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alzado por Sileno en presencia de las nin- fas, sátiros, Orfeo y los animales sagrados. La postura de Baco niño encajaría con la del “niño-violín” de Picasso. Sin embargo, el espíritu de este grabado es excesivamente idílico, se evoca un ambiente bucólico que no encaja con la idea de martirio o de sa- crifi cio.

En el libro de Gusman, encontramos la re- presentación plástica de un castigo escolar. Pensamos que Picasso extrajo su modelo de esta imagen. El peculiar castigo infl igido al alumno pompeyano, colgado de la espal- da de un hombre, sujetándolo otro por los pies y atizado con una fusta o ramas por un tercero, nos ofrece la imagen de Max Jacob con su “niño-violín”. El niño ha sido reju- venecido casi hasta convertirse en el Baco niño de la reproducción de Roux, de modo que el propio Max Jacob puede colgárselo de la espalda y sujetarlo con los pies, sin ayuda exterior. Picasso transforma la fusta en arco y ya tiene el “niño-violín”. Los apli- cados alumnos de la izquierda, acompañan la composición como en el grabado lo hacen los bailarines.

Son extraordinarias la coherencia, la ironía y la capacidad de adaptación de Pi- casso.

La pareja de bailarines. ¿André Salmon y Apollinaire?

La bailarina es el personaje central de la com- posición. Como se ha visto las graciosas bai- larinas pompeyanas amenizaban reuniones y

symposiums. Picasso que había subrayado sus gracias en Salomé, aquí, parece burlarse de la feminidad de esta artista a la que hay que mirar dos veces para cerciorarse de que se trata de una mujer. Si comparamos la bai- larina del grabado con la del dibujo, observa- remos el cambio en el color de su piel. En el dibujo es casi negra mientras que en el graba- do tiene el mismo color que sus compañeros de grupo. Éste sería el segundo personaje de color que aparece relacionado con Salomé y

La danza. El primero es la sirvienta que sos- tiene la cabeza del Bautista en Salomé y cuyo modelo iconográfi co ha quedado pendiente de ser identifi cado.

La caricatura de la bailarina, junto a las caricaturas de André Salmon, no deja lugar a dudas sobre su identidad. Picasso ha con- ferido a la artista la personalidad del poeta. No sólo es su peculiar perfi l, sino también su delgadez, y su actitud general, algo diferen- te a la del resto del grupo. Salmon era más sutil, muy soñador, desmañado y torpe de movimientos. Sus manos, muy largas y fi nas,

La educación de Baco.

Roux Vol II P.7

Picasso. La Danza. Detalle. París, 1905. Punta seca sobre cobre. 18’5x23’2 cm. Musée Picasso París.

Gusman.La escuela.

P.212.

Picasso.La Danza. Detalle. París, 1905. Punta seca sobre cobre. 18’5x23’2 cm. Musée Picasso París.

Picasso. Bailarines y músico. París, 1905. Pluma y tinta. 26x33cm. Musée Picasso. París.

llamaban la atención de sus amigos. Tenía una gran facilidad para explicar con gracia las historias más escabrosas. Así lo describe Fernande:

(André Salmon) se vino a vivir también a la casa (Bâteau- Lavoir) (…) Maravilloso narrador, Salmon contaba las historias más escabrosas de una manera exquisita. Muy diferente a sus amigos Guillaume Apolli- naire y Max Jacob, Salmon se imponía por su espíritu delicado, sutil, fi no, hábil y ele- gante. Cáustico, amable también, poeta, era acaso más sentimental que el resto de los amigos. Soñador de acusada sensibilidad, alto, delgado, distinguido, con ojos inteli- gentes en un rostro muy pálido, parecía muy joven (…) Sus manos largas y fi nas sostenían de una manera muy particular la pipa… Sin embargo sus gestos un poco desmañados, torpes, denunciaban su ca- rácter tímido.76

Quizás sea la extrema sensibilidad de Sal- mon lo que hizo de él el mejor candidato para ocupar el rol femenino. Aunque la ho- mosexualidad de Max Jacob y los bailes que ejecutaba para divertir a los amigos, tal como los relata Fernande, constituían, méritos su- fi cientes para optar al puesto de bailarina del grupo.77 Sin embargo, Richardson, habla de

un período de Salmon en el que devino trés tante (mariquita) y se relacionaba con otros

tantes como él. Lo cierto es que el servilismo al que alude Richardson y la palabra france- sa tante, encajan fantásticamente bien con la actitud de Salmon.

André Salmon era el más fl emático. No

estaba en la misma onda. Era un homme

à lettres más convencional, demasiado re- fi nado y ligeramente servil. Pronto aban- donó su estudio en el Bâteau-Lavoir, pero siguieron viéndose constantemente. A Pi- casso le gustaba tener a mano a sus laurea- dos amigos, sobre todo para enfrentarles entre sí.

A los tres (poetas) les gustaba beber; aun- que no en exceso; Jacob y Salmon prefe- rían las drogas (Jacob el eter y el beleño; Salmon el opio (...) Salmon (sin que Apo- llinaire, nuestra fuente de información se sorprenda demasiado) se había vuelto, repentinamente, trés tante y pasaba el día con otros tantes. Esta fase fue efímera. Po- cos meses después, Salmon se casaría con una opiómana como él.78

Al encarnar Max Jacob al músico, el pues- to de bailarina quedaba vacante. Las cuali- dades femeninas (tante y servil) de André Salmon, le situaron inmediatamente en este lugar.

La bailarina no danza sola, baila a dúo con el voluminoso bailarín de la derecha. Sus es- tudiados pasos podrían estar evocando los de una danza ritual como la que reproduce Gusman en La danza satírica. La bailarina picassiana, como puede observarse, no es re- presentativa de las de su clase en Pompeya. La fi gura de su compañero parece la misma que la del alto dignatario que Picasso dibuja en el primer término y que hemos relaciona- do con Sileno. Si bien se constatan semejan- zas con al composición de La danza satírica, percibimos distintas atmósferas y se da una alteración en las fi guras de los personajes que resultan innecesarias desde un punto de vista compositivo.

Picasso. La Danza.

(Detalle). Picasso. París, 1905. Punta seca sobre cobre. 18’5x23’2 cm. Musée Picasso París.

Picasso. Retrato de A. Salmon. 1905. Tinta sobre papel. 30x23 cm. Colección particular.

Picasso. Bailarines y músico. (Detalle). París, 1905. Pluma y tinta. 26x33cm. Musée Picasso París.

Picasso.A. Salmon.

Carboncillo sobre papel. 60x40 cm. París. Colección particular.

76. OLIVIER, FERNANADE Picasso y sus amigos. Madrid. Taurus Ediciones. 1964