Con el ejemplo de la pintura de tipos, hemos visto cómo el retrato se acabó mezclando con otros temas; pero no fue el único. La creación de una jerarquía de géneros por parte de las Academias europeas de arte durante la época moderna fue determinante no tanto para su distinción como para su mezcolanza. Efectivamente, la ubicación de la pintura de historia en lo más alto de esta escala provocó a veces que el resto de los géneros situados por debajo aspiraran a gozar de su misma consideración y, en consecuencia, presentaran algunos de sus rasgos. A pesar de todo, justo después de la pintura de historia se situaba el retrato, en una época –siglos XVI, XVII y XVIII- en que sólo se pintaban, al menos oficialmente, personajes dignos de representar, como reyes o nobles; de esta manera, mediante la imagen podían constituirse como modelo moral y, por lo tanto, como la pintura de historia, tener un fin útil para con la sociedad64.
61 GUTIÉRREZ, J., Exposiciones Nacionales de Pintura en España en el siglo XIX, Madrid, Universidad
Complutense, 1987 (tesis doctoral inédita), p. 613; y GUTIÉRREZ, J., Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, Madrid, Historia 16, 1992, p. 28.
62 Algo parecido ya había comenzado a suceder en el siglo XVIII inglés bajo el formato de las “conversation pieces”, que fue un intento –consciente- de hacer más informales ciertos retratos, incorporando elementos de la vida cotidiana, por lo que a veces han recibido el calificativo de “retratos domésticos” o “de género”. Vid.
SHACKELFORD, G. T.M.-HOLMES, M. T., A Magic Mirror. The Portrait in France 1700-1900, Houston, The Museum of Fine Arts, 1986, p. 13.
63 PANYELLA, V., “Les dones sense nom i l'enigma de Miss Mc Flower”, en L'Eco de Sitges, nº 6237, Sitges, 7
marzo 2014, p. 22.
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No obstante, muchos de estos retratos con modelos dignos de emulación no siempre se hicieron en vida, sino posteriormente. Aquí es cuando surge la primera desviación respecto al retrato entendido como tal, bajo la expresión de “retrato histórico”; desviación que hace referencia a que el retrato suele hablar en presente, mientras que la historia nos lleva al pasado, una de las incongruencias que ha llevado a algunos a rechazar la posibilidad de considerar estas obras como verdaderos retratos: Delacroix, por ejemplo, reconoció que “los
verdaderos retratos son los que se hacen de los contemporáneos”65
.
En primer lugar, por “retrato histórico” estamos hablando de pinturas protagonizadas por personas conocidas y concretas, que han devenido recordables o históricas con el paso de los años. Como hemos dicho antes, la imposibilidad de pintarlas en directo dio pie a que el artista recurriese a otros medios a la hora de representar a ese personaje ya fallecido. La objetividad (o en todo caso, la interpretación directa del creador ante su modelo) cedía ante una visión mediatizada por fuentes indirectas (además del nombre, hay que tener en cuenta la biografía del susodicho y algún retrato previo del mismo para la fijación de su físico66). Así fue como pudieron elaborar Bartolomé Bermejo o José de Ribera “retratos históricos” (o “criptorretratos”, según prefiere Miguel Falomir67
), como el de Santo Domingo de Silos
(1474-1477) (Museo del Prado, Madrid) o Demócrito (1630) (Museo del Prado, Madrid), respectivamente, efigies altamente individualizadas de sus sujetos, donde un modelo real habría prestado su cuerpo a una personalidad, siendo paradójicamente como se le recordaría en la posteridad68.
No obstante, desde el momento en que dejaban de ser “personas” para convertirse en “personajes” históricos, esto último cobraba más importancia que su valor como ser humano69. A este respecto, en muchas ocasiones se crearon galerías de retratos de reyes, donde primaba más la legitimidad de grupo que la valoración del individuo en sí, ya que constituían un factor clave en la memoria histórica colectiva70. En este sentido, sabemos que durante el siglo XIX, debido al sentimiento nacionalista despertado desde el Romanticismo, así como al éxito y prestigio de que gozaba la pintura de historia entonces, se encargaron
65Cit. en MARTÍNEZ-ARTERO, R., op. cit., p. 192. 66
Ibídem, p. 52.
67 FALOMIR, M., op. cit., p. 70.
68 No obstante, la duda asalta una vez más cuando el modelo usado por el pintor también es conocido y se carece
de la suficiente información en su objetivo inicial, produciéndose interferencias identitarias. Así pues, en estos casos no sabemos si lo que tenemos en frente es un retrato o no: siguiendo en la época barroca, cuando Rembrandt pintó a su esposa Saskia ataviada como Artemisia (1634) (Museo del Prado, Madrid), ¿era un retrato
como la diosa…, o más bien la usó como modelo?
69 En la época moderna, en el caso de la figura del rey sus equivalentes serían la “personalidad individual” y la
“personalidad institucional”, que constituyen los “dos cuerpos del rey”. Vid. PORTÚS, J., op. cit., p. 38.
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desde diversos puntos del territorio español galerías de monarcas71, siendo quizás la Serie cronológica de los reyes de España la más famosa. Se trataba de un encargo que la misma reina Isabel II le hizo al pintor José de Madrazo a mediados de siglo, con destino al Museo del Prado: el objetivo era llevar a cabo la serie completa de los reyes de España, desde Ataúlfo hasta la actual monarca, por parte de diferentes pintores bien documentados; pero quedó inacabada72.
Un caso diferente sucede cuando se representan personas coetáneas al pintor (y que serán “históricas” posteriormente, pero no entonces), y que el artista pudo conocer. El paso del tiempo es el que ha permitido saber si el personaje retratado se ha convertido en alguien digno de perpetuarse en el recuerdo, lo que a veces ha dado pie a fenómenos extraños: en concreto, hablamos de las copias de retratos históricos del siglo XVII y XVIII con fines institucionales y llevadas a cabo durante el siglo XIX e incluso XX, que Jonathan Allen califica de “rerretratos”73
. Con esto se subrayaba más su cariz histórico que retratístico. Sea como sea, en la mayoría de los casos, el calificativo de “retrato histórico” se ha utilizado en cuanto a una dependencia dentro de la pintura de historia, considerado tradicionalmente como un género superior al retrato74. Esto se puede ver fácilmente en aquellas composiciones históricas donde los diferentes personajes que participaron en dicho acontecimiento se plasmaban fielmente, de manera que el retrato quedaba supeditado a la escena y, por lo tanto, pasaba a ser un ingrediente subsidiario de la pintura de historia. Así pues, los valores de este tipo de cuadros, donde frecuentemente el factor narrativo –el contar una historia de la Historia- era crucial, hacían descender a un segundo plano lo que perteneciera a otro tipo de temas, como el paisaje o el ya mencionado retrato. En 1837, Krause Kart escribió un tratado (traducido al español en 1883 por Francisco Giner de los Ríos) donde justamente diferenciaba entre el retrato convencional, que “ha de ofrecer lo
71 Así, por ejemplo, en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid se conserva parcialmente una serie que también se
iniciaba con Ataúlfo y llegaba hasta Alfonso XII. Su popularidad queda refrendada porque en mayo de 2013 salió en subasta pública en Balclis una galería muy similar.
72 GÓMEZ-MORENO, Mª E., Summa Artis. Historia General del Arte, vol. XXXV*: “Pintura y escultura
españolas del siglo XIX”, Madrid, Espasa-Calpe, 1993, pp. 317-318; y BARÓN, J., “El arte del retrato en la España del siglo XIX”, en BARÓN, J. (ed.), El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid, Museo del Prado, 2007, p. 37.
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ALLEN, J., “A través del Atlántico: el género del retrato y la isla”, en Rostros de la isla. El arte del retrato en Canarias (1700-2000), Las Palmas de Gran Canaria, Ediciones del Umbral-Cabildo de Gran Canaria, 2002, p. 117. Se habla específicamente de los “rerretratos” del pintor canario Gumersindo Robayna y Lazo.
74 Palomino lo vio también así e incluyó el “retrato historiado” dentro de la pintura de historia. Vid. PORTÚS, J., op. cit., p. 42.
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constante, peculiar y distintivo de una persona”, del retrato histórico, cuyo personaje debía aparecer “en una acción significativa que lo caracterice”75.