3.3 Data Consistency
4.1.1 Workflow Definition Structure
A lo largo de los años ochenta hemos visto florecer numerosos estudios centrados en las modalidades de frase y los elaborados a partir de la distinción austiniana entre performativo y constativo, que vienen a echar un poco más de luz sobre la cuestión. Nos referimos en concreto a la teoría de los actos de habla y los estudios de pragmática que dan nuevas soluciones a los fenómenos lingüísticos que han afectado, como no podría ser de otro modo, a todo aquello que se refiere al estudio de la negación.
Sobre este fondo, existen características propias de las oraciones negativas que pueden inclinarnos a pensar que tienen un estatuto especial dentro del estudio de los tipos de oración. De tales características parten una serie de estudios sobre la negación lingüística que la analizan interrelacionada con otra serie de fenómenos y no como dependiente de ellos. En conclusión, se ha llegado a plantear la existencia de un acto de habla de negación.
El hecho de hablar es un tipo de conducta gobernada por reglas, no solamente gramaticales sino reglas generales que controlan el hecho de hablar en su totalidad. Dominar o saber un lenguaje es entonces, entre otras cosas, haber aprendido esas reglas y tener control sobre ellas. La forma específica que parte de esta hipótesis muy general es que hablar un lenguaje es llevar a cabo una serie de actos de habla. Es decir, cada vez que se emite una oración, esa emisión, además de otras cosas constituye un acto de habla (Searle 1986:31).
La teoría de los actos de habla propuesta por Searle (1986) está originariamente basada en la teoría de los actos de habla introducida en la filosofía de la lengua por Austin (1975).
Toda emisión es un acto de habla, y si imaginamos a un hablante diciendo una de las siguientes oraciones:
1) Pedro come mucho. 2) ¿Pedro come mucho? 3) ¡Pedro, come mucho!
4) ¡Ojalá Pedro comiera mucho!
Al emitir 1) el hablante está haciendo una aserción, en 2) está planteando una pregunta, en 3) está dando una orden y en 4) está expresando un deseo. Vemos que a cada tipo de oración le corresponde un tipo de acto de habla.
Al realizar cada uno de estos cuatro actos diferentes, el hablante realiza otros ciertos actos que son comunes a las cuatro. Según Searle, al emitir cualquiera de esas oraciones el hablante se refiere a un cierto objeto: “Pedro” y predica la expresión: “come mucho”. De este modo, digamos que en la emisión de las cuatro oraciones la referencia y la predicación son las mismas, es decir, el contenido proposicional es el mismo.
Los actos están relacionados con la forma lingüística de los enunciados que sirve para producirlos. En cuanto a las expresiones lingüísticas, los enunciados tienen un
significado y cuando son utilizados para llevar a cabo un acto tienen “fuerza ilocutiva”. Por fuerza ilocutiva de un enunciado se entiende el carácter de promesa, amenaza, petición, afirmación, ruego, etc. que tiene el enunciado (Garrido Medina 1999:3881). Cada acto de habla está compuesto por un acto locutivo que es la producción de un enunciado significativo, un acto ilocutivo que es el acto que resulta de hacer algo al decir algo y finalmente, un acto perlocutivo que es el resultado, la consecuencia y el efecto. Mencionamos el ejemplo propuesto por Kempson (1989:667-668) que aclara estos tres actos:
Supongamos que mi hijo se niega a acostarse y a dormir y que yo le digo: Te
apagaré la luz.
En esta oración el acto locutivo es la enunciación de la oración “te apagaré la luz” pero puedo querer que esta oración sea interpretada como una amenaza, lo que constituye mi acto ilocutivo. Muy diferente de todo esto es el comportamiento que espero forzar en mi hijo con mi enunciado, esto es que se asuste, se calle y duerma, lo cual sería el acto perlocutivo.
Según Searle (1986:65-69) hay condiciones de cumplimiento que todo acto
ilocutivo debe satisfacer para no resultar fallido o defectivo, y estas condiciones serán
diferentes para distintos tipos de acto ilocutivo. Él las agrupa bajo tres cabeceras principales:
1. Condiciones preparatorias: la persona que ejecuta el acto debe tener derecho o autoridad para realizarla, y también la ocasión misma de enunciación debe ser adecuada al acto ilocutivo en cuestión.
2. Condiciones de sinceridad: si la persona que ejecuta el acto lo hace sin sinceridad (esto es, sin creer o sentir propiamente lo que dice), su acto ilocutivo no quedará anulado, pero incurrirá en la culpa de abuso.
3. Condiciones esenciales: la persona que ejecuta el acto se compromete por la fuerza ilocutiva de su enunciación, a ciertas creencias o intenciones, y si después produce un enunciado incoherente con estas creencias o se comporta de un modo incompatible con las intenciones en las que se había empeñado, puede ser juzgado culpable de incumplimiento de palabra.
Algunos de los verbos castellanos que denotan actos ilocucionarios 5 son:
“enunciar”, “describir”, “asegurar”, “aconsejar”, “observar”, “comentar”, “mandar”, “ordenar”, “pedir”, “criticar”, “disculpar”, “censurar”, “aprobar”, “dar la bienvenida”, “prometer”, “solicitar”, “argumentar” (Searle 1986:32).
Formulados los principios generales de esta teoría, veamos qué implicaciones tiene en el objeto de nuestro estudio, la negación. A la luz de esta sistematización, la negación puede afectar a la parte locutiva de la frase, es decir, al contenido proposicional:
1. Pedro no come carne
2. Digo que Pedro no come carne
y a la parte ilocutiva:
–No digo que Pedro (no) come carne
en este ejemplo se niega el acto de decir. La negación afecta a la parte ilocutiva expresa. Pero existen otros procedimientos para negar el acto ilocutivo, sin necesidad de que en el enunciado se manifiestan las formas lingüísticas que expresan la fuerza ilocutiva. Es el caso de las contracciones adversativas con sino. Con sino se niega el acto ilocutivo, en cambio, con pero la negación afecta a la parte locutiva, al contenido proposicional. Observamos esta frase:
Manuel no es gordo en:
1) Manuel no es gordo, sino delgado
podemos parafrasearla de la siguiente manera:
a. A Manuel no le corresponde la manera de ser gordo. b. De Manuel no se puede predicar gordo.
Observamos que la negación en 1) es de tipo ilocutivo, que indica la falsedad de un juicio e incide sobre la relación sujeto-predicado.
Mientras que: Manuel no es gordo en:
2) Manuel no es gordo, pero come mucho.
podemos parafrasearla de la siguiente manera:
a. A Manuel le corresponde la manera de ser no gordo. b. De Manuel se puede predicar no gordo.
Observamos que la negación en 2) es de carácter descriptivo y forma parte del contenido proposicional, del acto locutivo.
Moya Corral (1985:227, 1996:125-129) nos muestra la diferencia existente entre semejantes oraciones con los siguientes esquemas:
no
Para la frase:
Pedro no es alto, sino bajo.
Para la frase:
Pedro no es alto, pero alcanza.
“En (II) no-alto puede sustituirse por bajo, y la frase sigue siendo correcta:
Pedro es bajo, pero alcanza.
En (I) es imposible hacer tal sustitución porque la partícula negativa tiene distinta incidencia”.
De esta manera podemos deducir que nuestra primera frase: 1) Manuel no es gordo, sino delgado
es equivalente a:
–No afirmo que Manuel sea gordo. La segunda frase:
2) Manuel no es gordo, pero come mucho
es equivalente a:
–Afirmo que Manuel no es gordo.
Según Lyons (1989:701) la diferencia entre estas dos negaciones se considera una diferencia entre negación externa y negación interna, de modo que en nuestro ejemplo 1) la negación es externa y en 2) es interna. Para resumir la diferencia entre estos dos casos hacemos el siguiente esquema:
“No afirmo que Manuel sea gordo” “Afirmo que Manuel no es gordo” a. La negación es de carácter ilocutivo. a. La negación es de carácter descriptivo. b. La negación indica la falsedad de un b. La negación no niega la falsedad de un juicio. juicio.
c. La negación incide sobre la realidad c. La negación incide en la parte locutiva sujeto-predicado, es decir, en la parte del discurso.
ilocutiva del discurso.
d. La negación está fuera del contenido d. La negación forma parte del contenido proposicional. proposicional.
e. La negación es externa. e. La negación es interna. (II)‘Pedro ser no-alto’
RECAPITULACIÓN
En este primer capítulo, nuestro propósito ha sido presentar un recorrido sobre la evolución en torno al análisis de la cuestión negativa, al entender que con este estudio fijamos el marco del debate para luego desarrollar en profundidad nuestro estudio, en esta operación lingüística que aunque a veces es obviada dentro de categorías más amplias, tiene una importancia capital, al ser un universal lingüístico y lógico, ya que no se sabe de ninguna lengua que carezca de negación.
Para ello, hemos querido iniciar nuestro estudio analizándo los enunciados de la tradición gramatical, que considera, a grandes rasgos, y salvando algunas diferencias constitutivas más de grado que de fondo entre las diversas teorías, que las oraciones negativas son una mera contrapartida de las oraciones afirmativas, con sus correspondencias básicas tanto en la forma como en el contenido. Hemos hecho especial hincapié en las sistematizaciones de las gramáticas tradicionales españolas, que en general parten del origen positivo de las palabras negativas, lo que explica, en suma, la deferencia de uso en posición preverbal y postverbal.
Consideraciones análogas son aplicables a la teoría psicoanalítica de Jespersen que no nos ofrece una definición clara sobre la esencia de la negación, aunque queda enmarcada en sus relaciones con otras modalidades. Es necesario señalar, no obstante, que parece ser la psicología lo que realmente domina el planteamiento general de su estudio de la negación.
En los estudios de psicomecánica, tanto G. Guillaume como sus seguidores estudian la negación en su aspecto morfológico y no oracional. Según esto, vemos cómo la negación inmanente es una negación más general que la trascendente, ya que todas las lenguas poseen formas para expresarla y aparece siempre y generalmente antes del verbo y junto a él, y cómo la bi-trascendente es necesaria, ya que todas las lenguas necesitan reforzadores.
Tampoco Tesnière nos proporciona una definición de la negación. En su estudio nos da una idea general y breve de la negación y las partículas negativas del francés, además de plantear el tema de la permeabilidad que es un problema de la doble negación.
Los estudios generativistas han seguido una dirección muy parecida a los de la tradición gramatical, limitándose a intentar formular los mecanismos o transformaciones que dan cuenta del paso de las estructuras afirmativas a las estructuras correspondientes negativas. Hemos visto cómo los gramáticos españoles siguen el curso de esta teoría analizando las palabras negativas desde la preexpectativa generativa, asimismo los seguidores de la semántica generativa centran sus esfuerzos en los problemas planteados por los términos polares: aquellos términos que sólo pueden aparecer en contextos positivos y los que sólo aparecen en contextos negativos.
Asimismo, hemos tratado de mostrar cómo la teoría de los actos de habla intenta dar cuenta de la negación. Según esta teoría la negación afecta a los dos partes del enunciado: la parte locutiva y la parte elocutiva, y en consecuencia al sentido de la frase. También hemos demostrado cómo las dos partículas adversativas sino y pero juegan papel importante en el sentido del enunciado, y en consecuencia a las dos partes:
la locutiva y la elocutiva, ya que con sino negamos el acto elocutivo y con el uso de
pero negamos el acto locutivo, y esto lo que llevó a Lyones a relacionar la diferencia
entre el uso de estas dos negaciones con la negación externa y la interna, resumiendo que el uso de sino produce negación externa y el uso de pero produce negación interna.
En todos los estudios y a lo largo de los diferentes tiempos y corrientes, notamos el acuerdo de que las oraciones negativas son derivadas de las oraciones afirmativas correspondientes.