La concepción de que el dinero es sucio, o que al elevarse por encima de su condición social original uno reniega de sus padres, es deplorable. La filosofía que afirma que uno se torna burgués y carente de espiritualidad cuando se entrega a ambiciones materiales es también errónea. Pues –si dejamos a un lado el dinero ganado por azar, como en la lotería o las carreras de caballos, o el que proviene de una herencia-, ¿qué es lo que significa ganar mucho dinero? La verdadera significación del dinero que se gana, honestamente (significación que le restituye su verdadera nobleza), es el reconocimiento de los servicios prestados. Un hombre rico es entonces un hombre que ha prestado un servicio a muchos de sus semejantes y ha
recibido la justa retribución. Esto es lo que olvida la mayoría de las personas que desprecian al dinero y lo condenan. Es cierto, Henry Ford amasó millones y hasta llegó a archimillonario. Pero, a cambio, ¿qué servicios prestó a la humanidad? Gracias a su paciencia admirable, a su genio, a su determinación proverbial, ese pequeño hombre sin educación del cual muchos de sus contemporáneos se rieron al principio, hizo dar un paso gigante a la humanidad, que pudo acceder a la era del automóvil. ¿Se imagina usted la vida moderna sin automóvil? Por cierto que no. Además, gracias a Henry Ford, se crearon miles de empleos. Su fortuna no es más que el reconocimiento del público, el justo pago de los servicios que él le prestó a tanta y tanta gente. Por otra parte, Henry Ford era perfectamente consciente del verdadero significado de la fortuna y por ello mismo supo cuál era el modo más seguro de adquirirla. A un hombre que le preguntó qué haría él si perdía todo su dinero, le respondió sin ambages: “Pensaría en otra necesidad fundamental de la gente y respondería a esa necesidad ofreciéndole un servicio menos caro y más eficaz que el que le ofrezca cualquier otro. En cinco años sería millonario otra vez”.
Encontrar una necesidad fundamental de la gente, responder a ella con un servicio menos caro y más eficaz… Es así como han construido su fortuna muchos hombres ricos. Podríamos establecer la misma fórmula para los diez hombres que hemos estudiado.
Por ejemplo, Walt Disney. Alegró la vida de miles de niños. ¿Y Watson? Su genio para los negocios le permitió comercializar las computadoras IBM y cambiar toda nuestra sociedad. ¿Qué sería de la vida de hoy sin la informática?
¿Conrad Hilton? Su filosofía hotelera le permitió asegurar una calidad excepcional a todos los viajeros de la Tierra, o casi. La seguridad del confort y los servicios le dieron su fortuna.
Los que reprochan su riqueza a ciertos hombres deberían considerar lo que esos hombres han hecho por sus semejantes en términos de productos, servicios o cantidad de empleos creados. El reconocimiento que han recibido esos hombres ricos no es atribuible al azar.
Dicho esto, aunque el servicio prestado a los demás sea inmenso, no hay que creer que el esfuerzo debe necesariamente ser proporcional. Lo que importa es el servicio prestado o la
popularidad del producto. En este sentido, se dice que el cálculo vale el trabajo. Una sola idea basta para hacerse rico. ¿Y cuánto tiempo hace falta para tener una idea? Una fracción de segundo. Evidentemente, su realización puede exigir –y en general es así- mucho más tiempo que esfuerzos.
Rubik, cuyo nombre lleva su famoso cubo, se hizo millonario gracias a una sola idea. Rápidamente y sin penosos trabajos. ¿El servicio que prestó? Divirtió e hizo trabajar la materia gris de millones de personas de todo el mundo. Y el que inventó el juego “Monopolio”, ¿cuánto cree usted que cobró en royalties ? Muchos afirman que el dinero en sí no es ni bueno ni malo. Nosotros creemos, por el contrario, que, así como es el nervio de la guerra, es la levadura de toda civilización. No es casual que, a través de los tiempos, sean los países más ricos los que alcanzan los más altos niveles culturales y científicos. Las ventajas del dinero son inmensas, tanto para los individuos como para los países. De modo que deshágase de una vez por todas de esas ideas obtusas de que el dinero es sucio, burgués, malo. Por supuesto, no tenemos la ingenuidad de afirmar que el dinero sea una panacea, pero facilita la vida y abre inmensas posibilidades. El único inconveniente es sin duda el de convertirse en esclavo del dinero. Servidor excelente, amo deplorable. Lo que importa, a fin de cuentas, es integrar en su nueva imagen de usted mismo una concepción justa del dinero. Ese es su pasaporte hacia una mayor libertad. Usted tiene derecho a eso. Ejerza, entonces, su derecho. Bórrese de la mente todo pensamiento que vaya en contra de esta filosofía. Bórrese toda inhibición profunda y nefasta. Mientras no se libere de esos prejuicios, no podría enriquecerse verdaderamente. Permanezca alerta. Esta inhibición adopta a menudo una forma insidiosa que rehuye el análisis pues se disfraza de maneras ingeniosas. En su autoanálisis, tenga siempre presente el siguiente principio, suficiente para vencer cualquier objeción: No hay ninguna razón válida que le impida enriquecerse.