Recordemos ahora el artículo titulado «Teoría de lalengua»99, de 1974,
donde Jacques-Alain Miller despliega la palabra «lalengua» creada por Lacan dos años antes. En este artículo, el psicoanálisis es una forma de acceso a lalengua, y lalengua sería fundadora, con el mismo título que el inconsciente estructurado como un lenguaje.
En un artículo más antiguo, titulado «U o "no hay meta-lenguaje"»100, Jacques-Alain Miller ya desarrolla el término precursor de lalengua: la lengua
U-lengua única y última. En ese artículo, el psicoanálisis no es otra cosa que la
travesía de la lengua única.
96 J. Lacan, ob. cit., n. 4, p. 171.
97 D. Rouillon, «Los beneficios del fuera de sentido», ob. cit., n. 3, p. 141. 98 G. Lombardi, «Cura de un mutismo», ob. cit., n. 3, p. 118.
99 J.-A. Miller, «Teoría de lalengua», en Matemas 1, Buenos Aires, Manantial, 1987: Dirigido al congreso de la
Escuela Freudiana y pronunciado en Roma, este discurso parece constituir su propio «Informe de Roma».
100 Íd., «U o "no hay meta-lenguaje"», en Matemas II, Buenos Aires, Manantial, 1990: Reductio linguarum ad unam, Leibniz: La lengua U, derivada del término de Haskell B. Curry «U-language», the language being used.
Podría decirse que Freud hace su entrada por la pulsión, Lacan por el lenguaje y Jacques-Alain Miller por lalengua.
A. ¿Qué es lalengua?
«Lalengua esta hecha de cualquier cosa, de lo que rueda en las sentinas y también en los salones», precisa en 1974. Por eso lalengua Donald de Ophélie, hecha de las onomatopeyas que abundan en los dibujos animados, y lalengua de los números del paciente de Danièle Rouillon, hecha del cambio bursátil que rueda en la radio.
«La lengua es esencialmente aluvionaria, está hecha de aluviones acumulados con los malentendidos y con las creaciones del lenguaje de cada uno»101, agregará en 1996 en «La fuga del sentido». Y ese sedimento se hace
con las huellas dejadas por los otros sujetos. 1. Un bello gorjeo
Para tomar un ejemplo literario, citemos presbytère [casa parroquial] de Colette102, una palabra que rodaba en el jardín de su infancia y a la que ella transforma en el nombre científico de un caracolito. El niño se llamaba «Bel- Gazou», como beau gazouillis [bello gorjeo]. ¿No es eso lalengua?
La palabra presbytère acababa de llegar a mi oído sensible, y de provocar estragos. «Es ciertamente el presbytère más alegre que conozco», había dicho alguien. Yo había retenido para mí la palabra misteriosa, como bordada en un realce áspero al comienzo, y terminada en una larga y soñadora sílaba.
Enriquecida por un secreto y una duda, dormía con la palabra y la ponía sobre mi muro. «¡Presbytère!» La lanzaba por encima del techo del gallinero y el jardín de Miron hacia el horizonte brumoso de Moutiers. Desde lo alto de mi muro la palabra sonaba como anatema: « ¡Váyanse! ¡Son todos unos
presbytère!», les gritaba a los desterrados invisibles.
Poco después, la palabra perdió todo su veneno, y se me ocurrió que
presbytère bien podía ser el nombre científico del caracolito rayado amarillo y
negro.
Una imprudencia echó todo a perder. «-¡Mamá, mira el bonito presbytère que encontré!» Me callé demasiado tarde. Tuve que aprender lo que tanto quería ignorar, y llamar a «las cosas por su nombre». «-Un presbytère, veamos, es la casa del cura.»
Yo luché contra la fractura, apreté contra mí los jirones de mi extravagancia; quise obligar al cura a vivir en el caparazón vacío del caracolito llamado presbytère. Y después, cedí. Arrojando los pedacitos de
101 Íd., «La fuga del sentido», clase VII, 31/01/1996 (inédito).
caracol aplastado, recogía la hermosa palabra, subía hasta mi pequeña terraza sombreada por antiguas lilas. La bauticé Presbytère, y me hice cura sobre el muro.
2. La integral de los equívocos Pág. 136
«Una lengua entre otras no es otra cosa sino la integral de los equívocos que de su historia persisten en ella»103, escribe Lacan en «El atolondradicho».
Después agrega en Aun: «Lalengua es lo que hace rato me permitió mudar a mi S2 en una pregunta, diciendo: ¿es dos de veras, se trata de ellos en el lenguaje?104». Lo que Jacques-Alain Miller traduce en 1974 por: «La
homofonía es el motor de lalengua»105.
Y, efectivamente, la similitud fónica del «cue» y del «cueve» hace que aparezca sorpresivamente el «cueve y diez» del terapeuta en el caso de Ophélie, y que lalengua Donald, lalengua del sonido, se invente como lalengua de la transferencia. Es una operación al estilo de Michel Leiris y, como dice Jacques-Alain Miller en 1996, está «íntegramente sujeta al equívoco»106.
B. ¿Qué relación mantiene lalengua con el lenguaje? (PÁG. 136)
Lacan distingue en Aun107 un saber sobre lalengua, que vuelve al lenguaje, y un saber hacer con lalengua, del que da testimonio el inconsciente. Jacques- Alain Miller108 lo traduce en 1974 como: por un lado, «el lenguaje no es
lalengua [...] está segundo en relación con lalengua [...] es el resultado de un trabajo sobre lalengua»; y por el otro, «no hay sujeto supuesto saber en la lengua, no hay catalepsis de la lengua, no hay dominio de la lengua».
1. Lalengua rebelde e indómita
Lalengua no es dominable porque no hay en ella dos dichos que sean semejantes, «solo hay diferencias». Es una manera de tomar en serio la tesis de Saussure. Es decir que el sentido primero del significante está perdido para siempre: la s minúscula desaparece bajo la S mayúscula.
Bel-Gazou [bello gorjeo] lo experimenta cuando, después de haber jugado con la palabra presbytère, la coloca en el discurso de la ciencia, luego en el discurso común: «La palabra perdió su veneno».
103 J. Lacan, «El atolondrado, el atolondradicho o las vueltas dichas», en Escansión Nº 1, Buenos Aires, Paidós,
1984, p. 63.
104 Íd., ob. cit., n. 4, p. 168.
105 J.-A. Miller, ob. cit., n. 10, p. 75.
106 Íd., ob. cit., n. 12, clase VI, del 17/01/1996. 107 J. Lacan, ob. cit., n. 4, p. 167.
¿Cómo hacer valer esas diferencias? En el campo del lenguaje, la articulación significante S1-S2 desencadena los efectos de sentido; hay significación a pedir de boca. El sujeto es identificable. En el campo de lalengua, entonces, antes de poner orden en los significantes, se tiene una cadena significante sin efecto de sentido. Es el materna S//s de «La fuga del sentido»109.
Es la experiencia del paciente de Danièle Rouillon cuando los números de la bolsa se acomodan unos al lado de los otros, sin efecto de sentido. El sujeto está separado de la cadena significante, fuera de la cadena. Hay un saber hacer con lalengua, pero no un saber sobre lalengua.
2. Lalengua fundadora y el inconsciente estructurado como un lenguaje Aquí aparece la falsa separación de la que habla Jacques-Alain Miller en «¿Producir el sujeto?»110: el sujeto está fuera del sentido, separado de la cadena
significante, «surge de la nada, es una criatura de significante; pero [...] el sujeto tiene que emerger del ser vivo, que surge de su status primero de objeto», del objeto charla [causette]111 del deseo de la madre.
Es lo que confirma, por ejemplo, esta educadora a propósito de un autista. «¿En qué lengua hay que hablarle?», se pregunta. «Utilicé mi lengua materna sin ocuparme de saber si él comprendía y sin esperar respuesta. Eso duró dos años. Su mirada no cruzaba la mía. Cuando le lanzaba una pelota, él no la agarraba. Una mañana, mientras yo estaba de espaldas, él me pidió un caramelo. Me hizo el mismo efecto que si mi gato empezara a hablar.»
Tal vez haya que entender así lo que enuncia Lacan en Aun:
Lalengua nos afecta primero por todos los efectos que encierra y que son afectos. Si se puede decir que el inconsciente está estructurado como un lenguaje es por el hecho mismo de que los efectos de lalengua, ya allí como el saber, van mucho más allá de todo lo que el ser que habla es capaz de enunciar112.
C. ¿Qué relación mantiene lalengua con la pulsión? Pág. 138
Volvamos a Freud y a la articulación que hace Lacan en El seminario 11 entre la pulsión y la cadena significante.
Para Freud, dice, la pulsión funciona como una cadena significante, ordenada por la gramática. Esta cadena rodea el objeto pulsional pero no lo
109 Íd., ob. cit., n. 12, clase IX, 14/02/1996.
110 Íd., «¿Producir el sujeto?», en Matemas 1, Buenos Aires, Manantial, 1987, p. 178. 111 juego de palabras entre cause (causa) y causette (charla). [N. de la T.]
alcanza. La pulsión se caracteriza por ser acéfala, nos dice Lacan113. Es, pues,
«un ser del tipo quod, cuyo quid permanece misterioso, velado», precisa Jacques-Alain Miller114 en «El conciliábulo de Angers» -el quod quiere decir
algo, pero no se sabe lo que quiere decir.
En su curso titulado «Silet», Jacques-Alain Miller hace de la pulsión una articulación entre la repetición y la transferencia, es decir, una repetición significante cuyo producto es un goce: «La repetición como automatismo es equivalente a una cadena significante que a la vez elude y designa el lugar central de lo real, que la transferencia pone en acto»115. Para lo que propone el
siguiente esquema:
(GRÁFICO PÁG. 139)
Entonces, si existe una relación entre lalengua y la pulsión, es vía la repetición y la transferencia: un goce producido por la cadena significante. Tenemos aquí un bosquejo de lalengua de la transferencia: una cadena significante de lalengua, sin sentido, que apareja el goce, que dibuja el recorrido que va de lo simbólico a lo real.
1. La verdad en acto, libre, desencadenada
Si la cadena significante de lalengua produce un efecto de verdad, es en acto. Como escribe Jacques-Alain Miller116 en 1974, sin esta lalengua, no
habría verdad; y la verdad en esta lalengua no puede ser definida -está allí en acto, libre, desencadenada.
Basta recordar la rabia del Hombre de las Ratas contra su padre y la cadena significante que entonces utiliza («¡Eh, tú, lámpara, pañuelo, plato!»)117 para
darse cuenta de lo que apunta pero sin alcanzarlo: el lugar central de lo real. Lo que le hace decir al padre que es un futuro criminal.
De allí la palabra «irascible»118, que Jacques-Alain Miller escribía en 1989
en El banquete de los analistas: la rabia apunta al objeto a.
Asimismo, la repetición del «Veo puntitos» del paciente de Lombardi, siempre acompañada de excitaciones, parece indicar el lugar de un real inaccesible: «Él no podía describir nada de lo que le preguntaba sobre esos
113 Íd.,El seminario, libro11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós,
1993.
114 J.-A. Miller, «Cierre: Vacío y certeza», ob. cit., n. 3, p. 191. 115 Íd., «Silet», clase XII (inédito).
116 J.-A. Miller, ob. cit., n. 10.
117 S. Freud, «A propósito de un caso de neurosis obsesiva», en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu,
1988, t. X., p. 161.
118 J.-A. Miller, El banquete de los analistas, Buenos Aires, Paidós, 2000, p. 107, n. 11: irascible condensa en
puntos, ni cantidad ni otra cualidad que su pequeñez indescriptible. Nada. Ni una palabra»119.
2. El insulto y el nombre propio de goce
Entonces, los efectos de lalengua van mucho más allá de todo lo que el ser que habla es susceptible de enunciar. Y uno de los primeros efectos de lalengua es el afecto; en particular, la rabia. Ahora bien, si la pulsión es color de vacío, es porque no alcanza el objeto, mientras que el afecto toma aquí el color del objeto.
Basta abrir un libro de Tintín120 para percibir que, cuando el capitán Haddock hace su entrada, animado por la rabia, y con una serie de insultos que brotan «¡Canalla! ¡Bachi-bouzouk! ¡Ectoplasma!», en realidad, todos los significantes fallan para decir eso.
Como dice Jacques-Alain Miller: «Luego, se selecciona uno ¡cualquiera!, que en la caída, en la anulación de todos los significantes -que escribe A/- se salva del desastre y aparece como una flecha para intentar convertirse en el significante del ser del Otro; esto es, el significante del Otro como objeto a»121.
La fórmula del insulto que él propone es entonces:
(GRÁFICO PÁG. 140)
MIentras que el capitán Haddock, como buen neurótico, sigue buscando su nombre de insulto después de la muerte de Hergé, Ophélie, por el contrario, como psicótica, no busca nada: su insulto está allí de entrada. Desde la primera sesión escupe un insulto: «¡Pareces una liebre!». Este nombre de animal produce un equívoco en lalengua con el nombre del terapeuta «Lelièvre» [Laliebre]: «¡No me gusta venir a verte! ¡Con tu corte de pelo pareces una liebre!».
Ophélie entra en la escena analítica por el odio. Por el insulto, golpea el
kakon de su ser en el Otro.
El odio «es uno de los caminos al ser», precisa Jacques Alain Miller, y: «[...] el insulto está ligado a un afecto y se presenta cuando no hay más palabras para decirlo, cuando ya no es posible razonar, y uno se sofoca de cólera»122.
También así podría entenderse el «El doctor está cachuso»123 que hacía reír
al paciente de Gabriel Lombardi. Pero esta vez no se trataría de odio sino de ironía. Y la función del semblante es allí desnudado: no-incauto.
119 G. Lombardi, ob. cit., n. 9, p. 119. 120 Hergé, Colección de Tintín.
121 J.-A. Miller, ob. cit., n. 29, p. 107, 33. Ibíd., pp. 106 y 107. 122 Ibíd.., pp. 106 y 107.