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CHAPTER 3: THEORETICAL AND CONCEPTUAL FRAMEWORK OF THE STUDY

3.4. The waves of resilience

sostenimiento de las organizaciones de presos comunes, o al menos esa era la intención. 26 Savater, F.: Mira por dónde. Autobiografía razonada, Madrid, Punto de lectura, 2004, pp. 336-338.

te, algo de ello sí hubo: la belicosidad inicial en las páginas de El País o El Viejo Topo no estuvo respaldada, en su caso, por un trabajo de fondo real, como sí realizaron los abogados que se enrolaron en estas empresas, en juicios y cárceles, bregando con presos, policías, funcionarios y jueces durante años. Y tampoco se convirtieron en los Foucault, Domenach y Vidal-Naquet, que elaboraron las encuestas del GIP, por más que, quizás, esa fuera su intención en aquel momento.

Además de los intelectuales, varias organizaciones (PCE, ORT, Sindica- to de Enseñanza de CNT, PTE, PSOE, AC y LCR), a través de sus secciones universitarias, hicieron público un comunicado conjunto de apoyo a la Sema- na, aunque cuando fueron invitadas a exponer su alternativa sobre el proble- ma el día de la clausura, su respuesta dijo mucho sobre el posicionamiento real de cada una.28 PCE, PTE y PSOE ni siquiera hicieron acto de presencia;

AC y LCR plantearon la necesidad de que las organizaciones políticas «asu- mieran las luchas de los sectores llamados marginados», mientras que MC y ORT «abogaban por un género de coincidencia menos concreta». La inter- vención del representante de UGT provocó abucheos en la sala por sostener que la izquierda en su conjunto había asumido «de siempre» los problemas de los presos comunes; lo que sí reivindicó la CNT por ser la primera en luchar por la abolición de la separación entre políticos y comunes y manifestarse claramente a favor de la amnistía total.29 Cerraron el acto las intervenciones

de un representante de la AFAPE, de la AEPPE y de la COPEL, que leyó un comunicado de los 44 presos aislados en la 6.ª galería de Carabanchel. Tam- bién intervino un representante del Frente Homosexual de Acción Revolucio- naria (FHAR) a favor de la amnistía total y anunciando una semana de lucha contra la Ley de Peligrosidad Social.30

El primero de abril, el mismo día que el Gobierno suprimía por decreto el Movimiento Nacional, los miembros de AEPP [sic], con su presidente Fer- nando Savater y secretario primero Manuel Hernández al frente, volvieron a dar una rueda de prensa para anunciar su inscripción en el Registro de Aso- ciaciones del Gobierno Civil, dar publicidad a sus tesis despenalizadoras y

28 El País, 24 de marzo de 1977.

29 Comités de Apoyo a COPEL: op. cit., p. 99. 30 El País, 27 de marzo de 1977.

denunciar la situación que sufrían los presos de Carabanchel sometidos al régimen de observación de conducta.31 Con ésta se acaba la actividad conoci-

da de la asociación, sin más referencias ni de su continuidad ni de su final. Sus siglas no volvieron a aparecer en la prensa ni en boletines afines, aunque mu- chos de sus integrantes —abogados, esencialmente— continuaron trabajan- do duramente durante años a favor de la causa de los presos integrados en otros colectivos.

4.2.3. Homosexuales y psiquiatrizados: las complicidades del margen

La creación de una conciencia de excluidos por parte de los presos sociales no fue el único cambio operado entre los colectivos situados en los extremos de la sociedad. Los homosexuales e internados en establecimientos psiquiá- tricos —colectivos de psiquiatrizados, en el lenguaje de la época— fueron, junto a los presos y algunos grupos feministas, los principales opositores a la perpetuación de la LPRS, y por ello compañeros solidarios en la lucha por la amnistía total o el indulto y la despenalización de las prácticas moral y policialmente perseguidas. Es la misma dirección, aunque con diferente recorrido y cronología, que seguirá en otros países europeos como Holanda o Alemania.

Para que tal complicidad se diera, antes, durante los años finales de la dictadura, se había tenido que producir en todos ellos un cambio de paradig- ma: de escasamente reactivos a su criminalización pasaron a ser proactivos en la lucha contra su segregación; de ser considerados marginales a considerarse a sí mismos marginados. Un proceso que, como ya se ha dicho, no es privativo del caso español, sino que es producto de la aparición de los llamados nuevos movimientos sociales en todo el mundo occidental —no tan nuevos, como después se ha demostrado— y de la repercusión de las teorías contrarias al control social. De la mano de Foucault, por supuesto, pero también de Reich, Kinsey, Szasz o Basaglia, la crítica a la opresión ejercida por el sistema desper- tó la conciencia de determinados grupos que tradicionalmente habían sido

tratados como meros problemas de orden público o sanitario (presos, homo- sexuales, abortistas, menores conflictivos, consumidores de drogas, enfermos mentales, minorías étnicas…) y que no encajaban en el encuadramiento de los movimientos sociales clásicos, ni tampoco se acababan de identificar con los nuevos «ismos». La reivindicación de su condición de marginados —no- menclatura comodín que hizo fortuna en la época porque permitía incluir a todo tipo de manifestaciones culturales alternativas, problemáticas sociales y opciones de vida— tuvo además, en España, el incentivo de la lucha contra una legislación que perseguía severamente estas manifestaciones de «dudosa moral» y «conductas desviadas», aplicando indistintamente para todas el mis- mo tratamiento: el encierro tras los muros.32

No es posible enumerar aquí todas las iniciativas liberadoras de cada uno de estos colectivos: algunas muy importantes y con un alcance real positivo, como las diferentes experiencias de práctica antipsiquiátrica; otras de carácter más reivindicativo que efectivo, como las encabezadas por la variada nómina de frentes, uniones y coordinadoras homosexuales que proliferaron en aque- llos años.33 Quedémonos con las iniciativas conjuntas, en forma de jornadas

de denuncia contra la LPRS y reivindicación de los excluidos, y en las que los presos de COPEL tuvieron una tribuna desde la que presentar su caso entre los compañeros de los márgenes. Como el Primer Congreso Internacional de Marginalidad Social, que se celebró en Burjasot (Valencia) los días 1 y 2 de mayo de 1976, el I Seminario sobre las Desviaciones de la Conducta, celebra- do en Granada el mismo mes, o la Semana de Lucha contra la Ley de Peligro- sidad y Rehabilitación Social, celebrada a primeros de abril de 1977 en Ma- drid, por una recién creada Coordinadora de Grupos Marginados, donde se integraron los Comités de Apoyo a COPEL, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, la Agrupación Mercurio para la liberación homosexual, Mi- nusválidos Unidos, Colectivo de Psiquiatrizados en Lucha, Mujeres Libres,

32 P. Carmona Pascual ha realizado una magnífica síntesis de esta «proliferación de los