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Chapter 4 Implementation

4.2 XML Schema Design

Como dijimos en artículo pasado, las miradas del futuro están fijas en el Pacífico, y Colombia tiene muy descuidada la extensa costa que posee sobre ese mar.

Da tristeza lo desvinculadas que parecen todas las secciones de la Nación, de la idea de patria, cuando cada una grita y clama por que el congreso apruebe vías que sólo favorecen parroquias o provincias, olvidando las que favorecen a Colombia, social y comercialmente. Las costas occidentales merecen toda atención. El Ferrocarril del Pacífico, el arreglo de Buenaventura y Tumaco, la construcción del cable a la bahía de Solano, el levantar al Chocó a la altura que se merece, son obras primordiales para la vida de la nación.

Atraviesa el país un período difícil en sus problemas internaciones, dificultades agravadas últimamente debido a sus mal definidas fronteras, a la enorme extensión de ellas y a la ambición de algunas naciones vecinas, ambiciones alentadas por la decidia de nuestros gobiernos que han mantenido esas fronteras en lamentable abandono.

Es Nariño el centinela avanzado de nuestras fronteras sureñas; por el Sur limita con el Ecuador y por el Sureste con el Perú, las dos naciones con quienes estamos en relaciones tirantes por más de un motivo. Las estadísticas deben tener notas de lo mucho que ha disminuido el comercio de importación de Nariño. Esto sucede desde que se estableció la carretera entre Ipiales y Quito, vía, que ayudada por la mayor baratura de los derechos de aduana de Guayaquil sobre los de Tumaco, hace que salga esa fuente de riqueza para otro país.

El Ecuador, que sí sabe lo que le conviene, está dedicando toda su atención a terminar pronto el ferrocarril que de Quito viene a nuestra frontera, y entonces sí, todo el comercio de Nariño será tributario del Ecuador.

Por qué no se trabaja por unir a Pasto con el mar? No parece muy costosa una carretera que comunicara pronto a la capital con un punto cualquiera de la bahía de Tumaco. Como Pasto está unida con Barbacoas por una carretera, no quedaría sino un trecho muy corto por hacer, y por terreno muy plano. A la vuelta de pocos años tendríamos un hermoso puerto, que no sólo afianzaría nuestro dominio sobre el Pacífico, sino que volvería a Colombia esa renta que hoy se escapa al exterior. Y si, como dicen algunos, la defensa de Tumaco es costosísima y tal vez inútil, se transplantaría la ciudad a la costa.

Y qué enorme riqueza se conociera entonces. En Barbacoas existe una mina que en sólo diez meses dio una tonelada de oro en polvo. Y si el subsuelo es rico, las producciones vegetales no lo son menos. Y el nefando oro negro, el petróleo, muchos estudios científicos han probado que los yacimientos en el Putumayo son los más ricos de Colombia.

Pero mientras los de fuera vemos esto, el congreso –en sus últimas sesiones- está entretenido oyendo los cargos mutuos que se hacen dos notable miembros sobre su respectiva actuación.

Si no fuera porque Colombia es la que sale perdiendo, curioso y divertido sería oír, corroborado por ellos mismos, lo que hace mucho tiempo está en la conciencia de los colombianos; que todos los males patrios nos vienen de nuestros dirigentes y que el móvil de casi todos ha sido desde mucho tiempo el “aurí sacra fames”.

TRANSFORMACIÓN

En estos momentos el mundo sufre una transformación radical y duradera, que no ha tenido precedentes y cuyas causas son múltiples. Una de las principales es el cambio que se va verificando en la producción y en los transportes. Antes se producía en pequeño y casi siempre a mano, y para un reducido círculo, pues los deficientes medios de transporte no permitían exportar lejos ningún artículo.

Hoy se produce con elementos poderosísimos, la clientela se extiende por el mundo entero, la ciencia en sus progresos ayuda y cambia los métodos del trabajo. De aquí que hay que salir bien de la competencia produciendo más, mejorando los productos y abasteciendo más pronto los mercados. Se acabó la vida tranquila. Hoy reinan la innovación y la actividad. El mundo marcha por el progreso material y sólo el que corra al par con las nuevas condiciones de vida será el que triunfe.

Naturalmente, este estado de cosas ha producido terrible bancarrota en cuestiones espirituales, y pocos se inclinan a las disciplinas de la inteligencia, sobre todo en ciertos pueblos.

En las dos ciudades principales de Colombia, Bogotá y Medellín, se nota muy bien este fenómeno social.

Bogotá es la ciudad artista y señorial, que a los discreteos espirituales dedica su mayor tiempo y se vive más la vida íntima del arte en sus distintas manifestaciones. Un bogotano que posee diez mil pesos los hace producir como mil y con esa renta se da la gran vida sin preocuparse más del porvenir. En la capital antioqueña sólo se vive para el negocio, sólo se habla de alza y baja del café, del modus operandi para hacer dinero. Un antioqueño dueño de mil pesos los hace producir como diez mil y aún anhela más. Guardando la debida proporción, Bogotá es París y Medellín, New York.

Aquí tenemos la idea de que en Bogotá no se trabaja. Se trabaja, y, dejando el trabajo, no vuelven a preocuparse del negocio, y con entusiasmo raro pasan en diversiones la tarde y la noche. En estas tierras, el antioqueño cuando abandona el trabajo, lo continúa en su casa, pues son muy pocas las tertulias,

maquinando tramas para hacerse a ganancias mayores, combinando negocios o lamentando la mala situación.

Yo creo que Medellín se irá delante de Bogotá en el progreso material y tal vez más pronto de lo que creemos, pero el centro de la espiritualidad y del arte, las manifestaciones hermosas del alma de un pueblo no standarizado, serán siempre de la capital, siempre antigua y siempre nueva.

PATRIA

La hermosísima palabra patria en nuestra tierra va unida a todas las concupiscencias del gobierno y de los que lo disputan. A ese nombre, la patria misma va a su ruina.

El patriotismo es el que hace que suban o bajen, callen o acometan los partidos; el patriotismo es el que tiene de dirigentes a muchos momificados en el poder; por patriotismo se evita toda luz en asuntos vitales, toda justicia. Por ese sentimiento un representante ordena a todos sus secuaces que saquen el puñal para exterminar colombianos, y personalidades salientes se baten en duelo por patriotismo.

Ante semejantes alardes de patriotismo, el viejo concepto de la patria no puede subsistir, y no existe, como puede verse en la fiesta de la Bandera del 12 de Octubre pasado.

Es necesario para que Colombia viva, para que tengamos nacionalidad, hogar independencia, concebir la patria de otro modo, una patria que valga más de lo que cuesta.

La juventud intelectual no va por el camino de la política, gracias a Dios. Ella comprende la realidad del día y siente por sí misma que el pueblo necesita cambiar los discursos de sus políticos por pan.

El relativo progreso de la industria y del comercio ha hecho surgir en toda su difícil y peligrosa amplitud los problemas económicos. Los políticos se van quedando solos. Cada uno tiene su amigo y su clientela, masas ninguno.

Los discursos de los congresistas, más que de apelaciones al país, revisten el carácter de una familia de fieras. Hablan unos para que otros, y ellos mismos comentan, aplauden y se pelean, y el país sigue tranquilo.

Para mover el patriotismo que algunos creen muerto hay que hablar a las almas en nuevo lenguaje.

No es el congreso inútil ni estéril; son los caciques, el egoísmo de los unos, la ignorancia de los otros.

La afirmación de Jaret es exacta para Colombia.

“Se dice que en materia de gobierno se han hecho todas las experiencias políticas posibles y eso no es exacto. Falta por hacer una que es decisiva; la del gobierno por sí mismo. Hasta el presente, los partidos se han apoderado de éste, y en adelante es preciso, sea él quien se sirva de los partidos”.

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