CHAPTER 2: THE MEANING OF INDIGENOUS SPIRITUALITY AND HOLISTIC
2.11. Knowledge foundations of indigenous knowledge system and western knowledge system as an
57 Savater, F.: «Motín en Carabanchel. Los otros presos políticos», Triunfo, 706, 1976. 58 Abad, I.: op. cit., p. 167.
prendían una intensa actividad reivindicativa que en breve daría sus primeros frutos. A mediados de mes, se reunieron con el recién nombrado director ge- neral de Instituciones Penitenciarias, José Moreno Moreno, al que le presenta- ron sus objetivos y reclamaron colaboración, pero la primera respuesta de Mo- reno fue negar la esperanza de un indulto para los condenados comunes.59
Mientras tanto delegaron en un grupo de jóvenes abogados penalistas las presentación de una denuncia formal en el juzgado por los maltratos recibidos tras el motín de Carabanchel,60 al mismo tiempo que, en contacto con el in-
terior de la cárcel, elaboraron un extenso informe sobre los hechos sucedidos el día 31 y la situación general de las prisiones, donde anunciaban su consti- tución formal como Asociación de Amigos y Familiares de Presos y Ex presos al amparo de la Ley de Asociaciones de 1964.61 La organización del apoyo
mutuo en forma de una asociación estable buscaba coordinar la solidaridad hacia el interior, de manera similar a como ya hacían desde bastantes años atrás los miembros de la Asociación de ex Presos y Represaliados Antifran- quistas, y muchos otros comités y plataformas transversales, como la que se creó en febrero de ese año en Cataluña.62 Pese a que en estos momentos de
finales de verano la asociación no tenía todavía entidad jurídica y no era co- nocida ni reconocida por los medios o las instituciones, y apenas contaba con unas pocas decenas de miembros, su voluntad era la de convertirse en interlo- cutor y altavoz en el exterior sobre los problemas de los reclusos, «la promo- ción humana, cultural y social de los ex-presos; la defensa de un trato huma- no en las prisiones; el procurar la reinserción social de los ex-presos; [y] la expansión a nivel ciudadano de la problemática de los presos sociales en el interior de las cárceles, y aún más agudizante al salir».63
59 El País, 18 de agosto de 1976.
60 LCI: Arxiu COPEL, Carabanchel-Madrid.
61 LCI: Arxiu COPEL, Asociación de Amigos y Familiares de Presos y Expresos; Asociación de Familiares, «Informe a la opinión pública», agosto (?) de 1976. En un futuro próximo cambiarán el orden por el del definitivo Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex presos, que dará pie al acrónimo AFAPE.
62 Sobre la primera, Abad, I.: op. cit., p. 171. Sobre la segunda, Colomines, J.: Crònica de l’antifranquisme a Catalunya, Barcelona, Angle, 2003. pp. 259-260, 279.
63 ALB: AFAPE, «Comunicado de la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex Presos en la clausura de la 1.ª semana de solidaridad», 26 de marzo de 1977.
3.3. Hacia la concreción de una nueva
conciencia: el nacimiento de la COPEL
Desde finales de septiembre, cuando con motivo de la celebración del día de la Merced, patrona de los presos, se levantaron las sanciones para los castiga- dos por el motín, la normalidad parecía haber vuelto al ámbito penitenciario. Tan sólo alguna huelga de hambre y la lenta salida escalonada de presos polí- ticos lleva los nombres de los penales a las páginas de los periódicos. Durante ese semestre todas las miradas recaerán en las maniobras del nuevo Gobierno para convencer a los procuradores franquistas de que era posible la reforma a partir de la legalidad estricta, al mismo tiempo que pedía tiempo y paciencia a la oposición para poder llevar a cabo un proceso en el que todavía no se sabía si el PCE podría participar. Superado el obstáculo del hemiciclo en el mes de noviembre, todavía quedaba el último escollo del referéndum, pero la oposi- ción, demasiado débil para imponer la ruptura, se encontraba atrapada entre el deseo de no entorpecer la reforma y el pesar por tener que renunciar a las viejas aspiraciones rupturistas, por lo que no opuso demasiada resistencia.64
Mientras la vida pública pasa por el resultado final de estas cuestiones, muy presentes también en la cotidianeidad de las cárceles a través de los me- dios de comunicación permitidos, a la sombra de los muros algunos presos reflexionan sobre qué postura adoptar ante el nuevo escenario político que se ha abierto tras la muerte de Franco y el decreto de amnistía. Se está formando en ellos una nueva conciencia, influenciada por el contacto y el aprendizaje de los presos políticos, de los que heredan un marco cultural de lucha contra la dictadura y referentes concretos de actuación; su propia biografía, especial- mente, experiencias reivindicativas frustradas anteriores, y las circunstancias políticas que constituyen un nuevo marco de oportunidades. Triple combina- ción que conducirá, en breve, a la aparición del movimiento de presos comu- nes o sociales.
Conciencia, o identidad, que no sólo cuaja entre algunos presos, sino que se extiende a sus familiares y entorno más cercano, así como entre aquellos colectivos de pensamiento más contracultural o libertario y sin encuadrar en
64 Segura, A.: op. cit., p. 39.
los valores tradicionales de la oposición política antifranquista, mayoritaria- mente de ideología marxista. A estos colectivos las herramientas conceptuales de la teoría anarquista del derecho, reforzadas por las aportaciones de los au- tores soixante-huitards críticos con las instituciones de control social —con Foucault a la cabeza—, les servirán para dar forma a una interpretación de la delincuencia como el producto de un sistema político y social —la dictadura franquista y la sociedad de consumo— injusto y represivo, que condena a amplias capas de la población a la miseria, para recluirlas después dentro de las cárceles mediante leyes desproporcionadamente severas. «Exactamente, ¿acaso no es la Sociedad que los “hace” delincuentes que los germina y lo in- cuba, para luego abandonarlos como un feto? Nos hallamos así ante una toma de conciencia de los “abortados” rechazando la condición que se les impone y pidiendo responsabilidades a sus procreadores: La Sociedad». Por todo ello, desde esta postura de pensamiento radical se recupera, también, la categoría de preso social, para designar al preso de derecho común.
La resistencia al calificativo de delincuente es el síntoma primero de la existencia de una corriente, entre los presos comunes, que se halla impelida [sic] por una dinámica orientada a la toma de conciencia como grupo social discriminado y marginado. No es una dialéctica que conduce simplemente a modificar la expresión de una [ca]lificación, sino que tiende a la transforma- ción de una determinada figura penitenciaria: El Preso Común. Tomando conciencia de su situación como grupo está elabora[n]do la configuración de su propia imagen en el marco real que le corresponde: El Preso Social. 65
Tales afirmaciones no fueron pronunciadas en el interior de las cancelas, aunque se refieran a lo que estaba sucediendo dentro. Provenían de un grupo heterogéneo de personas, afincado en una barriada barcelonesa cercana al río Besòs: jóvenes de pensamiento libertario pero sin carné de CNT, militantes bregados en luchas vecinales, ex reclusos de la Modelo de Valencia y el Psi- quiátrico de Huesca… En definitiva «un grupo de compañeros que consta- tando la pobreza de nuestras vidas en la cárcel y/o en la sociedad creemos que
65 E. Z.: «El preso común toma conciencia de su situación carcelaria», ¡¡Quienes…, 1, 1976.
ambas son intolerables», como encabezaron cada uno de los seis números del boletín mural que publicaron a partir de aquel primer ejemplar que salió a la calle en noviembre de 1976, después de prácticamente un año de prepara- ción.66 Les unían las lecturas de autores extranjeros y sobre todo la voluntad
de denunciar la dominación de las personas por los distintos medios de en- cuadramiento social (cárcel, escuela, cuartel, manicomio…), más allá de la estricta lucha por la amnistía de los presos políticos.67 Y aunque ahora no se-
ñale más que su carácter pionero en este ámbito, más adelante volveré sobre el grupo para destacar la contribución del boletín Quienes… a la difusión de los comunicados de los presos en lucha.
Pero la «toma de conciencia de la dignidad humana que subsiste en cada recluso, [el] descubrimiento de los orígenes socioeconómicos de una gran par- te de sus hechos delictivos, y un concepto muy asumido del hecho de la mar- ginación social de la vida carcelaria y del ex preso, en el momento de recobrar la libertad», como se definió —un tanto ampulosamente— un año después, no sólo fue reivindicada desde el exterior por los sectores críticos con el siste- ma. Al mismo tiempo comenzó a aparecer de forma sutil en los primeros es- critos del movimiento de apoyo que encabeza —y por el momento, monopo- liza— la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex presos (AFAPE); y fue ganando fuerza, día a día, en el interior, a medida que se consolidó la constatación de que era necesaria una plataforma estable para poder reivindi- car sus derechos, lo que daría lugar antes de finalizar el año a la creación de una organización de presos sociales.68
66 Col·lectiu Arran: «Cárcel y movimientos sociales en Barcelona (1969-1979)», Panóptico, 4, 2002, pp. 207-212. No lo recoge esta entrevista, pero en Toulouse por las mismas fechas, el movimiento libertario español en el exilio publicaba un boletín mural de composición y temática muy parecida, llamado BASTA, que bien podría haber servido de modelo. Desde luego, la publicación llegó a Barcelona.
67 El mismo grupo de personas firmará poco después un libro de apenas 30 páginas, dedicadas a esta labor de denuncia; véase Colectivo Margen: Sobre la delincuencia, Barcelona, Etcétera, 1977. Para la influencia general de Foucault en España durante la Transición, y particularmente sobre las proclamas a favor de los presos sociales y sobre este texto, véase Galván, V.: De vagos y maleantes. Michel Foucault en España, Barcelona, Virus, 2010, pp. 104-135.
68 La definición del proceso forma parte de un informe sobre la situación de la cárcel