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Robust and Asynchronous Average Consensus (ra-AC)

Eso no es serio, objetará usted. Pero espere. La manera que sugerimos nosotros cuando decimos “tirar a cara o cruz” no

es más que un pequeño truco para ponerlo en contacto con su subconsciente y tener un indicio de lo que éste piensa. Por supuesto, determine a su manera qué es lo que representan la cara y la cruz. Lance la moneda y ahora observe su reacción. Si la monea cae en cara, y ese lado significa que hay que llevar adelante un proyecto aunque en realidad a usted lo decepcione la elección al azar, lo más probable es que su subconsciente no crea en ese proyecto. Incluso, si usted está contento porque la moneda cayó del lado cruz, es decir, del lado negativo, es un indicio de que usted no cree en ese proyecto y que, inconscientemente, su decisión ya está tomada. En este jueguito hay cuatro posibilidades de reacción, de las cuales acabamos de citar dos. En cada uno de esos casos, analice bien su reacción. No haga de ella necesariamente algo absoluto, pero sírvase de esa reacción como de un elemento de decisión. La experiencia demuestra que, a menudo, este jueguito anodino permite resolver la situación. Y para mejor. Sobre todo en las decisiones muy difíciles en que los elementos a favor y en contra se equilibran perfectamente.

Una observación suplementaria. Cuando las ventajas y las desventajas parecen estar tan bien equilibradas, puede ser una señal evidente (pero a la cual no le otorgamos gran importancia) de que el proyecto presentará muchas dificultades, que su éxito quedará mitigado de algún modo. En todo caso, es seguro que las dudas que subsistan en nuestra mente son mal augurio. Pues amenazan socavar nuestro entusiasmo, nuestra fe. Usted no creerá más que a medias. Los resultados serán, en consecuencia, medianos. Ya hemos visto antes la importancia de la fe y el entusiasmo. Si el proyecto no lo entusiasma lo suficiente, mejor será que elija otra cosa. La experiencia de los hombres ricos ha demostrado que en general no se comprometían en proyectos en los que no creían en un 100%, lo cual no quiere decir que les faltara la lucidez necesaria para prever los inevitables obstáculos con los que chocarían. Pero desde el principio confiaban totalmente en la victoria final.

Cuando usted haya aprendido a desarrollar su rapidez de decisión y pese a todo se enfrente a un problema que le haga vacilar demasiado, desconfíe. Probablemente es la señal de que no se traba de un buen negocio. Es, además, una de las razones por las cuales, cuando usted puede tomar una decisión rápida sobre un tema, debe ver en ello un signo favorable, incluso en el caso en que se haya negado a comprometerse. Pues tomar una decisión rápida es también saber decir que no rápidamente. Esto no habla necesariamente de una mente negativa. Lo que ocurre

es que no todo es válido; de lo contrario, todo el mundo sería rico. Empero, si usted le dice no a todo, de manera sistemática, si no emprende nada, por miedo a cometer un error, es señal de que está usted mal programado.

Otra razón por la cual es deseable tomar decisiones rápidas es que las buenas ocasiones no se hallan eternamente presentes. Hay que aprovechar la ocasión cuando se presenta. Desde luego, siempre habrá nuevas ocasiones, pero si, cada ve, usted vacila, serán tantas ocasiones desaprovechadas. Vacilar en aceptar un empleo, o en solicitar un puesto, tardar en invertir en un proyecto, en hacer una oferta de compra de un inmueble, todo ello puede resultar fatal. Usted no se encuentra solo en la carrera. Y si una ocasión es buena, dígase que lo más probable es que usted no sea el único en darse cuenta. Es el más rápido quien las aprovechará, y el más audaz. Por supuesto, quizás todavía le falten algunos datos en la mano, hay fuertes probabilidades de que pierda la oportunidad que se le presenta.

Esto es lo que les ocurre a menudo a los que prefieren analizarlo todo en lugar de fiarse de su intuición, es decir, de la sabiduría profunda de su subconsciente. Por otra parte, lo que con frecuencia obtienen esos partidarios furiosos del análisis es que un análisis demasiado largo acarrea en sí un riesgo: la situación cambia, ya no es más la misma y en el momento de tomar la decisión, los datos que permitieron tomarla ya no son válidos y, por lo tanto, la decisión es errónea.

En su autobiografía, Lee Iacocca, quien después de presidir durante ocho años los destinos de la compañía Ford Motor salvó de la bancarrota a la compañía Chrysler, hace un comentario interesante relativo al tema de la toma de decisiones: “Aquí nada permanece estático. Me gusta cazar patos, cacería en la que el movimiento es permanente. Uno puede divisar al pato, tenerlo en la línea de mira, el animal no interrumpe su vuelo. Si uno quiere darle, tiene que desplazar la escopeta. Una junta que debe tomar una decisión importante no puede siempre actuar con la rapidez deseada. Cuando al fin se dispone a apretar el gatillo, tal vez el pato ha quedado fuera del alcance de la escopeta”. Los que demoran demasiado en tomar decisiones se encuentran a menudo en la odiosa situación del cazador frustrado. Como lo dice el viejo refrán: la fortuna sonríe a los audaces.