un sistema piloso que soporta cien mil músculos erectores, para localizar en la superficie del cráneo el escalofrío que entonces lo invade. De ese modo elaboró el complejo del pelo: con los pelos parados en la cabeza, es el hombre espantado frente al abismo de la forclusión de la significación fálica. El órgano piloso se alza entonces como un punto de detención, y se vuelve el gnomon que le designa en todo momento el punto de verdad de su deseo.