Chapter 4 Implementation
4.1 Exploiting CLI Architecture for Aspect-Based Properties
Después de la guerra, el mundo ha tomado nuevos rumbos, y, por consiguiente, la ciencia social en su parte política, administrativa y financiera, también los ha tomado.
En nuestra tierra se presentan muchos y complejos problemas de orden económico, administrativo e internacional, problemas vitales para Colombia. Y causa tristeza y desconcierto la incapacidad de nuestros legisladores, completamente inadaptados para la actual y trascendental comprensión de estos problemas. Y qué problemas? Empréstitos, abaratamiento de la vida, tratados internacionales, defensa de fronteras, concesiones petrolíferas. Como los empréstitos son la locura idiosincrática del momento, tema que someramente tratamos en días pasados, concretando nuestro artículo a lo sucedido en Santo Domingo.
Tal vez alguno pueda creer que es así, en un pueblo pequeño y pobre, y por eso hablaremos hoy del primer país de la América del Sur, a quien los empréstitos hicieron casi fracasar, aunque en él no existe el peligro que tienen con relación a su soberanía los pueblos situados en la cuenca del Caribe. Hablo de la Argentina.
La vida civilizada de este país principió con la caída de Rosas, el célebre político cuya personalidad aún no ha sido bien definida. Se organizó políticamente, empezó el incremento económico y se ordenaron sus finanzas. Las rentas se triplicaron en menos de 20 años. Llenos de ambición quisieron hacerlo todo en grande, pues este pueblo aspira a hacer en la historia del mundo un papel semejante al de los Estados Unidos. Guardando las debidas proporciones, hay mucha semejanza entre ambos países. Preparado el crédito, el vértigo invadió la vida pública y privada de la nación. Su industria hizo surgir ciudades del desierto, y en lo que ayer era un campamento de salvajes, en poquísimo tiempo tenía máquinas de vapor, periódicos y teléfonos. La deuda pública en menos de cinco años subió al 33 por ciento más de lo que producían las rentas nacionales. El enriquecimiento rápido de unos pocos extranjeros y grandes propietarios, lanzaron a todos a grandes especulaciones; las provincias y los municipios emitían bonos, los Bancos aumentaron sus emisiones, y la inflación fué enorme. Esto ocasionó la desmoralización pública, pues mientras los especuladores se entregaban al juego de las acciones, los políticos se arrojaban a escalar los cargos. Vino una brusca reacción; casi todas las empresas serias se vieron detenidas por quiebras más o menos
disfrazadas y la crisis llegó, tan tremenda, que puso dificultades al Banco de Inglaterra. Una vez más se vió cuán inestable es el equilibrio de un país cuya riqueza no se basa en la labor del propietario campesino, y cuyo progreso industrial, simple decoración de importación extranjera, no se deben a la instrucción y a la iniciativa del pueblo mismo.
Los enérgicos esfuerzos del gobierno, que hizo un nuevo arreglo de las deudas, fundó el Banco de la Nación Argentina sobre las acciones de otro, redujo los gastos, rectificó los presupuestos y se hizo cargo de los papeles de crédito, unidas todas estas medidas a una enorme cosecha de trigo y de maíz, cuya exportación ayudó al desequilibrio económico, permitieron que a los diez años se colocara la Nación en la situación que tenía antes del desastre, aunque la moneda quedó con una depreciación de casi la mitad en cada peso.
Las grandes ventajas que ofrece el país para la economía general del género humano hacen que por largas y profundas que sean las crisis, retrasarán pero no podrán detener los progresos de la Argentina, cuya población sigue creciendo, su inmigración es enorme y la superficie cultivada aumenta de día en día.
Podrá Colombia contar con los mismos recursos para salvarse de la situación que se ve venir?
INDIFERENCIA
Una de las modalidades de nuestra tierra, sin duda debido a la educación, es el espíritu novelesco que integra toda nuestra vida. Ninguna cuestión es tratada a fondo. Nuestros hombres tocan apenas la superficie de las cosas, escriben rápidamente sobre los tópicos más importantes y pasan de asunto en asunto, olvidando el uno por hablar del otro. En estos días se han sucedido con una rapidez vertiginosa los problemas más importantes de nuestra actual vida nacional. Empréstito, troncal, contrato Yates-Montalvo. El último nos apasiona y el silencio se hace alrededor de los otros.
De estos silencios trágicos se valen los que conocen esta modalidad y aguardan tranquilamente que pase el alboroto y luégo se llevan a efecto contratos, empréstitos, concesiones y nadie chista. Más tarde
volverá el tema a ser de actualidad, cuando se palpen sus desventajas; y cuando ya sea irreparable se increparán los unos a los otros echándose mutuamente la culpa del desastre.
Cuando haya que estudiar un problema social, hay que considerarlo desde cuatro puntos de vista. Primero. Qué es; segundo, por qué es; tercero, cuáles son sus consecuencias, y cuarto, qué debe hacerse para resolverlo.
Uno de los más graves problemas actuales es el de la carestía de la vida, que va tomando caracteres alarmantes en todo el país. Nuestro congreso ya pronto clausurará sus sesiones y no vemos qué se haya hecho en pro de la parte más castigada, la clase media y la obrera, que son las fuerzas vivas de un país.
Todos los hechos corroboran la teoría de que el factor más importante en toda fluctuación considerable de precios es el dinero. Por supuesto, que eso no quiere decir que el dinero sea el único factor. Es posible que los artículos en su conjunto se abaraten o se encarezcan; pero sus fluctuaciones son casi siempre despreciables en comparación con las del dinero.
Como todo en la actualidad, han evolucionado las ideas con respecto al dinero, y el mundo todo se ha percatado de que los grandes trastornos de los precios, que algunos atribuyen a escasez o abundancia de los artículos, se deben en realidad al girar del dólar.
Tiempo es ya de considerar este asunto desde un punto de vista diferente y que en vez de tratar de medir los artículos con el oro, tratemos de medir el oro con los demás artículos.
La explicación de que los precios sean ahora más altos es que el dinero es ahora más abundante y por consiguiente, más barato y de menor poder adquisitivo. No es que los artículos hayan subido sino que el dólar se ha desprestigiado.
En cuanto al alto costo de la vida, él no representa un verdadero empobrecimiento pero es, empero, un mal.
Como muchos precios han sido fijados por la costumbre, o por la ley, o por contrato, que perdurarán por muchos años, estos precios necesariamente no pueden estar de acuerdo con el alza general. De este desequilibrio que es un grave mal, puesto que es una injusticia social, vienen el descontento y la desconfianza, que son tanto más peligrosos cuanto que los que experimentan estos sentimientos no comprenden la causa verdadera de esta injusticia, y al ver la desigualdad en la distribución de la riqueza social, se llenan de odios y fermentos malsanos que estallarían a la primera oportunidad.
De esta causa se deriva el debilitamiento de la clase media y principalmente de los que viven de sueldo.
Hay qué darle, pues, al dólar poder adquisitivo estable, y en esta lucha están empeñadas las grandes potencias extranjeras.
No podrían nuestros financistas hacer algo a favor del pueblo colombiano?
IDEALES
Así como el ázoe es parte importantísima de la atmósfera, no por su acción que es ninguna, sino porque forma una parte pasiva que impide al oxígeno estallar en cataclismo, el hombre mediocre es una fuerza social, necesaria en la economía de las sociedades. Empero, lo que entristece el alma del patriota, lo que conturba el espíritu en estos últimos tiempos, es el comprobar que pocos, muy pocos, sobre todo en la juventud, prefieran las disciplinas espirituales a los apetitos del instinto.
La fe en el poder del espíritu, en la bondad que existe en el corazón de las cosas, en el triunfo reservado a los grandes ideales modernos de la raza, conduce a los hombres que la poseen a un optimismo que desgraciada y fatalmente está en desavenencia con los resultados reales. Los acontecimientos generalmente dan la razón al positivista, no al idealista.
Olvidamos que el espíritu humano, el espíritu de bondad y de ventura, es un niño que llora en la noche y que la batalla con la obscuridad es todavía un combate desigual. No solamente los dirigentes sino los
pueblos prefieren unas migas de pan, un poco de oro o una fuente de petróleo antes que las atracciones delicadas del ideal.
En la edad moderna el alma de la humanidad ha fracasado. La guerra pasada, al destruir los idealismos morales nacidos de los sacrificios de la guerra misma, destruyó la estructura de la civilización occidental.
Al aplastar la fuerza bruta personificada en Alemania, el mundo entero creyó que el carácter moral del mundo se había vindicado completamente. Universalmente se esperaba un nuevo orden en el mundo, una gran paz moral, consecuencia de las fuerzas espirituales que durante la guerra habían templado a los pueblos y les hicieron llevar a efecto esfuerzos casi superiores a la humana capacidad.
Sin comprender bien, ni darse cuenta de lo que pasó, el pueblo de todos los países vio morir sus esperanzas y venir la inmensa desolación al ver perdida la mejor posibilidad que han presentado los siglos para crear un nuevo orden de cosas. Los efectos de una guerra cuyas conmociones se sentirían por muchas generaciones, vinieron a parar en un botín para repartir.
Para que pueda llegar una verdadera paz se necesita un nuevo espíritu de los pueblos. Don Quijote ha sido una vez más derrotado por Sancho.
En América ha repercutido este aplanamiento moral y el ideal ha sido substituído por la voracidad; al que protesta se le hace callar dándole su parte en el festín; se predican patrióticas verdades y sólo se practica la bajeza. Apagado el faro de Grecia y el fanal de Roma, sólo reinan las ferias de Cartago.
Tócale a la mujer, la gran fuerza anímica, a quien los tiempos actuales –de motu propio- han llamado a ocupar su lugar en la sociedad moderna, mantener el fuego sagrado del ideal en nuestra tierra. Ella será la que formará la raza y le infundirá un alma; y las almas vuelan y el vuelo es libertad, belleza, bondad.
AUTOEDUCACIÓN
En la moderna, civilización la vida se desarrolla entre dos formas de actividad; la del trabajo y la de la competencia. A medida que los pueblos se civilizan, el trabajo evoluciona tornándose cada vez más mecánico, más inteligente. De esfuerzo doloroso primero, pasa a ser hábito, y muy pronto se torna en placer. En este último grado, que se pudiera llamar supercivilización, es donde llegan los poetas, los sabios, los filósofos.
De aquí se desprende la afirmación de que todo malestar social es derivado de algún problema económico. Ese malestar nunca puede ser por exceso de actividad sino por el arrollamiento de derechos que no se dejan avanzar. Se puede avanzar de dos modos; el uno es andando y el otro no dejando andar a los demás.
En esta hora, que pudiéramos llamar antioqueña, pues en ella ha culminado la antipatía que este pueblo despierta en el país, es necesario que todos nos propongamos a defendernos y a aumentar nuestro poderío, no con actitudes bravuconas que a nada conducen, sino procurando acrecentar nuestras riquezas, que son la raza y el trabajo.
Antioquia lucha honradamente por su propia existencia, haciendo gala de energía que tiene en sí misma, pero poniendo en su mira engrandecer a su patria. Ella –en sus reivindicaciones- no pretende luchar contra Colombia, sino con ella misma, no buscando frente a la nación la competencia, sino duplicando energías al lado de todos los colombianos. Porque defenderse a sí misma es ayudar a defender económicamente el hogar común, físicamente la raza común y espiritualmente la civilización común también.
Hay en nuestra tierra un desconocimiento absoluto entre las diversas secciones del país, desconocimiento que engendra indiferencia unas veces, odio otras. Al primer choque estallan esos odios, resalta esa falta de cohesión, que hace que Colombia no sea una nacionalidad fuerte.
Antioquia debe continuar su labor para que sea factor activo en el engrandecimiento de Colombia, sin prestar oídos a las voces insultantes o despectivas que pretendan denigrarnos.
En esta labor social toca el primer lugar a la mujer, que tiene obligación de preocuparse de estos problemas patrios y de ayudar a hacer a Colombia verdadera patria para todos sus hijos.
Lo primero sería cambiar radicalmente el “modus operandi” que aquí se ha seguido en la educación física, intelectual y moral de la mujer. Empero –como hoy por hoy- es casi imposible conseguir esto en la escuela, debe la mujer empezar con ánimo y fe, la magna obra de su auto-educación.