Components of language knowledge
6.6 Types of phonemic correspondences
El contexto contemporáneo que hoy vivimos no deja lugar a dudas para recuperar la idea integral del hombre y la sociedad. La finalidad principal debe estar orientada hacia la formación del hombre en el marco de las exigencias planteadas en el mundo contemporáneo. En este sentido, formación significa que el individuo sea consciente de sus necesidades y de sus potencialidades para atenderlas. Por lo tanto, formación refiere al conocimiento y conciencia exigidos para pensar el mundo y para transformarlo.
Todo proyecto de formación lleva implícita la idea de racionalidad, entendida como capacidad de dirección que asocia, con intencionalidad y sentido, elementos del mundo. Es la expresión del sentido de finalidad como conciencia y capacidad de transformación mediante el saber y el conocimiento. Todo ello sintetizado en la figura del hombre y de la humanización del mundo, en este sentido vale decir usar medios y construir fines que liberen a los individuos de sus ataduras y limitaciones para buscar el reencuentro con sus semejantes, su cultura y su realidad material con una orientación emancipatoria; base filosófica del iluminismo que hoy se actualiza en la necesidad de competencias indispensables para la competitividad, el desarrollo y el bienestar (Longworth, 2003).
El punto de partida de este fundamento es la relación entre horno sapiens y horno faber, es decir, el hombre como ser pensante pero también como hombre productor. El puente entre ambos componentes se tiende en la esfera pública y en la esfera privada, entendidas como espacios de sociabilidad, identidad y oportunidades de desarrollo frente a necesidades sociales dentro de esquemas de derechos y obligaciones de los miembros que la constituyen.
La formación a la que se hace referencia tiene su expresión concreta en un proceso de interacción entre realidad, necesidad, pensamiento y acción. La satisfacción de necesidades sólo puede realizarse mediante el trabajo individual y social que genera riqueza, en virtud de la creciente capacidad del sujeto y de sus esquemas de colaboración (Markus, 1985).
Frente a necesidades crecientes de la población aparece una amplia base de necesidades, pero también de capacidades en las cuales aparece como elemento central y unificador el trabajo productivo que muestra eficiencia técnica como condición de su eficacia social. De esta forma, la base ontológica de las capacidades humanas se transforma en fundamento epistemológico para la apropiación creativa del mundo, un mundo revolucionado por la ciencia y la técnica, por las competencias mundiales, por las crecientes necesidades y por las amenazas de la escasez.
La formación a la que se aspira supone la recuperación integral de un proceso de interacción entre realidad, necesidad, pensamiento y acción. La satisfacción de necesidades sólo puede realizarse mediante el trabajo que genera opciones de transformación y valor público y privado, en virtud de la creciente capacidad del sujeto y de sus esquemas de colaboración. Esta afirmación constituye nuevo fundamento para la valorización de los actos productivos, profesionales, sociales y educativos, no sólo como relación cognoscitiva y práctica con el mundo, sino ante todo como un espacio de la nueva convivencia social que exige el mundo moderno.
A ello se incorpora la idea de competencias para la vida entendidas como capacidades humanas para el desarrollo, pues sintetiza la necesidad y la conciencia, la destreza y los valores, la capacidad de pensar y la capacidad de transformar. Es, asimismo, un nuevo fundamento para la valorización de los actos productivos, no sólo como relación cognoscitiva y práctica con el mundo, sino ante todo como un espacio de la nueva convivencia social que exige el mundo moderno.
La idea moderna de formación del hombre encierra en el fondo una línea de reflexión y acción de carácter antropológico y filosófico. El modelo de competencias debe pretender situar la relación estrecha
entre el sentimiento, pensamiento, acción y decisión del hombre dentro de un esquema integrado que, desde lo educativo, permite pensar, recuperar e innovar el pasado como necesidad, el presente como facticidad y futuro como posibilidad (Fullat, 1992).
Desde estas dos vértices sustantivos es que tiene sentido recuperar los impulsos creativos del hombre a través de las competencias. Con esta perspectiva, se pretende construir un modelo educativo que vincule con pertinencia a la sociedad y al individuo para recuperar lo heredado y lo adquirido en la conciencia plena y creativa del sujeto.
La finalidad principal es un modelo de formación pertinente y relevante en el marco de la sociedad del conocimiento, la globalización (en el sentido de la cooperación mundial) y las exigencias de desarrollo nacional. En este sentido, formación significa que el individuo sea consciente de sus necesidades y de sus potencialidades para atenderlas (UNESCO, 2007). El modelo de competencias se sitúa en la convergencia de la cultura, la tecnología y las instituciones. En la cultura, al contribuir en el mejoramiento de las formas de producir y consumir de la sociedad; en la tecnología, en tanto procurará participar en los procesos de transformación y adecuación de satisfactores a las condiciones sociales; y en las instituciones, al propiciar una forma organizada de acción para el logro de fines.
Las competencias pretenden ser interpretativas del mundo, de su progreso, de sus necesidades y de su vitalidad como hábitat del hombre. De allí que competencia deba ser un canal vivo y activo de comunicación entre razón técnica y razón sustantiva, es decir, entre habilidad y valor, entre ética y práctica, entre actitud y eficacia. En tal sentido, "( ... ) una competencia es la facultad de movilizar un conjunto de recursos cognoscitivos (conocimientos, capacidades, información, etc.) para enfrentar con pertinencia y eficacia a una familia de situaciones" (Perrenoud, 2000). Las competencias se distinguen de otras formas: conocimiento y acción por la pretensión explícita de estar fundadas en el pensamiento interactivo y en un nuevo discurso sobre los comportamientos individuales y colectivos. Las competencias deben conformar
capacidades creativas para enfrentar la incertidumbre, más que seguir escrupulosamente una norma. Las competencias se apartan del pensamiento lineal y mecánico en la medida en que incorporen un espíritu abierto y tolerante, autónomo y cooperativo, curioso e imaginativo, como fuente de nuevas cualidades y actitudes para mejorar las capacidades de actuación y de transformación social y educativa (Weinert, 2004).
Las competencias constituyen, en este sentido, una forma de expresión formal, sistemática e intencional de lo que las personas realmente desarrollan en sus prácticas sociales concretas, esto es, enfrentar situaciones utilizando una serie de capacidades y recursos. Por eso la necesidad de que los sujetos sean capaces de movilizar esos recursos y de poder transferir sus saberes a contextos específicos de resolución de problemas. Eso es lo que Perrenoud se empeña en subrayar al decir que:
"La descripción de las competencias debe partir del análisis de las situaciones y de la acción y de ahí derivar de los conocimientos. Se va demasiado deprisa, en todos los países, se lanzan en la redacción de programas sin tomarse el tiempo de observar las prácticas sociales, de definir las situaciones a las cuales se enfrentará a la gente común y ordinaria y realmente. ¿Qué se sabe verdaderamente si las competencias incluidas parten de una necesidad de la vida cotidiana, un desempleado, un emigrante, un minusválido, una madre soltera, un disidente, un joven de los suburbios?" (Perrenoud, 2001: 4).
La propuesta de competencias pretende que el sujeto en educación ingrese al dominio de una práctica competente. Es decir, que el estudiante aprende a asimilar y apropiarse de las demandas de un campo, entendido como algo que se puede aprender y que está representado en sus rasgos más esenciales por las competencias. Las competencias sugieren lo que un educando debe aprender en este campo: sus conceptos, lenguajes, instrumentos, métodos, proyectos y posibilidades; a esto debe añadir su propia imagen de cómo puede sacar mejor provecho de lo que quiere aprender.
El propósito fundamental es generar un perfil que sea capaz de realizar una práctica competente con base en la asimilación gradual
y sistemática de conocimientos, actitudes y habilidades (Carson, 2004). El resultado esperado es un sujeto que desarrolla habilidades con conciencia y significado, como condición de la eficiencia en la realización de tareas. Por lo tanto, incluye una formación básica pero con precisión práctico-empírica que abre espacios de actualización y especialización de acuerdo con las necesidades de polivalencia y transferibilidad de las competencias y sus desempeños en distintos ámbitos de intervención social.
La formación basada en competencias enfatiza el "saber hacer" y el "saber pensar", es decir, mostrar competencia es más que conocimiento y destreza, pues supone actuar y desarrollar capacidad para mejorar la relación medios- fines en las distintas áreas de la vida social, personal y productiva de los sujetos.
Se asume que las competencias son capacidades demostradas para realizar una tarea específica, es decir, la especificación detallada de las condiciones bajo las cuales se demostrará el desempeño de una tarea. La competencia distingue claramente conocimiento, comprensión, actitud y habilidad, y el término que la define enfoca su atención sobre resultados, en otras palabras, acerca de lo que la gente puede hacer; está integrada sobre la cabeza y sobre las manos. Esto hace posible transferir este desempeño desde un contexto dado hacia nuevas tareas o situaciones de trabajo, interacción y desempeño.
Lo anterior constituye quizá el retro principal de la formación por competencias, toda vez que:
”… la transferencia y la movilización de las capacidades y conocimientos no son dadas "en la marcha", es necesario trabajarlos, involucrados. Eso exige tiempo, gestiones didácticas y situaciones apropiadas" (Perrenoud, 2001: 6).
Se entiende por competencia el resultado de una movilización de saberes y capacidades que se espera de una persona en un contexto determinado e incluye la capacidad de transferir y aplicar habilidades, conocimientos y actitudes en situaciones y ambientes diversos. Incluye todos los aspectos del desempeño social y no se reduce solamente a las habilidades y destrezas, es decir, incluye también actitudes y valores asociados al trabajo en equipo y relaciones interpersonales.