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4.4 Platform Agnostic Framework

4.4.1 Communications Channels

gam a de colores (am arillo, azul, violeta, rosa, v erd e, rojo) m uestra la perfección técnica q u e se ha alcanzado, m ientras que su uso com o envoltorio (cucuruchos y p aq u ete s) a p a rtir del siglo x i i da testim onio de la dem ocratización del pro d u cto .

La arqueología nos perm ite seguir la circulación de O rien te a O ccidente de un p ro d u cto de gran difusión com o la cerám ica. La herencia bizantina y sasánida (vidriado plom ífero y decoración estam p ad a) se u n e, en un principio, al deseo de im itar las producciones chinas im p o rtad as a través del golfo (el verde celadón y los gres T ’ang). V arias escuelas nacen d en tro de uña atm ósfera de revolución téc­ nica im petuosa que revela un ex trao rd in ario espíritu inventivo: Irán im ita los

splash ware T ’ang (policrom ía con trazos de color p o r deb ajo del vidriado) y a ñ a ­

de una varian te pro p iam en te islám ica, la incisión p o r esgrafiado bajo la d e c o ra ­ ción co lo read a. Susa, R ayy y S am arra, para im itar la porcelana blanca de los Song (cuyo proced im ien to de vitrificación a alta te m p e ra tu ra sigue siendo desco­ nocido), inventan una loza m onocrom a blanca con incisiones delicadas bajo el vidriado estan n ífero y, sobre el blanco opaco de la loza, añ ad en una decoración seudo-epigráfica y tem as florales en azul cobalto. El conjunto constituye una de las grandes apo rtacio n es de los fabricantes de loza islám icos que será ad o p ta d o , a su vez, po r la C hina e inspirará las fábricas de D elft. E n N íshápúr y en la región que la rodea ap arecerá una cerám ica o rn a m e n ta d a con barnices de colores sobre barniz blanco que ad o p ta, en to rn o al m otivo T a o , una decoración a base de e p i­ grafía cúfica. E n S am arra, finalm ente, se lleva a cabo la elaboración precoz del lustre m etálico: la cocción, en una atm ósfera re d u c to ra , de las piezas de loza hace aflo rar en la superficie las sales m etálicas, m ezcladas en exceso con el vidriado, e im ita la vajilla m etálica co n d en ad a p o r los d o cto res rigoristas. E stos p roductos (con excepción de los barnices ju rásán íe s) ap arecen asociados al lujo de las cap i­ tales califales y se difunden m uy ráp id am en te p o r la gran vía que va de O rien te a O ccidente. Son ex p o rtad o s, tal com o sucede con los azulejos polícrom os b rillan ­ tes que se utilizan, en 862, en la m ezquita de Q ayraw án y con los que llegan, en 936, a la capital española de M adínat al-Z a h rá, cerca de C órdoba. T am bién son o b jeto de im itaciones: azulejos bícrom os de Q ay raw án , reflejos m etálicos y esgra­ fiado del E gipto fatim í, en el que trab ajan artesan o s de la loza coptos que llevan a cabo o bras religiosas. A p artir del 771 se fabrica, en F u stát, vidrio esm altado de acuerdo con una técnica sem ejante y, hacia el 900, ju n to a los vidrios trad icio ­ nales tallados y grabados con to rn o , surge un vidrio d eco rad o con trazos de color. E stos últim os ejem plos m uestran las estrechas relaciones existentes en tre las dis­ tintas artes qu e utilizan el fuego, subrayan la función ejercida p o r las capitales provinciales com o etap a s en la m igración de técnicas y justifican la solidez de las relaciones de intercam bio en todo el ám bito islám ico.

¿Para qu é clientela se produce?

El papel del lujo resu lta, ev id en tem en te, esencial en la elaboración y difusión de estos artesan ad o s: lujo de p obres en el caso de las cerám icas de brillo m etálico o en el de lo s falsós verdes celedones, lujo costoso, en cam bio, en las artes que utilizan m aterias prim as raras y preciosas: m arfil, o ro y p lata de joyeros y te je d o ­ res de brocados, perlas y coral utilizados po r los b o rd ad o res de tapices, lana de

EL MUNDO DE LOS CABBÁSÍES 83

m ar del biso tejida en una tela d e colores cam biantes (que fue p ro n to im itada utilizando tintes m enos costosos) y tintes im portados desde países muy lejanos (brasil de la India, laca, gom a arábiga). La b úsqueda de los productos m enos co rrientes explica los precios asom brosos que citan los autores: 50.000 dinares p o r una pieza de bro cad o de la m ad re de H árú n al-R ashid, 1.000 diñares po r la v estim enta del m ism o tejido del m édico de al-M a’m ún, 400 dinares p o r el m anto del jurisconsulto A bú H antfa, qu e la polém ica o p o n e al valor, más que m odesto, de 5 dirhem es de la ro p a de Ibn H an b al. La función de reserva explica asim ism o la acum ulación de p roductos artesan ales en los arm arios de los m iem bros de la élite, com o los 200 p ares de p an talo n es de seda del ju rista A bú Y üsuf y, sobre to d o , del príncipe. Las colecciones colosales de los palacios cabbásíes no son, de acu erd o con las cifras que se citan , utilizables en realidad y ni siquiera suponen una auténtica reserva valiosa, ya q u e sólo son parcialm ente negociables: se tra ta , en realid ad , de un sim ple sím bolo.

La reserva califal se renueva gracias a los talleres oficiales del tiráz. Su función es p ro p o rcio n ar co n tin u am en te regalos, en especial vestidos honoríficos (jila3) que se distribuyen a funcionarios y co rtesan o s y que las em bajadas llevan a los príncipes ex tran jero s. E sta organización de la producción textil del E sta d o , que conocem os m ejor en el E gipto fatim í que en el im perio cabbási, tiene dos v e rtie n ­ tes: en el palacio califal y en el de los em ires de las provincias existen sastres que p rep aran los vestidos honoríficos; en o tro s cen tro s textiles q u e, d ada su esp ecia­ lidad, tienen un a fam a p articu lar hay talleres descentralizados o, m ejo r, m arcos adm inistrativos dirigidos po r el «señor del tiráz» , con capacidad jurídica p ara m o­ vilizar a los artesan o s a cam bio de una rem uneración ju sta. El taller califal no es una m anufactura sino una adm inistración. E n cada c en tro existe una residencia- alm acén q u e, en el caso del tiráz egipcio, es un vínculo sim bolizado po r la barca nilótica del «señor» que recoge los p roductos y p rocede a verificar el funciona­ m iento de su m áquina adm inistrativa. El e sta tu to em in en te de este alto funciona­ rio qu ed a sub ray ad o p o r su presencia en las cerem onias califales, en las que p re ­ senta los vestidos reservados al príncipe de los creyentes.

El tiráz (una p alab ra persa que significa ‘b o rd a d o ’) form a p arte en realidad de los derechos exclusivos de la m ajestad so b eran a, al igual que la oración y la m oneda. En efecto , en los tres casos se exalta el nom bre del príncipe: el tiráz es una banda de tejido en el que ap arece su calám ay su divisa, b o rd ad a en oro o en color. Sólo pu ed e llevarlo el so b eran o o, en virtud de una ord en expresa suya, aquellos a los q u e hace o b jeto de una gracia especial. Su carácter político q ueda subrayado po r la presencia de eulogias y bendiciones p ro p iam en te dinásticas y, a veces, bajo los fatim íes, p o r expresiones tom adas del credo ism á^lí y p o r ins­ cripciones con los nom bres de los visires o allegados al califa —sus m a w á li, sus c lie n te s— que han o rd e n a d o la fabricación del tiráz. Es una p rerrogativa so b e ra ­ na que se asocia con el d erech o califal de revestir la K acba con un velo de seda tejido po r el taller estatal, con la práctica de la distribución de un tu rb an te y una vestim enta negra al p red icad o r oficial en carg ad o de la oración. N o es de e x trañ ar, po r ello, que H á rú n al-R ashfd m encione el tiráz en su testam en to ju n to al im pues­ to territo rial, el co rreo o el T eso ro , e n tre los engranajes del E stad o y precisam en­ te com o expresión de la gloria del califa. D el m ism o m o do, el p rim er indicio de la revuelta de al-M a3m ún será suprim ir el nom b re de su h erm an o de los bord ad o s