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CHAPTER 3: THEORETICAL AND CONCEPTUAL FRAMEWORK OF THE STUDY

3.10. Resilience resources

a la sociedad disciplinaria entre Barcelona y Madrid: 1965-1979, tesis doctoral, Universidad Complutense, 2012, especialmente el capítulo 5.

33 García, R.: Historia de una ruptura. El ayer y hoy de la psiquiatría española, Barcelona, Virus, 1995; Soriano Gil, M. A.: La marginación homosexual en la España de la Transición, Madrid, Egales, 2005.

AC y CNT.34 Plataformas similares se crearon en Euskadi y Barcelona, donde

la TRICOCO, en tanto que coordinadora de tribus, comunas, cooperativas, pretendía aglutinar a los grupos y sectores a caballo entre la marginalidad y las prácticas contraculturales, con escaso éxito.35

4.2.4. El respaldo de la calle

En medio de esta explosión de la marginación organizada se situaron, desde la primavera de 1977, coincidiendo con la difusión de la reciente creación de la coordinadora de presos, los Comités de Apoyo a COPEL. Nombre genéri- co adoptado por la mayoría de grupos informales que dieron cobertura a los presos participando en manifestaciones, editando boletines y haciendo pro- selitismo a favor de su causa. Como de la misma coordinadora, la AFAPE y cuantos grupos forman el movimiento de presos, no se sabe exactamente cuál fue su número total, integrantes, capacidad de movilización o estruc- tura de funcionamiento, aunque debió primar la disparidad y la improvisa- ción por encima de cualquier otra norma. En general se trataba de grupos numéricamente muy reducidos, de no más de unas pocas decenas de perso- nas, si es que alcanzaban tal cantidad; estaban formados por personas que por cuestiones personales (familiares de presos, ex reclusos), profesionales (trabajadores sociales, algún abogado, educadores, asistentes…) o por propio interés conocían las problemáticas vinculadas a la cárcel y querían traba- jar, desde este ámbito, tanto en su erradicación como en la superación de la prisión como institución represiva (al menos, como formulación teórica), además, por supuesto, de ayudar a los de dentro a zafarse del sistema. Tenían una implantación de barrio y no estaban coordinados entre sí más que de manera informal, como tampoco guardaban una relación de dependencia orgánica con la AFAPE, con la que colaboraban los más cercanos emitiendo

34 Ibíd., p. 86; Torres González, F. (coord.): Los marginados en España (gitanos, homosexuales, toxicómanos, enfermos mentales), Madrid, Fundamentos, 1978; López Linaje, J. (ed.): op cit., pp. 24-32.

35 Sobre la Coordinadora de Marginados de Bizkaia, véase el Boletín de los comités de apoyo a COPEL Bizkaia, 1, 1978; sobre el caso de Barcelona, Nazario: La Barcelona de los años 70 vista por Nazario y sus amigos, Castelló, Ellago, 2004, p. 143.

comunicados conjuntos y denuncias. Algunos de estos grupos se crearon a partir de grupos de relación anteriores a la aparición de la COPEL, alrede- dor de espacios de socialización como clubes juveniles o locales parroquiales cedidos para el uso de los vecinos, y otros empezaron a reunirse a partir de entonces, aunque la lógica induce a pensar que sus miembros, aunque jóve- nes en su inmensa mayoría, tenían experiencias previas de movilización a favor de otras causas.

De esta manera lo recordaba un antiguo miembro de un colectivo de Valencia:

Aquí éramos muy poquita gente. Éramos gente autónoma, independien- te, que no militábamos en ningún partido comunista, ni siquiera en la CNT. Éramos gente autónoma, nos conocíamos del barrio, nuestro barrio era Orriols, éramos un grupito de amiguetes. En torno a este grupo de amigos, que estábamos en un centro juvenil, teníamos relación con otros centros más o menos afines a nosotros, cerquita: Benicalap, Benimaclet, también en Quart y Mislata. A nivel personal, podíamos estar un poco sensibilizados y partici- pando en el tema este de la lucha de los presos y hacer un poco de movida de apoyo a ellos como unas 20 o 30 personas. Hacíamos algún festival, propagan- da, poníamos una paraeta ahí en la Virgen, hacíamos charlas, coloquios. [...] Apoyábamos a nivel de dinero, de propaganda, y con abogados. Una amiga nuestra que era abogada era la más implicada en el tema. Luego teníamos algún abogado más [...]36

Además de en estos pueblos de Valencia y su capital, hay constancia de su existencia en Madrid, donde a principios de 1978 se habían implantado en quince barrios, Barcelona, Euskadi y Navarra, aunque no sería extraño que se hubiesen creado también en otras capitales con cárceles importantes donde hubo presencia de miembros de COPEL, pese a la escasez de rastro docu- mental.37

36 COPEL, butrones y otras aportaciones de grupos autónomos, Valencia, Desorden distro, 2004, pp. 5-6.

37 «COPEL. Abolir la Ley de Peligrosidad Social, eliminar las cárceles», Ozono, 28, 1978, pp. 43-44; Col·lectiu Arran: «Cárcel y movimientos…», op. cit.

Aparte de las escasas fuentes orales transcritas, sus boletines ofrecen la máxima cantidad de información disponible. En Madrid, Solidaridad con los presos. COPEL en lucha (n.º 1, abril, y n.º 2, mayo de 1977), probablemente tuviese continuación en COPEL EN LUCHA Boletín interno de la asociación de familiares y amigos de presos y expresos (n.º 1, septiembre, y n.º 2, noviembre de 1977), además de algún otro de menor interés, todos ellos escaparate de manifiestos y denuncias de los presos de Carabanchel. En Bilbao, el Boletín de los comités de apoyo a COPEL Bizkaia informaba en su n.º 1 (marzo de 1978, hubo un segundo ejemplar en mayo) que debido al aumento del numero de miembros del Comité, gracias a la integración de ex presos salidos de la pri- sión de Basauri, el grupo se había descentralizado recientemente en comités de barrio, que se marcaban como objetivos: «sacar fuera de la cárcel informa- ción desde dentro, apoyar desde fuera la lucha que llevan dentro (informa- ción-denuncia, concienciación-formación, agitación movilizaciones), abordar el problema de la salida de los presos, estructuración de los comités de apoyo, y establecer contactos y relaciones con otros sectores marginales». Según el boletín, de más páginas y mayor calidad de edición que los anteriores, había Comités de apoyo a COPEL en Otxarkoaga, Baracaldo, Deusto, Basauri, Portugalete, Sestao, Recalde-Berri y en la universidad.

Aparte de éstos, destaca el Quienes…, con sus 15.000 ejemplares de tirada, que continuó desplegándose por las paredes de varias ciudades más allá de Barcelona, recogiendo puntualmente la actualidad de las prisiones, y de COPEL a partir del n.º 3, hasta que dejó de editarse en 1978. Fue, con dife- rencia, la mejor y más recordada publicación de crítica a la cárcel y apoyo a los marginados de cuantas salieron de manera tan efímera como necesaria de las imprentas y multicopistas afines a los colectivos.

En conjunto, los centenares de personas —tal vez algún millar— que de manera más o menos habitual formaban parte de estos grupos fueron la base social sobre la que se apoyaron los presos en la calle, y lideraron las manifes- taciones a las puertas de las cárceles, a las que sumarían durante un tiempo simpatizantes libertarios y de diversos colectivos muy minoritarios, hasta su- cumbir a su propio aislamiento.

4.3. Los presos no votan, pero hablan

La incipiente extensión de estas ideas intramuros encontró eco entre una minoría politizada y sensible a los problemas sociales de los colectivos más marginales, bien desde su posición de observadores, bien por su misma per- tenencia a estos colectivos, pero no obtuvo la misma respuesta por parte del Gobierno. En febrero de 1977 la actualidad política no estaba marcada por las proclamas de un grupo de desarrapados. Mucho más importante que este —por el momento, reducido— foco de conflictividad, era la compleja operación que debía permitir a Suárez preparar el terreno para las elecciones legislativas que tenían que celebrarse en el mes de junio siguiente. En este sentido, la dilación en la legalización del Partido Comunista respondía a la maniobra de ganar el tiempo necesario para lograr hacerse con las riendas de una organización política propia, conseguir que Alianza Popular se situara a su derecha como representante en exclusiva del neofranquismo, y poder afrontar cualquier crisis que se le planteara por algunas actitudes personales de negación al proceso de legalización. Al tiempo —y esto no es un dato me- nor— que obligaba a acentuar la moderación de los comunistas, agitando el fantasma de las resistencias del inmovilismo en el aparato del Estado, restaba oportunidades de visibilidad pública al PCE y ayudaba a que el espacio de la izquierda se organizara de una forma determinada.38

A mucha distancia de estas preocupaciones en relación con las elecciones, se situaba la permanencia, todavía, de presos por motivos políticos en las cárceles. Para poner remedio a este problema, el 14 de marzo Suárez firmó un decreto de amnistía que ampliaba la decretada el 30 de julio anterior, y del que se beneficiaron 220 presos políticos, pero que sólo pudieron disfrutar plenamente 125, ya que el resto permanecieron encarcelados pendientes de delitos no amnistiados. Y, como complemento —sin que se pueda establecer una relación directa entre las protestas de julio y febrero y la medida—, otro decreto de indulto que supuso reducciones de condena y levantamientos de sanciones a 2.109 individuos y la libertad para 1.940 más de los 11.512 reclu- sos que había en esos momentos.39 Aunque la medida no consiguió apaciguar

38 Gallego, F.: op. cit., pp. 560-561.

39 Real Decreto 388/1977, de 14 de marzo, sobre Indulto general, y Real Decreto-Ley

los ánimos, y el mismo día 14 hubo enfrentamientos en las calles de Barcelo- na entre la policía y grupos de estudiantes por la «mentira de la amnistía».40

Por lo que respecta a los presos de COPEL en Madrid, las sanciones por el último motín del Hospital Penitenciario (20-22 de febrero) no consiguieron frenar del todo su actividad. Una parte continuaba encerrada en «la rotonda» de la sexta galería de Carabanchel sometidos a una estrecha vigilancia, pero que no les impidió continuar denunciando su situación en numerosos escritos que sacaban a la calle con la ayuda de una monja de Cáritas que realizaba la- bores asistenciales en el centro.41

Su respuesta al indulto fue contundente:

La gracia real, es para nosotros, presos sociales, una maniobra evidente para dividirnos y poner un freno al desarrollo del número y de la actividad de nuestros miembros que se han apuntado día a día a la COPEL. [...] Por todo esto nosotros reconocemos como causa principal de nuestros problemas y de nuestros sufrimientos el sistema capitalista generador de la división de clases sociales, donde los más privilegiados económicamente dictan sus leyes injustas que protejan sus intereses, al precio de la explotación, el terror y la miseria en que nos condenan a perpetuidad.42

En contra del indulto de la cuarta parte de la condena, el beneficio del cual estaba condicionado a que en un período de cinco años no se reincidiese, los miembros de COPEL en Carabanchel redactaron un comunicado en el que afirmaban:

COMPAÑEROS: la lucha en las prisiones no se ha paralizado, al contra- rio. Hoy COPEL está extendida a BURGOS, BARCELONA, OCAÑA, ZA-

19/1977, de 14 de marzo, de Amnistía. Memoria del Fiscal del Tribunal Supremo 1978, pp. 113-114; Memoria del Fiscal del Reino 1977, p. 63.

40 Muniesa, B.: Dictadura y Transición. La España lampedusiana II: La monarquía parlamentaria, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2005, p. 62.

41 Entrevista a Daniel Pont Martín, 14 de abril de 2005.

42 LCI: Arxiu COPEL, Carabanchel-Madrid. COPEL, «Los presos sociales ante la reciente amnistía y el indulto (gracia real)», 1 de abril de 1977.

MORA, CARTAGENA, CÓRDOBA, PUERTO DE SANTA MARÍA, ALICANTE, continúa en Madrid CARABANCHEL y HOSPITAL. La solidaridad y la unión es total viviendo en régimen de comuna, sin que los secuestros, torturas, privaciones y amenazas hagan mella en nuestra fortaleza. Son los últimos coletazos de la «marea verde» franquista.

COPEL hace un llamamiento a todos los presos, ex presos, familiares y ami- gos y simpatizantes de los presos para intensificar nuestra unión y nuestra lucha. Pedimos justicia, el fin de la represión y el terror, el fin de nuestra explotación. COPEL es consciente de la base política de nuestra lucha, pero mantiene su in- dependencia de cualquier grupo político, solidarizándose con todas las organi- zaciones que tiendan a la justicia social y el fin de la represión de los marginados como objetivo fundamental de su lucha, porque ésta es la nuestra.

- Amnistía general sin exclusiones

- Libertades políticas, sindicales y ciudadanas

- Reforma de las leyes penales favorecedoras sólo del poderoso - Supresión de la ley de peligrosidad, autentico chantaje al pueblo - Verdaderos cauces de rehabilitación para el recluso

- Fin del terror en las prisiones

- Responsabilidades por las torturas y secuestros que seguimos padeciendo - Fin de las farsas en los juicios, igualdad en la justicia distributiva - Fin de la explotación del preso

- Supresión del reglamento de prisiones, que permite la tortura y el terror Somos los presos que deseamos rehabilitarnos y no nos dejan, para mante- ner el negocio suculento que suponen las prisiones.

Compañeros, ex-presos, amigos, solidaridad con COPEL Apoyar la lucha de COPEL que es la de todos. [...]43

El texto, una cuartilla de papel cebolla fechada el 25 de abril, tenía una anotación en lápiz a pie de página: «Se han hecho 1000 copias para meter a penales. En Carabanchel se pasan (?) esta semana la mitad».

Por una parte, un programa de reformas muy ambicioso, a años luz de las medidas reformistas en materia penal y penitenciaria que tenía en mente el

43 ALB: COPEL, «A todos los presos, ex-presos, familiares y amigos de presos…», 25 de abril de 1977.

Gobierno. Por otra, una proclama de fuerzas quizás algo exagerada al referir- se a la extensión de las siglas, pero en cualquier caso premonitoria de la rapi- dez con la que sus reivindicaciones se estaban propagando entre presos de otras cárceles. La prueba de ello está en la intensa concatenación de protestas durante los siguientes meses de mayo y, especialmente, junio.

4.3.1. Los políticos le «habían comido el coco»

En la Modelo, coincidiendo con la semana proamnistía convocada en el País Vasco y Navarra en protesta por la permanencia en la cárcel de presos de ETA, a las puertas de la campaña electoral, entre el 5 y el 13 de mayo se en- viaron 76 instancias al rey o el presidente del Gobierno pidiendo «amnistía total y perdón delitos comunes», entre otras por el estilo. Estas demandas, que no habíamos documentado hasta el momento entre la correspondencia de salida, representan un 12% del total de instancias cursadas por los in- ternos en estos ocho días y son sólo las primeras de una presencia constante durante los próximos meses.44 En lo tocante a los firmantes, no solamente

había presos comunes, sino que bastantes de ellos habían sido detenidos re- cientemente por su pertenencia a organizaciones de extrema izquierda, toda- vía ilegales. ¿Fueron ellos los impulsores de la campaña de protesta de prin- cipios de junio? La respuesta se encuentra en los expedientes conservados de la cárcel barcelonesa.

Rafael Muñoz Yáñez, tornero de 23 años que trabajaba en la fábrica Mon- tesa de Esplugues de Llobregat, había sido detenido el 18 de mayo por parti- cipar en una huelga junto a otros tres compañeros acusados de desordenes públicos.45 Dijo militar en el PTE. En una instancia firmada el 5 de junio se

declaraba en huelga de hambre por «la Amnistía Total para presos políticos y comunes». Pedro Ferrer Beato, administrativo de 20 años que afirmaba per- tenecer al PC(I) [sic], era compañero de causa del anterior, y como aquel inició una huelga de hambre el mismo día «manifestando así su postura de

44 ANC: Fons Centre penitenciari d’homes de Barcelona, UI 243, Libro registro de