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Considero que el primer reto que tenemos es saber ser fieles a nuestra misión reforzando al tiempo nuestra conexión con una sociedad como la española que está cambiando a un ritmo vertiginoso. Soy consciente de que cada ONGD define su misión de una forma específica, atendiendo a nuestro origen, identidad, valores y mandatos. Sin embargo hay elementos frecuentes, que se pueden considerar comunes y que de hecho quedan reflejados en documentos de la Coordinadora de ONGD, como el Código de Conducta. La lucha contra la pobreza, la promoción de la justicia social, la cooperación entendida no como asistencia sino como un mecanismo de empoderamiento son aspectos que compar- timos. El enfoque de derechos en nuestra forma de hacer es cada vez asumido por más organizaciones.

La principal acusación hacia las ONGD desde colec- tivos más militantes, y en parte desde segmentos más amplios de la sociedad cuyo interés en la solidaridad internacional se diluye, es que mientras la crisis se profundizaba en España, las organizaciones seguíamos centradas en digerir el incremento de fondos de la AOD, encerradas en nuestras oficinas preparando propuestas y redactando informes. Esto es una cierta caricatura que tiene aspectos reales y otros exagerados. Sin embargo creo que como reflexión es válida. La desconexión ha sido importante, hemos mantenido un tipo de actuacio- nes y de comunicación propias de una Cooperación que se justifica exclusivamente como una forma de redistri- bución entre un Norte rico y un Sur pobre y de atención a las demandas y necesidades básicas de la población más empobrecida de los países del Sur. Esto no exclu- ye la realización de acciones concretas que miraban a la justicia global de manera más integral las cuales sin embargo, quedaban circunscritas a los círculos internos o más militantes de la base social de las organizaciones.

Considero que la principal línea de actuación de las ONGD hoy pasa por situarse donde está buena parte de la sociedad española en términos de sentimientos, ideas, valores y actitudes ante la injusticia y la pobreza. Un lugar cuyo foco primario es la crisis en España y su efecto sobre las personas de nuestro país, con un desempleo brutal, la pobreza y la desigualdad creciendo y los derechos básicos en almoneda. Dicho esto, cada vez más personas se intere- san por las causas de esta situación. A modo de ejemplo la presencia de temas como los paraísos fiscales en la opinión pública es mucho mayor hoy que hace unos años, cuando éstos parecía que solo tenían un efecto pernicioso sobre los países en desarrollo. El cuestionamiento sobre el casino financiero global está también mucho más extendido que cuando lo explicábamos asociado a las crisis en América Latina o en Asia.

Por otro lado el sentido de la solidaridad también está cambiando de forma acentuada. Los efectos de la injusti- cia se perciben más cerca, la inseguridad se ha instalado espoleada por el miedo al futuro y a perder calidad de vida de forma drástica. Un miedo con base real que es incen- tivado desde el Gobierno y ciertos medios que tratan de afianzar la pasividad, la certeza de que cualquier alternativa a la laminación de derechos aplicada es caer en el abismo. Lamentablemente esta estrategia tiene éxito entre numero- sos sectores de la población suscitando sentimientos de desesperanza, “sálvese quien pueda” y achaque de la culpa a colectivos varios que van de funcionarios vagos a inmi- grantes consumidores de servicios sociales en detrimento de los “nacionales”.

2015 y más Sin embargo, también hay señales positivas en las que apoyarse. La percepción de necesidad y riesgo, propio o en- tre los más cercanos, acercan a una parte mayor de la po- blación a lo que sienten las personas que sufren toda su vida la vulnerabilidad. Unido a esto se encuentra el sentimiento que se puede resumir en la indignación y que trasciende cada vez más al movimiento que ha tomado esta palabra como seña de identidad. Más y más personas se suman a quienes quieren saber “por qué”, “quién estaba detrás de la crisis, quién ganó con ella”, “a quién benefician las medidas que se están tomando” y que, por lo tanto, exigen respon- sabilidades. Los recortes sobre recortes suman a colecti- vos poco sospechosos de radicalidad como el conjunto de los médicos madrileños, a protestas contundentes sobre ajustes concretos. Crece el interés sobre las conexiones de las causas de la crisis y de las medidas adoptadas para su pretendida solución, con políticas globales no solo en el ámbito Europeo. El FMI se ha convertido de repente en un actor relevante para muchos españoles, ya no solo de los pocos miles que nos interesamos hace lustros por el Ajuste Estructural en América Latina y África.

Apunto a continuación algunas líneas de actuación y de comunicación, que pueden permitir reforzar esa necesaria conexión a la que apunto en este artículo:

• No se trata de dejar de defender la Cooperación al Desarrollo como una política social, la única que mira a la pobreza extrema en el mundo y a compromisos de España con el desarrollo global y la acción humanita- ria. Al contrario, debemos seguir hablando del “Sur”, entrecomillado porque ya no podemos hacerlo de la misma manera que hasta ahora. No podemos dejar de comunicar lo que es consustancial a nuestra identidad, la pobreza extrema en la que viven cientos de millones de personas en el mundo, incluyendo situaciones que siguen estando a mucha distancia, en privación, injusti- ca y atención, de la pobreza y exclusión social que hay en España. ¿Quién lo hará si no?

• Afianzar nuestro discurso sobre modelo de desarrollo, sobre las causas globales de la injusticia y la desigualdad que están en la raíz de los casos concretos que denun- ciamos y que abordamos con nuestro trabajo. Sabemos que no todo tiene una raíz o un enganche global, que hay situaciones de pobreza ancladas en injusticias loca- les o nacionales exclusivas, incomparables con nada de lo que ocurre en otros lugares. Sin embargo el grueso de la injustica que sufre la población mundial hoy, es- pecialmente la más vulnerable, tiene causas comunes y conectadas. Por lo tanto, es susceptible de ser aborda- da de forma articulada entre países y organizaciones.

• Este discurso de conexión que debe tener una fuerte base

política y por lo tanto un desarrollo conceptual suficien- temente consistente, hay que plasmarlo en situaciones concretas, visibles y comprensibles por la población. A modo de ejemplo, hace unas semanas trataba de expli- car la situación de desalojo y acaparamiento de tierras en países en desarrollo, concretamente en Guatemala, comparándola con los desahucios en España. Parecen alejados pero cuando uno se mete a analizar en detalle resultan impresionantes la cantidad de semejanzas que hay. Desde luego no se trata de hacer análisis teóricos sin más sino de acercar, de vincular, de explicar las si- tuaciones desde la sensibilidad y la facilidad de compre- sión por parte de la ciudadanía española.

• Nos hace falta un enfoque de ciudadanía más profundo, que nunca estará exento de tensiones con la captación de recursos de forma amplia. Sin embargo estoy con- vencido que hay más sinergias de las que hemos sa- bido explorar y menos contradicciones de las que nos empeñamos en aflorar dentro de las organizaciones, poniendo más fuerza en lo que nos separa que en lo que nos podría servir de complemento. En un momento de efervescencia y cambio como el que vive la socie- dad española, apostar por la construcción de ciudada- nía transformadora me parece especialmente relevante y conste que, más allá de desarrollos teóricos y del trabajo explícito con el sector educativo, creo que se trata de un terreno por explorar aún para las grandes organizaciones.

• El trabajo amplio en valores y “virtudes” sociales, la formación y la vinculación con causas locales, ya in- dicada arriba, son esenciales. Las organizaciones que solo trabajamos en cooperación no podemos impulsar causas como el derecho universal a la salud en España o el trato inhumano en los CIES, pero debemos apoyar- las con toda nuestra energía y, de nuevo, establecer los paralelismos con lo que ocurre en los países en los que trabajamos y llevamos décadas denunciando.

• Salvando las distancias y las diferencias, que por su- puesto las hay incluyendo las del punto de partida, las causas y consecuencias de las crisis financieras y eco- nómicas son las mismas o cuando menos se alimentan a través de las mismas raíces oscuras. A finales de 2012 Intermón Oxfam presentó un informe en el que proyec- tábamos las cifras de pobreza y desigualdad que se al- canzarían en España de seguir aplicando estas políticas, a partir de lo ocurrido en América Latina en los ochenta y noventa y en Asia en los noventa. Los paralelismos son notables aunque los nombres cambien. Austeridad en vez de Ajuste Estructural, burbujas, casino global, crisis de deuda, desigualdad. Los valores subyacentes:

codicia, impunidad, irresponsabilidad, son los mismos. Ahora podemos explicar mejor lo que siempre hemos tratado de explicar sobre las injustas políticas econó- micas aplicadas sobre países sumidos en crisis provo- cadas por intereses privados. Y podemos hacer lo que es un deber, posicionarnos también sobre la crisis en España como organizaciones que defienden los dere- chos de todos, especialmente de los más vulnerables, allá donde estén.

• Este tipo de aproximación, de análisis y de posiciones nos deben llevar a desarrollar acciones de comunica- ción, influencia y campañas sobre temas comunes, que nos afectan ahora de forma directa, como la desigual- dad, la fiscalidad –nacional e internacional– los dere- chos sociales universales, la especulación financiera…

• El aislamiento relativo de la de la Cooperación en la década anterior se acabó. Nunca fue absoluto y hay que decir que las causas que se defienden desde la coope- ración, la solidaridad global y la lucha contra la pobre- za, nunca fueron acogidas ni en los márgenes de las reivindicaciones de cambio social y político impulsadas por otros agentes sociales. Dicho esto, es tiempo de sumarnos, de abrirnos, de participar más, de apoyar las causas que están alineadas con nuestra misión y de in- cluir a otros en la nuestra, que no dejan de ser la misma.

6. ¿QUÉ COOPERACIÓN AL DESARROLLO HOY?

Finalmente y tras estas propuestas generales, quiero abor- dar algunos elementos sobre lo que considero debe ser la actuación de campañas e incidencia en nuestro terreno más específico de trabajo, la cooperación al desarrollo. La primera y general es que nos toca defender con contundencia y va- lentía la dignidad de la Cooperación al Desarrollo. No se trata de hacernos las víctimas de una actuación que combina la laminación, por la vía presupuestaria, con la irrelevancia polí- tica y los mensajes escépticos e incluso denigratorios desde medios próximos a los poderes políticos y económicos.

Se trata de defender la Cooperación, su importancia como política, los valores que la sustentan y hacer valer el apoyo público con el que aún cuenta. Para ello lo primero que debemos hacer es acertar con las instituciones y per- sonas que se encuentran al frente de este ataque y que no son las personas directamente al frente de la Cooperación Española, por más que tienen la responsabilidad, exigible, de defenderla al interior de la Administración como miem- bros del Gobierno.

Dicho esto la responsabilidad mayor se encuentra en el propio Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación que

debe ganarse aún su segundo apellido, el cual parece más bien un incordio. Los principales órganos económicos, Ministerios de Hacienda y Economía y Oficina Económica de Presidencia están al frente de la ofensiva contra la Cooperación, justificando bajo el paraguas de la crisis y los recortes lo que tiene un trasfondo ideológico y cierta vindi- cación respecto a la etapa anterior en la que por primera vez la Cooperación “ganó” alguna batalla a los cuerpos funcio- nariales económicos y comerciales. La responsabilidad final se encuentra, como en todos los casos, en el Presidente del Gobierno en cuya mano está la decisión final sobre los pre- supuestos y las prioridades políticas que estos reflejan. En el propio Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, fuera de los ámbitos propios de Cooperación de la SECIPI, hay fuertes reticencias hacia la Cooperación y/o una visión de la misma absolutamente interesada e instrumental. La batalla está también en una casa que a veces pareciera que- rer arrojar a la Cooperación al cuarto de los trastos útiles de cuando en cuando.

Un buen ejemplo de lo anterior ha sido el proceso para impulsar la “Marca España” cuyo imaginario exclusivo es lo económico-empresarial. Este proyecto de imagen exterior junto con la nueva Ley de Acción Exterior que se está prepa- rando constituyen el tipo de procesos en los que sí debemos embarcarnos las ONGD ya que suponen el tipo de batalla de principios y valores que nos toca dar en este tiempo. A esto, a defender valores y principios políticos sólidos, es a lo que deberíamos dedicar nuestras energías y recursos menguantes, antes que seguir en debates de poco alcance como los asociados con Planes Directores, anuales, refor- mas sectoriales y demás. Los cambios en el instrumento de financiación de ONGD nos interesan por obvias razones. El resto también, pero no es ahí donde se libra la batalla. Esta se encuentra en los medios y columnistas que nos denigran, en una ideología que aborrece la Cooperación y que está dis- puesta y ganando la batalla de las ideas y valores mientras nosotros seguimos en nuestros tecnicismos.

De hecho, en el lado de las organizaciones, y del llamado “sector” de la Cooperación en su conjunto, debemos comu- nicar más y mejor. Este es un reto mayúsculo para la AECID como organismo referencial de la Cooperación Española y cuya comunicación no ha sido ni buena ni mala, sino inexis- tente salvo a la hora de enviar aviones a las emergencias mediáticas. Se están dando algunos pasos pero aún que- dan más, saliendo de las actividades endogámicas que ge- neramos para nosotros mismos, a hablar a la sociedad, o al menos a aquéllos sectores de la opinión pública que son más sensibles a la Cooperación, a explicar logros, el valor de la Cooperación y el coste de la inacción. Sí, incluso aho- ra, en medio de la crisis, es posible explicar con orgullo y

2015 y más responsabilidad el trabajo de cooperación que instituciones y organizaciones españolas llevamos a cabo en el Sahel. El problema es que resulta difícil comunicar algo en lo que, en el fondo, no se cree. Si ya se ha dado la batalla por perdida, si ante la primera vez que preguntan en un chat …¿pero cómo hacen ustedes Cooperación con la crisis y la pobreza que hay en España?... nuestros responsables políticos piensan que efectivamente, que esa persona tiene razón y que además refleja la opinión mayoritaria de la sociedad, no hay nada que hacer. Cualquier tipo de comunicación sonará a una justifica- ción temerosa de algo que España hace a hurtadillas.

En el lado de las ONGD también tenemos retos en el terreno de la comunicación, algunos ya recogidos en este artículo. Más allá de desafíos relacionados con los nuevos canales, la necesaria interactividad y la mayor apertura y cer- canía, considero que el desafío de fondo está en combinar logros con emociones y con presencia. Logros no solo por exigencia de los donantes sino por un “orgullo humilde”, no hacemos milagros pero contribuimos a cambios en mu- cha mayor medida de lo que explicamos. Emociones porque nos sobran argumentos y nos falta enganche, conexión,

promover el sentido de pertenencia y de asociación a una causa. Y esta es la palabra clave. Las emociones pueden ser de muy diverso tipo, sin embargo aquéllas que debería- mos provocar son las asociadas con causas. Con mujeres y hombres con nombre y apellido, comunidades, que de- fienden sus derechos, a veces de forma heroica, siempre con compromiso y perseverancia. Y desde ese “lugar” que es el nuestro, conectar y explicar otras cosas y causas más amplias en las que nos embarcamos. La Cooperación tiene sentido en la España de hoy, debemos explicar mejor lo que conseguimos con los recursos que gestionamos, su sentido y no solo mantener niveles de apoyo suficiente sino (re)en- ganchar con segmentos amplios de la población.

Es una agenda diferente y a la que estamos poco habi- tuados. Es pasar del advocacy fino, con solidez técnica, en el que nos sentimos hablando entre iguales, a la comunica- ción política de amplio alcance, a entrar en la batalla de las ideas, de los debates de fondo, conectados con la crisis en España, aportando nuestra experiencia y sobre todo nuestra vinculación con las causas que son ahora las de todos si lo sabemos explicar bien.

2015 y más MAITE SERRANO1

Resulta inevitable empezar este artículo hablando de la mal llamada crisis económica, de la estafa, y de las consecuen- cias dramáticas en el deterioro de las condiciones de vida de la población, ahora también en el los países del sur de Europa. En cierto sentido, estamos viviendo en Europa las tristemente famosas políticas de ajuste que de forma gene- ralizada, sistemática y de manual se implementaron desde la década de los ochenta en América Latina.

En la actualidad, las mismas recetas cuyas consecuen- cias en el aumento de las desigualdades y la pobreza han sido ampliamente testadas (Banco Mundial, 1988), se apli- can en el Viejo Continente. El brutal recorte del gasto público en políticas sociales, la reducción progresiva del tamaño de la administración pública y la precarización y privatización de la educación y la sanidad pública, lejos de contribuir a la salida de la crisis, está propiciando un aumento alarmante de la pobreza en España. En 2011 las personas en situación de pobreza y/o riesgo de exclusión social aumentaron hasta el 27% de la población (Llano, 2012). Las cifras para 2012 y 2013 seguirán incrementándose2 mientras continúan los

incesantes recortes que afectan a derechos fundamentales como la salud, la educación, el trabajo digno o la vivienda, y empieza peligrosamente también a repercutir en el libre ejercicio de derechos políticos como el derecho de manifes- tación o el derecho de huelga.

1 Directora de la Coordinadora de ONGD.

2 El informe de Intermon Oxfam nº 32 Crisis, desigualdad y pobre-

za. Aprendizajes desde el mundo en desarrollo ante los recortes sociales en España, afirma que “dentro de una década en España –en 2022– el número de personas pobres alcanzaría los 18 millo- nes (un 38% de la población) y el 20% de las personas más ricas en España podrían llegar a ingresar de media 15 veces más que el 20% de las personas más pobres.

Las políticas de ajuste también están afectando a po- blación de América Latina, Africa y Asia que, desde 2010 están viendo como se reduce la Ayuda Oficial al Desarrollo de España (AOD) hasta su práctico desmantelamiento. La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), órgano de gestión de la política de cooperación al desarrollo según la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo 23/1998, ha sufrido un re- corte acumulado de su presupuesto de un 70% desde 2011. El contexto de la crisis ha sido utilizado como excusa no sólo para reducir los fondos de AOD, en el mejor de los casos, a niveles equivalentes a los de 1990, sino también para instrumentalizar la política de cooperación al servicio