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Acuéstese en una alfombra o en la cama, o siéntese en un sillón cómodo. Cierre los ojos. Respire hondo unas diez veces. Luego relaje por separado cada parte de su cuerpo comenzando por los pies y subiendo hasta la cabeza. Esta técnica se ha popularizado con el hombre de “adiestramiento autógeno”. Una vez que esté bien relajado, comience a repetir la sugestión. La famosa fórmula de Emile Coué es excelente para obtener resultados en todos los aspectos de su existencia. Pero también puede trabajar sobre aspectos más específicos. La aplicación de todos los principios que estudiaremos exige cualidades sobre las cuales puede trabajar. Y que puede desarrollar. A voluntad. De hecho, gracias a este método de autosugestión usted podrá transformar su personalidad según sus deseos profundos, y convertirse en la persona que desde hace mucho tiempo sueña ser. Trace el retrato ideal de las cualidades que le harían falta, o que no posee en un grado que considere suficiente. Aquí, para ayudarlo, le damos algunas básicas, que la mayoría de los hombres ricos ha tenido en común y que le permitirán trazar ese retrato ideal: Perseverante Confiado Entusiasta Imaginativo Enérgico Trabajador Audaz Positivo Intuitivo Hábil Convincente Astuto Líder Fiable Intrépido

Elija entre estas cualidades las que le parezcan hacerle más falta, o aquellas sobre las que considere más ventajoso trabajar. Trabaje sobre un problema por vez. Escoja la cualidad que más le falte. Trabaje entonces sobre su mayor flaqueza. Será suprimiendo su mayor flaqueza como adquirirá mayor fuerza.

Un modo simple de componer una fórmula es elaborar una variante de la célebre fórmula de Emile Coué. Así, usted puede seleccionar una de las cualidades cuya lista parcial le hemos brindado, y decir: “Todos los días, desde todos los puntos de vista, me vuelvo más y más entusiasta”.

O: “Todos los días, desde todos los puntos de vista, me vuelvo más y más enérgico”.

Componga usted mismo sus propias sugestiones. Elija palabras simples, que le resulten familiares, que provoquen una resonancia en usted. Escriba sus sugestiones. El solo hecho de escribir una sugestión ejerce una influencia mucho mayor de lo que usted cree. Al exteriorizarse, su pensamiento cobra fuerza, autoridad. Se convierte en acción. Se concreta. Es el punto de partida de su accionar. Es el punto de partida de su cambio inminente. No pierda de vista sus sugestiones. Impregne su mente con ellas. Pronto formarán parte de su vida, de su personalidad profunda. El viejo hombre que habitaba en usted dará lugar a un hombre nuevo, conforme a sus deseos, que sabe dirigir su propio destino. Aquí le proporcionamos otras reglas para que usted mismo componga sus sugestiones. La experiencia ha demostrado que, para resultar plenamente eficaz, una sugestión debe tener las siguientes características:

Breve: si es demasiado larga, no afecta con eficacia al

subconsciente.

Positiva: Es algo primordial. El subconsciente funciona de manera

diferente del consciente. Si usted dice “Ya no soy pobre”, corre el riesgo de que la palabra que retenga sea “pobre”, pues es la palabra clave. Entonces obtendrá el efecto contrario al desaseo. Lo mejor es decir: “Me vuelvo rico”.

Progresiva: Ciertos autores afirman que hay que formular la

sugestión como si ya poseyéramos lo que deseamos. No es que no sea eficaz, pero la mente consciente suele encontrar en ello una contradicción, y se produce un conflicto mental que arriesga comprometer el éxito de la sugestión. Así, si usted repite “soy rico” o “tengo el empleo ideal”, seguramente su mente advertirá la contradicción, sobre todo si actualmente usted gana poco o está desempleado. Prefiera en cambio una fórmula: “Cada día me enriquezco más y más”, o “Me vuelvo más y más rico”, u: “Obtengo el trabajo ideal”.

Estas fórmulas le asegurarán el éxito.

Una manera de evitar este conflicto consiste en repetir simplemente palabras matemáticas, sin verbo alguno. Una de las asociaciones de palabras más poderosa, que puede utilizar, es la siguiente:

Repita incansablemente estas palabras. Constituyen la meta a la que usted aspira. Estas palabras le aportarán en abundancia aquello que usted necesita y colmarán sus sueños más locos. Aquí, una variante sumamente poderosa de la fórmula de Emile Coué. Es un poco más larga, pero le ayudará a lograr maravillas. Es la siguiente:

Incluso una repetición mecánica y poco convencida de estas palabras surte un efecto. Sin embargo, cuanto más emoción y deseo ponga usted en sus sugestiones, más y mejores resultados obtendrá. Repítalas con el corazón. Si desea algo con cada célula de su cuerpo, con toda el alma, sus deseos se cumplirán. Thomas Edison dijo un día: “Años de experiencia me han enseñado que un hombre que desea algo a tal punto que para obtenerlo es capaz de jugar todo su futuro a un simple golpe de fortuna, con toda seguridad lo obtendrá”.

Los diez hombres ricos que figuran en esta obra pusieron todo su corazón en sus empresas, y su deseo de triunfar esta animado por un ardor poco común. Tenga la audacia de imitarlos. No tema escuchar los deseos secretos de su corazón. Y comience hoy mismo a reprogramarse. En este capítulo que acaba de leer hay la fuerza suficiente para transformar su vida y hacer de usted un hombre rico. Pero nadie puede volverse rico en lugar suyo. Nadie puede repetir las fórmulas por usted. Su primer gesto, su primera acción, consistirá entonces en la repetición de estas fórmulas de riqueza.