Chapter 4 Foundation
4.3.2 Rule statements
La Bibliometría se ha configurado como una disciplina basada en el análisis cuantitativo de las publicaciones científicas, que utiliza metodologías y aportes procedentes de otras muchas especialidades y disciplinas, como la Documentación, la Sociología, la Historia, las Matemáticas, la Estadística, la Informática, la Psicología o la Economía, entre otras muchas, y que se ha implantado en mayor o menor grado en la práctica totalidad de campos científicos (Glänzel, 2003).
El término Bibliometría en su concepción actual, fue propuesto por vez primera
en 1969 por Alan Pritchard (Pritchard, 1969), en sustitución del término de
Bibliografía Estadística introducido por Hulme en 1923 utilizado hasta entonces
(Hulme, 1923). Pritchard definió la Bibliometría como “la aplicación de las matemáticas y métodos estadísticos a libros y otros medios de comunicación (…) para arrojar luz sobre los procesos de la comunicación escrita y de la naturaleza y el desarrollo de una disciplina, mediante el recuento y análisis de las diferentes facetas de esta comunicación” (Pritchard, 1969).
No obstante, no existe una conceptualización clara y uniforme de la Bibliometría, ya que en relación con ella encontramos otros muchos términos, como Cienciometría o Informetría, entre otros, muchas veces empleados como
sinónimos, si bien algunos autores establecen la existencia de diferencias semánticas más o menos intensas en cuanto a su ámbito de aplicación (Glänzel y Schoepflin, 1994; Lara, 1983; López Piñero, 1991; Rousseau, 1994).
La realización de los estudios bibliométricos se remonta a las primeras décadas del s. XX, destacándose entre los estudios pioneros el de Coles y Eales en 1917, en el que analizaron las publicaciones sobre anatomía comparativa entre 1543 y 1860 (Cole y Eales, 1917); el análisis de Lotka en 1926 de la productividad de los
autores que habían publicado sus trabajos en la revista Chemical Abstracts en el
período 1907-1916, a partir del cual enunciaría su famosa ley acerca de la distribución regular de la productividad científica de los autores (Lotka, 1926); y el análisis que efectuaron Gross y Gross en 1927 de las referencias
bibliográficas incluidas en un conjunto de artículos publicados en The Journal of
the American Chemical Society, poniendo de manifiesto que unas pocas revistas
eran citadas muy frecuentemente, siendo un destacado precedente de los índices de citas desarrollados de forma sistemática algunas décadas después (Gross y Gross, 1927).
Ya en 1934, Bradford analizó la distribución de artículos sobre geofísica aplicada en 326 revistas del área en el período 1931-1933, descubriendo que 9 revistas habían publicado 429 trabajos, otras 59 revistas reunían 499 trabajos y las 258 restantes otros 404 trabajos, estudios a partir de los cuales enunciaría posteriormente el principio de la dispersión o distribución de frecuencias de
artículos en las revistas (Bradford, 1934; 1948). En 1935, Zipf realizó la primera formulación sistemática de su ley acerca de la frecuencia de aparición de las palabras en los textos, según la cual, un reducido número de palabras son utilizadas frecuentemente mientras que un gran número de palabras son poco empleadas (Zipf, 1935).
En las décadas de los 50 y de los 60 destacaron las aportaciones de Garfield en relación con los índices de citas. Este autor desarrolló en 1961 un proyecto para el Instituto Nacional de la Salud de los Estados Unidos, con el propósito de
producir un índice de citas de genética (Genetics Citation Index), encontrando
que muchos de los artículos sobre genética se publicaban en revistas no dedicadas exclusivamente a la genética. Ello le llevó a asociar el uso de las citas como una medida de la importancia de las revistas, valorando el interés de disponer de una herramienta de búsqueda de datos multidisciplinar, ideas que plasmó en los “Citation Index” y en la medida del factor de impacto, índices que iban más allá de las herramientas bibliográficas tradicionales para convertirse en herramientas de evaluación de la visibilidad e impacto de las publicaciones científicas (Garfield, 1955; Garfield y Sher, 1963; Garfield, 2006), pese a su carácter controvertido y las numerosas críticas que han recibido en relación con su cobertura, representatividad y validez (Aleixandre Benavent, Valderrama Zurián y González Alcaide, 2007f).
Aprovechando el bagaje de las ideas precedentes, en las décadas de los 60 y los 70, la Bibliometría experimentó un importante desarrollo, debiendo destacarse los trabajos de Derek J. de Solla Price, autor de una obra de capital importancia
para su consolidación publicada en 1963, Little Science, Big Science, donde este
autor analiza de forma sistemática las características, estructura y desarrollo de la ciencia moderna (Price, 1963). Otras obras destacadas en la configuración de
la nueva disciplina fueron The Science of Science, publicada por Goldsmith y
Mackay en 1964 y Nauka o Nauke, publicada por Dobrov en 1966, trabajos que
recogían algunas de las ideas desarrolladas ya por Bernal en 1939 en la obra The
Social Function of Science (Bernal, 1939; Dobrov, 1966; Goldsmith y Mackay, 1964;
López Piñero, 1991). Price tuvo además una incidencia fundamental en el
desarrollo inicial de los estudios de las redes de científicos, a partir del concepto de “colegios invisibles” recogido en la obra citada y que desarrolló
posteriormente en relación con las citas de los trabajos en Networks of Scientifics
Papers (Price, 1965), ideas posteriormente retomadas por Diane Crane y por
otros muchos investigadores, que desde la década de los 70, han tratado de analizar las estructuras e interrelaciones establecidas entre los científicos a partir de las publicaciones y que están en la base de los “mapeos” de la Ciencia que cobrarían un especial desarrollo a lo largo de las décadas siguientes (Crane, 1969; Price, 1965; Zuccala, 2006).
A partir de finales de la década de los 70, se multiplicaron el número de trabajos e investigadores, consolidándose la Bibliometría como una disciplina científica
con diferentes subcampos o especializaciones, pudiendo destacarse en este
sentido la aparición en 1979 de la revista Scientometrics, la primera publicación
especializada en los estudios bibliométricos (Tague-Sutcliffe, 1992).
Junto al interés de este tipo de estudios para conocer y analizar la estructura, desarrollo e interrelaciones de la comunidad científica como parte de la Historia de la Ciencia, uno de los factores que explican la importancia cobrada por los estudios bibliométricos en las últimas décadas, es que los organismos responsables de la gestión y financiación de las actividades científicas recurren a ellos de forma habitual como instrumento para evaluar los resultados de dichas actividades y para orientar las inversiones y otras decisiones sobre Investigación, Desarrollo e Innovación (Bellavista et al., 1997). Asimismo, este tipo de estudios se han visto favorecidos por las posibilidades que ofrece para su realización la informatización y el desarrollo de importantes bases de datos bibliográficas.
En relación con la importancia cobrada por la Bibliometría, se han creado organismos supranacionales como la European Association for the study of Science and Technology o la International Society for Scientometrics and Informetrics, organismos fundados en 1981 y 1993, respectivamente, cuya misión es fomentar el intercambio de información entre los profesionales del área. Además, han surgido numerosos centros e institutos de investigación nacionales dedicados a la realización de estudios bibliométricos, que
progresivamente se han ido introduciendo en el ámbito académico . También se han multiplicado el número de revistas especializadas en estudios bibliométricos o que frecuentemente dan cabida en sus páginas a estudios de este tipo y desde 1987 se celebran de forma periódica conferencias internacionales sobre Bibliometría.
El origen de las investigaciones bibliométricas en España está estrechamente vinculado a la Documentación Médica y a la fundación en 1968 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, del Centro de Documentación e Informática Biomédica, centro donde se introdujo esta metodología y en el que se desarrollaron los estudios pioneros aplicando la metodología bibliométrica al análisis de la literatura científica española. Los hitos iniciales que marcaron la introducción de la Bibliometría como metodología analítica fueron la publicación por parte del catedrático de Historia de la Medicina José María
López Piñero en 1972, de la obra teórica El análisis estadístico y sociométrico de la
literatura científica (López Piñero, 1972); su traducción al español de la obra de
Derek J. de Solla Price publicada en 1963 Little Science, Big Science, presentada
con el título de Hacia una ciencia de la ciencia (Price, 1973); así como la
publicación en 1973 por parte de María Luz Terrada Ferrandis, que en 1979 ocuparía la primera cátedra de Documentación Médica creada en una universidad española (Peris Bonet et al., 2000), del que es considerado el primer estudio bibliométrico publicado en España sobre la producción científica
contemporánea. Estudio estadístico y sociométrico (Terrada, 1973). El estudio de Terrada constituye un análisis descriptivo de la literatura médica española en relación con el ámbito internacional, aplicando a la misma diferentes leyes bibliométricas (como Ley de Lotka o la Ley de Bradford), calculando diferentes indicadores (índice de firmas por trabajo) y realizando un análisis de citas para determinar aspectos como la visibilidad de los trabajos, el impacto de los mismos o la vida media (Terrada, 1973). Otro destacado estudio liderado por
Terrada es el publicado en 1981 con el título de Bibliometría de la producción y el
consumo de literatura médica en España (1973-1977), que actualiza y profundiza en
los contenidos aportados por el anterior, particularmente en relación con la productividad, visibilidad e impacto de la literatura médica española (Terrada et al., 1981). La Bibliometría pasó a constituir una de las líneas prioritarias de trabajo de este centro, junto al desarrollo de otros productos y herramientas propios de la Documentación Médica. En 1975 se constituyó por parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas el Instituto de Información y Documentación en Biomedicina, como centro asociado a la Cátedra de Historia de la Medicina, que pasaría a partir de 1985 a convertirse en centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Universitat de Valencia, con el nombre de Instituto de Estudios Documentales e Históricos sobre la Ciencia y posteriormente Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación López Piñero (López Piñero y Terrada, 1993a; López Piñero y Terrada, 1993b; Osca Lluch, 2000; Peris Bonet et al., 2001).
Desde la década de 1980, numerosas revistas biomédicas, tanto nacionales como internacionales, han dado cabida en sus páginas a este tipo de estudios, referidos a los más diversos aspectos y niveles analíticos de la literatura científica generada en las Ciencias de la Salud. La Bibliometría se ha mostrado como un área extraordinariamente fructífera en España, en cuanto a investigaciones realizadas y grupos de investigación dedicados a la misma, desbordando pronto el ámbito inicial de las Ciencias de la Salud y pasando también a ocupar un lugar destacado en el ámbito de la Documentación, primero a través del Centro de Información y Documentación Científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y posteriormente en diferentes departamentos universitarios en relación con la consolidación académica de la Documentación como disciplina.
Así, entre los grupos españoles cuyo ámbito prioritario de investigación es la realización de estudios bibliométricos para el análisis y evaluación de la producción científica y tecnológica que se han conformado y que tienen un activo papel en la actualidad, cabe destacar los grupos articulados en torno al Instituto de Estudios Documentales sobre la Ciencia y la Tecnología (el anterior Centro de Información y Documentación Científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), el Laboratorio de Estudios Métricos de Información del Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid, el Grupo de Investigación Evaluación de la Ciencia y de la
Documentación de la Universidad de Granada, el Grupo Scimago, también en esta universidad aunque vinculado con investigadores de otros centros o el Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universidad Politécnica de Valencia. Y como grupos centrados en la realización de investigaciones bibliométricas y de evaluación de la Ciencia en el área de las Ciencias de la Salud, cabe mencionar el Grupo de Investigación en Bibliometría y Evaluación de la Ciencia del Institut Municipal d´Investigació Mèdica y la Universitat Pompeu Fabra, además del ya mencionado núcleo fundacional constituido en el Instituto de Historia de la Ciencia y Documentación López Piñero como centro mixto de la Universitat de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Delgado López-Cózar, 2006).
La presentación de un estado de la cuestión para caracterizar el desarrollo científico sobre la aplicación de los métodos bibliométricos a las publicaciones científicas en el área de las Ciencias de la Salud, por parte de éstos y otros grupos, constituye una tarea prácticamente inabarcable, dado la ingente cantidad de trabajos desarrollados desde el surgimiento de la Bibliometría como metodología de investigación, especialmente teniendo presente que esta metodología analítica ha sido adoptada por una miríada de investigadores, tanto de centros asistenciales como académicos, bien como línea de investigación continuada o de carácter puntual. No obstante, se pueden identificar diferentes líneas generales de investigación: los estudios que tratan
de cuantificar y evaluar la actividad científica generada por diferentes unidades o agentes científicos (revistas, autores, instituciones y países u otras regiones geopolíticas) (Carratalà et al., 2008); aquellos centrados en la incidencia de las publicaciones en la comunidad científica, fundamentalmente en relación con la evaluación de las revistas, medida a través de las citas u otros indicadores (González Alcaide et al., 2008d; González de Dios et al., 1998); los estudios que tratan de identificar los ámbitos temáticos abordados (Ramos Rincón, Belinchón Romero y Gutiérrez Rodero, 2001); o más recientemente, aunque con una tradición paralela que arranca desde la década de los 60, se han desarrollado estudios para identificar y caracterizar la comunidad científica y los grupos que la integran, a través del análisis de coautorías (González Alcaide et al., 2008b; Valderrama Zurián, 2007).
Cabe destacar asimismo, que el Instituto de Salud Carlos III, como organismo público responsable del fomento de la investigación en el área de la Biomedicina en España, ha patrocinado el desarrollo a partir de indicadores
bibliométricos, del Mapa de la Investigación Biomédica Española, con el propósito
de caracterizar la investigación científica española en el área y como un instrumento para la gestión del Fondo de Investigación Sanitaria, cuyo primer informe se realizó en 1993 y se ha ido actualizando periódicamente desde entonces. En estos estudios, dirigidos inicialmente por Jordi Camí, además de indicadores de productividad, colaboración e impacto, se presentan diferentes macroindicadores económicos y sociodemográficos, indicadores comparativos
entre las diferentes áreas temáticas, la aportación española en el contexto europeo y la aportación científica por sector institucional y área geográfica (Camí, Fernández y Gómez, 1993; Camí et al., 1997; Camí et al., 2003a; Camí, 2004; Méndez-Vásquez et al., 2008). Además de esta iniciativa, se han multiplicado a lo largo de los últimos años otros proyectos complementarios al
indicador del factor de impacto del Journal Citation Reports, pudiendo destacarse
en lo referido a las revistas biomédicas españolas, el Proyecto Factor de Impacto
Potencial de las Revistas Médicas Españolas, desarrollado en el Instituto de Historia
de la Ciencia y Documentación López Piñero, así como otras iniciativas que inciden en la realización de representaciones visuales del conocimiento. Cabe destacar asimismo, por el impacto que puede suponer en el sistema de difusión y evaluación del conocimiento científico, el desarrollo por parte de Elsevier de
la base de datos Scopus, que pretende constituirse en alternativa al factor de
impacto de de Thomson Reuters (Aleixandre Benavent, 2009).
A los análisis cuantitativos de la actividad científica basados en aproximaciones bibliométricas, se ha sumado en fechas más recientes en lo referente al estudio de la colaboración, el Análisis de Redes Sociales. Pese a tratarse una metodología cuyas bases conceptuales y metodológicas gozan de una larga tradición, su aplicación generalizada para el análisis de las publicaciones científicas se remonta a la década de los noventa, coincidiendo con el desarrollo de paquetes de software que facilitan los análisis y que ofrecen numerosas posibilidades de cara a las representaciones visuales (Linton, 2004; Scott, 1991).