Las redes de centros y profesionales de la educación son una herramienta excelente para promover la mejora de los sistemas educativos. Estas redes pueden establecerse entre los profesionales de un mismo centro educativo, entre centros y servicios educativos y sociales de un mismo municipio, entre centros educativos y profesionales de municipios y comunidades diferentes o incluso entre profesionales de diferentes países.
Apoyo y fortalecimiento educacional. Coyhaique 2010
92 Gestión directiva y competencias profesionales docentes La colaboración interna en los centros educativos ya se asume normalmente entre el profesorado a partir de los compromisos que conlleva el desarrollo de la autonomía curricular (aunque no siempre se practica). De hecho, de la mera revisión de los múltiples requerimientos normativos que tienen los diferentes órganos del centro educativo se deriva la necesidad del trabajo en equipo (Gairín y Rodrígu ez, 2010).
Sin embargo, son procesos que normalmente quedan limitados y circunscritos a los profesores, con poca o ninguna participación de padres y alumnos. Se trataría, consecuentemente, de impulsar proyectos comunitarios, promover aulas colaborativas, que incluyan conocimiento y autoridad compartida entre profesorado, estudiantes y alguna participación de los padres, establecer equipos multidis ciplinares de profesorado y estudiantes para enseñanzas medias y universitarias u otras alternativas.
Algo similar ocurre con los procesos de colaboración externa. Las posibilidades que tienen las instituciones de colaborar entre sí son reales. Si no fuera así, no podríamos recordar experiencias como: la asociación de escuelas bajo un mismo parámetro organizativo; las agrupaciones de centros en zo nas rurales; las asociaciones de centros de personas adultas; las redes de centros o las acciones colaborativas promovidas dentro de contextos más amplios como el Proyecto Educativo de Ciudad. Sin embargo, podemos decir que estas experiencias colaborativas son poco numerosas, quedan mediatizadas por necesidades concretas y, en muchos casos, relacionadas con contextos deficitarios. El trabajo en re d y en comunidades, formales e informales, entre centros educativos y profesionales supone una negociación constante entre los participantes, que debe considerar las peculiaridades características de cada organización y generar micropolíticas y estructuras comunes de interrelación.
Entender las organizaciones como comunidades o redes de profesionales donde se realiza un trabajo colaborativo condic ionan, inevitablemente, los procesos de cambio y mejora. Potenciar estructuras y procesos colaborativos que fomenten el intercambio y apoyo entre los profesionales de la educación nos ayuda a superar el aislamiento típico de estructuras altamente burocratizadas y contribuye a la mejora de la calidad educativa (véase cuadro 6.1).
Las organizaciones como estructuras formales burocráticas
Las organizaciones como comunidades colaborativas
Trabajo aislado, privado e individualista, sin ámbitos comunes para compartir
experiencias profesionales.
Relaciones comunitarias y sentido del trabajo en comunidad. La actividad profesional es vista como una tarea colectiva, en
cooperación e interdependencia mutua. Los profesionales son vistos como técnicos,
gestores “eficientes” de prescripciones externas.
El profesional se considera un agente de desarrollo y cambio, y se reconoce su autonomía y profesionalidad.
Los profesionales no están implicados en la toma de decisiones. Su papel es
instrumental. Procedimientos formales rigen las relaciones.
Toma de decisiones compartidas. Invierten tiempo y espacios de diálogo comprometidos en la mejora de la actividad asumida.
La responsabilidad de funciones está asignada jerárquicamente, con distribución funcional de tareas.
Los líderes/directivos promueven la colegialidad y el soporte para el desarrollo profesional.
Cuadro 6.1. Dos imágenes de las organizaciones (a partir de Bolívar, 2004). Apoyo y fortalecimiento educacional Coyhaique 2010
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Fundamentos de la intervención
Fundamentos de la intervención
Desarrollo educativo al servicio del desarrollo social 93 En este contexto, donde la cooperación se ha convertido en un requerimiento necesario para la creación de valor, potenciar los procesos colaborativos supone un conjunto de consideraciones sobre la concepción que se tiene sobre la realidad, los valores educativos y prioridades que se asumen, así como con el tipo de organizaciones y profesionales que se vinculan.
Los retos más significativos que las instituciones educativas deben asumir en relación a sus procesos organizativos están vinculados con (Gairín, 2005): (1) una mayor apertura interna y externa que posibilite el establecimiento de redes de colaboración, con relaciones fluidas y eficaces, que conlleven una mayor rentabilidad social; (2) modificaciones estructurales, que doten a las organizaciones de la flexibilidad necesaria para pro mover innovaciones; (3) cambios culturales que, en coherencia con la necesaria apertura organizativa y flexibilidad estructural, promuevan una mayor colaboración interna y externa en las instituciones educativas; y (4) consideración de las escuelas como comunidades de aprendizaje que, como consecuencia de una mayor autonomía institucional, la extensión de la participación en educación y los nuevos modelos de gestión, promuevan la interacción y el compromiso colectivo, haciendo real el aprendizaje y desarrollo organizativo.
En esta misma línea, Mónica Gather (2004) sugiere cinco nuevos principios organizativos que contribuyan a superar la lógica organizativa actual, permitiendo una respuesta más ajustada a las exigencias contextuales: (1) equilibrio entre necesidad de cambio y estabilidad; (2) flexibilidad y adaptabilidad; (3) proyecto común; (4) reducción de la especialización; y (5) funcionamiento en redes.
Destacamos especialmente el último principio organizativo propuesto por Gather (2004), y que recoge los cuatro anteriores, al tratarse de un excelente modo de involucrar a los miembros de las organizaciones en una “gestión participativa, colectiva, basada en la resolución de pr oblemas reales y comunes” (p. 45).
Evidentemente, estas propuestas enlazan directamente con el desarrollo de una cultura organizativa específica que fomente la colaboración entre los profesionales y asegure un cambio más eficaz y perdurable. Aunque, conseguir una cultura colaborativa no es una tarea sencilla, existen algunas acciones que nos pueden ayudar: (a) desarrollar en las organizaciones y e n las personas la capacidad de promover procesos de autorevisión, planificación y acción estratégica para la mejora institucional; (b) establecer el diálogo profesional, el compartir experiencias, ideas, valores, aprendizaje conjunto, etc. como normas de funcionamiento; (c) potenciar la autodirección, sin perder la capacidad para responder a las necesidades de carácter individual o social; (d) pos ibilitar la institucionalización e instauración de las mejoras.
Hargreaves (1999), por su parte, considera que los centros educativos deben ser organizaciones creadoras de conocimiento y, por tanto, organizaciones que aprenden y se desarrollan de forman constante. En este tipo de centros educativos debe existir (Hargreaves, 1999:126):
Una cultura de mejora continua;
Fuerte consciencia del ento rno externo;
Alta sensibilidad hacia las preferencias de los miembros claves de la comunidad educativa;
Planificación coherente y flexible; Descentralización y jerarquías planas;
Apoyo y fortalecimiento educacional Coyhaique 2010
Apoyo y fortalecimiento educacional. Coyhaique 2010
94 Gestión directiva y competencias profesionales docentes Reconocimiento del conocimiento experto que posee el profesorado;
Relaciones informales entre el profesorado, que valora más la experiencia en tareas relevantes que el estatus organizativo;
Creación de conocimiento profesional como un proceso presente en toda la organización;
Provisión regular de oportunidades para reflexionar, dialogar, investigar y trabajar en red en relación al conocimiento y la práctica profesional;
Hibridación interna (ej. rotación laboral, equipos multidisciplinarios);
Predisposición para la innovación, tratamiento de los errores como oportunidades para el aprendizaje;
Preparación para establecer colaboraciones, alianzas, redes para mejorar el trabajo;
Clima positivo con una tensión constante y explícita entre libertad y control, libertad y responsabilidad en las tareas profesionales.
Finalmente, junto al replanteamiento de la organización y gestión de los establecimientos educativos, deben articularse estrategias que contribuyan al desarrollo de competencias para el trabajo en red entre los agentes educativos y que fomenten actitudes adecuadas. En lo que se refiere específicamente a la formación de los profesionales de la educación, desde el proyecto TRAMA (Essomba, 2009) se proponen algunos principios que deberían garantizar el trabajo en red en el ámbito educativo, como respuesta a la complejidad e incerteza del contexto en el que desarrollan su actividad profesional:
1. Los profesionales de la educación del siglo XXI deben disponer de competencias para el trabajo en red, garantizando así la calidad de los servicios, programas u organizaciones en los que participan.
2. Las universidades deben asumir la responsabilidad de garantizar una formación inicial y continua de calidad sobre el trabajo en red para estos profesionales. 3. Los centros universitarios deben impulsar acciones de investigación que refuercen
procesos de innovación en este ámbito.
4. Los planes de estudio deben considerar el trabajo en red y el desarrollo de c ompetencias asociadas, como un contenido transversal de las diversas
especialidades, así como un contenido específico en alguna de ellas.
5. La introducción del trabajo en red en los centros universitarios debe impregnar toda la institución, de los ámbitos más formales a los informales, fomentando un efecto de modelaje.
6. El impulso y consolidación del trabajo en red en la formación inicial y per manente de los profesionales de la educación debe contemplar la creación de planes específicos y contextualizados, así como una necesaria inversión económica. 7. Los centros de educación no universitaria deben contribuir al desarrollo del trabajo
en red participando activamente con los centros de formación universitaria y aprovechando la oportunidad para poner en marcha procesos de innovación, vin culados al trabajo en red, sobre el territorio.
8. Los colegios profesionales deben implicarse en acciones que fomenten el trabajo en red, en coherencia con la realidad social.
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Fundamentos de la intervención
Fundamentos de la intervención
Desarrollo educativo al servicio del desarrollo social 95 9. Los poderes públicos deben proporcionar los recursos económicos y materiales
necesarios para que las propuestas de fomento del trabajo en red sean una realidad.