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1.1. ALGUNAS REFLEXIONES DE CARÁCTER GENERAL DE LA ESCUELA GRAMATICAL ESPAÑOLA EN TORNO A LA NEGACIÓN
Si repasamos las gramáticas clásicas desde la gramática de Nebrija (1441-1522) hasta las diferentes ediciones de la RAE, se concluye que se dedican profusos estudios sobre cuestiones relativas al adverbio, los indefinidos, el pronombre y temas parecidos cuando apenas encontramos algunas referencias a los elementos negativos, objeto central de nuestro estudio.
En consecuencia, esta situación nos hace pensar que el tema de la negación no ha gozado de interés ni dedicación por parte de los autores que hicieron de la gramática objeto de estudio. Tampoco, al parecer, suscitó el tema la preocupación de aquellos gramáticos que, instalados como estaban en la tradición lógica, presentaban la negación como un elemento lógico unívoco, sin hallar en ella ningún problema gramatical de relevancia sobre el que debatir o polemizar.
Vemos que las pretensiones prácticas de toda la gramática tradicional y aún la moderna, respecto del tema de la negación, está construida a partir de la oración simple afirmativa expresada en modo indicativo, a cuyo esquema, todo el estudio gramatical se remite, que hace casi de este análisis costumbre ineludible.
Ahora bien, desde el siglo XIX presenciamos un enfoque diferente en los estudios lingüísticos que acometen su renovación, que se cifra en una cierta ruptura con el logicismo gramatical anterior (Alcina Franch y Blecua 1975:84-85). Esta ruptura afecta a muchos temas y entre ellos afecta al tratamiento de las oraciones negativas, que empiezan a ser objeto de interés, en contra de lo que había ocurrido con anterioridad, cuando no había, de hecho, un análisis orientativo sobre el tema.
Representa esta ruptura: Vicente Salvá (1830) quien en su apartado titulado: “De
las frases para negar, preguntar y exclamar”, nos expone su opinión: “es necesario
estudiarlas atentamente, tanto por el modo y tiempo que en cada una se emplea, como por las partículas de que van acompañados los verbos, la colocación de todas las partes que las componen” (Salvá 1988:469). A continuación realiza una descripción de estos aspectos mencionados, y dedica especial interés al análisis de las formas, los usos de la negación, la negación doble, el orden de las partículas, etc.
Un caso notorio es también el que desempeña Bello (1847) que dedica el capítulo XLV de su libro Gramática de la lengua castellana a estudiar detalladamente las oraciones negativas y los morfemas negativos, de cuyo estudio pormenorizado se han aprovechado otros gramáticos de diferentes generaciones, y cuya influencia sigue vigente en nuestros días.
En su estudio Bello analiza los esquemas básicos que corresponden a las oraciones afirmativas con especificaciones sobre las modificaciones producidas como resultado de la intervención de los morfemas negativos, y desde este enfoque estudia los morfemas negativos, así como su uso o su orden en la frase, etc.
En esta visión macroscópica de la gramática reconoce el origen positivo de las palabras, utilizadas como reforzadores de la negación cuando van detrás del verbo y, dictamina cómo al emplearlas delante del verbo, designan lo contrario de lo que determina su origen positivo. Según Bello (1988:712) “[…] ha resultado que ciertas palabras originalmente positivas, como nada (nacida, subentendiendo cosa), nadie (nacido, subentendiendo hombre), jamás (ya más), a fuerza de emplearse para hacer más expresiva la negación, llevan envuelto el no cuando preceden al verbo, y no admiten, por tanto, que entonces se les junte este adverbio”. Procederemos al análisis de ésta y otras cuestiones relativas al tema en el tercer capítulo de la presente parte.
Sin embargo, Lenz (1920) a pesar de que pertenece a dicha escuela, no hace mención expresa en sus trabajos de las oraciones negativas. Según él, hay tres clases principales de oraciones: “las exclamativas”, “las declarativas” y “las interrogativas”. Las oraciones negativas, naturalmente, las incluye dentro de “las declarativas”.
Este autor habla de “juicios” en vez de “oraciones” y cuando habla de los adverbios modales, que expresan la clase de juicios a la que pertenece la oración, establece un primer grupo de adverbios modales, asertorios de afirmación y de negación y eso significa, a nuestro entender, que Lenz considera las oraciones negativas una subclase dentro de las oraciones declarativas, pero al mismo tiempo ligadas a la expresión de juicios asertorios (Lenz 1935:21 y 276).
Llorens (1929:7) asegura que: “La negación gramatical se emplea para expresar la disconformidad de dos o más conceptos entre sí, para declarar la falsedad, exactitud o irrealidad de un juicio, para excluir un concepto o una o varias de sus cualidades o circunstancias, con antítesis o sin ella. La negación se aparta tanto más del enunciado positivo cuanto más completa es la exclusión de cualidades o circunstancias del juicio positivo”. A este respecto Llorens comparte la opinión sobre la negación con otros gramáticos. También hace un estudio histórico sobre expresiones negativas como: no,
nunca, jamás, tampoco, ninguno, etc. y también estudia el empleo de los sustantivos
que se utilizan como reforzadores de la negación.
En su estudio diferencia dos tipos de negación: la “negación sintáctica”, por medio de palabras especiales, y la “negación morfológica”, que es la expresada por medio de prefijos. Critica este segundo tipo de negación diciendo que: “las lenguas románicas prefieren la negación sintáctica por medio de palabras especiales, por el mayor realce que obtiene la idea de negación, cuando se expresa por términos negativos especiales” (Llorens 1929:9). En suma, podríamos decir, que el libro de Llorens es una referencia importante para todo estudioso sobre la negación.
Alonso, A. y Henríquez Ureña (1938) incluyen las oraciones afirmativas y negativas bajo el título de oraciones “enunciativas” y dentro de una clasificación establecida según “la actitud del hablante”. A su vez las enunciativas se agrupan con las oraciones interrogativas, desiderativas e imperativas. Según estos autores: “las frases que contienen una enunciación se llaman enunciativas y, según afirman o niegan, afirmativas o negativas. Estas frases enunciativas se suelen llamar también aseverativas o declarativas” (Alonso, A. y Henríquez Ureña 1960:20).
Las gramáticas posteriores como las de: Gili Gaya (1948), Rafael Seco (1954), Pérez-Rioja (1971), Manuel Seco (1972), RAE (1973), J. Alcina Franch y J. Manuel Blecua (1975) coinciden en considerar las oraciones negativas agrupadas con las afirmativas bajo un título común: “enunciativas”, “aseverativas” o “declarativas” y siempre dentro de la clasificación de las oraciones simples y según el punto de vista del hablante.
Vemos que todas las gramáticas, sea explícitamente o no, definen la negación como un instrumento para expresar la disconformidad objetiva del sujeto con el predicado, pero no debemos olvidar que esta relación sintáctica existente entre el sujeto y el predicado es permanente, sea la oración afirmativa o negativa:
–Soy estudiante. –No soy estudiante.
De todo ello se deduce que existe un consenso en todas las gramáticas, en considerar las oraciones afirmativas como básicas respecto de las negativas y la negación como derivación de la afirmación. Sobre esto, recordamos lo que dice César Hernández (1995:56) “la negación es como un tipo de relación semántico-sintáctica derivada de la afirmación, pero no debemos olvidar que la negación no expresa lo opuesto, lo contrario de la afirmación, sino más bien la privación de esa relación a que nos referíamos”.
Si repasamos las gramáticas y los estudios sobre la negación notamos una exhaustiva descripción que es invariable casi en todos los libros sobre los distintos elementos negativos: los adverbios, los pronombres, los adjetivos, etc. Esta exhaustiva descripción es una larga tradición que pasa de unos autores a otros, pero sin grandes cambios que merezcan mención.
En un estudio amplio de la negación en español, es habitual entre los gramáticos hacer un énfasis especial en las distintas partículas negativas, conviene por tanto, que llegados a este punto, presentemos un breve esquema en el que esbocemos los aspectos más importantes de los elementos negativos y de la negación en castellano.
1.2. ESQUEMA INTERPRETATIVO SOBRE LA NEGACIÓN EN LA ESCUELA GRAMATICAL ESPAÑOLA
1. El adverbio no es el elemento negativo por excelencia, que generalmente ocupa el lugar inmediatamente anterior al verbo.
2. Entre el adverbio no y el verbo pueden intercalarse otras palabras como: pronombre personal proclítico, sujeto, complemento e incluso oraciones enteras:
–No te lo daré.
–No todos pueden trabajar.
–Que no para todos es doble la ventaja.
–No por mucho madrugar, amanece más temprano.
3. Hay gran libertad en la construcción, pero es necesario que el adverbio se una inmediatamente al elemento negado. Compárense, p. ej., la diferencia de sentido entre estas dos oraciones en las que en la primera se niega la posibilidad y en la segunda se afirma el hecho como posible:
–Pedro no puede vencer. –Pedro puede no vencer.
4. La negación puede reforzarse con unas palabras de sentido negativo como: nada,
nadie, nunca, jamás, ninguno:
–No he viajado nunca. –No volveré jamás. –No tengo nada. –No saludé a ninguno. –No veo a nadie.
Estos reforzadores de la negación no conservan en dichas locuciones el valor positivo que todos poseían en su origen, menos nunca y ninguno, que tienen en su origen:
Jamás = del latín IAM MAGIS, ya más. Nada = del latín RES NATA, cosa nacida.
Nadie = del latín NADI, los nacidos.
5. La frecuencia del empleo de los reforzadores en oraciones negativas, les hizo adquirir sentido negativo por sí mismos aunque no vayan acompañados del adverbio no:
–Nunca he viajado. –Jamás volveré. –Nada tengo.
–A ninguno saludaré.
6. Otras palabras o locuciones pueden funcionar del mismo modo que las anteriores
–En mi vida le he visto. –En absoluto lo sé.
–En todo el día he comido.
7. Si en una oración aparecen varias negaciones, es condición que una de ellas ha de preceder al verbo, y si aparece el adverbio no, éste debe preceder al verbo:
–Nunca he escrito a nadie. –No he escrito nunca a nadie.
8. En una misma oración pueden acumularse hasta tres o cuatro palabras negativas:
–No ha dado jamás nada a nadie. –No regaló nada a nadie nunca jamás.
9. Las negaciones que se usan juntas deben ser de distinta naturaleza. La única excepción es la que forma la locución nunca jamás, en que los dos adverbios son de tiempo:
Nada: negativo de cosa y sustancia. Nadie: negativo de persona.
Nunca: negativo de tiempo. Jamás: negativo de tiempo.
10. Existen otra serie de reforzadores de la negación que generalmente son sustantivos que se emplean desde antiguo y que aluden a cosas de poco valor o tamaño como:
bledo, comino, pepino, ochavo, duro, rábano, bocado, pizca, miaja, pelo, etc. Todos
estos sustantivos equivalen a nada.
–No vale un comino. –No me importa un bledo.
11. Los gramáticos notan que en español dos negaciones no afirman. La única
excepción a esta regla la constituye la preposición sin y también los prefijos negativos:
–No sin dificultad habló. –Una casa no deshabitada. –Un niño no anormal.
No obstante se reconoce que el resultado no es idéntico a una pura afirmación, sino que se trata de casos de un eufemismo o se rebaja el sentido negativo sin negarlo por completo.
12. Existen casos de negación redundante, superflua o espuria que, de hecho, podría suprimirse sin alterar el significado. Esto ocurre en las oraciones comparativas, verbos de temor, preferencia, etc. Este uso existía ya en latín y fue ampliado en romance. En los textos medievales y clásicos aparece con mucha más frecuencia que en la lengua moderna.
–Temía (que) no lo denunciasen los vecinos.
–Prefiero una buena amistad que no meterme en problemas.
13. Algunos sustantivos verbales y abstractos admiten no. Es un uso moderno, culto y muy restringido:
–La no existencia. –El no conformismo.
14. En cuanto al uso de modos y tiempos verbales en las oraciones negativas, no se presenta ninguna peculiaridad; sólo en las oraciones imperativas-negativas se usa el presente de subjuntivo:
–No comas naranja. –No corras.
Sin embargo estas conclusiones no son nada terminantes, al menos si nos salimos del enfoque interpretativo tan restrictivo de las escuelas gramaticales españolas y atendemos al análisis que se hace de la cuestión desde círculos interpretativos más amplios.
2. LA TRADICIÓN GRAMATICAL EUROPEA