CHAPTER 4: RESEARCH METHODOLOGY
4.3. Research frameworks and design
consiguieron por la actuación de la Fuerza publica, restablecido el orden y todos los internos en sus respectivas celdas, quedaban unos 40 en la cúpula de la rotonda, los cuales desplegaron unas pancartas pidiendo amnistía y liber- tad y dando grandes gritos con el fin de que la gente del exterior se enterara de su presencia».
Subirse al tejado, desde donde se domina la cárcel y se goza de visibilidad hacia y desde el exterior, fue una constante en todos los motines de grandes dimensiones de esta época, y no carece de significado simbólico; pero no era fácil llegar, y permanecer allí arriba implicaba grandes riesgos por lo desprote- gido de la posición respecto al lanzamiento de pelotas de goma, la altura, y en el caso de la Modelo, por el deteriorado estado en que se encontraba la cubier- ta. El subdirector del centro insiste en esta circunstancia como razón de peso para el cese del hostigamiento hacia los 35 presos que quedaban y la acepta- ción del ofrecimiento para dialogar que le llegó a través del Gobierno Civil.
Dado lo peligrosísimo donde estaban los internos y en evitación de alguna desgracia personal, tanto por parte de los internos como de la Policía decidí que parlamentaran con los internos el Senador Sr. Xirinachs, el Diputado Sr. Solé Sabarís y el abogado Sr. Palmés, quienes intentaron por todos los medios y por mediación de un megáfono de la Policía, convencerles para que bajaran exigiendo varias condiciones que algunas de ellas fueron aceptadas, tales como que no habría represalias físicas, que se haría vida normal al día siguiente pero que tendrían que pasar por la Junta de Régimen todos aquellos que ha- bían intervenido y que la Junta es la que decidiría si habría sanciones, estu- vieron los internos de consulta y les di quince minutos para que decidieran, caso de no bajar, intervendría la Fuerza Publica, pasado el tiempo invite a los señores que habían intervenido en la negociación a que abandonaran el recin- to penitenciario ya que iba a intervenir la fuerza publica y cuando ésta hizo acto de presencia en el tejado con el fin de bajar a los amotinados, estos depu- sieron su actitud y bajaron uno a uno a sus respectivas celdas, se hizo el recuen- to correspondiente quedando la prisión en completa normalidad.21
21 Ibíd.
En comparación con el último gran motín de octubre de 1975 o el de Carabanchel, que todavía duraba, la rápida intervención de la policía y el he- cho de que no estuviese tan bien preparado redujo los daños materiales a destrozos de poca consideración y no hubo que lamentar heridos graves, a excepción de un interno que presentaba un fuerte hematoma en el ojo izquier- do que le trataron en el Hospital Clínico.
El mismo día 20 el jefe de servicios identificaba en sendas listas a los 21 presos que «han colaborado de una forma ejemplar» en distinto grado, buena parte de ellos ordenanzas, y a los participantes en los alborotos. Entre los se- gundos distinguía a los 5 «que han iniciado el motín y dirigido en todo mo- mento su marcha», 37 que habrían subido al tejado de la cúpula central donde desplegaron una pancarta donde se leía «Amnistía para todos los presos, CO- PEL», y 39 más que fueron sorprendidos en el interior de la rotonda sin que consiguieran subir y salir al exterior. El grupo de los señalados como promo- tores de la protesta no podía ser más heterogéneo. En primer lugar Emilio Si- món Blanco, uno de aquellos dos presos implicados en la difusión del mani- fiesto que marcaría la llegada de las ideas de COPEL a Barcelona a principios de febrero. Su nombre aparecerá habitualmente tanto en las listas de presos implicados en la protestas que seguirán produciéndose en los próximos meses, como en las de presos políticos vinculados al Front d’Alliberament de Cata- lunya (FAC), aunque en el recuerdo de presos y funcionarios que lo trataron, así como en diversas informaciones de prensa posteriores, su verdadera inten- cionalidad a la hora de atracar bancos queda seriamente en entredicho.22 Junto
a éste, Antonio Paños Vilar, preso por atraco a un banco en 1974, fue uno de los autores de instancias al rey durante los primeros días de mayo solicitando amnistía total para los comunes y, a partir de entonces, estuvo presente en casi todas las reivindicaciones de los presos de esta cárcel durante los próximos años, siendo identificado como «uno de los intelectuales» de la COPEL en
22 Entrevista a A. P. P., funcionario de la Modelo, 27 de octubre 2004. Díaz, R., Carvajal, M. (eds.): Joglars 77, del escenario al trullo. Libertad de expresión y creación colectiva 1968/1978, Barcelona, Icaria, 2008, p. 142. José Martí Gómez y Josep Ramoneda le dedicaron un artículo a la insólita trayectoria de este estafador y atracador: «Vidas ejemplares: retrato en negro», La Vanguardia, 1 de diciembre de 1995.
Barcelona.23 El tercero era Carles Sastre Benlliure, perteneciente al grupo in-
dependentista Exèrcit Popular Català (ÈPOCA), acusado del atentado contra el empresario José María Bultó. Y cerraban la cuenta Ángel González García y Lorenzo Jurado Pérez, pertenecientes al FRAP y acusados de haber matado a un policía armado, el primero, y de ser inductor del delito, el segundo.
Encerrados en celdas durante la tarde del día 20 pero sin otro tipo de medida correctiva, los presos seguían a la espera. El 23 de julio un nuevo in- forme del jefe de servicios ponía en alerta a la dirección del centro que «Sobre las 11 h. comunicaron los internos de más confianza a los Funcionarios de sus respectivas galerías, información sobre los planes que estaban forjando toda la población reclusa, estas informaciones de las distintas galerías coincidían en lo mismo, que quieren organizarla más gorda que en Madrid, que tienen en proyecto destruir todo lo que puedan, incendiar Talleres y hacerse fuertes en aquel sector».24 Según las informaciones que los presos de confianza transmi-
tían a los funcionarios, existía una fuerte tensión entre «unos [que] quieren organizarla en plan pacifico y otros en plan revolucionario». No era la única vía de información que la dirección del centro poseía. Como ya había sucedi- do antes del motín, las comunicaciones de determinados presos eran interve- nidas por funcionarios que apuntaban todo lo que era de interés. En una nota manuscrita sin fechar, pero que debió ser del día 22 o 23, se lee:
J. M. M. G. [nombre del interno] I/ Pregunta sobre el resultado de las cortes
F/ Dice que lo mas seguro es que den un indulto muy pronto. Y que la sesión ha sido en plan inagural
F/ pregunta si hay represalias con motivo del motín. El interno dice que no.
Luego su padre le dice que si volverá a haber algo (Jaleo en la prisión) I/ Posiblemente
Luego pasan a hablar sobre temas familiares y de estudios del interno. [firma].25
23 Entrevista a A. P. P., 27 de octubre de 2004.
24 AFM: «Informe del Jefe de Servicios a la Dirección», 23 de julio de 1977. 25 AFM: [Nota manuscrita]. «I» equivale a «interno», «F» a «familiar».
En base a estas informaciones, a las 5 de la tarde el funcionario dio permi- so a dos presos para que se cambiasen de la 1.ª galería a la 3.ª, hablasen con los presos e intentasen calmar los ánimos. Aquella tarde en todas las galerías co- rros de entre 30 y 40 internos discutían si «actuar ó no actuar, de una forma pacífica o revolucionaria, estando divididos los internos de una forma aproxi- mada de mitad y mitad, entre los clásicos caciques o líderes mientras que la mayoría de la población estaba viendo tranquilamente la televisión», apunta el jefe de servicios.26 Ante las sospechas fundadas de que «si en el último Con-
sejo de ministros no había indulto o amnistía, la mayor parte de los internos intentarían un motín de grandes consecuencias parecido al de Carabanchel, siendo su objetivo principal el incendio de los talleres del Centro», el día 25 de julio un oficio del director informa al Juzgado de Guardia que setenta presos han pasado —desde el día 24 a las 14 h.— a ser considerados «bajo el régimen del art. 12 del vigente Reglamento, en las galerías en que se encuen- tran, ejerciendo sobre ellos una constante y discreta vigilancia, desposeyéndo- les de todo objeto con el que puedan atentar contra su vida, contra los demás internos o funcionarios, todo ello en evitación de posibles desordenes graves».27
La lista contiene exactamente 68 nombres, algunos de los presos políticos ya conocidos por participar en las huelgas de hambre del mes de junio, y muchos otros de presos comunes, algunos sin referencia conocida hasta la fecha pero con una carrera de protestas por delante que en aquel momento justamente se iniciaba. Esta represión sui generis fue la que según el testimonio de Oriol Martí —un joven médico que estuvo en la Modelo veinte días, por agresión (insulto) a las Fuerzas Armadas— provocó la discusión entre los presos sobre la necesidad de instaurar una COPEL en la cárcel barcelonesa.28 Siguiendo a
Martí, a partir de finales de julio el grupo ya estaría estructurado en Barcelo- na en torno a las reivindicaciones genéricas propuestas por los presos de Ca- rabanchel, a las que se añadirían las propias del centro tras la votación en se- creto de una coordinadora integrada por tres presos sociales y un político, supeditados a la asamblea que los gobernaba.
26 AFM: «Informe del Jefe de Servicios a la Dirección», 23 de julio de 1977. 27 AFM: «Orden de la Dirección al Juzgado de Guardia», 25 de julio de 1977.
28 Martí, O.: «La COPEL: Historia de una lucha silenciada», El Viejo Topo, 13, 1977, pp. 35-38.
Así transcurrió el mes de agosto en Barcelona, con decenas de presos en celdas —el día 30 permanecían aún 21 presos aislados—, en proceso de ges- tar un grupo estable de COPEL y con una representación de la Associació de Familiars i Amics dels Presos Polítics de Barcelona [sic], formada por familia- res directos de los presos políticos encerrados en la Modelo, entrevistándose con un representante del Gobierno Civil para protestar por el trato que reci- bían sus allegados entre rejas.29 Tensión contenida, en definitiva, trenzada de
episodios menores como el que protagonizó S. E. D., un joven homosexual «internado» preventivamente en diversas ocasiones a tenor de la LPRS, a quien el día 18 le impusieron una sanción de 40 días en celdas por «instigar a la ejecución de actos tumultuosos», y que sirvieron para mantener las espadas en alto entre motín y motín.
[...] al ser preguntado de «el porqué no había bajado a recoger la cena re- glamentaria contesta de forma inopinada altanera e insolente que no veía motivo para ser interrogado y que no había bajado a recoger la cena porque no tenía ganas de hacerlo. Preguntado si conocía la existencia de un acuerdo para que nadie recogiera la cena en su Departamento, dice que no pero que si él u otros no han bajado al acto dicho ha sido como protesta por las cosas que suceden en el Departamento, que atentan contra su dignidad y sus derechos, sin que especifique nada sobre estas afirmaciones al ser preguntado sobre ello. Dicho interno al ordenársele que se retirara salió de la oficina del Encargado del Departamento profiriendo frases amenazadoras diciendo «que allí iba a pasar algo gordo y otras por el estilo». Requerida su presencia nuevamente he preguntado al interno sobre que era «lo gordo» que allí iba a pasar y por qué, contestando amenazadoramente que porque no podía tolerarse lo que allí pasaba.30
Acciones que no llegaron a las páginas de los diarios, como sí lo hicieron los motines, breves pero destacables, de la cárcel de Teruel y Cáceres, y el más numeroso de Zamora, con 130 presos encaramados a los tejados, las autole- siones de los presos de Basauri o los plantes en Córdoba (donde los propios