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Extended Metadata on the Execution Environment

5.2 Self-optimizing Workflow Definition Execution

5.2.1 Extended Metadata on the Execution Environment

Es decir:

–Pretendo verlo.

En otros casos tiene significado más cerca de la simple afirmación (Salvá 1988:472).

–¿Es este su hijo? –No, sino su nieto.

1.1.8. LA NEGACIÓN EXPLETIVA16

Según Sánchez López (1999a:2627): “Se denomina negación expletiva, espuria o pleonástica aquella que no aporta un valor negativo real a la oración en que aparece, de manera que resulta, en cierto modo, redundante”.

En español se puede encontrar este tipo de negación expletiva, que siempre está representada por el adverbio no, y su ausencia no da lugar a una oración de significado contrario, es decir, que este no se caracteriza por no modificar el valor afirmativo de la oración.

En general, la oración que contiene esta negación debe mantener una cierta relación estructural con el inductor que la legitima, y esta cercanía es una garantía de que la negación se interpreta como reflejo espurio de aquel.

Vemos ahora los casos en que aparece esta negación expletiva:

1. Tras verbos de duda y temor (Hernández Alonso 1970:45; Carnicer 1977:93). –Temo no se enfade.

15 Nishimura (2005), que analiza el período transicional del inglés medio al inglés moderno y trata la relación entre las partículas negativas not…no y not…any y entre no…no y no…any, mediante el análisis de diferentes contextos, señala que el aumento y el declive de la negación múltiple ha sido uno de los temas centrales en el estudio de la negación en inglés y ha provocado fuertes discusiones entre los estudiosos. Sin embargo, parece que no hay acuerdo sobre la fecha en la que empieza el declive de la negación múltiple. Esto es debido, básicamente, a que las definiciones de la negación múltiple varían de un investigador a otro, según los períodos estudiados.

16 Las denominaciones son diversas sobre este tipo de negación, hay quien denomina “pleonástica” o “superflua” o “espuria” o “redundante”.

La consideración de este no como expletivo tras estos verbos está asociada a la ausencia de la conjunción subordinante, pues si esta conjunción está en la oración, no se interpreta como expletiva:

–Dudo (que) no tenga razón Pedro en lo que dice

En esta oración, si elidimos esta conjunción subordinada, el adverbio será expletivo. Además, es necesario que el verbo de la subordinada aparezca en modo subjuntivo, porque sólo éste permite la extensión del ámbito de la negación a la oración subordinada.

2. En oraciones comparativas (Seco, M. 1987:296; Salvá 1988:474)17.

Muchos autores, entre los que encontramos a Bello (1988:714), aseguran que la utilización de este no es especialmente para evitar la sucesión inmediata de dos que:

–Más vale que sobre que no que falte.

La misma utilidad en oraciones comparativas encuentra el no en las llamadas por Gutiérrez. Ordóñez (1994:69) “estructuras de exclusión”, cuando están constituidas por dos oraciones sustantivadas por medio del que.

También se usa en oraciones comparativas donde hay contraposición de ideas (Seco, M. 1987:269):

1) Es mejor ayunar que no enfermar = 2) Es mejor ayunar que enfermar.

Sánchez López (1999a:2629) habla del requisito estructural de que “ninguna preposición puede mediar entre la negación expletiva y la comparativa. De aquí que las comparativas léxicas que toman como término un SP, o las comparativas introducidas por de lo que no permiten negación expletiva”:

–Prefiero tener a (*no) desear.

Según Marchante, Escandell y Leonetti (1989), hay razones también de carácter pragmático para explicar la presencia de estas negaciones en oraciones comparativas, porque esta negación, la expletiva, tiene el valor de refutar una proposición anterior o una presuposición del hablante.

3. En oraciones exclamativas (Carnicer 1977:94; Seco, M. 1999:3228)

Ciertas oraciones exclamativas admiten este no expletivo: las que empiezan por un pronombre de cantidad y en las que el hablante tiene una intención enfática:

17 Wurff (1999) señala cómo en algunos casos la negación expletiva se encuentra tras un predicado adversativo, en otros casos se encuentra tras una oración comparativa o aparece tras algunas conjunciones. Wurff cita a Moreaver, que defiende la desaparición de la negación expletiva en el período del inglés medio tardío recuperándose en el período del inglés moderno.

–¡Cuánto no le dolerá esa cabeza!

–¡Qué de dinero no tendrá para poder permitirse esos lujos!

Hay otra condición también importante: el verbo tiene que estar en futuro o condicional, dos tiempos de reconocido valor modal que parece aportar un valor irreal a estas construcciones, vinculado a la posibilidad de tener negación expletiva (Sánchez López 1999a:2630).

4. En las construcciones con hasta (Martínez Amador 1954:922; Seco, M. 1987:270; Carnicer :1977:93).

Las construcciones con hasta puntual permiten una negación expletiva: –No me iré de aquí hasta que no me hayas dicho lo que quiero oír.

Este uso de hasta expletivo del que hablan las gramáticas tradicionales, tiene otro planteamiento, en contra del tradicional, por parte de algunos lingüistas modernos, que piensan que no hay razón para hablar de usos incorrectos de hasta. Entre estos lingüistas encontramos a Morera (1986:101): “el estigma de “frase espuria” que sufren las construcciones españolas del tipo No trabajo hasta que no me paguen cuando lo que se quiere expresar es que lo designado por la oración principal se prolongará hasta el punto en que cese lo designado por la oración subordinada, no tiene base lingüística alguna. Se trata, por el contrario, de un uso perfectamente coherente con la significación invariante de la preposición hasta, significación que podríamos describir como “extensión que va a dar a un punto final absoluto”.

5. Después de ciertas voces como: otro, antes, apenas (Martínez Amador 1954:900): –Apenas no habían dicho los pastores (Cervantes, Coloquio de los perros)

y también en la frase adverbial: por poco o en poco o la equivalente, faltar poco para

que (Salvá 1988:475):

–Faltó poco para que no cayera en el pozo. 6. En una réplica en el diálogo (Seco, M. 1999:3228): –¿Cómo dice?

–No, que yo trabajo en una oficina de seguros... 7. Con verbos o locuciones de negación (Carnicer 1977:93):

–No niego que no tenga interés en el asunto.

Todos los textos que permiten la presencia de esta negación tienen de una forma u otra, un significado negativo, un valor de virtualidad o irrealidad, que puede manifestarse de forma explícita en la negación expletiva.

Antes este uso era más frecuente que ahora, ya que muchas de las partículas lo aceptaban, y si leemos algunos trabajos que pertenecen a diferentes épocas hasta llegar a

la época actual, podemos notar la disminución progresiva respecto de la época clásica. Nosotros nos preguntamos si se trata de un uso redundante e inútil dentro de una oración y si, como señala Bosque (1984:68), la negación expletiva aparece en muchísimas lenguas, y en algunas todavía está con gran utilidad, ¿cómo considerarlo redundante?

1.1.9. LA OMISIÓN DE NO

Asegura Bello (1988:711): “una particularidad del castellano es el subentenderse el no, cuando precede al verbo alguna de las palabras o frases de que nos servimos para corroborar la negación...”:

–No la he visto en mi vida. –En mi vida la he visto.

–No se le puedo encontrar en parte alguna. –En parte alguna se le puedo encontrar.

Como ya mencionamos en el primer capítulo18, el resultado de esta particularidad es que ciertas palabras originalmente positivas como nada, nadie o

jamás, a fuerza de emplearse para hacer más expresiva la negación, llevan envuelto el no cuando preceden al verbo, y no admiten, entonces, que se les junte este adverbio. El

mismo hecho se extendió a las palabras que han sido siempre negativas, como ninguno y nunca, además de extenderse a una serie de frases esencialmente nominales, como: en

mi vida, en todo el día, en absoluto, en parte alguna, en toda la noche, etc.

Otro caso de la omisión de no es después de seguro está, donde se acostumbra a sobreentender el no, o alguna partícula de su significado (Bello 1988:714; Salvá 1988:475):

Seguro está que la piquen pulgas ni otro insecto vil (Iriarte); Aquí, seguro está que vale tanto como es seguro que no.

También se omite el no en las frases que contienen la palabra siquiera o su compuesta tan siquiera (Salvá 1988:476):

–Es advertir que La Motte... siquiera echó de ver... 1.1.10. LA NEGACIÓN Y LA ELIPSIS

Según I. Bosque (1984:172): “La elipsis es uno de los muchos fenómenos sintácticos de la gramática española que se suelen ‘reconocer’ o ‘etiquetar’ sin demasiada dificultad, pero cuyos límites, constricciones, alcance y funcionamiento nos son todavía desconocidos”.

Los constituyentes que se eliden están sujetos a diferentes constricciones formales que no permiten elidir cualquier información por el solo hecho de que se repita.

18 Véase p. 23 del presente trabajo.

La elisión de SV en las oraciones negativas, es posible en las estructuras coordinadas, yuxtapuestas e incluso en diálogos:

1) Juan confía en María, pero yo no Ø. [ Ø = confío en María] 2) Juan confía en María. Yo no.

3) A: Juan confía en María. B: Yo no.

Para que se produzca la elisión han de satisfacer algunos requisitos semánticos y estructurales. Entre éstos está el que la información contenida en el elemento suprimido ha de ser recuperable a partir del contexto. Ello sucede, según Bosque, porque mantiene una relación anafórica con el SV previo, de tal manera que interpretamos que la información suprimida coincide con la que ofrece el SV del primer término de la coordinación.

Como regla general, la supresión del SV que introduce la negación debe ser total, y no es posible mantener uno de los miembros de dicho constituyente y suprimir otro19:

–Pedro come rápido, pero Rafael no Ø. [ Ø = come rápido] –*Pedro come rápido, pero Rafael no come Ø. [ Ø = rápido]

Sólo parece haber elipsis parcial cuando se eliden los infinitivos complementos de verbos como: poder, deber, ser capaz, querer, etc. (Bosque:1980:175).

–Quisimos ir, pero no supimos Ø. [ Ø = ir] –Se esfuerza por escribir bien pero no puede.

Existen condiciones específicas que dependen del tipo de estructura coordinada: las copulativas y adversativas no pueden unir SSVV con el mismo sujeto, pues sería una contradicción sólo tolerada con un valor marcado con la repetición del predicado (Sánchez López 1999a:2624):

–*Juan viene y no (SV. Juan viene y no viene, es un indeciso)

–*Juan canta pero no (SV. Juan canta pero no canta. Sólo canta a solas).

Las disyuntivas sí coordinan dos SSVV predicados del mismo sujeto, pero no pueden coordinar dos oraciones con sujetos distintos (Sánchez López 1999a:2626):

–María canta o no, según le apetece. –*O María canta o Pepe no.

Por fin, la elisión tras coordinantes tanto...como sólo parece darse si los elementos coordinados son oraciones subordinadas (Sánchez López 1999ª:2626), de ahí los siguientes contrastes:

1) Tanto si vienes como si no, yo iré al cine.

19 No confundimos la elipsis con las respuestas constituidas únicamente por el adverbio no: ¿hace frío?. – No.

1.2. NUNCA

1.2.1. ORIGEN, SIGNIFICADO Y ESTADO CATEGORIAL

Es un adverbio, desde su origen, plenamente negativo, procedente del latín NUNQUAM (Alvar, M. y Portier 1987:337; García de Diego 1970:139).

Según Martin Alonso (1982:III,3000) nunca es utilizada a partir del siglo XIV. Todos los autores coinciden unánimemente en asegurar que este término pertenece a la categoría adverbial, y que su significado es temporal y negativo.

Correas (1954:344) fue el gramático que señaló el doble valor, temporal y negativo en este término y afirma que: “Nunca niega todo tiempo”.

Moliner (1998:471) afirma: “Expresa la no realización de la acción de que se trata en ningún tiempo”.

Respecto del tiempo utilizado con este adverbio acudimos a las palabras de Martínez Amador (1954:937): “Discutieron los gramáticos si nunca podría construirse con los tres tiempos principales: presente, pasado y futuro. Querían algunos relegarlo exclusivamente al tiempo pasado, pero el P. Mir demostró con buenas autoridades que lo mismo es aplicable al presente que al futuro, aunque con este último sea caso más raro; pero ya en el vocabulario de Correas se encuentra: “nunca se dará por vencido, estando convencido”, y es frase corriente: “nunca aprenderás”, lo mismo que otras muchas”.

1.2.2. CONTEXTOS DE APARICIÓN 1. No + verbo + nunca.

Se trata de un empleo muy frecuente, consistente en la exigencia del adverbio no ante el verbo lo que convierte a nunca, pospuesto al verbo, en un término de polaridad negativa (TPN) (cf. Bosque 1980:20).

–No creo nunca en esta chica. 2. Nunca antepuesto al verbo.

Aquí, nunca posee un valor negativo autónomo, por eso la frase en la que

aparece adquiere tal significado sin que sea necesario la presencia de ningún otro término negativo.

–Nunca creo en esta chica.

Esto, sin embargo, no impide que aparezca tras el verbo otra palabra negativa: –Nunca escuchó a ninguno.

Este empleo está documentado desde la EM, pues como aseguran Hanssen (1913:271) y Llorens (1929:60), nunca se regía ya entonces por las mismas normas que regulan su empleo en la actualidad.

3. Nunca afecta a otras categorías distintas del verbo en forma personal (Rueda Rueda 1997:99).

Al igual que hemos visto con el adverbio no, también nunca incide sobre otras categorías distintas del verbo en forma personal:

1. Nunca + derivado verbal

–Nunca oídos ni vistos estos espectáculos. –Mi hermano nunca queriendo escucharme. 2. Nunca + adjetivo

–Nunca orgulloso está mi vecino de su hijo. 3. Nunca + adverbio

–Nunca así sucedieron las cosas. 4. Nunca + sustantivo

–Nunca la casa de mi vecina está limpia. 1.2.3. EL COMPORTAMIENTO SINTÁCTICO

Como nunca es un adverbio, desempeña las mismas funciones que los

adverbios: puede desempeñar la función de aditamento y ésta es su principal función cuando se refiere a un verbo. Si nunca afecta a otras categorías, la función que desempeña estará condicionada por el término que resulte afectado. Si este término es un derivado verbal, el adverbio nunca se comporta como un aditamento y, si afecta a adjetivos o adverbios, funciona en estos casos como adyacente de adjetivo o adyacente de adverbio (1997:101-102):

–Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenza (Nov II: 276)

–Pero todo lo que cubre y tapa la gran capa de la simpleza mía, siempre natural y nunca artificiosa (Quijote: 592)

Nunca puede funcionar como segundo término de la comparación (Sanz Alonso 1996b:78):

–Dejó oír su voz más desagradable que nunca.

Nunca puede ser término de preposición y admite complementaciones introducidas por un relativo (Gonzáles García 1997:316):

–Para nunca.